4/27/2017

Una Iglesia Muy Particular

Salomón hijo de David fue afirmado en su reino, y Jehová, su Dios, estaba con él y lo engrandeció sobremanera. (2 Crónicas 1:1).

La iglesia actual de Jesucristo ha sido fortalecida y bendecida por Dios. Provisión ha sido dada para todo tipo de actividades. Considera los grandes y hermosos edificios que han sido construídos. Considera también las grandes bendiciones financieras que han recibido las iglesias. Millones son gastados en tele-evangelismo, libros, discos, videos, misiones, instituciones, universidades y ministerios de todo tipo.

Cuando todas estas obras empezaron, cada uno tenía parte de la unción de Dios. Inclusive, la mayoría iniciaron con las mismas bendiciones que Dios derramó sobre Salomón. Salomón era bien organizado y más culto que su padre, David. Él hizo todo con mayor alcance y mejor que generaciones previas pudieron haber concebido.

El motor detrás de Salomón fue la sabiduría y el conocimiento. Éste fue el clamor de su corazón ante Dios: Dame ahora sabiduría y ciencia, para que sepa dirigir a este pueblo; porque ¿quién podrá gobernar a este tu pueblo tan grande? (2 Crónicas 1:10).

¿Acaso esta oración no es maravillosa? Suena muy bien. Dios estaba complacido con Salomón pues él no había pedido egoístamente. Sin embargo, existe un problema: ¡Su oración estaba centrada en el hombre! En esencia, este rey talentoso, seguro de sí mismo estaba diciendo, “Solamente dame las herramientas, Dios, y yo haré y terminaré la obra. Dame la sabiduría y el conocimiento, y yo pondré orden en este pueblo. ¡Yo lo lograré todo!”

La oración de Salomón no fue la oración de su padre, David, un hombre conforme al corazón de Dios. No, la oración de Salomón fue la de una nueva generación -un pueblo culto, con ideas y habilidades nuevas. Su clamor fue, “¡Yo necesito sabiduría y conocimiento!” Yo creo que Salomón representa al espíritu y naturaleza de los últimos días de la iglesia de Laodicea. ¡Esta iglesia se caracterizaba por la misma perdición que Salomón enfrentó!

Salomón tenía una cabeza llena de sabiduría y una boca llena de cantos. Él podía predicar y enseñar con una habilidad increíble. Él operaba con excelente organización y con líderes talentosos. Todo en su iglesia parecía decente y en orden. Pero todo lo que Salomón hizo terminó con esta frase, Miré todas las obras que se hacen debajo del sol, y vi que todo ello es vanidad y aflicción de espíritu. (Eclesiastés 1:14)

La iglesia de Salomón tenía todas las respuestas. ¡Luce maravillosa por fuera pero está absolutamente sin vida! Y ésta termina en vanidad, idolatría, sensualidad, vacío y desesperanza. Ahora pregunto: ¿Hay alguna iglesia-Salomón cerca de tu vida? Si así fuera, ¡Salid de ella, pueblo mío!



 


4/19/2017

Imágenes de Mejores Tiempos

Mirarán hacia mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por el hijo unigénito, y se afligirán por él... (Zacarías 12:10). 

Observo en la profecía de Zacarías una visión nueva acerca de la cruz de Jesús. Ahora mismo, el Espíritu Santo está haciendo justamente esto en Israel. Multitudes de judíos se reúnen en el muro de los Lamentos para clamar la venida del Mesías. Pero muy pronto, ¡Dios removerá el velo y ellos conocerán a Jesús por quién es Él y se lamentarán por haberle crucificado!

Existe otra aplicación a este versículo que tiene que ver con la iglesia. Prontamente vendrá un toque muy personal del Espíritu Santo. La iglesia de Jesucristo ha caído en tal rotundo pecado -aunque encubierto y sobrellevado- que cuando el Espíritu sea derramado a través del espíritu de oración, Él traerá al mismo tiempo una purga. Habrá lamento, luto, quebrantamiento - ¡Una realidad de cómo nuestro pecado lastima el corazón de Dios!

El Espíritu Santo se moverá de esta forma no solamente en las congregaciones, tal como entienden que debe ser los religiosos de siempre,  sino también en las familias y en los individuos: 

Esta tierra se lamentará, familia por familia; la familia de la casa de David por su lado, y sus mujeres aparte... (Zacarías 12:12).

¿Qué regalo más grande podría darle Dios a Su iglesia justamente antes de su regreso que un poderoso y persuasivo mensaje en contra del pecado? ¡Él traerá una convicción tan grande que no seremos capaces de tolerar todo aquello que no es santo ni puro en nosotros! En resumen, aquí encontramos cualidades y signos del derramamiento del Espíritu en los últimos tiempos:

Un enfoque en la cosecha final de almas.

Un espíritu de gracia que conduce al arrepentimiento y a la santidad. 

Un espíritu de súplica que resulta en rendición y en una urgencia de orar en el Espíritu.

Un hambre de Jesús. Luto, quebrantamiento y lamento por el pecado.

¡Solamente tras este trato del Espíritu la verdadera bendición llegará! ¡Yo no quiero perderme este último derramamiento de parte de Dios! He estado orando a Él para que me haga parte de este. Y te exhorto a ti a que hagas lo mismo.

