5/31/2017

Seguirás el Camino Correcto

…Porque yo, el Señor, soy un Dios celoso. Mi nombre es “Dios celoso”.
(Éxodo 34:14).

Sí, es posible que nosotros provoquemos a Dios a celos: ¿O provocaremos a celos al Señor? (1 Corintios 10:22). Pablo está preguntando: "Has testificado que lo amas, Incluso has tomados su Nombre. Sin embargo, ¿alguien o algo ha robado tu corazón?"

Tú puedes decir que amas a Jesús, tú puedes ir a la iglesia cada vez que las puertas están abiertas. Pero, ¿Tú lo buscas en tu tiempo a solas? ¿Cuántos libros, revistas y periódicos devoras? ¿Cuánta televisión y radio llama tu atención y, sin embargo, no cruza por tu mente la idea de pasar tiempo con Cristo?

Los predicadores buscan en la Biblia para preparar sus sermones, maestros de escuela dominical para sus lecciones. Pero ¿por qué no recurrir a ella como lectura recreativa y para ser renovados por el Señor? ¿Por qué no la abrimos para aprender de Él, para amarle a Él?

¡La Biblia es Jesús – la Palabra de Dios! Es la revelación completa de su corazón, todo acerca de Él se desenmascara en ella. Yo pienso que si tú realmente lo amas, si vas a pasar la eternidad como su novia, entonces ¡Tú quieres aprender todo lo posible acerca de Él!

Nuestro Señor nos anhela, Él quiere nuestro tiempo y atención. Sin embargo, Él nos ve pasar todo nuestro tiempo con otras personas y en otros asuntos y eso ¡le pone celoso! Se acerca el día cuando sus celos "arderán" en contra de quienes acuden a los ídolos vanos (Deuteronomio 29:20). ¡Estallarán en llamas de juicio!

Mira hermano, cuando llegue ese día, sé que quieres que Jesús te tome de la mano y susurre: "¡Por fin estamos juntos. Me has deseado tanto. Me has dado lo mejor de tu vida, tu tiempo, tu atención. Ven, ahora seremos uno! "

¿Cómo podrás estar delante de su presencia en ese día? Todo en este mundo se va a quemar, pero, ¿Qué acerca de tu intimidad con Él? ¿Serás capaz de estar delante de Él, sabiendo que te separaste del mundo y clamaste que todo lo que deseabas era conocerle?

5/26/2017

¿Realmente Hablan Nuestros Rostros?

Cuando permitimos que Jesús sea Señor de todo, cuando echamos toda nuestra ansiedad sobre Él, confiando totalmente en Su Palabra y descansando en su amor, nuestro aspecto debe someterse a un profundo cambio. Una tranquila calma debe empezar a irradiar desde nuestro rostro.

La Escritura nos da muchos ejemplos al respecto: cuando Ana dejó su carga ... su rostro ya no estaba triste (1 Samuel 1:18). Cuando Esteban se puso delante de los hombres hostiles e iracundos del Sanedrín, [ellos] . . . vieron su rostro como el rostro de un ángel (Hechos 6:15) ¡Esteban estaba entre los no creyentes con el brillo de Jesucristo y la diferencia era evidente para todos!

Estoy convencido de que tenemos el deber de dejar nuestro rostro hablar de la fidelidad de Dios en nuestras vidas. Pero el problema es que nuestros rasgos faciales y lenguaje corporal ¡suele decir todo lo contrario! El rostro de muchos creyentes dice: "¡Mi Dios me ha fallado! Él no se preocupa por mí. Tengo que llevar todas mis cargas y problemas solo, porque Dios no viene a través de ellos a ayudarme"

Puede que conscientemente tú no te digas esas cosas a ti mismo pero, se ven en tu cara. Yo quiero mostrarte a partir de la Palabra de Dios que lo que tú estás atravesando no es nuevo. Otras personas han estado exactamente dónde tú te encuentras:

Mi mano se extendió en la noche sin cesar, y mi alma no quiso ser consolada. . . . Me quejé, y mi espíritu estaba agobiado. . . . Estoy muy preocupado porque no puedo hablar. . . . ¿Rechazará el Señor para siempre? ¿No mostrará más Su favor? ¿Ha cesado para siempre su misericordia? ¿Su promesa ha fallado? . . . Y yo dije: Esta es mi angustia (Salmo 77:2-10).

