1/30/2012

Pareja


El mandamiento de Jesús en Juan 15:6  tiene que ver con la forma en la que trato a mi esposa y a mis hijos. Para los solteros, tiene que ver con la forma en la que tratan a sus compañeros, hermanos en Cristo, las personas más cercanas. No hay escapatoria. Si yo voy a ser el hombre y el ministro que Dios me ha llamado a ser, entonces mi esposa debe estar en la capacidad de decir con honestidad delante de los cielos, del infierno y de todo el mundo: “Mi esposo me ama con el amor de Cristo. El comete errores, pero está siendo cada vez más paciente y comprensivo conmigo. Está siendo cada vez más tierno y cuidadoso. Y él ora conmigo. No es sólo una apariencia. Él es lo que predica”. Pero si ése no es el testimonio de mi esposa, si ella tiene un dolor secreto en su corazón, y piensa: “Mi esposo no es el hombre de Dios que pretende ser”, entonces todo lo que hay en mi vida es en vano. Todas mis obras, la predicación, los logros, mi generosidad caritativa, los muchos viajes, suman cero. Vengo a ser una rama marchita, inútil, que no lleva el fruto de la semejanza de Cristo. Jesús va a producir que otros vean la muerte en mí, y valdré muy poco en su reino. Un pastor de edad mediana con su esposa se encontraban quebrantados y llorando. El ministro  dijo entre las lágrimas: “Hermanos, he pecado contra Dios y contra mi esposa. He cometido adulterio”. El sacudía la cabeza con un dolor piadoso a medida que me confesaba su pecado. Luego su esposa tomó el micrófono y dijo suavemente: “Yo lo he perdonado. Su arrepentimiento es real para mí y estoy segura de que el Señor nos va a restaurar”. Muchos en ese sitio tuvieron el privilegio de ser testigos de una hermosa sanidad. Nunca podremos pagar por nuestros fracasos del pasado. Pero cuando hay un verdadero arrepentimiento, Dios promete restaurar todo lo se comió la oruga. Yo deseo que toda pareja que disfruta de un matrimonio centrado en Cristo se levante y diga la verdad: “No es fácil”. El matrimonio es un esfuerzo de día a día, tal como lo es la vida cristiana. Como el camino a la Cruz, significa rendir sus derechos diariamente. Por supuesto, Satanás conoce que tú has decidido en tu corazón ser más como Cristo en tu hogar, así que traerá pruebas constantemente. No hay ninguna escuela tan difícil e intensiva como la escuela del matrimonio. Y uno nunca se gradúa. Dios es claro al respecto: Nuestra vida con nuestros seres queridos es el pináculo, la misma cumbre de todas nuestras pruebas. Si nos equivocamos en ella, estaremos equivocados en todo lo demás en nuestra vida. Creo que es una exageración incluso apartada de la misma Palabra, que la esposa de un pastor sea llamada y considerada pastora. El llamado ministerial es muy exclusivo, personal y específico, sobre todo en este ministerio que no se parece en nada a lo que hoy se ha convertido. Pero también es un feo error el que cometen ministros de ciertas denominaciones muy cerradas, que no permiten a sus esposas ni siquiera participar de sus reuniones con mujeres solas. Ello llevará a equivocaciones, confusiones y aun cosas peores, como las descriptas anteriormente. Una pareja, ese es el centro, el cenit de Dios al respecto, debe ser inexorablemente lo que la palabra dice: pareja. Y eso significa respetar ciertos rangos espirituales, pero no extralimitarse en despotismos o tiranías.

1/29/2012

Iniquidad


Hay un tema muy delicado del cual hemos aprendido y enseñado muy poco, y es La Iniquidad. Es un asunto ignorado y muy poco difundido dentro de la iglesia, y curiosamente es causa central de muchísimas cosas terribles en las personas y, por consecuencia, también en la iglesia. (Éxodo 34: 7) = Yo Soy el que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, (Tres cosas distintas  y definidas: Iniquidad, Rebelión, Pecado. No son la misma cosa, son tres diferentes. Aunque caminen juntas) y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos (Presta atención: no dice del pecado de los padres sobre los hijos, dice de la iniquidad) y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación. Hay una diferencia muy notoria entre pecado e iniquidad. El pecado son los frutos que cometemos, pero la iniquidad es la raíz que da origen a esos pecados. Si tú vas a una cárcel y reúnes a todos los reclusos que hay allí y les preguntas cuántos de ellos han tenido un padre, o una madre, o un familiar cercano que ha estado presa o preso, será más o menos el setenta por ciento que te diga que sí lo han tenido. Eso se llama iniquidad.  También lo alcanzó a David. David tenía un problema de iniquidad. Él cae en adulterio con Betsabé y es triste, porque es la etapa oscura de su vida. Pero casualmente el pecado sexual fue el que caracterizó a su bisabuela, a Rahab; ella era una prostituta. La iniquidad, a la larga, es como un enemigo dormido, esperando el momento de despertar y activarse. Hablando de la caída de Lucero, el profeta Ezequiel dice: Perfecto eras en todos tus caminos, desde el día en que fuiste creado hasta que se halló en ti maldad. Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones, profanaste el santuario. La palabra Iniquidad, literalmente, significa “lo torcido”. Veamos algunas definiciones ahí. Es la suma de estos pensamientos torcidos o la suma de la maldad del hombre. Va a impregnar el alma del ser humano en el instante en que es concebido el embrión. Es en ese momento en que toda información o herencia espiritual de maldad en la persona, se va a establecer en ella. Es como un cordón umbilical espiritual, en el que se van grabando todos los pecados del hombre, y lo que será su herencia a la siguiente generación. Los pecados que se formaron en la generación anterior, en la siguiente se establecen con más fuerza. Me impresiona mucho el verso de Jeremías 17:1. Escucha cómo define el profeta a la iniquidad. Dice: El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón, y en los cuernos de sus altares. Muchos dicen, y yo adhiero, que este verso es la mejor síntesis sobre la iniquidad. La iniquidad es el lugar donde queda esculpido todo lo torcido y pecaminoso que le entregará un hombre a sus hijos. Adán nos pasó eso. Nosotros pecamos, a causa de la iniquidad de ellos. ¿Se entiende eso? El pecado no te hace pecador, sino que el pecado está en ti y por eso eres pecador. Lo estuve enseñando en audio hace poco tiempo a eso. Eso es lo que explica Juan. Dice, en la versión especial, Estos, a su vez, lo torcerán aún más con sus propios pecados, y lo entregarán como una estafeta de maldición a la subsiguiente generación. Es como el cuerpo de pecado, él ya ha formado parte del cuerpo espiritual dentro del hombre, y esta va a afectar sus comportamientos, la estructura de sus pensamientos, y aún el estado de salud del cuerpo físico. Es como que nuestra cadena genética, nuestro ADN, está allí atada, sujetada por algunos elementos. Es típico de una persona que murió en pobreza, tenga hijos y nietos que muy probablemente también mueran en pobreza. Eso se llama iniquidad. Pecado es lo que confesamos, iniquidad es el pecado que portamos. Y nosotros podemos cortar eso definitivamente, pero habrá que orar específica y puntualmente por eso.

