12/31/2013

Protección

Hace muchos años un hombre llamado David, oró: Guárdame, Dios, porque en ti he confiado (Salmo 16:1). La definición de la palabra guardar que emplea David en este versículo tiene un profundo significado en hebreo. Esencialmente quiere decir “Pon un cerco alrededor mío, una pared de espinas que me proteja. Guárdame y cuídame. Observa todos mis movimientos, mi entrar y mi salir.” David creyó plenamente en que Dios guarda a los justos. Asimismo, las Escrituras dicen que David fue ayudado y cuidado en todos sus caminos. Este bendecido hombre declaró, Por cierto no se adormecerá ni se dormirá el que guarda a Israel. Jehová es tu guardador, Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal, él guardará tu alma (Salmo 121:4-7).
La misma palabra hebrea referente a guardar aparece también en este pasaje. Una vez más David está hablando del cerco divino de Dios, de su pared sobrenatural de protección. Él nos confirma, “Dios tiene su ojo sobre ti a dondequiera que vaya.” Inclusive el Señor está con nosotros en todo lugar: en el trabajo, cuando vamos de compras. Él está con nosotros en nuestros autos, en los autobuses, en los trenes subterráneos. Y mientras hacemos todas estas actividades, David dice, Dios nos guarda de todo mal. En suma, Dios tiene todo terreno a nuestro alrededor protegido. Él ha prometido derribar cualquier arma posible que sea forjada contra sus hijos. Una y otra vez, nuestro Dios ha probado ser un guardador de su pueblo. Pero, ¿Con qué propósito? ¿Por qué está tan empeñado el Señor en guardarnos? 
Encontramos una clave en las palabras de Moisés: Jehová nos mandó que cumplamos todos estos estatutos, y que temamos a Jehová nuestro Dios, para que nos vaya bien todos los días y para que nos conserve la vida, como hasta hoy (Deuteronomio 6:24). Moisés dice que Dios le dio los mandamientos por una razón: para guardarlos y cuidarlos. Pero, ¿para qué? Por la misma razón que Dios quiere salvarnos y protegernos. Piensa en todas las maneras en que Dios guardó a Israel, su pueblo escogido. Él los guardó de las diez plagas en Egipto. Él los libró del ejército del faraón en el Mar Rojo y los sanó de las mordidas mortales de las serpientes en el desierto. 
Ante todo esto, su pueblo predicó a sus hijos y nietos del poder guardador de Dios: “El Señor nos libró de todos nuestros enemigos. Él nos dio comida y agua, y mantuvo nuestra vestimenta en buena condición. Él guardó a Israel en todo.” ¿Pero ese era todo el testimonio de Israel? ¿Fueron esas personas guardadas y protegidas para terminar muriéndose en el desierto? Moisés testificó, Y nos sacó de allá para traernos y darnos la tierra que prometió a nuestros padres (Deuteronomio 6:23). Moisés le estaba diciendo a Israel, “Observen todas las maneras milagrosas que Dios usó para sacarlos de la esclavitud. ¿Por qué creen que hizo todo eso? ¿Por qué creen que los eligió y los consideró especiales desde la fundación del mundo? ¿Por qué los libró de la esclavitud? ¿Por qué los bendijo cuando merecían ser abandonados?” 
El Señor te ha preservado a ti para poder llevarte a un lugar. Él quiere lograr algo en tu vida que va más allá de los milagros. El Señor guardó a los israelitas y les puso una muralla alrededor para un propósito específico: para llevarlos a un lugar donde serían usados. Él los estaba guiando a la Tierra Prometida, un lugar de destino. Oye: esto no es historia, esto es palabra vigente, válida y posible para ti hoy, mañana y todo el año 2014 que se inicia. Que así sea. O. si lo prefieres: AMEN.


 







12/27/2013

¡Escucha!

Dios quiere que sepamos que no importa cuán difícil sean las situaciones que afrontemos pues él sustentará a todo aquél que confía en él – con el poder de su tranquila y suave voz hablando diariamente a nuestro hombre interior. 
Esto lo confirma el profeta Isaías: Entonces tus oídos oirán detrás de ti la palabra que diga: Este es el camino, andad por él y no echéis a la mano derecha, ni tampoco os desviéis a la mano izquierda (Isaías 30:21). 
Tú necesitas comprender que Isaías entregó esta palabra a Israel en su momento más difícil. La nación estaba bajo juicio, en absoluta ruina, colapsada. Isaías les dijo a los líderes de Israel, “¡Vuélvanse al Señor ahora! Él quiere darles una palabra de dirección – él quiere hablarles, diciendo ‘Vayan por éste lado, vayan por este otro, aquí está el camino…” 
Sin embargo ellos no escucharon. ¡Ellos decidieron buscar ayuda de Egipto para ser liberados! Ellos pensaron que podían depender de las carrozas egipcias, de sus caballos y de sus suministros para poder salir adelante. 
No obstante, Dios no envió todo su juicio sobre Israel en ese instante. En su lugar, él decidió esperar pacientemente hasta que cada uno de los recursos utilizados por Israel resultaran inútiles. 
Él dijo, Mientras ellos estén corriendo de un lado al otro maquinando cómo sobrevivir, yo esperaré. ¡Quiero mostrarles a ellos mi misericordia a pesar de su maldad! (v. 18). 
Evidentemente, todo les falló y las cosas solamente empeoraron para la nación. Finalmente, cuando todos sus planes fracasaron, Dios le dijo al pueblo, “¡Ahora dejen que yo me haga cargo! Abran sus oídos y yo les hablaré. Yo conozco la salida, y yo los dirigiré. Quiero guiar cada movimiento que hacen, hacia la derecha y hacia la izquierda para librarlos. ¡Yo los guiaré con mi voz – hablándoles, diciéndoles qué hacer hasta el último detalle!” 
Lo que importa – lo que es vitalmente relevante – es que tú conozcas la voz de Dios. Él todavía sigue hablando. Él lo ha dicho claramente, “Mis ovejas conocen mi voz”. Hay muchas voces en el mundo hoy día – voces fuertes y exigentes. Pero existe aquella voz tranquila y suave del Señor que puede ser conocida y escuchada por todos los que confían en lo que Jesús dijo.


