Una de las consultas más frecuentes suelen comenzar así: "Hermano... (O pastor, aunque saben que no lo soy)...sé que usted es ungido y que el Señor le revela cosas permanentemente. ¿Podría enseñarme a oír la voz de Dios? Porque yo oigo voces, pero no quiero equivocarme, y..."Perfecto. Está buena la intención primaria de no equivocarnos y permitir que Satanás o nuestra propia carne nos guíen, haciéndonos creer que es la voz de Dios. Lo que no está tan bueno, es el acto de pedirme a mí que les enseñe a lograrlo.Siempre me imaginé, (Aunque más no sea para darme algo de humor a mí mismo) que algunos suponen que yo voy a responderle que sí, que deben orar en ayunas, antes de tomar el desayuno; luego ponerse cabeza abajo apoyados contra una pared, y que cuando las plantas de los pies comiencen a calentarse, o a enfriarse, es el momento en que el Espíritu Santo ha llegado y... ¡Huau! ¿De verdad alguien puede suponer que existan metodologías así?Es simple, hermano. No hay métodos, garantías ni seguridades al respecto. Eres tú y tu comunión íntima con el Señor.Cuando el bebé está todavía an la panza de su madre, lo primero que va a aprender, (Aunque luego no podamos recordarlo) es a conocer la voz de su madre. Por eso la ciencia obstétrica moderna sugiere a las embarazadas que le hablen a sus hijitos aunque ellos aú no estén fuera de su bolsa embriónica.Luego, cuando ese niño es recién nacido y todavía no puede distinguir figuras y ve todo borroso, si tiene hambre, le duele algo o sencillamente sufre el natural estrés de haber salido de la seguridad del vientre y se pone a llorar, "mágicamente" se tranquilizará cuando su madre le hable. sin que nadie se lo enseñe ha aprendido a reconocer la voz de quien lo engendrara por encima de todas las voces ambientes.¿Sabes que? Tú has sido engendrado por el Santo Espíritu de Dios. Has confesado, aceptado, creído, asumido y proclamado que eres nacido de nuevo y del Espíritu Santo, ¿No es asÍ? ¿Y supones que tienes necesidad de preguntarme a mí como tienes que hacer para reconocer y oír la voz de tu Padre, que es quien te ha engendrado y dado a luz?
Que estamos transitando los últimos tiempos, nadie lo puede dudar. Las señales simbólicas y literales que nos muestra la Biblia se están cumpliendo con matemática precisión. Sólo falta saber lo esencial: cuanto falta para el fin.En principio, también ignoramos lo que verdaderamente es el fin, ya que muchos han venido enseñando y predicando sobre planetas que explotan y hombrecillos que vuelan por los aires desaparramándose por todo el universo, y a eso le llaman el fin.Muy improbable por una sencilla razón: ¿Que obtendría Dios para bendición o extensión de su Reino con seres humanos desintegrándose en el cosmos? No. Del fin del que se habla es otro. Es el fin del Siglo, Kosmon, Sistema. ¿Secular? ¿Religioso? ¿Ambos?Bien; ¿Y cuando se supone que sucederá eso? ¡Ya!, dicen los más fundamentalistas. ¡Pronto!, dicen los más prudentes. ¡Algún día!, señalan los más escépticos. En realidad, mucho no interesa. Lo que sí importa y mucho, es que ocurrirá.Porque estamos en los últimos tiempos, claro; pero...¿Los últimos tiempos de que? Allí está la clave. Si fueran los últimos tiempos de un partido de fútbol del próximo Mundial de Sudáfrica, serían los dos o tres minutos finales del segundo tiempo. Pero si lo fuera de un cotejo de baloncesto de la NBA, como allí se juega tiempo exacto, habría que hablar de veinte o treinta segundos del cuarto tiempo.Con esto quiero decirte que cuando se dice "últimos tiempos", siempre estará en referencia a un denominador básico. Los noventa minutos de un match de fútbol, o los cuarenta netos de un encuentro de baloncesto.Entonces, cuando nosotros decimos que Cristo viene ya porque estamos en los últimos tiempos, como somos muy egocéntricos. pensamos en nosotros mismos. Si un hombre vive como promedio entre ochenta y noventa años, sus últimos tiempos serían los últimos cinco o diez años de su vida. Y en ese caso sí, ya estaríamos en los umbrales de la Segunda Venida, porque las señales son claras.Pero hay un detalle: cuando Dios habla, nunca lo hace en razón o función de un solo hombre, sino de un conjunto que Él ve y determina como SU iglesia. Y mal o bien, con aciertos