1/27/2012

Equidad


El salmista escribe lo siguiente acerca de una de las más grandes promesas de Dios: Si dejaran sus hijos mi Ley y no anduvieran en mis juicios, si profanaran mis estatutos y no guardaran mis mandamientos, entonces castigaré con vara su rebelión y con azotes sus maldades. Pero no quitaré de él mi misericordia ni faltaré a mi fidelidad (Salmo 89:30-33). Dios promete que nunca quitará su amorosa misericordia de nosotros, no importa cuán grandemente  fallemos. Pero muchos creyentes pasan por alto las graves advertencias en este verso: Si dejamos su Ley y rehusamos guardar sus mandamientos, él visitará nuestras trasgresiones con su vara divina. La Biblia nos dice que al que el Señor ama, lo castiga. Fíjate que no es si te comportas mal, como nos enseñaban de pequeños. Vemos esta verdad vívidamente ilustrada en la vida de David. Considera cómo el Señor trató con este hombre, un siervo fiel que disfrutaba del favor de Dios. En un punto de su vida, David pecó gravemente – justificándolo y escondiéndolo por meses.   Finalmente, Dios dijo “Basta” – y envió a un profeta a exponer el pecado de David. Natán, el profeta usó una analogía para deshacer todas las excusas que David tenía, hasta que finalmente el rey admitió, He pecado – soy culpable. David escribió, ¡Se agotan mis fuerzas a causa de mi maldad y mis huesos se consumen! (Salmo 31:10). Como un agujero en el tanque de aceite del carro suyo, el pecado drenará lentamente todos sus recursos. Su paz, su gozo y sus fuerzas literalmente se chorrearán hasta que se acaben completamente. David confesó, Ni hay paz en mis huesos a causa de mi maldad (Salmo 38:3). Él estaba diciendo “toda mi fortaleza se ha desaparecido debido a mi pecado. Mi cuerpo se ha debilitado por lo que he hecho. Mi iniquidad simplemente no me deja descansar.” David estaba experimentando las flechas penetrantes de Dios. Él escribió, Tus saetas cayeron sobre mí, y sobre mí ha descendido tu mano (38:2). Pero este siervo de Dios estaba aprendiendo el temor de Dios. Y parte de su lección dolorosa era que él había perdido la paz del Señor. Ahora  él clamó Él debilitó mis fuerzas (102:23). Yo conozco cristianos que viven sus vidas en completa confusión porque continúan caprichosamente con su pecado. Estas almas vacías están siempre abatidas, débiles, siempre luchando pero sin llegar a nada. También conozco ministros que no pueden estar quietos debido a su pecado. Están ocupados constantemente, trabajando, nunca entrando en el descanso del Señor. No importa quién seas tú – si escondes un pecado, experimentarás disturbios continuos en tu vida, tu casa, tu familia, tu trabajo. Todo lo que toques no funcionará bien. Te volverás cada vez más inquieto, confundido, zarandeado por las continuas preocupaciones y temores. Y toda tu paz y fortaleza se te vaciarán. Dios no quiere exponer al descubierto a sus siervos. En lugar de eso, está en su corazón el perdonar, limpiar y cubrir nuestros pecados. Exponer al descubierto los pecados ocultos es el último recurso de Dios para salvar a un hijo rebelde e hipócrita que está empeñado en ocultar caprichosamente su pecado, y que pretende jugar el papel de hombre espiritual. La justicia de Dios está reservada  para aquellos falsos creyentes que no se arrepienten, que son inconversos, con el corazón endurecido, creyentes falsos. En amor, él disciplinará al justo. Pero la vara, los azotes, son para los sin ley.

1/25/2012

Espera


¿Cuánto tiempo hace que estás orando por “eso”? ¿Cuántos días, semanas, meses o quizás años, llevas arrodillándote, orando, pidiendo, esperando y no viendo respuesta aún? La siguiente palabra es para aquéllos que necesitan una respuesta a la oración, que necesitan ayuda en tiempo de problemas, que están dispuestos y deseosos de mover el corazón de Dios de acuerdo a su Palabra. Primero, agárrate de su promesa de pacto en Salmos 46:1: Dios es nuestro amparo y fortaleza. Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.  La frase pronto significa “siempre disponible, inmediato”. La fe debe descansar en la seguridad de que el Espíritu de Dios está morando en tu vida en toda hora del día y de la noche, continuamente. Y porque Él hizo una habitación en ti, Él escucha tu pensamiento y tu clamor en oración. Sabemos que si nos oye, Él concederá nuestras peticiones. El Espíritu Santo moverá cielos y tierra por cualquier hijo de Dios que toma tiempo para derramar su corazón al Padre con un tiempo sin prisa en su presencia. Después, lee y cree Salmos 62:5-7. Esta es la oración de David que tocó el corazón de Dios. David dijo: En Dios solamente reposa. No esperes ayuda de otra fuente. Sólo Él debe de ser tu fuente, su única esperanza y defensa. Sólo Él puede suplirle con la fortaleza para seguir avanzando hasta que venga la respuesta. Cuando llegas a ser totalmente y solamente dependiente del Señor, cuando dejas de mirar al hombre para que te ayude, y confías en Dios para lo sobrenatural, nada podrá sacudirte. Nada podrá sumergirte en los pozos de la desesperación. David declaró, No resbalaré (Salmo 62:6). Ahora viene el corazón de todo, el secreto de la oración prevaleciente que cada santo a través de la historia ha aprendido: El derramar el corazón delante del Señor. (Salmo 62:8). Dios te oirá y responderá cuando vea que tú estás dispuesto a poner a un lado toda distracción por un tiempo, clamar de corazón, derramarlo delante de Él, y confiar que Él responderá. ¡Has probado tantos métodos brindados por tantos “expertos” sin resultado alguno! ¿Qué te cuesta probar esto que no es ningún método ni recurso, sino certeza de cumplimiento, tal como Él desea que profesemos?