 







12/24/2013

Supervivencia

Y vino a él [Elías] palabra de Jehová, diciendo: Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán (1 Reyes 17:2-3). Mientras Elías observó la crisis que se le avecinaba, su situación le debió parecer absolutamente desesperanzadora. Pero Dios tenía en mente un plan específico de supervivencia para su siervo fiel.
 Él le dijo al profeta, “Dirígete al este del Río Jordán, y encontrarás a Querit, un pequeño arroyo. Ahí podrás conseguir toda el agua que necesites beber. Además, ¡he arreglado todo para que alimento te sea entregado todos los días por mis cuervos mensajeros!” ¿Cómo podría una persona soñar, en un millón de años, con esta clase de plan de supervivencia? ¿Cómo podría Elías haberse imaginado que sería enviado a un arroyo oculto donde encontraría agua para beber cuando no había más que sequía a su alrededor? ¿Cómo pudo haber pensado que una provisión de pan le sería entregada diariamente por cuervos los cuales siempre se comen todo lo que está a su alcance? 
Más tarde, la situación se complicó para Elías pues el arroyo finalmente se secó. Pero Dios tomó nuevamente el control del asunto dándole al profeta una palabra fresca de dirección. Él le dijo, Levántate, vete a Sarepta de Sidón y vive allí; ahí le he dado orden a una mujer viuda que te sustente (v. 9). 
Una vez más necesito preguntarte a ti - ¿cómo podría alguien imaginarse que una pobre mujer viuda en medio de una depresión económica, podía alimentar a un hombre por días, semanas, y meses sin parar? Pero el hecho es que Dios usa las cosas más menospreciadas e insignificantes de este mundo para su gloria. 
Él l le dijo a Elías, “Si tú vas con ella y haces lo que te digo, sobrevivirás. ¡Escúchame – has caso a mi dirección – y saldrás adelante!” La evidencia es abrumadora: ¡Dios – nuestro asesor, consejero y experto en supervivencia – tiene un plan detallado para cada uno de sus hijos, para ayudarlos a enfrentar las peores circunstancias! 
Siempre está bueno recordar estas cosas, pero hoy quizás es más interesante porque, a partir de la celebración tradicional de la Nochebuena y la Navidad que todos respetamos por razones familiares, pero que los cristianos genuinos tomamos exactamente como lo que es, tenemos siempre ocasión de hablar de sus cosas con gente que aún no lo conoce. ¡Que ellos sepan y puedan creer que su supervivencia también es posible!










12/20/2013

Paz

Jesús murió en la cruz para comprar mi paz con Dios – y hoy él está en el cielo para mantener esta paz en mí. La paz que tenemos con Dios a través de Jesucristo distingue nuestra fe de todas las demás religiones. Mejor dicho: muestra la diferencia entre convicción y religión.  Fuera del Cristianismo, todas las religiones dejan sin resolver el asunto del pecado. De esta manera el dominio del pecado no es eliminado, y por consiguiente no puede haber paz. ¡No hay paz para los malos!, ha dicho Jehová (Isaías 48:22).
Sin embargo, tenemos un Dios que provee paz al perdonar nuestros pecados. Esta es la razón misma por la cual Jesús vino a la tierra: para traer paz a una humanidad temerosa y en conflicto. ¿Cómo mantiene Jesús la paz de Dios en mí? Él lo hace de tres maneras: 
Primero, la sangre de Cristo removió la culpa de mi pecado. En este sentido, Pablo dice, Él es nuestra paz (Efesios 2:14). Jesús hizo paz en mí a través de su sangre. 
Segundo, Cristo mantiene mi paz y gozo al creer en: Y el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en la fe, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo (Romanos 15:13).  
Tercero, Jesús hace que me regocije al tener la esperanza de que entraré en su gloria Y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios (Romanos 5:2). 
Para ponerlo de una manera simple, paz es la ausencia del miedo. Y una vida sin miedo es una vida llena de paz. Cuando Jesús ascendió al cielo, él no solo disfrutó de la gloria que se le había otorgado. No, él fue al Padre para mantener la paz que ganó con tanto dolor para nosotros en el Calvario. Ahora mismo nuestro Salvador está vivo en la gloria. Él es completamente Dios y completamente humano, con manos, pies, ojos, cabello. 
Nuestro Salvador también tiene las cicatrices en sus manos y en sus pies, y la herida en su costado. Él nunca desechó su humanidad; él continúa siendo un hombre en la gloria. Y en este momento, nuestro hombre en la eternidad trabaja para asegurarse que la paz que nos otorgó al partir, nunca nos sea robada. Él ministra como sumo sacerdote al estar activamente involucrado en mantener a su cuerpo en la tierra lleno de su paz. Y cuando él venga nuevamente, quiere que nosotros seamos hallados por él…en paz (2 Pedro 3:14).
Cuando yo peco, mi paz se interrumpe en dos áreas. Primero, mi conciencia entra en conflicto y con buen motivo provoca culpa. Segundo, las acusaciones de Satanás ponen miedo en mí. Creo que éstas son las dos primeras áreas donde las intercesiones de Cristo se aplican en nosotros. Primero, mi sumo sacerdote no permitirá que mi conciencia me tenga cautivo. Ni permitirá que las acusaciones de Satanás en contra mía no sean desafiadas. 
Cristo es mi abogado para con el Padre en contra de toda acusación del infierno. ¿Qué es un abogado? Es simplemente “mi amigo en la corte” Para los cristianos, este amigo en la corte es también el hijo del juez. Además, nuestro abogado es nuestro hermano. De hecho, vamos a heredar la fortuna del juez junto con él.










