8/30/2013

Casa

Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada ‘la Italiana’, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo y oraba siempre a Dios (Hechos 10:1-2). 
La vida de Cornelio prueba que Dios busca una devoción de todo corazón, obediencia, y oración sin cesar. Considera las maneras en que este devoto hombre de Dios salvó a su casa y los milagros que resultaron por su devoción. Cornelio estaba tan determinado a que él y su casa vinieran a la plenitud de Dios, que él realmente se negó a comer para buscar a Dios. 
El alimento era secundario a su profunda hambre espiritual y a su anhelo por Dios. Días de ayuno sin una correspondiente hambre y sed de Dios resultan en nada; de hecho, es mejor comer alimentos en lugar de ayunar en un esfuerzo para ganarnos bendiciones del cielo. Pero el hambre de Dios le quita el deseo de la comida al hombre que tiene un corazón de buscar a Dios. Este hombre Cornelio debería avergonzarnos a todos. 
Él no tenía grabaciones ni videos con enseñanzas; él ni siquiera tenía un maestro. Él no era un Judío prosélito sino que simplemente era un hombre desesperado por tener a Dios. Lo que él había aprendido, lo había logrado de manera difícil – sin seminarios, sin convenciones, sin libros de cómo recibir de Dios. Ni tenía aún al Espíritu Santo dentro de él todavía, para animarlo a orar y a buscar el rostro de Dios. Sin embargo, él ayunaba y oraba siempre. 
Su vida de oración hizo que diera limosnas. Dios todavía no había contestado su oración por su propio hogar, pero él seguía dando generosamente a todos los necesitados. Él no estaba tan envuelto en su propia necesidad que le consumiera todo su tiempo, atención y dinero. Los hombres que oran, siempre atraen la atención de Dios; y el hombre que ora escucha a Dios hablar. Esto ha sido siempre así desde el comienzo. 
Tú puedes salvar a tu casa de la misma manera que Cornelio salvó a la suya. En un solo día, con un glorioso milagro, toda la casa de Cornelio fue salva y llena con el Espíritu Santo. En un día su casa fue transformada de una ceguera espiritual, a una vida y a una luz maravillosa. Todo porque este hombre se propuso con gran determinación salvar a su casa. Que Dios nos ayude a tomar en serio el orar por nuestra familia y amigos que están perdidos. 
Y no me digas que no, que no funciona así porque a ti te enseñaron que eso sólo fue válido para Cornelio. Yo te digo que es válido también para ti y lo baso en que Noé fue elegido para ser salvo del diluvio porque era un justo, pero su casa se salvó por él, ya que luego demostraron que en modo alguno eran justos ni sus hijos ni las mujeres de sus hijos.


 





8/28/2013

Resplandores

Recuerdo que en una oportunidad, Pablo dijo: Porque en él vivimos, nos movemos y somos (Hechos 17:28). 
Hombres y mujeres de Dios viven dentro de este muy pequeño círculo; sus vidas, cada movimiento, toda su existencia está envuelta sólo en lo que le interesa a Cristo. Para conocer nada más que a Cristo, debe de haber un fluir continuo de revelación del Espíritu Santo. Si el Espíritu Santo conoce la mente de Dios, si él sondea las cosas escondidas y profundas del Padre, y si él tiene que ser una fuente de agua viva que salta, entonces esa fuente de agua fluyente debe de ser una continua revelación de Cristo que nunca acaba. 
Esto le espera a cada siervo del Señor que esté dispuesto a esperar en el Señor calladamente, creyendo en fe, confiando en que el Espíritu Santo manifestará la mente de Dios. Hoy día necesitamos la palabra infalible de Dios – una verdadera y viva revelación. Samuel tenía esa clase de palabra de Dios, y todo Israel lo sabía. 
Cuando Samuel hablaba, de todas las voces en la región, la de él se cumplía y ninguna palabra cayó al suelo. Hoy día multitudes están tratando de filtrar entre todas las voces para escuchar la palabra clara de Dios. Los santos de Dios están fatigados por el aluvión de voces, donde sólo encuentran unos cuantos granos de la verdad. ¡Solamente Cristo es la luz! Todo el mundo se encuentra en tinieblas, y sólo la luz dispersa esas tinieblas. Puede que tú te encuentres en un lugar oscuro ahora mismo. 
Pedro dijo, Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro (2 Pedro 1:19). 
Pablo dijo, Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciera la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo (2 Corintios 4:6). 
Juan dijo, su reino [de Satanás] se cubrió de tinieblas. La gente se mordía la lengua por causa del dolor (Apocalipsis 16:10) 
Las buenas obras tuyas no disiparán esas tinieblas, y nuestras prédicas sobre temas sociales no la cortarán tampoco. Todas tus experiencias personales no lo lograrán. Y voy a ir un paso más allá – aun cuando tú declares atar los poderes de las tinieblas, eso no funcionará a no ser que la luz de Cristo esté alumbrando. 
¡Todas las tinieblas se desvanecen en la luz de la gloria de Dios reflejada en el rostro de Jesucristo. Estudiemos solamente a Cristo en el lugar secreto. Servimos al mismo Dios y somos enseñados por el mismo Espíritu Santo como todos los otros que han conocido a Cristo en su plenitud.