Sin embargo, el salmista finalmente sale de su problema con su rostro felizmente restaurado. ¿Por qué? Es porque él dice, Yo clamaba a Dios con mi voz. . . en el día de mi angustia busqué al Señor (Salmo 77:1-2).

Si esto te describe a ti, te ruego: el día de hoy, en este mismo día, busca un lugar a solas con el Señor y clama a Él! Dile que te encuentras al extremo de tu cuerda, que no te puedes sostener más y que ya estás listo, (O lista), para dejar todo sobre Sus hombros. Y allí, entrega todo a Dios.

No menosprecies nada. Cuando yo estaba recién convertido y no sabía absolutamente nada sobre la Biblia, ni sobre Dios mismo, una mañana estaba sentado en mi escritorio trabajando y una mujer de cierta edad que trabajaba conmigo y jamás me dirigía la palabra, se acercó y me preguntó: ¿Qué tienes para decirme?

Yo la miré y antes de pensar nada le estaba diciendo: “Que dejes de dar vueltas y vueltas y entregues tu vida a Jesucristo”. Ella me preguntó cómo debía hacer eso, yo le respondí lo mismo que me habían dicho a mí y listo, eso fue todo. Al día siguiente llegó con su rostro radiante y me contó que lo había hecho. No tuve dudas que así había sido.

Sin embargo, por curiosidad le pregunté por qué había venido a preguntarme qué tenía para decirle. Lo que me respondió me dejó helado: Porque cuando entré a la oficina vi que tu rostro irradiaba una tremenda luz y una voz me dijo que te lo preguntara. No pude resistirlo. Te confieso que pasaron muchos meses antes de que yo pudiera creer que eso había sido, en efecto, así.



 

5/21/2017

Construyendo el Ejército Final

No me caben dudas: estamos enfrentando un tiempo en el cual la palabra liberación tendrá un significado completamente nuevo! En el pasado, cristianos relacionaban principalmente a la liberación con sanidad física, pero ¡pronto la máxima liberación será del temor y terror!

La liberación en este tiempo significará tener una “palabra clara del cielo.” Jesús dijo que los corazones de los hombres les fallarían por temor al ver cosas terribles suceder en esta tierra (ver Lucas 21:26) Incluso, gente clamará por conocer lo que Dios hará en el futuro. 

Caminarán en distintas direcciones queriendo escuchar la voz de alguien tranquilo, pacífico y no loco. Ellos clamarán, “¡Por favor dime! ¿Es este el juicio de Dios? ¿Cuándo va a acabar todo?”

¿Y quién crees tú que tendrá las respuestas? ¡Tú! ¡El cristiano ordinario que ha estado en comunión con Dios! Tú estarás lleno de calma y paz mientras todo a tu alrededor pueda estar cayéndose en pedazos, pues Dios está contigo y tú estás escuchando palabras del cielo. ¡Él te advirtió que esto sucedería y Él prometió protegerte!

Yo creo que Dios va a utilizar a un remanente santo en los últimos días para agitar a multitudes, para avivar a pastores que decidan desprenderse de sus estructuras doctrinales y despertar a iglesias. Este ejército tornará los corazones de la gente a Dios, trayéndolos al arrepentimiento -a través de la oración y de la reprobación del pecado.

Cuando hablo de un remanente santo en entrenamiento no significa de un ejército de predicadores, evangelistas y misioneros. Estoy hablando de santos ordinarios, amantes de Jesús quienes ellos mismos serán señales y maravillas de paz y calma en este mundo.