12/17/2013

Prioridades

Por eso puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos (Hebreos 7:25). 
¿Qué quieren decirnos las Escrituras cuando mencionan que Jesús intercede por nosotros? Yo creo que este tema es muy profundo, majestuoso y que va más allá del entendimiento humano. Yo tiemblo con tan solo abordarlo. Los estudiosos de la Biblia tienen varios puntos de vista sobre su significado, pero sólo son eso: estudiosos. Vivir en Cristo es otra cosa. 
A través de la oración y confianza en el Espíritu Santo, estoy comenzando a entender sólo un poco de este increíble tema. Puedes orar muy sencillamente, diciendo: “Señor, ¿cómo tu intercesión en el cielo afecta mi vida? Tu Palabra dice que te presentas delante del Padre en mi lugar. ¿Qué significado tiene esto en mi caminar diario contigo?” 
La palabra intercesión en español significa, “suplicar a favor de alguien”. Esto habla de un sujeto que toma tú lugar ante los demás para suplicar por tu caso. Cuando tú escuchas esta definición, ¿Te imaginas a Cristo continuamente implorando a Dios por ti, pidiéndole misericordia, perdón, gracia y bendiciones? En mi opinión, esta imagen nos presenta al Padre como avaro. Yo simplemente me rehúso a creer que la gracia tiene que ser arrancada de nuestro amoroso Dios.
 Si nos acotamos a esta limitada definición de intercesión, nunca entenderemos el profundo significado espiritual de lo que Cristo hace por nosotros. La Biblia sostiene que mi Padre celestial conoce mis necesidades antes de que yo se las presente. Inclusive, muy a menudo él las suple aun antes de orar al respecto. Por lo tanto, me resulta difícil aceptar que el mismo Hijo de Dios tiene que suplicarle a él por algo. 
Además, las Escrituras dicen que el Padre ya le ha confiado a su Hijo todas las cosas: En él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad (Colosenses 2:9). 
No pretendo conocer por completo todo lo referente a la intercesión que Cristo hace por nosotros. Pero sí creo que aquello que nuestro sumo sacerdote está realizando en su intercesión por nosotros, es un asunto muy sencillo. Considero que su intercesión está directamente relacionada con el crecimiento de su cuerpo aquí en la tierra. Él está trabajando para suplir con poder y fortaleza a cada articulación y miembro.
 ¿Entonces no funciona en lo individual? Sí que funciona, pero con relación a la extensión del Reino. ¿Y por qué Jesús habría de ser tan celoso y egoísta de poner primeramente sus objetivos por delante de los nuestros? Porque si no lo hace, nosotros sobreviviríamos muy pocos segundos en esta tierra. ¿O no dejó escrito que busquemos primeramente las cosas del Reino de Dios para que Él, luego, pueda darnos lo que necesitamos como añadidura a nuestra obediencia?