 



8/25/2013

Revelación

Desde que aconteció la cruz, todos los gigantes espirituales han tenido una cosa en común. Ellos estuvieron en una comunión íntima con el Señor; ellos se perdieron en la gloriosa inmensidad de Cristo, y murieron lamentándose de que aún conocían tan poco de Él. Así sucedió con Pablo, con todos los discípulos, y con muchos de los padres de la iglesia primitiva; así también con Lutero, Zwingli, y los puritanos; con los predicadores píos de Inglaterra, y con muchos líderes y hermanos devotos hoy en día. 
Cada uno de estos gigantes compartían la misma pasión que los dominaba: tener una revelación siempre creciente de Jesucristo. A ellos no les importaba lo espectacular, lo de esta tierra, las cosas del mundo, el éxito, la ambición ni la fama. Ellos oraban – no por cosas, no por bendiciones físicas, no para ser usados, no por nada de sus “yo”, sino solamente por una revelación más plena de la gloria y de la inmensidad de su Señor. 
Satanás está manifestando gran poder, y el infierno está desatando toda su furia en esta generación. Las fortalezas del enemigo son más fortificadas, más poderosas, y más atrincheradas que en cualquier otra generación. Sin lugar a duda, Satanás se está revelando al mundo como nunca antes y está siendo conocido mejor, temido menos, y aceptado más. 
¡Un conocimiento básico de Jesús que se consigue en escuela Bíblica no será suficiente para esta guerra final! Saber acerca de él no es suficiente. Necesitamos buscar una revelación más grande del Espíritu Santo. Eso requiere pasar mucho tiempo en Su mesa. Tú  puedes conocerlo sólo estando mucho tiempo en su presencia, sólo sentándote con él, escuchando su voz, esperando en él para recibir sabiduría divina. Hombres ocupados, preocupados, muy raramente llegan a conocerlo. 
Pablo estaba comprometido a una revelación siempre creciente de Jesucristo. Todo lo que él tenía de Cristo vino por revelación. Él dijo, Por revelación me fue declarado el misterio (Efesios 3:3). 
El Espíritu Santo conocía los profundos secretos escondidos de Dios, y Pablo oraba constantemente por el don de gracia para entender y predicar las insondables riquezas de Cristo (vs.8). 
Pablo dijo que tenemos acceso a estas gloriosas riquezas en Cristo. Al hablar de los propósitos eternos de Dios, él dijo, en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él (vs. 12). 
Dios está buscando creyentes que busquen una revelación de él que sea propia de cada uno – que tengan una intimidad personal tan profunda con Él para abrir las “las insondables riquezas de Cristo” 
Ah, y si a ti todavía te están enseñando que esperar una revelación es una fantasía que ya no está vigente, por favor, dile que te dije yo que te enseñen lo que dice la Palabra de Dios y no lo que escribieron en sus doctrinas denominacionales dos o tres ancianos muy respetables y venerables, pero infinitamente cabezones y religiosos.


 