1/23/2012

Pastor


Cuando recibimos la orden del Señor de abandonar la congregación a la cual asistíamos, supusimos que debíamos hacer lo que normalmente se hacía en estos casos: pedir una audiencia con el pastor y, una vez concedida, explicarle nuestras razones para tomar esa decisión. No esperábamos que nos entendiera, y mucho menos que reaccionara bien. Ya sabíamos por casos anteriores que solía montar en ira a veces muy agresiva hasta el punto de tratar desconsideradamente al que iba a verlo para comunicarle que dejaba de asistir a la iglesia. Él entendía que quien se iba de su iglesia, se iba del evangelio. Nos pusimos a orar para ver qué íbamos a decir o para entregarle al Señor este momento y el Señor nos respondió con una escritura que muchísimas veces habíamos leído y hasta enseñado, pero que ahora no se nos había cruzado por la mente: la de la oveja perdida y las noventa y nueve restantes. Allí entendimos que Dios nos decía que no debíamos solicitar audiencia con nadie, que la única audiencia posible es con Él y a diario, y que si un pastor considerara que una oveja se ha ido de su redil, su obligación es salir a buscarla. Los hombres religiosos, luego, inventaron que la oveja debía ir a comunicarle a su pastor que se retiraba. Y no fue invento particular ni personal nuestro, mira lo que sigue. Después de exaltar ampliamente La Palabra de Dios, David concluye el salmo 119 con este verso: Yo anduve errante como oveja extraviada; busca a tu siervo (verso 176). David quiere decir, en esencia: “Por favor, Señor, búscame como un pastor busca una oveja perdida. A pesar de todo mi conocimiento bíblico, mi predicación y mi largo recorrido contigo, de alguna manera me he alejado de tu amor. He perdido el sentido de reposo que alguna vez tuve en ti. Todos mis planes han fallado y ahora me doy cuenta de que estoy completamente desamparado. Ven a mí, Padre. Búscame en este lugar horrendo y seco. Por mí mismo, yo no puedo encontrarte, eres tú el que debe encontrarme. Todavía creo que tu Palabra es verdad”. David sabía que él se había desviado del reposo de Dios. Él sabía que el amor de Dios debía haber quedado impreso en su corazón durante sus crisis anteriores. Pero ahora, una vez más, David había olvidado el amor de Dios para con él. De modo que invocó al Señor, rogándole buscar a su siervo perdido. Ahora, el pastor había venido por David otra vez. Y mientras David oía mencionar su nombre, su corazón fue consolado. Él pensó: “Mi pastor me conoce por mi nombre”. David se halló a sí mismo siendo guiado cuesta abajo a un valle verde. Y una vez que descendió a los verdes pastos, Jehová Rohí (El Señor es mi Pastor) le dijo: “Descansa ahora, anda a dormir y deja que tu alma cansada descanse. No te preocupes, Yo seguiré trabajando, encargándome de todo”. Es importante notar aquí, que las circunstancias de David no habían cambiado. De hecho, La Escritura dice que los enemigos que se levantaron contra él, se habían multiplicado (Salmo 3:1). Pero el amor de Dios en David, había sido restaurado. Ahora, él podía decir: La salvación (liberación) es de Jehová (3:8). Ahora él podía testificar: “Ya no más planes hechos por mí mismo. Ya no más noches sin dormir, tratando de hacer que las cosas funcionen. Entro confiadamente en el amor de mi pastor. Doy la bienvenida a sus brazos abiertos hacia mí”. Ese era David en tiempos de crisis. ¿Quién de nosotros no ha vivido alguna crisis? Bien; ya lo sabes. El Pastor de todos los pastores, el único del cual habla la Biblia en singular, llegará a buscarte y a preguntarte qué te sucede. Así que ni te ofendas, ni te preocupes ni te molestes si otro, humano, no lo hace.


1/22/2012

Dirección


Abraham. Lo poco que yo conocía de Abraham antes de ser creyente, era que se trataba de un judío bastante pillo que, con el cuento de la esterilidad de su esposa, se las había arreglado para acostarse con la esclava ¡con el permiso de su mujer! Imagínate en la cultura popular machista incrédula, impía y pecadora, cuál era esa imagen. Después, cuando conocí al Señor y empecé a indagar en Su Palabra, me enteré que Abraham en realidad no era un judío sino un caldeo que un día salió de Ur sin saber adónde iba, pero creyendo por fe que lo hacía a una tierra de promesa donde fluiría leche y miel. El Reino y su permanente extensión genuina y contemporánea, hoy, nos imponen contagiarnos de espíritus como el de este hombre, bien llamado padre de la fe. Porque una de las preguntas que más recibo a diario por causa de este ministerio, es de hermanos que, habiendo salido de las babilonias religiosas por convicción propia y no por imposición mediática o externa, suelen querer saber qué es lo que deberán hacer ahora que ya no concurren a un templo una vez por semana a sentarse a cantar cancioncitas y oír mensajes bien intencionados aunque inconsistentes. Y me lo preguntan a mí, porque consideran que yo estoy más crecido que ellos, o que soy más santo, o más ungido, o simplemente más inteligente, y sabré que responderles. ¿Sabes qué? Vivo en el espíritu de Abraham. Ya salí hace muchos años de mi propia Ur de Caldea; todavía estoy caminando sin saber con precisión dónde queda mi sitio de llegada, pero con la certeza de estar haciéndolo en dirección a ese Reino donde sí fluye leche y miel. Noé. ¿Cómo supieron los animales que debían salir de sus hábitats, (Algunos hasta dos o tres años antes) para venir al arca que los salvaría del diluvio? El Espíritu de Dios los trajo. Hoy, hay una o más arcas espirituales, donde el mismo Santo Espíritu de Dios está trayendo a personas, no animales, que van abandonando sus hábitats naturales eclesiásticos. Espíritu de Noé. De otro modo no sirve, no es correcto. No se trata de que las personas dejen de ir a las iglesias, se trata de que las personas, donde quiera que se encuentren, empiecen de una vez por todas a prestar atención al objetivo y epicentro del único evangelio que predicó Jesús, y que nunca fue precisamente el que hemos predicado nosotros: El Reino. Que no es ninguna nube donde irás un día con un camisón blanco y rostro de “yo no hice nada” a tocar la lira sentado e inactivo, sino un ámbito singular, dinámico y vertiginoso, una jurisdicción que, según Dios mismo, debe arrebatarse espiritualmente con violencia, ya que con buenos modales no hay demonio que se vaya. Eso es la actualidad. Cualquier otra visión, será bienvenida y respetada, pero lamento decirte que no es bíblica ciento por ciento. Y no le preguntes a nadie qué debes o qué no debes hacer porque nadie, excepto tú, y cuando Dios te lo diga, sabrás qué debes hacer con tu vida ya y ahora. Puedes continuar, si quieres, siguiendo a un hombre importante, ungido, carismático, simpático o lo que se te ocurra, allá tú y tus decisiones. Pero no digas que nadie te lo dijo antes. Ya estás enterado. No es mi culpa si hoy decidiste leer esto. Es mi responsabilidad decirlo. Dios sabe quién debe y quien no debe leerlo. A Él sea toda la gloria, la honra la alabanza, porque en su infinita misericordia y sabiduría, hoy te ha colocado exacta y puntualmente allí, donde ahora estás leyendo esto y, tal vez, algo sacudido por su aparente rudeza. Las verdades del Señor, siempre son duras. Pero no dejan de ser verdades. Y están repletas de una clase y calidad de amor que la mayoría de nosotros todavía no conoce.