y errores, con virtuosismos y corrupciones, la iglesia tiene ya más de dos mil años de existencia, lo que nos muestra que hablar de últimos tiempos con relación a ella, es hablar de doscientos o trescientos años.Sin embargo, el único detalle no menor que nos falta conocer, es cuanto ha transcurrido de esa suma de años. ¿Cincuenta? ¿Cien? ¿Doscientos? ¿Más? Ese es el punto clave. Después de todo, más que una interpretación bíblica determinada, lo que interesa esencialmente es el cumplimiento de su Palabra.Hermanos todos: gracias por la gran cantidad de correos con impresiones relativas a mi solicitud del post anterior. No tienen idea de la diversidad de visiones, impresiones, opiniones, interpretaciones y conclusiones que, honesta y bíblicamente, me han aportado. Sólo un problema: Dios va a hacer una sola cosa de las cientos que me han llegado. Y aún no me ha dicho cual. Al menos a mí. Sigamos orando y pidiendo luz y revelación. Pero no para lucirnos, sino para evitar confusiones y pérdidas espirituales.Joarchar: estamos informados. No te olvides que antes de ser creyentes vivíamos de la investigación y el chequeo de la información. Pero no le hace el medio. Dios tiene vasos para honra y vasos para deshonra. Ha utilizado a famosos y anónimos para bendecir, del mismo modo que Satanás sigue usando a famosos y desconocidos para maldecir. La victoria ya sabemos de quien es. Y lo que no es, se cae; incluida Babilonia, la imitación falsa de la iglesia genuina.Y respecto a caer en las garras de un falso Cristo, ese es el riesgo que corre la religión organizada, que va detrás de las espectacularidades por razones de lucro. Los hijos de Dios genuinos y con discernimiento funcionando a pleno, jamás serán engañados. Porque el árbol, se sigue conociendo por sus frutos.
El noventa por ciento de las profecías dadas con anterioridad, (Eso se dice hoy), respecto al terremoto que azotó a Chile, hablan de juicio de Dios.El noventa por ciento de esas profecías, fueron dadas en su momento, (Eso se dice hoy), por profetas de nacionalidades distintas, pero no por ministros chilenos.Creo en el ministerio profético, pero también soy consciente de los peligros de los últimos tiempos. (¿Alguien duda que YA estamos viviendo los últimos tiempos?).No obstante, he aprendido a observar que los grandes moveres de Dios en cualquiera de sus direcciones, siempre han sido dirigidos a la iglesia global, no a una de carácter local.Por lo tanto, y sin haber profundizado absolutamente nada todavía, puedo aceptar estar hablando de juicios de Dios, pero no puedo arrogarme una autoridad que no tengo para relacionarlo solamente con nuestros hermanos (Espirituales y regionales) chilenos.Quiero aclarar algo que ya he enseñado en muchos de mis trabajos, pero que tengo la sensación que todavía no ha terminado de entenderse.Cuando se habla de juicio, en cualquiera de sus acepciones, no sólo la divina, no se está hablando de hecatombes, desastres ecológicos, climáticos o de otra índole. Eso, en todo caso, al igual que una ejecución por silla eléctrica, fusilamiento, cámara de gas o inyección letal, vendrían a ser las consecuencias de la sentencia posterior al juicio, pero no éste en su dimensión singular.Juicio es, en todas las latitudes del planeta, el acto de separar lo bueno de lo malo, el delito de la decencia, la culpabilidad de la inocencia y, esencialmente, lo verdadero de lo falso.Si moviendo violentamente la tierra Dios sabe que lo verdadero se abrazará a Él y lo falso buscará dar dinero a cambio de salvocunductos o garantías de supervivencia, Él sacudirá las montañas o los montes que sean necesarios estremecer.Y si eso ocurre en un determinado lugar, es por algo que solamente la gente del lugar tiene capacidad y autoridad para ver, entender, reconocer o aceptar.Todos los demás, incluidos nosotros, deberemos tomar de estos eventos el mensaje global que de ellos emana. Algo así como "Busca al Señor mientras pueda ser hallado". Proclamémoslo a los cuatro vientos y procuremos no quedar en la mira de juicios futuros.Si Dios nos evaluara, juzgara, sentenciara y ejecutara a nosotros con la velocidad y cierta inconsciencia conque nosotros lo hacemos con los demás, créeme que no sobreviviría nadie al día final.