8/23/2013

Querer

¿Qué es lo que más quiere nuestro Señor de aquellos que confiesan ser devotos y fieles a él? ¿Qué será lo que lo complace y bendice? ¿Será que construyamos más iglesias, o mejor dicho: templos? ¿Más Institutos Bíblicos? ¿Más albergues e instituciones para los que sufren? Todas estas cosas son buenas y necesarias, ¡Pero aquel que no habita en edificios hechos por el hombre quiere mucho más que eso! 
Salomón creyó haber edificado un templo para Dios que perduraría para siempre, pero en unos cuantos años ya estaba en decadencia, y en menos de cuatrocientos años, estaba completamente destruido. Lo que nuestro Señor desea más de su pueblo y de sus ministros es ¡Tener comunión con él! ¡Ser uno con él y sentarse a su mesa celestial! ¡Un lugar donde tener intimidad y pasar tiempo juntos! ¡Que vengamos a él continuamente para recibir alimento, fortaleza, sabiduría y tener comunión! 
Esta generación tiene una revelación limitada del Señor Jesús porque muchos están ausentes del banquete – el banquete de tener comunión con el Señor. ¡Sus asientos están vacíos! Pocos conocen la grandeza y majestuosidad de ese llamado tan alto en Cristo Jesús. Nosotros equivocadamente recibimos nuestro gozo espiritual cuando servimos, en lugar de recibirlo al tener comunión. 
¡Estamos haciendo más y más cosas por un Señor del cual conocemos menos y menos! Nos afanamos, nos agotamos, vamos a cualquier lugar en esta tierra, y nos entregamos a trabajar para él – ¡Pero muy rara vez vamos al banquete! ¡Tomamos muy casualmente la mesa del Señor, sin estar seriamente deseosos de tomar nuestro asiento y aprender de él! 
Pablo hace referencia a tres años que él pasó en el desierto de Arabia. Esos fueron tres años gloriosos, sentado en los lugares celestiales a la mesa del Señor. Fue allí donde Cristo le enseñó a Pablo todo lo que él llegó a conocer, y la sabiduría de Dios se manifestó en él. ¡El haberse convertido no fue suficiente para Pablo! ¡El haber tenido una visión sobrenatural de Cristo, el milagro de haber escuchado su voz desde los cielos no fue suficiente! ¡Él había captado una visión fugaz del Señor y quería más! Algo dentro del alma de Pablo clamó, “¡Oh, que pudiese conocerlo!” 
No es de extrañarse que él pudiera decirle a todo el sistema cristiano, Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado (1 Corintios 2:2). Él estaba diciendo, “Que el Judaísmo de Jerusalén guarde sus legalismos. Que otros aleguen sus puntos doctrinales. Que los que buscan ser justificados por sus obras se agoten intentándolo. Pero yo, ¡Yo quiero más de Cristo! 
Este es un buen día y un excelente momento para saber qué es lo que quieres tú. No me respondas, sólo piénsalo y asume tu verdadera respuesta. Luego cambia. O mantente firme.







8/20/2013

Ayuda

Hay una premisa inocultable para el cristiano moderno: ¡Ayúdate a ti mismo! Y no me refiero al “yo” sin Dios, sino al “yo” regenerado, poseído por Cristo. Uno de los  versículos más importantes en la Palabra de Dios es Juan 4:14: Pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. - Si alguien tiene sed de mí, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior brotarán ríos de agua viva (Juan 7:37-38). 
Estos ríos de agua viva estarán en él y brotarán de él. ¿De dónde brotarán? ¡De su interior! ¡Déjame probarte sin lugar a duda, que todo lo que tú necesitas en la vida ya te ha sido dado cuando Cristo entró en ti! ¡Él está en nosotros con todo el poder para todas nuestras necesidades! 
Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia… (2 Pedro 1:3). 
Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él (Efesios 1:17). 
Y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos (Efesios 1:19). 
Os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo… (Hebreos 13:21). 
 Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros… (Efesios 3:20). 
Para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria…el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu… (Efesios 3:16). 
Juntamente con él nos resucitó, y así mismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús (Efesios 2:6). 
Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús está en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que está en vosotros (Romanos 8:11).
¡Yo sé que hay un gran e indescriptible poder dentro de mí! Lo puedo sentir. Es un sentimiento de que una explosión de grandeza puede desatarse y surgir. Yo sé que el Espíritu sabe y conoce todo, y que sólo él tiene todas las respuestas que yo necesito. Yo sé que no tengo que acudir al hombre o a nadie fuera de mí. Yo sé que tengo que ayudarme a mí mismo. 
Todo aquel que llama a Cristo “Señor” y confía en él, tiene al Espíritu Santo en él para ayudarlo a que la vida sea abundante y feliz. Y no hablo de panaceas figuradas o de prosperidades dudosas; hablo de fe en primera instancia y confianza en la segunda. No necesitas más.


 



8/18/2013

Seguridad

Jesús dijo que cuando el hijo pródigo volvió a casa, él fue bienvenido en el hogar de su padre. Recibió una túnica nueva, comió en la mesa de su padre, y tuvo perdón completo. Pero eso no lo convirtió en un angelito. 