1/20/2012

Naturaleza


 “¡Hermano! ¡Dígame qué puedo hacer! ¡Estoy orando hace meses por ese asunto y no ha ocurrido absolutamente nada, todavía! ¿Será que Dios no me oye?” A eso, créeme, lo he oído no menos de cien veces. Y quizás, hasta en algún momento puedo haberlo dicho o por lo menos pensado  yo mismo. ¿Dios siempre nos oye? Sí, Dios siempre nos oye. ¿Y entonces por qué no me soluciona ya mismo tal o cual asunto? Veamos: si no tienes un feo pecado que a Él le impida acercarse a ti y ayudarte, (Algo que no siempre recordamos), entonces puede ser porque ha estado esperando que tú te muevas primero. ¿Qué yo me mueva primero? Sí. Porque cuando oras, tú colocas un simbólico recipiente que Dios deberá llenar, pero Él jamás podría hacerlo si tú primero no lo pones allí, ¿Entiendes? Sales a su encuentro, así como Él acostumbra a salir al tuyo. Esa es Su Naturaleza.  Porque le has salido al encuentro con bendiciones de bien; corona de oro fino has puesto sobre su cabeza  (Salmo 21:3). El significado aquí de “salir al encuentro” es “anticipar, preceder, ver hacia delante y proveer por adelantado, pagar una deuda antes de tiempo.” Además, en casi todas las instancias implica algo de placer. Isaías nos da una muestra de esta clase de placer. Viene de parte de Dios en anticipación de una necesidad y proveyéndola antes de tiempo.  Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído (Isaías 65:24). Este verso nos provee con un cuadro increíble del amor de Dios por nosotros. Evidentemente, él está tan ansioso de bendecirnos, tan listo para cumplir con sus misericordias en nuestras vidas, que él no puede esperar a que le digamos nuestras necesidades. Así que él interviene y hace actos de misericordias, gracia y amor hacia nosotros. Y eso es  un placer supremo para él. Esto es lo que David está diciendo en el Salmo 21, en esencia: Señor, tú derramas bendiciones y misericordias sobre mí antes que yo pueda aún pedírtelas. Y tú ofreces más de lo que yo pudiera aún pensar en pedirte. David se está refiriendo a algún trabajo asombroso que Dios hizo en el ámbito espiritual. Es algo que dio a David la victoria sobre sus enemigos, respuestas a oraciones, poder para vencer y gozo indescriptible. Y Dios lo hizo todo aún antes de que David pudiese ir a orar, a derramar su corazón o presentar su pedido. Una vez que David finalmente derramó su corazón, él descubrió que Dios ya había provisto derrotar a sus enemigos. La victoria de David estaba asegurada aún antes de que él estuviera cerca del campo de batalla. David se apoderó de estas promesas. Y lo primero que hizo fue quitar sus ojos del enemigo que se venía. Ahora él ya no lloraría preguntándose porqué le había venido el problema. En lugar de eso, él se enfocó en la revelación de la bondadosa misericordia de Dios: Me libró porque se agradó de mí (Salmo 18:19). Esto es lo que Dios espera de cada uno de sus hijos cuando el enemigo viene como un río contra nosotros. El amor del Señor nos sale al encuentro. En otras palabras, él nos dice, Puede que estés herido, pero eso no importa. Ya te he hecho victorioso.






1/18/2012

Violencia


Me convertí a los treinta y un años de mi vida. Anteriormente, había sido un hombre común con todas las cuestiones que los hombres vivimos en nuestra adolescencia y juventud. En mi caso, deberás sumarle que practiqué boxeo y eso me daba cierto aire de superioridad por sobre otros y un ánimo lindando con la violencia. No fui un violento, de acuerdo, pero no le escapé a la violencia cuando ella me buscó. El Señor sanó todo eso casi de manera inmediata. Hoy veo o presiento violencia y me desagrada profundamente, como si yo jamás la hubiera conocido o practicado. Pero sirve, sirve para poder confesarte a ti que esto funciona, que no es mero esfuerzo personal y humano, sino condición sobrenatural y divina. Se puede pasar de malo a manso, doy fe. La duda que a muchos hermanos varones se les presenta, luego, es: ¿Qué hago cuando me agreden? Pablo escribe: Dejad lugar a la ira de Dios (Romanos 12:19). Él está diciendo: “Soporten el daño. Ríndanlo y avancen. Vivan en el Espíritu”. Sin embargo, si decidimos no perdonar las ofensas hechas a nosotros, vamos a enfrentar las siguientes consecuencias Vendremos a ser más culpables que la persona que ocasionó la herida. La misericordia de Dios y su gracia hacia nosotros se apartarán. Luego, a medida que las cosas comiencen a ir mal en nuestras vidas, no lo entenderemos, porque estaremos en desobediencia. Los maltratos de nuestro perseguidor en contra nuestra, continuarán robándonos la paz. El obtendrá la victoria, al lograr herirnos de forma permanente. En cuanto Satanás logre conducirnos a tener pensamientos de venganza, él podrá llevarnos a pecados aún más mortales. Y cometeremos transgresiones aún peores que éstas. El escritor de Proverbios, aconseja: La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa  (Proverbios 19:11). En otras palabras, no debemos hacer nada hasta que nuestra ira no haya menguado. Nunca debemos tomar una decisión ni tomar medidas mientras estemos aún airados. Cada vez que pasamos por alto las ofensas y perdonamos los pecados cometidos en contra nuestra, traemos gloria a nuestro Padre celestial. Al hacerlo, nuestro carácter es edificado. Cuando perdonamos como Dios perdona, Él nos lleva a una revelación de favor y bendición que nunca conocimos. Jesús nos dice que debemos amar a aquéllos que se han hecho nuestros enemigos, haciendo tres cosas: Debemos bendecirlos. Debemos hacerles bien. Debemos orar por ellos. En Mateo 5:44 Jesús dice: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.  Está bien, la Biblia lo dice claramente, pero yo soy un hombre normal, de carne y hueso, vivo en una sociedad altamente machista y violenta. ¿Podré resistir y vivir la vida que Dios quiere que yo viva? Sí, podrás; porque yo y miles y miles más hemos podido, y créeme que no somos distintos ni mejores que tú.