Ora conmigo ahora: “¡Necesitas dármelo! Dame tu carga por las almas perdidas, pon el lamento de tu Espíritu en mí. Tú eres mi única esperanza. Por tanto me rindo por completo a tí. ¡Yo haré todo lo que tú me digas y dependeré de tí solamente para todo! ”







4/09/2017

En el Tiempo de la Rendición

(Zacarías 12: 10) = Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.

La palabra oración en el contexto de Zacarías 12:10 se refiere a súplica o ruego. Ésta nunca es utilizada en la Biblia a excepción para denotar un clamor y una oración en voz alta. En otras palabras, no es privada o meditativa. ¡Una súplica tiene que ver con la voz!

La palabra hebrea para súplica significa “rama de olivo envuelta en lana, o algún tipo de textil, ondeada por un individuo que ruega para buscar paz y rendición.” Es decir, son banderas que significan un clamor de total e incondicional rendición.

Imagínate a un soldado cansado, agotado, abrumado, atrapado en la trinchera de su voluntad propia. Se encuentra completamente solo, cansado, demacrado. Él ha llegado al abismo. Él rompe una rama de un árbol, la amarra a su camisa interior blanca, la levanta, sale gateando de su trinchera y suplica, “¡Me rindo!” ¡Ésta es una súplica! Dice, “¡Me rindo! No puedo pelear más la batalla. Estoy perdido y desesperado.”

Una súplica no significa clamar a Dios para hacer lo que tú deseas. No es mendigar o abogar para que Él te ayude con tus planes. Por el contrario, ¡es una rendición total de su voluntad y de sus caminos! Por siglos, cristianos llenos de voluntad propia han clamado a Dios, “Oh Dios, envíame aquí, envíame allá, dame esto, dame aquello.”

Pero en los últimos días, el Espíritu Santo caerá con gran poder para producir una sensación de bancarrota espiritual. Nosotros despertaremos al hecho de que aun teniendo todo el dinero, toda la inteligencia, todos los programas, los ministerios, los planes, no hemos alcanzado a este mundo. La verdad es, la iglesia ha perdido el paso y se ha convertido en débil y lamentable.

¡Debe de haber rendición! Nuestro clamor debe estar acompañado de deseo por entregar todo lo que tenemos en esta vida que no se asemeja a Jesucristo. La oración de Daniel demuestra lo que significa una súplica: Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración y los ruegos de tu siervo, y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor. Inclina, Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos y mira nuestras desolaciones y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias. (Daniel 9:17-18).

4/04/2017

La Calidad de tu Desierto

Los que de una u otra manera y por diferentes causas, hemos tenido la ocasión de conocer y compartir con personas que han resistido alto sufrimiento y que han probado la fidelidad del Señor, habrán podido comprobar que esas personas son fuertes, tranquilas y pacientes. Ellas tienen la mansedumbre de Cristo. No puede describirse con palabras lo que significa estar rodeado de esa clase de personas y en qué medida ellas pueden alentar nuestro espíritu.

¡Tú tal vez pasarás por tu prueba y luego serás de gran ayuda para otros si confías en el Señor durante ese tiempo! Tú verás esto suceder en tu trabajo, en tu familia, en tu iglesia. ¡La gente se sentirá atraída a ti porque sabe lo que tú has pasado y has testificado tu victoria a través del poder único de Dios!

Muchos creyentes que sufren nunca aprenden de ello. Como resultado, estos individuos nunca conocen a Dios como consolador. Al escucharlos hablar, tú pensarías que Dios fue duro, malicioso y sin cuidado. Ellos preguntan, “¿Por qué yo?” Posteriormente ellos dudan del amor de Dios y empiezan a alejarse de Él. Ellos gimen, se quejan y murmuran, y todo su gozo se desvanece. Pronto, ellos serán amargados y duros de corazón.

Alguien que en su momento fue muy conocido, por muchos años tuvo gran éxito en su ministerio con gente en conflicto. Pero hoy él está bajo gran pecado, es drogadicto y se encuentra totalmente alejado de Dios. Su esposa lo abandonó y ahora tiene como pareja a una mujer drogadicta.

Cuando alguien se le acercó y le preguntó qué le había sucedido, él le cargó las culpas a quienes lo abandonaron: es decir, a su esposa, a Dios quien no contestó sus oraciones, a ciertos ministros que lo decepcionaron. Él expresa, “Yo realmente intenté, pero no pude soportarlo. Había muchas presiones, mucha gente hipócrita. Fui juzgado falsamente y no supe manejarlo

El apóstol Pablo, inclusive en los peores momentos de sufrimiento, bendijo en el nombre del Señor. Él sabía que su Padre era lleno en misericordia y el recurso de todo consuelo. Él nunca cuestionó a Dios o dejó que amargura creciera en él. De hecho, ¡Pablo alabó a Dios en medio de todo!

Los mejores maestros en cualquier iglesia no son los del púlpito. Por el contrario, éstos son aquellos sentados a tu lado, probablemente gente que ha sufrido y que aún alaba al Señor. ¡El lenguaje de aquéllos que aprenden a través de sufrimiento es la alabanza! Todavía resulta de gran impacto descubrir y poner por obra que cuando Dios te dice que des gracias por todo, está diciendo exactamente eso que has leído: por todo