Por lo contrario, yo creo que su padre tuvo que experimentar varios problemas con él después de su retorno. Pero una cosa sabía este hijo, ¡Que estaba seguro en el amor de su padre! Él tenía que saber que su padre lo aguantaría, trabajaría con él, lo amaría. Así es como nuestro Padre celestial es con nosotros.
 Pero nosotros seguimos diciendo, “Uno de estos días, voy a ser tan perfecto y justo ante Dios que le será fácil amarme.” ¡No! Él te amó cuando eras un pecador, un malhechor, un enemigo de él. ¡Cuánto más te ama ahora que te has reconciliado con él! 

Dios ya te ha dicho “Te he amado cuando eras un extraño para mí, cuando estabas en rebelión y en pecado. ¿Acaso no te amaré ahora más desde que te has entregado a ser mi hijo?” Nosotros no descansamos confiadamente en Su amor como deberíamos. 

Pero el Señor dice de sí mismo que él ES amor. Juan escribió, Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor, y el que permanece (descansa) en amor permanece en Dios y Dios en él (1 Juan 4:16). 

Es mucha la gente que hoy, todavía, procura portarse bien para que Dios se alegre de ellos y los reciba. Escucha: si tú haces esfuerzos por portarte bien, eso no te acerca más a Dios, te acerca más a una autosuficiencia que a corto o mediano plazo, e jugará en contra. 

Tú debes aceptar lo que eres, malo, regular o bueno, y con eso enfrentarte al Señor y pedirle que te acepte. Él seguramente lo hará, dejando de lado la porquería que tú puedas haber sido hasta segundos antes. Tendrá muy en cuenta tu entrega y esperará que aceptes que sea Él quien te marque los futuros caminos a seguir. 

Y no esperará de ti ninguna maravilla fuera de serie; sólo esperará que seas obediente y fiel. ¿Nada más, hermano? Nada más. O, si lo quieres mejor expresado: ¡Nada menos!




 


8/16/2013

Despierta

La mayoría de todos nosotros somos criaturas algo tontas mirando hacia el futuro para ser  o sentirnos realizados. Creemos que algún evento futuro o algún cambio en nuestras circunstancias nos traerán paz y gozo. Decimos, “Espera, mi día va a llegar. De algún modo, algún día, en algún lugar…No sé lo que hay para mí, pero sé que está viniendo.” 
Somos como niños que esperan la llegada de la Navidad, el Día de Reyes o el de su cumpleaños y se la pasan contando esos días. David una vez escribió durante una etapa lúgubre de examen de su vida, la cual le parecía estar pasando demasiado rápidamente. Él pensó que había logrado tan poco. Durante ese tiempo todo parecía haber sido en vano. 
Ciertamente, como una sombra es el hombre; ciertamente, en vano se afana; amontona riquezas y no sabe quién las recogerá. Y ahora Señor, ¿qué esperaré? (Salmo 39:6-7). 
David estaba deprimido, abatido. Su situación presente parecía inútil. Y con un corazón perplejo él clamó, “Señor, ¿Qué es lo que espero?” Es muy probable que en algún momento Dios haya hablado a tu corazón con esa misma pregunta. “Hijo, ¿Qué es lo que estás esperando? ¿Por qué no es este el mejor día de tu vida? ¿Por qué no puedes estar ahora lleno y gozoso? No hay nada allá afuera que tú no tengas en Jesús.” 
Yo te pregunto, ¿Qué estás esperando? “Oh, yo espero a la persona indicada” puede que tú respondas – esa persona devota al Señor que tú piensas que te rescatará de toda la soledad y llenará tu alma con un gozo indescriptible. Algunos están aburridos con sus conyuges, y están esperando que  él o ella se vaya a la gloria porque buscan un romance que venga a sus vidas para quitarles su vacío. 
¡No! No hay nada allá afuera que te cambiará o te salvará de lo que tú ya eres. Si tú piensas que alguien va a resolver tu problema de soledad, tú estás muy equivocado. ¡Tú debes encontrar libertad, paz, esperanza y gozo ahora! Jesús es el único que puede llenar el vacío. ¡Despierta y vive! 
Y sí; todos los hombres o mujeres que Él utilice en tu beneficio, merecerán coronas de justicia y recompensas de amor en el día postrero. Pero hoy, sólo son simples vasos más o menos útiles que no merecen adoración ni adulación alguna. Cuando logran ser medianamente obedientes, cumplen con una misión que les ha sido encomendada. En un ejército, eso no tiene ningún mérito, sólo un voto de confianza por parte de Su Jefe. Y con eso, créeme, ¡Basta y sobra!