1/16/2012

Unidos


El que suponga que dentro de las iglesias los problemas matrimoniales concluyen, se equivoca o niega una evidente realidad. Dentro del ambiente de las congregaciones, los inconvenientes conyugales son casi los mismos que en el plano secular. ¿Pero no tendría que ser diferente? Por supuesto, pero eso sería si en lugar de ser personas que concurren a una iglesia, fueran hijos de Dios genuinos en alabanza y adoración permanente al Padre. Sin embargo, algo hay que reconocer para después entender. Todos tenemos semillas de celos y envidia en nosotros. La pregunta es: ¿Quién de entre nosotros lo va a reconocer? Un predicador puritano llamado Tomas Manton dijo acerca de la inclinación humana hacia los celos y la envidia: “Nacemos con este pecado adámico. Lo bebemos en la leche de nuestra madre. Está en lo más profundo de nosotros”. Tales semillas pecaminosas nos impiden regocijarnos en las bendiciones y logros de las obras o ministerios de otros. Su efecto es levantar muros poderosos entre nosotros y nuestros hermanos y hermanas. Cruel es la ira, e impetuoso el furor; mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia?”(Proverbios 27:4). Santiago añade a esto: Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad (Santiago 3:14). En términos simples, el pecado de los celos y la envidia es un veneno amargo. Si nos agarramos de ello, no sólo nos costará nuestra autoridad espiritual sino que también nos dispondrá para la actividad demoniaca. El Rey Saúl nos da el ejemplo más claro que haya en toda la Escritura. En 1 Samuel 18, vemos a David volviendo de una batalla en la que mató a los filisteos. Mientras él y el Rey Saúl cabalgaban hacia Jerusalén, las mujeres de Israel se acercaban para celebrar las victorias de David, danzando y cantando: Saúl mató a sus miles y David a sus diez miles. Saúl se sintió herido por esta celebración de júbilo, y dijo para sí: A David dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el reino (1 Samuel 18:8). Inmediatamente, Saúl estaba siendo consumido por un espíritu de celos y envidia. En el siguiente versículo, leemos el efecto mortal que esto tuvo en él: Y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David (envidió) (1 Sam 18:9). Trágicamente, después de esto, Saúl fue enemigo de David todos los días (1 Samuel 18:29). Saúl había sido absolutamente enceguecido por sus celos. No podía humillarse delante del Señor en arrepentimiento. De haber reconocido su propia envidia y haberla arrancado de su corazón, Dios habría coronado de favores a su siervo ungido. Pero Saúl no pudo tomar el último asiento. En lugar de ello, fue atraído por su espíritu envidioso al lugar más alto. Y lo que sucedió al día siguiente debiera llenarnos de temor santo: Mas Saúl estaba temeroso de David, por cuanto Jehová estaba con él, y se había apartado de Saúl (1 Sam 18:10-12). De hecho, entonces; si eso ocurrió con gente que luego sería puntal en la extensión del Reino, qué menos nosotros en este tiempo. Y si esas cosas sucedieron entre personas unidas por lazos espirituales, cuéntame cómo no se daría entre personas unidas sólo por lazos sentimentales. Conclusión: los problemas matrimoniales no se arreglan con consejerías pastorales, se arreglan con intimidad máxima con el Señor por parte de ambos, por separado, como única posibilidad cierta de disfrutar de sus propias intimidades.

1/15/2012

¿Abundancia?


Hay dos pensamientos del aforista argentino José Narosky sobre un mismo tema: la ambición. Uno dice: “Quien ambiciona una corona, ignora su peso”, mientras que el otro consigna: “Cuando el ambicioso se propone límites, se miente”. Muchos de nosotros, durante mucho tiempo, hemos regido nuestras vidas acorde a estos principios, que no son censurables porque emanan de una mente secular, pero que en modo alguno tienen que ver con lo que en algún momento hemos creído. Dios siempre desea derramar más de su gloria sobre su pueblo. El anhela hacer por nosotros mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos. Esta es la razón por la que Él desea un pueblo que tenga un apetito voraz por más de Él.  Él quiere llenarlos con su presencia impresionante, más allá de todo lo que hayan experimentado a lo largo de su vida. Jesús dijo: Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Juan 10:10). Sin embargo, para obtener esta vida abundante, debemos abundar más y más en agradar al Señor. Pablo escribe: Os…exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más (1 Tesalonicenses 4:1). Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre (1 Corintios 15:58). La palabra griega abundar significa: “exceder, sobresalir, sobreabundar, tener suficiente y de sobra, por encima, en exceso, en abundancia excesiva, sin medida”. Pablo está diciendo: “La gloria de Dios en sus vidas va a sobrepasar los pequeños momentos que han vivido hasta ahora. Pero sus oraciones deberán ser más que simples oraciones para bendecir las comidas”. Andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias  (Colosenses 2:6-7). Pablo nos instruye: “Para tener esta vida abundante de la gloria y la presencia de Dios, deben servirlo sin medida, con un amor y compromiso que exceda al de los siervos ociosos y adormecidos”. Que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia  (Efesios 1:8). Dios desea imprimir en ti, gloria y revelación más allá de cualquier medida previa. Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo” (1:9). El Señor está diciendo: “Voy a darles acceso a un entendimiento más profundo de mi Palabra. Quiero darles revelaciones sobre sus misterios”. Está claro; no necesitas ser ambicioso en el Reino de Dios. Es suficiente con tener confianza en la abundancia prometida, y ésta será una realidad en tu vida.

