1/18/2012

Violencia


Me convertí a los treinta y un años de mi vida. Anteriormente, había sido un hombre común con todas las cuestiones que los hombres vivimos en nuestra adolescencia y juventud. En mi caso, deberás sumarle que practiqué boxeo y eso me daba cierto aire de superioridad por sobre otros y un ánimo lindando con la violencia. No fui un violento, de acuerdo, pero no le escapé a la violencia cuando ella me buscó. El Señor sanó todo eso casi de manera inmediata. Hoy veo o presiento violencia y me desagrada profundamente, como si yo jamás la hubiera conocido o practicado. Pero sirve, sirve para poder confesarte a ti que esto funciona, que no es mero esfuerzo personal y humano, sino condición sobrenatural y divina. Se puede pasar de malo a manso, doy fe. La duda que a muchos hermanos varones se les presenta, luego, es: ¿Qué hago cuando me agreden? Pablo escribe: Dejad lugar a la ira de Dios (Romanos 12:19). Él está diciendo: “Soporten el daño. Ríndanlo y avancen. Vivan en el Espíritu”. Sin embargo, si decidimos no perdonar las ofensas hechas a nosotros, vamos a enfrentar las siguientes consecuencias Vendremos a ser más culpables que la persona que ocasionó la herida. La misericordia de Dios y su gracia hacia nosotros se apartarán. Luego, a medida que las cosas comiencen a ir mal en nuestras vidas, no lo entenderemos, porque estaremos en desobediencia. Los maltratos de nuestro perseguidor en contra nuestra, continuarán robándonos la paz. El obtendrá la victoria, al lograr herirnos de forma permanente. En cuanto Satanás logre conducirnos a tener pensamientos de venganza, él podrá llevarnos a pecados aún más mortales. Y cometeremos transgresiones aún peores que éstas. El escritor de Proverbios, aconseja: La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa  (Proverbios 19:11). En otras palabras, no debemos hacer nada hasta que nuestra ira no haya menguado. Nunca debemos tomar una decisión ni tomar medidas mientras estemos aún airados. Cada vez que pasamos por alto las ofensas y perdonamos los pecados cometidos en contra nuestra, traemos gloria a nuestro Padre celestial. Al hacerlo, nuestro carácter es edificado. Cuando perdonamos como Dios perdona, Él nos lleva a una revelación de favor y bendición que nunca conocimos. Jesús nos dice que debemos amar a aquéllos que se han hecho nuestros enemigos, haciendo tres cosas: Debemos bendecirlos. Debemos hacerles bien. Debemos orar por ellos. En Mateo 5:44 Jesús dice: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.  Está bien, la Biblia lo dice claramente, pero yo soy un hombre normal, de carne y hueso, vivo en una sociedad altamente machista y violenta. ¿Podré resistir y vivir la vida que Dios quiere que yo viva? Sí, podrás; porque yo y miles y miles más hemos podido, y créeme que no somos distintos ni mejores que tú.


1 comentario:

Domingo dijo...

Es aliciente escuchar esto. yo si quiero, quiero como con otras cosas despreciar el enojo.

Señor ayudame a dar en el blanco