Quiero que sepan que no estoy enfermo, no me fui de vacaciones ni me cansé de escribir o grabar audios. Simplemente, este es el tiempo en el que mi Señor ha vuelto a pedirme el ministerio, pero no para eliminarlo ni para dejarme fuera de él, sino para que diga lo que Él está diciendo ahora y no lo que me parece a mí que debo decir.Lo que los cristianos debían saber sobre la falsedad de las babilonias disfrazadas de iglesias cristianas, ya lo saben. ha sido dicho y confirmado con la Palabra hasta el cansancio. Y no sólo por mí, está claro, sino por cientos o miles de ministros genuinos y fieles.El que ha entendido y modificado su mentalidad, gloria a Dios. El que no ha entendido o no ha querido entenderlo porque le conviene, gloria a Dios. No se trataba de irse de las congregaciones, no. Nunca enseñamos ni predicamos eso. De lo que se trataba era de no ser esclavos de doctrinas humanas y tradiciones religiosas. Esa es Babilonia, la mentalidad.Ahora seguramente todavía verás algunos trabajos o estudios grabados con anterioridad que siguen hablando sobre lo mismo, pero este "parate" que debí hacer, es directiva del Señor de punta a punta. Yo estaba demasiado cómodo en la rutina de armar estudios, grabarlos, escribirlos, subirlos y punto. Dios me dijo "ya está". Todo lo que había para decir sobre eso, ya lo has dicho.Esas son más o menos las mismas palabras que me hizo llegar cuando me sacó de nuestra última congregación. También me dijo lo mismo cuando me sacó de las emisoras radiales locales. Sólo que ahora no va a sacarme de la Web, (Al menos por ahora), sino que va a modificar mi enseñanza, mi mensaje, mis estudios, mi tarea ministerial apostólica, profética, pastoral, evangelística y magisterial.Es obvio que el mensaje venidero no será contradictorio con el anterior, sino ampliatorio. Es un tiempo de definiciones. Nunca he sido apocalíptico, tú lo sabes, ni tampoco de caminar sobre supuestos o visiones. Sin embargo es tan nítido todo este mover interno, (Que supongo, debo compartir con muchos otros en el mundo), que no puedo hcer otra cosa que obedecer, una vez más.Escribí esto para que sepas en que ando en estos días aparentes de "descanso". También para que si tú también has recibido algo al respecto, lo sumes. He recibido muchos correos de hermanos de mucho valor que ya están pensando y hablando diferente. También he recibido toneladas de palabras proféticas. Es tiempo de discernimiento y cero confusión. Es un tiempo de definiciones. Que ellas te encuentren en el sitio donde Dios quiere que estés. Seguiremos ampliando.