12/13/2013

Transparencia

En su desesperación, David clamó, Señor, oye mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica (Salmo 130:2). 
Este versículo se asemeja a la oración de un hombre desahuciado. David obviamente no estaba simplemente expresando “oraciones estructuradas.” David se encontraba con su rostro en el suelo – deshecho, contrito, suplicándole a Dios desde lo más profundo de su corazón. 
“¡Oh Jehová santo Dios, tienes que escuchar mi clamor! Ya no puedo continuar más. Mi pecado está siempre delante de mí y me estoy hundiendo en temor y pánico. Por favor Dios, ten misericordia de mí.” 
David sabía que su alma necesitaba ser liberada. Y él buscó sólo a Dios para encontrar esa liberación. David llegó a la conclusión, “Estoy en una situación tan grave que solo el Señor me puede ayudar ahora. No puedo apoyarme en consejeros, amigos, ni aún en mi familia. Mi única esperanza es la oración. ¡Así que voy a clamar noche y día hasta que Dios escuche mi súplica!” 
¿Has estado tan desesperado como David? ¿Te has encerrado con el Señor con tu rostro en el suelo, clamándole a Él? Oraciones monótonas, silenciosas, perezosas no lograrán nada. ¡Si tú no estás desahogando tu alma ante el Señor, tú realmente no quieres sanidad – tú sólo quieres una salida a tu situación! 
David testificó, … ¡Gimo a causa de la conmoción de mi corazón!...y mi suspiro no te es oculto (Salmo 38:8-9). 
Tú tienes que clamar en voz alta como lo hizo David, “¡Señor, escucha mi clamor! ¡No te voy a soltar hasta que me contestes!” 
Esa es la única salida, créeme. Todo lo demás, es el clásico y tradicional armado de la estructura eclesiástica, colocando en consejerías a cientos de psicólogos cristianos porque, -aseguran- están mejor preparados que aquellos que no han estudiado. 
Lo respeto porque siempre el Señor utiliza lo que sea para bendecir a sus hijos, pero me pregunto: ¿De verdad que Dios necesita profesionales para hacer lo que legendariamente ha hecho personalmente en respuesta a oraciones sinceras cargadas de confesión y transparencia? ¿De verdad seguiremos creyendo eso?



12/10/2013

Grandeza

Vamos a poner una escena ficticia, algo que no existe pero que sirve para dar ciertos ejemplos. O, si así lo prefieres, una situación similar a la que estás viviendo en este tiempo. A eso lo decides tú, yo sólo obedezco la dirección del Señor. 
Veamos: si tú te encuentras ahora mismo afligido/a profundamente como producto de tu pecado – si  estás abatido/a porque la vara del Señor está sobre tu espalda, siéntete reconfortado/a. Él te está disciplinando porque te ama tiernamente. Él te disciplina porque quiere que tú tengas temor santo de El, que no significa terror humano – y que conozcas que tiene cuidado de ti. 
¿Qué significa exactamente temer al Señor? Significa que tú puedas decir, “Yo sé que mi Padre me ama. Estoy seguro que soy de Él para siempre y que nunca me abandonará. Él siente mi dolor cuando estoy en medio de la dificultad. Él me tiene paciencia cuando estoy luchando en contra de la incredulidad. Él siempre está listo para perdonarme cuando lo busco. Pero yo también sé que Él no me va a permitir continuar desobedeciendo Su Palabra. Mi Padre celestial no me lo pasará por alto – porque me ama profundamente.” 
La disciplina es para corregir. Este es el punto central. Dios quiere que aceptemos su perdón para que le temamos tal como se teme de manera reverente a alguien con suma autoridad, no a un ser cruel o autoritario. 
Empero hay perdón cerca de ti, para que seas temido (Salmo 130:4 R.V. Antigua). Una vez que temamos al Señor, vamos a querer más que simplemente obedecerle. Vamos a querer agradarlo, poner una sonrisa en su rostro. Ese es el resultado de un temor santo de Dios. 
Y es muy curioso, pero por causa del enorme caudal de Ego existente en el hombre, esto es lo que menos se da en la vida cristiana. Y como consecuencia de esa falta de temor, proliferan la irreverencia y la desobediencia. 
Una cosa es tener confianza en Dios y tener sana comunión con Él de la manera menos acartonada y sincera, pero eso no es sinónimo de exceso de confianza que nos lleve a tratar a Dios o a dirigirnos a Él como lo haríamos con el vendedor de fruta de la otra calle. 
Y esto con el mayor de los respetos por el vendedor de frutas, pero Dios es Dios y es más grande que todos nosotros, más que toda la iglesia y que todas las iglesias, más grande que todas las religiones incluida la cristiana, más grande que la propia Biblia y mucho, pero muchísimo más grande que cada uno de esos mini-astros que dicen representarlo.



12/06/2013

Perdón

Es indudable que el llamado espíritu de Grecia ha estructurado en el corazón y esencialmente la mente de los cristianos, una profunda curiosidad no exenta de preocupación respecto a las calidades y cualidades del perdón divino. 
Todo esto, independientemente a las formas que tome en la práctica ese perdón, cosa que podemos imaginar y fantasear de todas las maneras probables. El caso central es que el perdón de Dios sólo puede ser obtenido por fe. No podemos entenderlo razonando. 
El regalo expiatorio de la sangre de Cristo es tan profundo, tan lleno de gracia, tan misterioso para la mente racional recibida de la enseñanza griega infiltrada en la iglesia, que está muy lejos de la habilidad humana el poder entenderlo. 
Podemos ver claramente cómo la ley es aplicada a nuestro pecado. Podemos sentir condenación, temor y culpa por nuestras transgresiones. Pero nuestro Padre celestial permanece amorosamente a nuestro lado en todo momento, listo para perdonarnos. 
Normalmente, el porcentaje mayoritario de cristianos no puede, no sabe o sencillamente no quiere creer eso. Prefiere transformarlo en una cuestión casi jurídica que camina con los rudimentos de las estructuras de la justicia humana. 
¿Sabes qué? Nada tan alejado de la verdad. No es así como funciona. La sangre de Cristo, el amor del Padre, el deseo que tiene el Señor de perdonarnos: todas estas bendiciones solo pueden ser conocidas mediante la fe. 
El justo por la fe vivirá (Gálatas 3:11). ¿Vivirá eternamente o el hoy terrenal? Ambas. Lo que comienza en lo espiritual, luego se materializa en lo natural. Tú puedes preguntarte, entonces,  “¿Cuántas veces me perdonará el Señor cuando sigo continuando en mi pecado una y otra vez?” 
Tú puedes confiar seguro de que el perdón increíble del Señor es ilimitado. Cada vez que tú pecas, tú puedes ir a Jesús y encontrar liberación. Pero el perdón del Señor no es ni ingenuo ni ciego. Para tenerlo claro, nuestro Padre celestial nos perdona – pero en cierto punto, Él nos disciplina para evitar que continuemos en pecado. 
Porque el Señor al que ama, disciplina (Hebreos 12:6). ¿Y sabes por qué enfatizo en esto? Porque cuando estés pasando por crisis o duras pruebas, deberás hacer funcionar tu discernimiento. No sea cosa que gastes energías reprendiendo diablos y demonios cuando en realidad todo se trata de simple disciplina paterna.