1/13/2012

Primero


En Lucas 14, vemos que un cierto principal de los fariseos, invitó a Jesús a “comer pan” en su casa. Asimismo, otros fariseos también habían sido invitados, hombres que, como el anfitrión, eran celosos guardadores de la ley. Cuando el dueño de casa llamo a sus invitados a sentarse, hubo un repentino tumulto en los lugares principales de la cabecera de la mesa. La Escritura nos dice que Jesús estaba “observando cómo escogían los primeros asientos” (Lucas 14:7). Fue un reluciente despliegue de orgullo, una necesidad de ser vistos y reconocidos. Cuando Cristo mismo se sentó a comer, dio estas palabras de represión a toda una habitación llena de los líderes religiosos más altos de Israel: Cuando fueres convidado (invitado) por alguno…no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que ti esté convidado por él, y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar. Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa. Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido (Lucas 14:8-11). Las palabras de Cristo en esta escena, se aplican a todos sus seguidores. Sin embargo, al considerar su audiencia en la casa de ese fariseo, sus palabras describían un tipo particular de líder: aquel que aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas…y por pretexto hacen largas oraciones (Lucas 20:46-47). En resumen, Jesús nos dice que hay hombres y mujeres que hacen buenas obras solo para ser vistos por los demás. Estas personas aman el ser el centro de atención y constantemente llaman la atención a sí mismos con bombos y platillos. Esto es aplicable a ministros, pero también a todo hijo de Dios. Jesús dijo: “Siéntate en el último lugar”. ¿Qué significa exactamente esta declaración? Debemos tomar muy seriamente esta palabra del Señor en particular. Él nos está invitando, a todos nosotros, a “subir más arriba”, al lugar de honor justo. Este llamado de “subir más arriba” es un llamado a entrar en la plenitud del toque de Dios. Es un llamado a tener una mayor intimidad y a ser los portavoces del Señor, portavoces más convincentes, seguros y justos. Nunca fui invitado especial en las iglesias de mi ciudad. Muy por el contrario, cuando iba a alguna a escuchar alguna visita importante, mayoritariamente, ingresaba casi de manera anónima y nos ubicábamos donde encontrábamos sitio. Era delicioso recibir del Señor si es que había y pasar absolutamente desapercibido, en un medio donde la única “figura” o “estrella” es y debe ser el Señor Jesucristo. Nunca nos sentimos más incómodos que aquel día en que alguien nos descubrió e insistió en que debíamos sentarnos en la primera fila. Creo que ese día, además de sentir incomodidad y una sensación de que la butaca estaba caliente, tampoco recibí demasiado del Señor. Y te aseguro que recordé esta palabra y, por un momento, hasta pensé que había sido escrita para mí.


1/11/2012

Decisiones


Una de las consultas que suelen formularme ciertos hermanos de distintos lugares del mundo, está relacionada con la política. ¿Deben los cristianos participar en política? Respuestas he oído muchas, y en ambas direcciones. Y digo “ambas” porque no hay mucha variable; o es sí, o es no. Y para cada caso, aunque parezca raro, hay sólidos argumentos y, si me apuran un poquito, hasta con bases bíblicas y todo. ¡Oh, el hombre! ¡Que poder creativo tiene cuando le interesa demostrar algo! Yo tengo mi propia idea personal, pero como es precisamente eso, una idea personal, no te servirá para nada. En todo caso, y está por verse todavía, me servirá a mí, para tomar mis propias decisiones, pero de ninguna manera para lanzarla como precepto a imitar por otras personas, con otras historias, con otras expectativas y, esencialmente, habitantes de otras tierras y otras culturas. No sé cómo será en tu país, pero en el mío y en varios más que están representados aquí por diversos hermanos, hay en su política doméstica, cierta polarización. O eres de uno o eres del otro, sin término medio y sin espacio para un equilibrio que no sería visto como tal, sino como cobardía, tibieza, liviandad o mediocridad ideológica. Un cristiano no es de izquierda porque la izquierda propicia el ateísmo, el aborto y una serie de cosas con las que los cristianos no estamos de acuerdo. Muy bien, pero… ¿Eso me lleva inexorablemente a la derecha? ¿Y qué hago con la justicia social, con la preocupación por la pobreza y mínimos derechos de un trabajador y con ritualismos de religiones idólatras? Y de allí en más, lo  más grave: ¿Podría cambiar un solo hombre años y años de estrategias emparentadas con la mentira y otros engaños? Dios podría hacerlo, pero: ¿Va ese hombre por su cuenta o espera ser realmente enviado por el Señor a hacerlo? Sé que los expertos en politología podrían darme una cátedra que quizás me llevaría a desdecirme de lo dicho, pero lo cierto es que a mí no me gusta quedar prisionero de una ideología política o social u otra. Me gusta mantenerme al margen porque mi conciencia pertenece a Jesucristo, no a ciertos ideólogos, por mejor intencionados que sean. Creo que los cristianos estamos para aplaudir todo lo que los gobiernos realicen conforme al propósito y voluntad de Dios, y defenestrar sin eufemismos todo lo que se le oponga. Debemos sujetarnos a nuestros gobernantes, siempre y cuando ellos no realicen cosas que están en oposición a la palabra del evangelio, ya que en ese caso quedaríamos libres de tal sujeción. En mi caso, ya tengo mis años y la política, como medio de expresión o vida futura, no me interesa, pero tengo 38 “seguidores” (No me gusta llamarlos así, pero la administración del blog así los rotula) en este blog, y muchos otros más no inscriptos que, seguramente con menos años vividos y distintas concepciones, tal vez puedan aportar opiniones (Que aquí sí son bienvenidas porque no tienen nada que ver con la Palabra de Dios, sino con las conductas de sus hijos frente a la sociedad en la que están insertos), que ayuden a formar un panorama más claro para los que aún tienen confusión. Cuando yo todavía no era creyente, solía decir que los paraísos terrenales de las ideologías no existen, que cuando el hombre llega a cualquiera de ellos, los echa a perder. Y como ejemplo colocaba a Adán. Eso, cuando yo no era creyente. ¿Y ahora que debería decir?

1/09/2012

Andar


No debe existir un ministro del Señor al cual, diariamente, alguien no lo llame o le escriba para preguntarle cómo debe hacer para conocer el propósito de Dios para su vida. ¡Como si fuera tan sencillo decírselo! Simple será, en todo caso, acceder a esa información en lo personal, en lo que compete a nuestras vidas, pero mucho más complejo será realizarlo con las vidas de los demás. La intercesión es una manera de ayudar a alguien a pelear una buena batalla, pero no un método para pensar por otros. Dios nos ha dado una mente y una inteligencia para que la utilicemos. De ninguna manera Dios avala que alguien, por prestigioso e importante que sea, piense por otro hombre. Eso, es lisa y llana mediocridad. Y dios no unge mediocridades. El propósito de Dios para cada uno de sus hijos, globalmente, es que nos rindamos al gobierno y la autoridad del Espíritu Santo. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu (Gálatas 5:25).  En otras palabras: “Si Él vive en ti, ¡déjalo dirigirte!” A diario intento mostrarles lo que significa caminar en el Espíritu. Yo aún no he llegado por entero a este glorioso caminar, pero, ¡Estoy ganando terreno! Si encuentras a alguien que te dice que lo está haciendo en su totalidad, ese alguien es digno de conocerse mundialmente. Eso, si puedes comprobar que realmente es así como dice. Hay mucho engaño “pulpístico” al respecto. Hay hombres que creen que deben predicar y convencer aunque más no sea exagerando o agrandando las cosas. ¿No será mentir, eso? ¿Pueden ganarse almas mintiendo? Hemos oído la expresión “andar en el Espíritu” durante toda nuestras vidas, pero ¿qué significa en realidad? Creo que el capítulo 16 de Los Hechos es uno de los mejores ejemplos de lo que quiere decir andar en el Espíritu Santo. El Espíritu Santo provee de instrucciones detalladas, absolutas y claras a aquéllos que andan en él. Si tú andas en el Espíritu, entonces no andas en confusión, tus decisiones no están nubladas. Los primeros cristianos no caminaban en confusión. Ellos eran guiados por el Espíritu en cada decisión, ¡cada paso, cada acción! El Espíritu les hablaba y los dirigía en cada momento. No se tomaba ninguna decisión sin consultarle a Él. El lema de la iglesia a lo largo del Nuevo Testamento era: ¡El que tiene oídos para oír, que oiga lo que el Espíritu dice! Recuerda que una congregación de alta riqueza intelectual es posible en cualquier parte medianamente instruida del planeta, pero eso no tiene absolutamente nada que ver con el Reino de Dios. La que sí lo representa cabalmente, es la que es guidada enteramente por revelaciones del Espíritu Santo. Y eso, créeme, ya no es tan frecuente.