 








8/14/2013

¡Puede!


La Escritura dice acerca de Israel, Y volvían, y tentaban a Dios, y ponían límite al Santo de Israel (Salmo 78:41). Israel se apartó de Dios en incredulidad. Y de igual manera, yo creo que limitamos a Dios hoy día con nuestras dudas e incredulidad. Confiamos en Dios en la mayoría de las áreas de nuestra vida, pero nuestra fe siempre tiene fronteras y límites. Tenemos por lo menos una pequeña área que resguardamos, en la cual, realmente no creemos que Dios va a cumplir con nosotros.

Por ejemplo, muchos de los que siguen estos trabajos, seguramente habrán orado por la sanidad de alguien más o menos cercano. Pero muy a menudo, cuando se trata de la sanidad de sus propios seres amados, limitan a Dios. Tenemos que comprender y aceptar que nosotros limitamos a Dios mayormente en el área de la sanidad. Hemos orado por la sanidad física de muchos, y hemos visto a Dios hacer milagro tras milagro. Pero cuando se trata de nuestro propio cuerpo, limitamos a Dios. Tenemos temor de dejar que él sea Dios para nosotros. Entonces nos empapamos con medicamentos o corremos a ver al doctor, aún antes de orar por nuestra sanidad. No estoy diciendo que es malo ir al médico. Pero algunas veces encajamos en la descripción de aquel que tampoco buscó a Jehová sino a los médicos (2 Crónicas 16:12). 
Yo te pregunto: ¿Oras  para que Dios derribe las murallas espirituales en China o en
Cuba – pero cuando se trata de la salvación de tu propia familia, no tienes ni un gramo de fe? Tú piensas, “Dios no debe querer hacer esto. Mi familiar es un caso difícil. Parece que Dios no me escucha en este asunto.” Si eso fuese verdad, tú no lo estás viendo a Él como Dios. Tú estás ignorante de cómo es Dios. El deseo de Dios es hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros (Efesios 3:20). 
Si lo oyéramos, entenderíamos que Dios está diciéndonos: “Hijos, me han atado las manos, me han puesto grilletes. ¿Cómo puedo sanarte cuando tú no crees que verdaderamente lo haré? Tus dudas me impiden que yo sea Dios para ti. Te digo lo siguiente, tú no me conoces a no ser que conozcas que yo estoy más dispuesto a dar, de lo que tú estás de recibir.”
Israel murmuró continuamente, “¿Podrá Dios…? Él nos abrió camino por el Mar Rojo, pero ¿podrá darnos pan?” Dios les dio pan. Es más, Él les aderezó mesa en el desierto. “¿Pero podrá darnos agua?” preguntaron ellos. Él les dio agua de una roca. “¿Pero podrá darnos carne?” Él les dio carne desde el cielo. “¿Pero podrá librarnos de nuestros enemigos?” Una y otra vez, Dios proveyó y libró en cada área. Pero aun así, el pueblo se pasó cuarenta años diciendo, “¿Podrá Dios…? ¿Podrá Dios…? Amados, deberíamos estar diciendo, “¡Dios puede! ¡Dios puede!” ¡Él pudo – y podrá! ¡Dios puede y hará todo lo que pidamos y creamos que Él puede hacer! 


 


8/11/2013

Mirada

Tú no puedes conocer a Dios en plenitud hasta que veas a Cristo como Dios quiere que se lo veas. Jesús dijo: El que me ha visto a mí ha visto al Padre (Juan 14:9). Debemos ver a Cristo, no como lo enseñan los hombres, sino como el Espíritu nos lo revele, como Dios quiere que lo conozcamos y lo veamos. 

Hay muchos libros en nuestras bibliotecas acerca de Jesús, los cuales han sido escritos por buenos hombres. Pero, yo creo que muchos de esos hombres nunca han visto a Jesús como Dios desea que sea conocido. Aquí está como yo creo que Dios quiere que veamos a su Hijo: Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación (Santiago 1:17). 

¡Jesús fue un regalo! Dios envolvió todos sus recursos en Jesús, “ha dado a su Hijo unigénito.” Cristo es el don bueno y perfecto de Dios para nosotros que viene del Padre. ¿Lo ves tú a Jesús como el regalo perfecto de Dios para ti? ¿Lo ves como todo lo que tú necesitas para vivir gozosamente, victoriosamente, justamente, lleno de paz y descanso? 