 








11/29/2013

Victoria

Para muchos creyentes, el tocar fondo significa el final. Llegan a abrumarse de tal manera de sus fracasos que los conduce a sentirse devaluados. Con el tiempo se sienten atrapados y sin ayuda. Isaías escribió acerca de estos creyentes, ¡Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo! (Isaías 54:11).
Algunos, eventualmente se enojan con Dios. Se cansan de esperar a que El actúe así que claman con un tono acusador, "Señor, ¿dónde estabas cuando te necesitaba? Clamé a ti para que me liberaras pero tú nunca me respondiste. He hecho todo lo que pude hacer pero aún no soy libre. ¡Estoy cansado de arrepentirme y de llorar sin poder ver ningún cambio!" 
Muchos creyentes simplemente se rinden y se entregan a los deseos de la carne. Otros, caen en un estupor de apatía espiritual. Ellos se convencen de que Dios no está interesado más en ellos. Se dicen a sí mismos, Mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio (Isaías 40:27). - Me dejó Jehová, el Señor se olvidó de mí (Isaías 49:14). 
Así también existen otros creyentes que terminan enfocando toda su atención en el fracaso para mantenerse en un estado constante de culpabilidad. Sin embargo, esto solamente les provoca desconcierto y los lleva a clamar, Nuestras rebeliones y nuestros pecados están sobre nosotros, y a causa de ellos somos consumidos: ¿cómo, pues, viviremos? (Ezequiel 33:10). 
Pero en la realidad, el sentimiento de culpa no es un fin en sí mismo. Cuando somos humillados por la culpa y el dolor de nuestro pecado, no debemos permanecer en estos sentimientos. Por el contrario éstos deben conducirnos a tocar fondo - ¡y a la victoria de la cruz! Muchos leen la Biblia y no logran encontrar a los tantos y tantos hombres “fuertes” de Dios que debieron pasar por tremendas crisis y pruebas, no ya para probar una fe que Dios sabía perfectamente tenían, sino para fortalecerla, entrenarla y capacitarla al máximo para lograr hacer efectiva en lo natural, una victoria que muchos años atrás fue conseguida en lo espiritual. 
¿Tú eres de los que crees que en la cruz hubo victoria? ¿Sí? Entonces también creerás que fuiste escondido en la cruz con Cristo, verdad? Si tu respuesta también ha sido afirmativa, es mi deber recordarte que entonces, si juntamente has sido crucificado con Cristo, SU victoria ha pasado a ser TU victoria, y todo lo que hoy estás viendo, simplemente es parte del camino que deberás transitar hasta verla hecha realidad en tu vida y la vida de todos los que amas. Tú y tu casa.








11/26/2013

Palabra

Estamos viviendo en un tiempo de la revelación más grande del evangelio en la historia. Hay más predicadores, más libros, y más medios de saturación del evangelio como nunca antes. Pero, nunca ha habido tanta aflicción, ni tantas mentes atribuladas entre el pueblo de Dios. 
Los ministros de hoy día diseñan sus mensajes sólo para levantar a las personas y ayudarlas a manejar su desesperación. Tal vez no hay nada malo en hacer esto. Yo suelo incursionar en algunas de esas verdades también. Pero yo creo que hay sólo una razón por la cual vemos tan poca victoria y liberación: es la incredulidad. 
El hecho es que Dios ha hablado con gran claridad en estos últimos días. Y esto es lo que él ha dicho: “Ya te he dado una Palabra. Ya está hecha y está completa. Ahora posiciónate en ella.” 
Que nadie te diga que solamente estamos experimentando una hambruna de la Palabra de Dios. Es cierto, pero la verdad es que estamos experimentando una hambruna de escuchar la Palabra de Dios y obedecerla
¿Por qué? Porque la fe es irracional, pero la fe nunca viene a nosotros por medio de la lógica o la razón. Pablo lo declara plenamente, La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios (Romanos 10:17). Esta es la única manera que la fe verdadera se levanta en el corazón de cualquier creyente. Viene por el oír – es creyendo, confiando y actuando – la Palabra de Dios. 
Los ojos del Señor están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos… Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias… Muchas son las aflicciones del justo… Jehová redime el alma de sus siervos, y no serán condenados cuantos en él confían (Salmo 34:15, 17, 19, 22). 
En tan sólo estos pocos versos de los Salmos, se nos da lo suficiente de la Palabra de Dios como para quitar toda incredulidad. Yo te animo ahora: escúchala, confía en ella, obedécela. Y finalmente, descansa en ella. 