1/07/2012

Peligro


Siempre llamó mi atención, cuando estaba recién llegado al Camino del Señor, aquella palabra que dice que debemos pelear la buena batalla. Es que yo me congregaba en una iglesia que de guerra espiritual no sólo no conocía nada, sino que ni siquiera se hablaba o creía en la realidad de ella. Nunca compartí, tampoco, las formas de aquellas que viven hablando de los demonios y omitiendo a Jesucristo, pero convengamos en que los cristianos recién nacidos de nuevo, deben conocer algunos de los peligros a los que están expuestos en su nueva vida de fe. Por ejemplo: El peligro más grande que todos enfrentamos es no poder ver a Jesús en nuestros problemas – en lugar de verlo, vemos fantasmas. En ese momento crítico de miedo, cuando la noche es más negra y la tormenta es más furiosa, Jesús siempre se acerca a nosotros, para revelarse como el Señor del diluvio, el Salvador en las tormentas. Jehová preside en el diluvio y se sienta Jehová como rey para siempre (Salmo 29:10). En Mateo 14, Jesús ordenó que sus discípulos entrasen en una barca que estaba dirigida hacia una tormenta.  La Biblia dice que él hizo a sus discípulos entrar en una barca. Estaba siendo dirigida hacia aguas agitadas; iba a ser zarandeada como un corcho. ¿Dónde estaba Jesús? Él estaba  arriba en las montañas, con su vista en el mar; él estaba allá orando para que ellos no fallen en la prueba que él sabía que tenían que atravesar. pensarías que por lo menos uno de los discípulos hubiera reconocido lo que estaba sucediendo y hubiese dicho, “Miren amigos, Jesús dijo que él nunca nos dejaría ni nunca nos abandonaría. Él nos envió en esta misión; estamos en el centro de su voluntad. Él dijo que él es el que ordena  los  pasos del hombre justo. Miren otra vez. ¡Es nuestro Señor!  ¡Él está ahí! Nunca estuvimos fuera de su mirada.” Pero ningún discípulo lo reconoció. Ellos no esperaban que él estuviese en su tormenta. Nunca ellos esperaban que él estuviese con ellos, o aun cerca de ellos, ¡en una tormenta! Pero él llegó, caminando sobre las aguas. Sólo había una lección que aprender, sólo una. Era una lección simple, no una que fuese profunda, mística, o que fuese como un terremoto. Jesús simplemente quería que confiaran en que él era el Señor de ellos, en cada tormenta de sus vidas. Él simplemente quería que ellos mantuviesen su gozo y confianza, aún en las horas más oscuras de sus pruebas. Eso es todo. ¿Has pensando en esto alguna vez? ¿Has logrado verlo en medio de tus crisis? ¡Aleluya si así ha sido! No interesa lo que hayas sufrido, lo que interesa es que, detrás de ese sufrimiento o en medio de él, Jesús haya sido una presencia segura y firme a tu lado. Porque sólo así podrás pelear tu buena batalla, aún contra los más tremendos y peligrosos gigantes.

1/05/2012

Perdón


Dice la sabiduría popular que cada casa es un mundo, que detrás de las cuatro paredes de cada domicilio particular, hay dramas, angustias, miedos y sufrimientos, en medio de las naturales alegrías y procesos de vida cotidiana. ¿Cuánto debemos soportar? Es una pregunta que a menudo algunos lectores me formulan, luego de relatarme sus dramas llenos de ofensas, agresiones y humillaciones. ¿Hasta cuándo debo perdonar?, es la otra consulta. ¿Hay un límite? ¿Hay un parámetro a seguir? Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. (Colosenses 3:13). Soportar y perdonar son dos asuntos diferentes. Soportar significa cesar toda acción y pensamiento de revancha. Quiere decir, en otras palabras: “No hagas justicia por tus propias manos. Por el contrario, soporta tu dolor. Deja el asunto a un lado y no lo vuelvas tomar”. Nota que soportar no es solamente un concepto del Nuevo Testamento. Los Proverbios nos dicen: No digas: Como me hizo, así le haré; daré el pago al hombre según su obra (Proverbios 24:29). Se nos da un ejemplo poderoso de esta amonestación en la vida de David. Él estaba furioso con deseos de venganza contra un hombre malvado llamado Nabal, porque Nabal no quiso ayudarlo cuando David lo necesitaba. David juró vengarse, pero obedeció el consejo de Dios: No hagas venganza…deja que el Señor pelee tu batalla. La situación se resolvió justo a tiempo y David alabó a Dios por su intervención.  David tuvo otra oportunidad de una fácil venganza, cuando halló a su perseguidor, Saúl, dormido en una cueva, en la que David mismo se estaba escondiendo. Los hombres de David lo presionaban diciéndole: Es voluntad de Dios. Él ha entregado a tu enemigo en tu mano. Mátalo ya y véngate. Pero David se resistió, y más bien cortó un pedazo del manto de Saúl, para poder demostrar luego, que él pudo haberlo matado. Estas acciones sabias son las formas en las que Dios avergüenza a nuestros enemigos, y ése fue el caso cuando David le mostró a Saúl el pedazo de tela. Saúl respondió: Más justo eres tú que yo, que me has pagado con bien, habiéndote yo pagado con mal (1 Samuel 24:17). Ahora entramos a perdonar, lo cual abarca otros dos mandamientos: (1) Amar a nuestros enemigos y (2) Orar por ellos. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen (Mateo 5:44). Un viejo y sabio predicador dijo: “Si puedes orar por tus enemigos, puedes hacer todo lo demás”. Muchos de nosotros nos hemos dado cuenta de que esto es verdad en nuestras propias vidas. Jesús nunca dijo que perdonar sería fácil. Cuando ordenó: Amad a vuestros enemigos, la palabra griega “amar” no significa “afecto” sino “entendimiento moral”. Dicho de una forma simple, perdonar a alguien no tiene nada que ver con levantar emociones, sino más bien se trata de tomar una decisión moral para quitar el odio de nuestros corazones.


