He
pasado gran parte de mi vida secular escuchando relatos sobre determinados
éxitos ajenos. En los negocios, en los deportes, en los amores, etc. Tengo, del
éxito, la misma visión que seguramente tienes tú: algo importante que llega
para modificar definitivamente la vida de los que acceden a él. Luego, al
entregar mi vida a Jesucristo e ingresar en su iglesia organizada, la palabra
éxito volvió a encontrarme, aunque con sus valores algo modificados. Éxito, en
la iglesia, es tener muchos miembros y seguir aumentándolos, contar con un
ingreso de dinero mensual suficiente para cubrir todos los gastos y utilizar el
remanente para invertir, no sólo “en la obra”, sino también en negocios
seculares. Eso, a grandes rasgos, es el éxito para el hombre, donde quiera que
éste se encuentre. El éxito a los ojos de Dios, en cambio, se cumple en su
totalidad al ministrarle a Él. Tales siervos, no están luchando para “triunfar”
o buscar seguridad terrenal. Sólo quieren conocer a su Señor y ministrarle a Él. Piensa en los cien profetas
que Abdías escondió (1 Reyes 18:4). Ellos vivieron aislados en cuevas por
tres o cuatro años por lo menos, durante una terrible hambruna. Estos hombres
no tenían adónde ministrar en el exterior, estaban completamente fuera de la vista
del público, olvidados por la mayoría. Ni siquiera pudieron compartir la
victoria de Elías en el Monte Carmelo. Sin duda, el mundo los llamaría
fracasados, hombres insignificantes que no lograron nada. Aun así, Dios les
había dado a estos siervos devotos, el regalo precioso del tiempo. Ellos tenían
días, semanas, aun años para orar, estudiar, crecer y ministrar al Señor. Tú
verás, Dios los estaba preparando para el día en que sean liberados para
ministrar al pueblo. De hecho, estos mismos hombres habrían de pastorear a
aquéllos que volvieron a Dios bajo el ministerio de Elías. Hace años, El Señor
me bendijo con este ministerio. Con él, jamás llegué a un grado de popularidad
tremendo, ni fui un líder reconocido dentro de las estructuras tradicionales
evangélicas, como no fuera en alguna de ellas para criticarme. Sin embargo, el
éxito mayor que yo he podido disfrutar en mi vida, es el ser consciente de un
tremendo cambio en la vida de algunas personas que en su momento me lo hicieron
saber, tomando especial cuidado en no perjudicarme con adulaciones ni honras
personales, sino dándole toda la gloria a Dios. Tú, seguramente, eres
alguien que has buscado o estás buscando alguna clase de éxito en tu vida. Y no
está mal eso, siempre y cuando no erres al blanco. Mi sugerencia es: Deja de buscar ministerios. En
lugar de ello, pasa tu tiempo buscando a Dios. Él sabe dónde encontrarlo. Él te lo enviará cuando vea que
estás listo. Olvídate de
lo que otros estén haciendo. Lucha por ser un éxito en el trono de Dios. Si estás
ministrando al Señor y orando por los demás, ¡Tú ya eres un éxito en sus ojos!

2 comentarios:
Simplemente agradecido a Dios por estas cosas que puedo leer. Que llegan a mi corazón y que hacen que busque al Señor cada día :)
Hay muchas de estas cosas que dicen algo a mi vida.
...Señor por favor ayudame a dar en el blanco...
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