 





11/22/2013

Abatidos

Una y otra vez el Salmista pregunta y se pregunta, ¿Por qué está abatida mi alma? Me siento inútil, desamparado. Hay una inquietud dentro de mí. ¿Por qué Señor? ¿Por qué me siento tan desamparado en mi aflicción? (ver Salmo 42:11 y Salmo 43:5). 
Estas preguntas hablan por multitudes que han amado y servido a Dios. Tomemos a Elías por ejemplo. Lo vemos debajo de un enebro, rogándole a Dios que lo mate. Él está tan abatido, que está a punto de querer que su vida se acabe. También vemos a al justo de Jeremías abatido y en desesperación. 
El profeta clama, “Señor, me has engañado. Me dijiste que profetizara todas estas cosas pero ninguna de ellas se ha hecho realidad. No he hecho otra cosa que buscarte toda mi vida. ¿Y así es como me pagas? Ahora nunca más mencionaré tu nombre.” Cada uno de estos siervos está bajo un ataque temporal de incredulidad. Pero el Señor entendió sus condiciones durante esos tiempos de confusión y dudas. Y después de un periodo, él les indicó cómo salir de eso.
 En medio de sus aflicciones el Espíritu Santo encendió la luz para ellos. Considera el testimonio de Jeremías: Fueron halladas tus palabras, y yo las comí. Tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón (Jeremías 15:16).-  Llegó a él [Elías] palabra de Jehová” (1 Reyes 19:9). 
En cierto punto, cada uno de estos siervos recordó la Palabra de Dios. Y se convirtió en alegría y gozo de sus vidas, sacándolos del pozo. La verdad es que, todo el tiempo que estas personas estaban en apuros, el Señor estaba sentado, esperando. El escuchó sus clamores, sus angustias. Y después de pasar cierto tiempo, él les dijo, “Ya has tenido tu tiempo de penas y de dudas. Ahora yo quiero que confíes en mí. ¿Volverás a mi Palabra? ¿Abrazarás mi promesa? Si lo haces, mi Palabra te sacará adelante.” 
Ahora reflexiona un momento y dime la verdad: ¿Necesitas hoy algo más que esto para hacer ese cambio de noventa grados que tu vida reclama a gritos y todavía no has decidido realizar? ¿No? Entonces hazlo ya mismo, en el nombre de Jesucristo de Nazaret.



















11/19/2013

¡Obedece!

Hay algo que es indudable: la Fe es muy demandante. Ella demanda que una vez que escuchamos la Palabra de Dios, debemos de obedecer sin ninguna otra evidencia que nos dirija. No importa cuán grande nuestros obstáculos o cuán imposible nuestras circunstancias sean. Debemos de creer su Palabra y actuar de acuerdo a ella, sin ningún otro comprobante. 
Dios dice, “Mi promesa es todo lo que necesitas.” Al igual que cada generación anterior a la nuestra, nos preguntamos, “Señor, ¿Por qué estoy enfrentando esta prueba? Va más allá de mi entendimiento. Tú has permitido en mi vida tantas cosas que no tienen sentido. ¿Por qué no hay una explicación de lo que estoy pasando? ¿Por qué está mi alma tan atribulada, tan llena de grandes pruebas?” 
Escúchame nuevamente: Las demandas de la fe son totalmente irracionales a la humanidad. Así que, ¿Cómo contesta el Señor nuestro clamor? Él envía su Palabra, recordándonos sus promesas. Y él dice, “Simplemente obedéceme. Confía en mi Palabra para ti.” 
El no acepta excusas, ni dudas, no importa cuán imposible nuestras circunstancias sean. Por favor no me entiendas mal. Nuestro Dios es un Padre amoroso. Y él no permite que sus hijos sufran indiscriminadamente, y sin ninguna razón. Sabemos que él tiene a su disposición todo el poder y la voluntad de hacer que cada problema y cada sufrimiento se vaya. 
El tan solo dice una palabra, y nos libra de cada prueba y lucha. Pero, el hecho es que Dios no nos va a mostrar cómo o cuándo él cumplirá con sus promesas a nosotros. ¿Por qué? Él no nos debe una explicación, cuando ya él nos ha dado la respuesta. En su Hijo Jesucristo, él nos ha dado todas las cosas que necesitamos para la vida y la piedad. 
Él es todo lo que necesitamos para cada situación de la vida. Y Dios se mantendrá en la Palabra que él nos ha revelado: “Tú tienes mi Palabra a tu alcance. Mis promesas que he dado son sí y amén para todos los que creen. Así que descansa en mi Palabra. Créela y obedécela.” 