 Dios no quiere un ejército profesional y entrenado por métodos del hombre. ¡Él quiere hombres y mujeres entrenados en oración por medio del Espíritu Santo! Dios está buscando a creyentes que se encierren con Él, que preparen sus corazones delante Él, y que aprendan a escuchar Su voz.

¿Lo anterior te describe a ti? ¿Es tu vida ahora testimonio ante un mundo temeroso y agitado? Te exhorto a que pases tiempo a solas con Dios y dejes que te hable. Pídele que te revele tu pecado en tu vida.

 Deja a un lado todo aquello que el Espíritu Santo traiga convicción de pecado. Ponte a Su disposición al encomendarte a la oración. De esta manera, tú serás un soldado listo para formar parte de Su gran ejército de los últimos tiempos. 


5/15/2017

Los Herederos del Poder

Reuniendo a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades. (Lucas 9:1).

Jesús les dio a sus discípulos poder, no porque ellos eran ambiciosos, sino porque ellos le pertenecían a él. Al ser propiedad de Cristo el recibir su poder no es negociable. El poder nace de la pertenencia. Esta última trae consigo poder real.

Muchos cristianos viven vidas sin poder -realizan cotidianamente prácticas pecaminosas, cuentan con un testimonio pobre, una vida espiritual débil; carecen de fervor, de una vida radical de oración y de oraciones contestadas.

¿Te sientes tú sin poder? Este corto versículo está lleno de palabras poderosas: Jesús llamó a estos discípulos, lo que en esencia excluye nuestra propia agenda, dirección, voluntad propia, o recurso de poder. “Reuniendo”— este poder no se encuentra contenido en vasijas individuales sino en una comunidad para que éste actúe en los propósitos del reino.

“Discípulos”— aquéllos que abandonan todo para seguir la vida, la enseñanza y la dirección del maestro. “Dio”—demuestra que no podemos hacer nada a menos de que Jesús nos dé el poder para realizarlo. “Poder”— no es lo que nosotros deseamos, trabajamos o luchamos por, sino que es aquél que proviene sola y exclusivamente a través de Su provisión.

Nosotros nunca podremos tener el mando de esta parte de nuestra historia como cristianos. A todo seguidor de Jesús le ha sido encomendado esperar hasta que reciba poder de lo alto. ¿Te hace a ti falta poder? No hay otra forma de obtenerlo más que te sea dado por el único al que le pertenece. Jesús tiene el poder para darle a aquéllos que son total y completamente suyos.

No luches por obtener poder. Desea pertenecer -completa, apasionada, humilde y ambiciosamente a aquél que tu corazón anhela. Entonces un poder que va más allá de tu imaginación vendrá sobre ti. Estas son muy lindas palabras que, seguramente, habrás oído muchas veces en la que es tu iglesia, cualquiera que ella fuere. Y conjuntamente con esas palabras, habrás pensado: “Cierto, puede ser, pero eso evidentemente no es para mí”.

Mi pregunta es: ¿Por qué permites que Satanás te influya en la mente y te lleve a pensar así? ¿Es tal vez porque te crees insignificante en el Reino de Dios? Puede ser que lo seas hoy, cierto, pero ¿Quién sabe lo que ocurrirá mañana? Yo también pensé durante muchos años que el poder de Dios era sólo para ciertos iluminados. Hoy sé que no es así. ¿Te basta mi testimonio o debo contarte todo al detalle para que lo creas?



 




5/09/2017

Reedificando Tu Tabernáculo

Algo es cierto: tú nunca debes ir a una iglesia, a una conferencia o sencillamente a escuchar o leer un estudio o mensaje, sin antes haber orado, diciendo: “¡Dios, dame oídos del Espíritu Santo para escuchar. Ayúdame a escuchar y a aplicar tu Palabra en mi vida!” Así como el Espíritu Santo unge la lengua de quien quiera que sea para que hable, así Él unge sus oídos para que escuchen.