Cuando supe que Chile había sufrido uno de los peores terremotos de su historia, (Lo comparan con el de 1960, que fue devastador), en lo primero que pensé, como no podría ser de otro modo, es en la gran cantidad de hermanos con los que he tenido y tengo contacto virtual.Superada esa reacción humana y natural, comandada por los afectos más que por las decisiones del espíritu, quise informarme más (Resabios de mi antigua profesión de periodista) y, más allá de la propia televisión chilena, la nuestra y la europea, ingresé en varios sitios informativos que me dieron un panorama bastante completo de la tragedia.Debo decir que los medios de comunicación, a los que normalmente suelo criticar bastante por sus actitudes tendenciosas conforme a sus propios intereses, en esta ocasión se comportaron con bastante sobriedad, como si la calidad y cualidad del evento los hubiera sacudido más profunda y rotundamente que a la propia tierra chilena.Lamentablemente, no puedo decir lo mismo de nuestro ambiente particular, el de los cristianos. He leído y he oído decir de todo lo que se te ocurra respecto a este terremoto y posterior tsunami. Gente con palabra profética, gente con palabra apostólica y juicio, mucho e indiscriminado juicio para con nuestros hermanos chilenos.Soy consciente del pecado inocultable que hoy por hoy embadurna al pueblo de Dios estructural en su conjunto. Desde este ministerio, nadie puede ignorar que se lo ha dicho, expuesto y confrontado abierta y contundentemente. Pero en el nombre del Señor, créeme que no tengo la suficiente autoridad ni mandato como para ponerme a aseverar los motivos específicos por los cuales el Señor ha permitido que esto ocurriera allí y ahora.Por hermanos que habitan suelo chileno y ostentan esa nacionalidad, conozco algunos pormenores de las Babilonias allí existentes, pero debo ser honesto y sincero para reconocer que esos sucesos no son ni peores ni más oscuros que los que podemos ver en mi propio país o cualquier otra parte del planeta. Desconozco si habría algo más que habilite pensar en un juicio específico. Ni siquiera me atrevo a plantearlo como posibilidad. Tengo temor de Dios y no fui enviado a este mundo como juez; apenas como portador de un ministerio magisterial.Por eso, es que con mi esposa hemos estado orando y pidiendo dirección o información al Señor. Debo ser transparente con los lectores de mi Web y gestor de palabra que alimente, guíe y apaciente, no que lleve a mayor confusión.Ella, como casi siempre sucede, ha recibido una palabra. Repito: Una palabra. A partir de esa palabra, ahora tendré que estudiarme todo lo que la rodea y significa., como tantas veces he debido hacer Dejo de lado todo lo que estaba haciendo para dedicarme de pleno a esto. ¿Por qué? No lo sé, pero creo que es porque tengo la sensación interior de que no hay demasiado tiempo para perder.Cuando tenga los primeros resultados, aquí los encontrarás. No creo que aquí en el Blog, porque no sé si será por el área de audios recientemente instaurada o también por escrito. No sé de que dimensión ni duración. Porque tampoco sé a que conclusiones o revelaciones arribaré. Y ni siquiera puedo saber, hoy, si realmente arribaré a alguna. Así es este trabajo ministerial. Algo así como salir de Ur de Caldea hacia una tierra prometida sin saber para que lado queda.Eso es lo mejor y lo más serio, maduro, prudente y respetuoso que puedo hacer. Hablar sin respaldo de Dios, es hablar por mi carne. Y mi carne, amados hermanos y hermanas, cuando la dejo suelta y sin cobertura divina, huele a lo mismo que huelen todas las carnes humanas corrompidas.Quería que lo supieras. Siento que es tiempo de variar el mensaje y la enseñanza. Y si bien me cuesta y me costará modificar mis programas trazados, debo hacerlo. ¿O no es por esto que hemos estado orando tanto tiempo?Aceptaré con gusto tus comentarios, tu visión de la misma cosa y hasta lo que Dios te haya dicho a ti personalmente. Todo suma si es serio y despojado de intereres o veleidades personales.