 


















11/15/2013

Voces

Quienes verdaderamente conocen a Dios han aprendido a reconocer su voz por encima de todas las demás. Él quiere que tú estés absolutamente convencido que Él desea hablarte y decirte cosas que tú nunca has visto u oído antes. El Señor nos muestra que todavía dudamos en reconocer su voz cuando ésta habla a nuestra alma. Sabemos que Él habla y que las ovejas necesitan conocer la voz de su Señor. Pero dudamos de nuestra capacidad para oírlo. Desperdiciamos todo nuestro tiempo "examinando" la voz que escuchamos. 
Y cuando es algo demasiado grande o demasiado misterioso para nosotros, pensamos, "Esto no puede ser Dios. Además, el diablo puede hablar también. La carne habla, espíritus mentirosos hablan." ¡Una multitud de voces vienen a nosotros todo el tiempo!... ¿Cómo puedo conocer la voz de Dios? Creo que se requieren tres cosas de aquellos que desean escuchar la voz de Dios: Debes tener una confianza inquebrantable en que Dios quiere hablarte. Debes estar plenamente persuadido y convencido de ello. De hecho, ¡Él es un Dios que habla! Él quiere que tú conozcas Su voz para que puedas hacer Su voluntad. Lo que Dios te dice, no irá más allá de los límites de la Escritura. No tienes que ser “seleccionado” o tener un doctorado para entender la voz de Dios. Todo lo que necesitas es un corazón que diga: "Yo creo que Dios quiere hablar conmigo."  
Debes tener tiempo de calidad y de silencio. Tienes que estar dispuesto a pasar tiempo a solas con Dios y a callar cualquier otra voz que no sea la de Él. Es cierto que Dios nos habla todo el día, pero cada vez que Dios ha querido hacer algo en nuestras vidas, su voz se ha hecho presente cuando nos hemos encerrado con Él y he dejado afuera otras voces, con excepción de la suya.  
Debes pedir con fe. No obtenemos nada de Dios (incluyendo oír su voz) a menos que realmente creamos que Él es capaz de expresarnos sus pensamientos y de brindarnos la habilidad para comprender Su perfecta voluntad para con nosotros. Jesús dijo: ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide pescado, en lugar de pescado le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? (Lucas 11:11-12). 
Es decir, "Si tú le pides a tu Padre celestial una palabra, una dirección clara, unacorrección divina, o una necesidad en particular, por un momento, ¿Crees que Él permitirá que el diablo se entrometa y te engañe?" ¡Dios no bromea! Él no permitirá que el diablo te engañe. Cuando Dios habla, ¡su paz se manifiesta! Y Satanás no puede contrarrestar dicha paz. Si tú estás en un lugar de reposo y en silencio, convencido que Dios puede hablarte, entonces tienes una certeza que nunca cambia. Puedes volver a Dios una y mil veces y recibirás la misma palabra, porque esta es la verdad.


 

















11/08/2013

Irracionalidad

Cuando Dios le dice a la humanidad, “Creed”, él está pidiendo algo que es completamente fuera de la razón. La fe es totalmente ilógica. La propia definición de la fe tiene que ver con algo irrazonable. Piensa en esto: Hebreos dice que la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Se nos está diciendo en resumen, “No hay un fundamento tangible, no hay evidencia visible”. Y se nos pide que creamos. Estoy tocando este tema por una razón importante. Ahora mismo, alrededor de todo el mundo, multitudes de creyentes están abatidos y descorazonados. El hecho es que, todos nosotros enfrentaremos situaciones que nos descorazonan en esta vida. Pero yo creo que si entendemos la naturaleza de la fe – su naturaleza ilógica e irrazonable – encontraremos la ayuda que necesitamos para salir adelante. 
Considera la fe que se le demandó a Noé. Él vivió en una generación que se había descontrolado. La condición humana se había vuelto tan mala que Dios ya no podía soportarla. Finalmente, Él dijo, “¡Suficiente! El hombre se está destruyendo a sí mismo - esto debe terminar” (ver Génesis 6). Imagínate la consternación de Noé al tratar de captar lo siguiente. Dios iba a enviar un cataclismo, un evento que destruiría toda la tierra. Y todo lo que se le dijo a Noé fueron unas breves palabras que vinieron del cielo. El simplemente tenía que aceptarlo por fe, sin recibir ninguna otra dirección por 120 años. Piensa en lo que la fe estaba demandando de Noé. Se le había dado la tarea monumental de construir un arca enorme, mientras continuaba viviendo en un mundo peligroso. Él tenía que continuar creyendo mientras el mundo entero danzaba, festejaba y se desenfrenaban en sensualidad alrededor de él. 
Pero Noé hizo conforme a lo que Dios había dicho. Por más de un siglo, él continuó confiando la palabra que se le fue dada. Y por su obediencia, dicen las Escrituras, Noé fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe (Hebreos 11:7). En Génesis 12:1-4, Dios le dijo a Abraham, “Levántate, vete de tu tierra”. Seguramente Abraham preguntó, “¿Pero adónde Señor?” Y Dios debió de haber contestado simplemente, “No te lo estoy diciendo. Sólo camina.” Esto no era lógico. Esto era una demanda totalmente irracional para cualquier persona inteligente. Yo quiero ilustrar esto preguntándole lo siguiente a cada esposa cristiana: Imagínate que tu esposo llega a la casa un día y dice, “Cariño, empaca todo porque nos vamos.” Por supuesto que tú querrás saber por qué, o a dónde, o cómo. Pero la única respuesta que te da tu marido es, “No lo sé. Sólo sé que Dios dijo ‘ve’.” 
No hay razonamiento ni sentido a esta clase de demanda. Simplemente no es lógico. Pero esta fue precisamente la dirección ilógica que Abraham siguió. Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba (Hebreos 11:8). Lo único que él sabía era la palabra breve que Dios le había dado: “Ve Abraham, y yo estaré contigo. Ningún daño te acontecerá.” La fe demandaba que Abraham actuase solamente en esta promesa. Una noche llena de estrellas, Dios le dijo a Abraham, “Mira hacia el cielo. ¿Ves las innumerables estrellas? Cuéntalas si puedes. Tal es la cantidad de descendientes que tú vas a tener” (ver Génesis 15:5). 
Abraham tal vez quedó azorado al escuchar esto. Él ya estaba viejo al igual que su esposa Sarah. Ellos ya habían dejado muy atrás la edad de poder tener un hijo. Y aquí se le da una promesa, que él llegaría a ser el padre de muchas naciones. Y la única evidencia que él tenía era un palabra del cielo: Yo soy Jehová (Génesis 15:7). Pero Abraham obedeció. Y la Biblia dice lo mismo de él que lo que dice de Noé: Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia (Génesis 15:6). 
Una vez más, vemos una escena ilógica. Y la fe de un hombre resulta en justicia. Lo que Dios te pide a ti puede parecer irracional. El pide que confiemos en él cuando no nos da ninguna evidencia de contestar nuestra oración, y vemos que la situación es desesperante y estamos seguros de que todo está perdido. “Confía en mí” – dice el Señor. ¿Ilógico? Sí. Pero por siglos el Señor ha comprobado que él siempre llega a tiempo y nunca permite que Satanás tenga la última palabra. Dios siempre llega – en el tiempo perfecto del Espíritu Santo.