En la iglesia del Espíritu Santo siempre escucharás un clamor desde las entrañas por arrepentimiento. De hecho, tú no puedes ser una persona llena del Espíritu Santo hasta que no “clames desde tus entrañas”. ¡Y esto es algo que Salomón nunca hizo!

La iglesia del rey David no era perfecta. Incluso, ésta se asemeja a la iglesia de Corinto. David cometió adulterio, mató a un hombre inocente, caminó por una etapa de horrible decepción. Sin embargo, tras haber pecado, David pronunció este agonizante clamor desde lo más profundo de su ser: 

¡Lávame más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado!, porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti sólo he pecado...No me eches de delante de ti y no quites de mí tu santo espíritu. (Salmo 51:2-4, 11)

¡Un clamor desde el corazón es lo que distingue a la iglesia del Espíritu Santo! Por supuesto, existen personas en esta iglesia que fallan y viven en decepción. Pero como David, éstas han llegado a ser tan sensibles a la obra y al mover del Espíritu Santo, que no necesitan a un profeta que les diga que han pecado. ¡Ellas se arrepienten antes de que un profeta se les acerque – porque se sienten heridos por su pecado!

David expresó sobre su pecado: Me rodearon los lazos del Seol. Tendieron sobre mí lazos de muerte. En mi angustia invoqué a Jehová, a mi Dios clamé...Envió desde lo alto y me tomó. Me sacó de caudalosas aguas. Me libró de un poderoso enemigo, y de los que me aborrecían... (2 Samuel 22:6-7, 17-18).

¡Dios conducirá a la ruina a la iglesia de Salomón y resucitará a la iglesia de David! Esta iglesia del remanente se lamentará ante el pecado. ¡Ésta clamará en angustia y arrepentimiento y será completamente dependiente del Espíritu Santo!

Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar (Hechos 15:16).






5/04/2017

Cuando Él Está Presente

La fuerza motora detrás de la iglesia de David fue una total dependencia del Espíritu Santo. He aquí lo que distinguió a David Samuel tomó el cuerno del aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. A partir de aquel día vino sobre David el espíritu de Jehová. (1 Samuel 16:13).

Cuando David se encontraba en su lecho de muerte, él le expresó a su hijo Salomón: “Quiero decirte por qué Dios me ha bendecido. Quiero compartir contigo el secreto de mi ministerio.” Escucha las últimas palabras de David dirigidas a su hijo: El espíritu de Jehová habla por mí, su palabra está en mi lengua. (2 Samuel 23:2).

David estaba diciendo: “Yo no confié en conocimiento y ni sabiduría. Yo no confié en ninguna parte de mi carne. ¡Yo fui un hombre débil - pero dependí del Espíritu Santo! Toda palabra que yo pronuncié fue bajo Su unción. ¡Sus palabras llenaron mi boca!”

Cuando se pone en marcha un ministerio, de ninguna manera deberemos aspirar a contar con estudios concisos, sermones precisos o elocuentes discursos. Lo que debemos buscar y encontrar es la presencia activa del Espíritu Santo en medio nuestro. Que aquellos que llegan a nuestro ministerio puedan decir: el Espíritu Santo cambió mi vida aquí.

Salomón habló de árboles, hisopos, bestias, peces, insectos. Pero David habló sobre la intimidad con el Señor, sobre quebrantamiento y sobre tener un espíritu contrito. David obtuvo convicción y transformación mediante su propia predicación. Él valoró tanto la presencia del Espíritu Santo en su vida que le pidió al Señor que Su Espíritu nunca se apartara de él. ¡David sabía que no era nada sin el Espíritu Santo!

Pablo dijo, y ni mi palabra ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.” (1 Corintios 2:4-5).

De estas cosas hablamos, no con palabras enseñadas por la sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura; y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. (vv. 13-14).