1/05/2012

Perdón


Dice la sabiduría popular que cada casa es un mundo, que detrás de las cuatro paredes de cada domicilio particular, hay dramas, angustias, miedos y sufrimientos, en medio de las naturales alegrías y procesos de vida cotidiana. ¿Cuánto debemos soportar? Es una pregunta que a menudo algunos lectores me formulan, luego de relatarme sus dramas llenos de ofensas, agresiones y humillaciones. ¿Hasta cuándo debo perdonar?, es la otra consulta. ¿Hay un límite? ¿Hay un parámetro a seguir? Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. (Colosenses 3:13). Soportar y perdonar son dos asuntos diferentes. Soportar significa cesar toda acción y pensamiento de revancha. Quiere decir, en otras palabras: “No hagas justicia por tus propias manos. Por el contrario, soporta tu dolor. Deja el asunto a un lado y no lo vuelvas tomar”. Nota que soportar no es solamente un concepto del Nuevo Testamento. Los Proverbios nos dicen: No digas: Como me hizo, así le haré; daré el pago al hombre según su obra (Proverbios 24:29). Se nos da un ejemplo poderoso de esta amonestación en la vida de David. Él estaba furioso con deseos de venganza contra un hombre malvado llamado Nabal, porque Nabal no quiso ayudarlo cuando David lo necesitaba. David juró vengarse, pero obedeció el consejo de Dios: No hagas venganza…deja que el Señor pelee tu batalla. La situación se resolvió justo a tiempo y David alabó a Dios por su intervención.  David tuvo otra oportunidad de una fácil venganza, cuando halló a su perseguidor, Saúl, dormido en una cueva, en la que David mismo se estaba escondiendo. Los hombres de David lo presionaban diciéndole: Es voluntad de Dios. Él ha entregado a tu enemigo en tu mano. Mátalo ya y véngate. Pero David se resistió, y más bien cortó un pedazo del manto de Saúl, para poder demostrar luego, que él pudo haberlo matado. Estas acciones sabias son las formas en las que Dios avergüenza a nuestros enemigos, y ése fue el caso cuando David le mostró a Saúl el pedazo de tela. Saúl respondió: Más justo eres tú que yo, que me has pagado con bien, habiéndote yo pagado con mal (1 Samuel 24:17). Ahora entramos a perdonar, lo cual abarca otros dos mandamientos: (1) Amar a nuestros enemigos y (2) Orar por ellos. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen (Mateo 5:44). Un viejo y sabio predicador dijo: “Si puedes orar por tus enemigos, puedes hacer todo lo demás”. Muchos de nosotros nos hemos dado cuenta de que esto es verdad en nuestras propias vidas. Jesús nunca dijo que perdonar sería fácil. Cuando ordenó: Amad a vuestros enemigos, la palabra griega “amar” no significa “afecto” sino “entendimiento moral”. Dicho de una forma simple, perdonar a alguien no tiene nada que ver con levantar emociones, sino más bien se trata de tomar una decisión moral para quitar el odio de nuestros corazones.


1 comentario:

Domingo dijo...

Esto es importante reconocer la diferencia entre recibir información emocional e información Espiritual.