11/05/2013

Aguas

En el capítulo 47 de Ezequiel, se le estaba mostrando al profeta lo siguiente: En los últimos días, la iglesia de Jesucristo será más gloriosa, más victoriosa, que en cualquier otra época de su historia. El verdadero cuerpo del Señor no se va a debilitar ni va a fallar. No va a menguar en número, o disminuir en poder o autoridad espiritual. No, su iglesia se irá en un resplandor de poder y gloria. Y disfrutará de la revelación más plena de Jesús que nadie antes pudo haber conocido. 
Ezequiel escribe, Y los peces, según su especie, serán tan abundantes como los peces del Mar Grande (Ezequiel 47:10). Está viniendo un cuerpo de creyentes que nadarán en las aguas ascendientes de la presencia del Señor. Eso es lo que Dios nos está mostrando en la visión de Ezequiel de las aguas que aumentan.  Ezequiel está hablando aquí de un aumento del Espíritu Santo. En los últimos días, habrá un aumento de la presencia de Dios entre su pueblo.
 El único manantial y fundamento de este río es la cruz. Vemos una imagen literal de esto en el siguiente verso; Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua (Juan 19:34). El nivel de agua que va creciendo en el río es la imagen de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo fue dado a los discípulos. Junto con este don del Espíritu, a los seguidores de Cristo se les dio la promesa de que él sería un río de vida que brotaría desde dentro de ellos. Y ese río fluiría hacia todo el mundo. El río de vida llegará a su máxima altura justo antes del retorno del Señor. Esto fue dicho en la visión dada a Ezequiel. Dios lo llevó al profeta en un viaje fabuloso. Llevando un cordel de medir, el Señor midió mil codos lo cual mide más o menos medio kilómetro. A esa distancia, el Señor y Ezequiel comenzaron a caminar en el agua que en ese punto llegaba de altura hasta los tobillos. 
Ezequiel testifica, me hizo pasar por las aguas (Ezequiel 47:3). Y el Señor siguió animando al profeta a seguir hacia delante, a entrar más profundamente y más lejos en el agua. Después de otros mil codos, el agua les llegó hasta las rodillas. Y seguía subiendo el nivel. ¿Ves tú lo que está sucediendo aquí? Ezequiel estaba caminando hacia el futuro, hasta llegar a nuestro tiempo. Los cristianos hoy día viven en los últimos mil codos del río en esta visión. Estamos en la última medida del agua. 
Y Ezequiel dice que cuando él puso su pié en el borde de esta medida, el agua estaba muy profunda para él, muy arrolladora. Y era ya un río que yo no podía pasar, porque las aguas habían crecido de manera que el río no se podía pasar sino a nado (47:5). Yo sólo puedo imaginar el asombro de este hombre cuando el Señor le pregunta, “Ezequiel, ¿qué es este mar que ha crecido? Si este río representa la vida y el poder de la resurrección, ¿quiénes serán aquellos tan bendecidos de nadar en tal gloria?” 
El sólo podía imaginarse lo que nosotros ahora disfrutamos. Tal vez usted ha disfrutado abundantemente de la presencia de Jesús. Puede ser que tú estés exuberante por la revelación que tienes de Cristo ahora. Pero, te digo, tú no has visto nada en comparación al incremento que está viniendo para los justos. Cristo va a abrir nuestros ojos y aparecerá maravillosamente entre nosotros. Él se revelará a nosotros, derramando en nosotros la cantidad de su vida que nosotros podamos soportar sin estar todavía en nuestros cuerpos glorificados.