1/02/2012

Éxito


He pasado gran parte de mi vida secular escuchando relatos sobre determinados éxitos ajenos. En los negocios, en los deportes, en los amores, etc. Tengo, del éxito, la misma visión que seguramente tienes tú: algo importante que llega para modificar definitivamente la vida de los que acceden a él. Luego, al entregar mi vida a Jesucristo e ingresar en su iglesia organizada, la palabra éxito volvió a encontrarme, aunque con sus valores algo modificados. Éxito, en la iglesia, es tener muchos miembros y seguir aumentándolos, contar con un ingreso de dinero mensual suficiente para cubrir todos los gastos y utilizar el remanente para invertir, no sólo “en la obra”, sino también en negocios seculares. Eso, a grandes rasgos, es el éxito para el hombre, donde quiera que éste se encuentre. El éxito a los ojos de Dios, en cambio, se cumple en su totalidad al ministrarle a Él. Tales siervos, no están luchando para “triunfar” o buscar seguridad terrenal. Sólo quieren conocer a su Señor y ministrarle a Él. Piensa en los cien profetas que Abdías escondió (1 Reyes 18:4). Ellos vivieron aislados en cuevas por tres o cuatro años por lo menos, durante una terrible hambruna. Estos hombres no tenían adónde ministrar en el exterior, estaban completamente fuera de la vista del público, olvidados por la mayoría. Ni siquiera pudieron compartir la victoria de Elías en el Monte Carmelo. Sin duda, el mundo los llamaría fracasados, hombres insignificantes que no lograron nada. Aun así, Dios les había dado a estos siervos devotos, el regalo precioso del tiempo. Ellos tenían días, semanas, aun años para orar, estudiar, crecer y ministrar al Señor. Tú verás, Dios los estaba preparando para el día en que sean liberados para ministrar al pueblo. De hecho, estos mismos hombres habrían de pastorear a aquéllos que volvieron a Dios bajo el ministerio de Elías. Hace años, El Señor me bendijo con este ministerio. Con él, jamás llegué a un grado de popularidad tremendo, ni fui un líder reconocido dentro de las estructuras tradicionales evangélicas, como no fuera en alguna de ellas para criticarme. Sin embargo, el éxito mayor que yo he podido disfrutar en mi vida, es el ser consciente de un tremendo cambio en la vida de algunas personas que en su momento me lo hicieron saber, tomando especial cuidado en no perjudicarme con adulaciones ni honras personales, sino dándole toda la gloria a Dios. Tú, seguramente, eres alguien que has buscado o estás buscando alguna clase de éxito en tu vida. Y no está mal eso, siempre y cuando no erres al blanco. Mi sugerencia es: Deja de buscar ministerios. En lugar de ello, pasa tu tiempo buscando a Dios. Él sabe dónde encontrarlo. Él te lo enviará cuando vea que estás listo. Olvídate de lo que otros estén haciendo. Lucha por ser un éxito en el trono de Dios. Si estás ministrando al Señor y orando por los demás, ¡Tú ya eres un éxito en sus ojos!

1/01/2012

Señales


He escrito mucho sobre el Remanente Santo en estos últimos años. Y también hemos leído lo que otros siervos fieles (Al Señor, no a las estructuras religiosas) han escrito. Muchos de ellos han mencionado números, y si bien no soy un afecto a ultranza de la numerología bíblica porque la estimo riesgosa, sí la tengo en cuenta como elemento de respaldo. Sabemos, -por ejemplo-, que a lo largo de toda la Biblia, el número siete es equivalente al propósito eterno de Dios. Por lo tanto, no son pocos los que creen que el número 7000 que Dios le menciona a Elías en 1 Reyes 19:18, denota simplemente los que conforman su remanente. El pueblo que Él aparta para sí mismo, no interesa si se trata de 70 o 7 millones de personas, lo importante es que están completamente entregados a Él. Reitero: no me gusta llevar la eternidad y magnificencia de Dios a una serie de números limitados por las matemáticas humanas, pero procuro rescatar lo bueno que haya en esto. Como lo es, por ejemplo, determinar algunas características de ese Remanente, son la finalidad de que cada uno de nosotros examine y se examine para ser si está formando parte de él o no. Acá vemos 3 señales que lo definen: 1.- Un compromiso inalterable de asirse del Señor. Todo creyente del Remanente ha tomado una decisión determinada de nadar contra la corriente del mal. En algún punto, tú debes hacer un compromiso, declarando: “No me importa lo que otros digan o hagan, Yo soy del Señor. No me rendiré ante el espíritu perverso de este siglo”. 2.- Un deseo de identificarse con los pobres. Como verás, y para alejar fantasmas ideológicos, no estamos hablando de pobres en dinero. Mientras la tendencia de la sociedad es asociarse con los ricos y exitosos, tú te acercas a la clase social que sufre. Abdías fue un hombre piadoso que servía en la casa de Jezabel. Había determinado temer a Dios y a nadie más y demostró que su corazón era recto y estaba con los pobres al cuidar a  100 profetas harapientos y sufridos (1 Reyes 18:4). Rige exactamente lo mismo para los que están todavía en las iglesias tradicionales: se acercan a los miembros necesitados, no a los líderes exitosos que controlan y ejercen el poder. 3.- Una dependencia en la esperanza. Los 7000 de la época de Elías soportaron a causa de su esperanza en la liberación venidera. Así también hoy, la esperanza bendita de la iglesia, es el pronto retorno de Jesús. Con sólo un sonido de trompeta, toda la maldad terminará. Nuestro Señor acabara con todo asesinato de bebes, toda perversión patente, todo genocidio étnico. Nadie sabe si será hoy, esta noche misma, mañana, o el mes, el año o el siglo que viene, no interesa eso: será. Y punto. ¿Estas tres señales te caracterizan como parte del Remanente Santo de Dios? Si es así, Dios se gloría de ti: “Este me ha entregado su corazón. Se ha enfocado en mí. ¡Es enteramente mío!”. Si aún no fuera así, debo decirte que todavía estás a tiempo. No debes obedecerme a mí ni a nadie de carne y hueso en estas cosas, no debes dejarte influir por hombre alguno, tenga el prestigio o la fama que tenga. Sólo debes extremar tu oído espiritual y escuchar lo que el Espíritu Santo tiene para decirte. Créeme que esa es la única señal segura en este tiempo.