En el Antiguo Testamento, Dios le dio a Israel muchos maravillosos regalos en el desierto: Una nube para resguardarlos del sol del desierto. Fuego de noche para dirigirlos y que se sintieran seguros. Agua de una roca. Una rama para sanar las aguas amargas. Una serpiente de bronce para sanar a aquellos que habían sido mordidos por serpientes. 

Pero todas estas buenas cosas eran solamente sombras. ¿Quién era la roca de la cual salía agua? ¿Quién era el fuego? ¿El maná? ¿La serpiente de bronce? Todo lo que Dios hizo por Israel fue a través de Jesús. Así es – Jesús era cada uno de esos regalos. 

No quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube, y todos pasaron el mar…y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de la roca espiritual que los seguía. Esa roca era Cristo (1 Corintios 10:1-4). Hoy día, tenemos mucho más que la sombra. Tenemos la verdadera substancia. ¡Tenemos al Cristo mismo! Y él vive en nosotros. 


 

8/09/2013

Voces

Aquellos que conocen verdaderamente a Dios, han aprendido a reconocer Su voz por sobre todas las demás. Él quiere que tú estés convencido absolutamente que él desea hablar contigo y decirte cosas que nunca has visto ni escuchado antes. El Señor me mostró recientemente que yo todavía estaba dudando cuando Su voz le hablaba a mi alma. Yo sé que él habla y que sus ovejas necesitan conocer la voz del Maestro. Pero yo, como le sucede a tantos hermanos dudé de mi habilidad de escucharlo. 

Yo me pasaba todo el tiempo “comprobando” la voz que estaba escuchando, y cuando era algo demasiado grande o demasiado misterioso para mí, entonces pensaba, “Esto no puede ser Dios. Además, el diablo también puede hablar. La carne habla; los espíritus mentirosos hablan. Una multitud de voces vienen a nosotros todo el tiempo. ¿Cómo puedo conocer la voz de Dios?” Yo creo que se requieren tres cosas de aquellos que van a oír la voz de Dios: 

1. Una confianza inamovible de que Dios quiere hablarte a ti. Tú debes de estar completamente persuadido y convencido de que Dios anhela hablarte. Verdaderamente, él es un Dios que habla y él quiere que tú conozcas Su voz para hacer Su voluntad. Lo que Dios te diga, nunca se saldrá de los parámetros de las Escrituras. Y tú no tienes que tener un doctorado ni un master para entender Su voz. Todo lo que tú necesitas es un corazón que dice, “Yo creo que Dios verdaderamente desea hablar conmigo.” 

2. Tiempo de calidad y tranquilidad. Tú necesitas estar dispuesto a encerrarte con Dios y dejar que todas las otras voces se callen. Es verdad, Dios nos habla durante todo el día. Pero cada vez que él ha querido edificar algo en nuestras vidas, su voz ha llegado sólo después de que hemos acallado todas las otras voces excepto la de Él. 3. Pide en fe. No conseguimos nada de Dios (incluyendo el oír su voz) a no ser que nosotros verdaderamente creamos que él es capaz de transmitirnos su manera de pensar y hacer posible que entendamos su perfecta voluntad. Jesús dice, ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide pescado le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? (Lucas 11:11-12). 

En otras palabras, si tú le pides a tu Padre celestial una palabra – una dirección clara, una corrección divina, una necesidad en particular - ¿Crees por un momento que en lugar de eso, Él dejará que venga el diablo a engañarte? Suponte que un hijo llama a su padre cada noche pidiéndole dirección y consejo. Pero un día, el padre decide jugarle una broma al hijo, y contrata a un imitador para que conteste el teléfono – alguien que imite su voz. Cuando el niño llama, el impostor le da toda clase de consejos raros y dirección falsa. De pronto, el hijo está absolutamente confundido y desconsolado porque todo lo que él escucha va en contra de lo que ha aprendido de su padre.

 ¿Qué clase de padre dirías tú que es ese hombre? ¡Uno cruel! Y así lo estamos acusando a Dios de ser, cuando no confiamos que él nos da su voz sino la de un impostor. Dios no es un bromista. Él no permitirá que el diablo te engañe. Cuando Dios habla, la paz viene y Satanás no puede falsificar esa paz. Si tú estás en un lugar de silencio y tranquilidad, convencido de que Dios puede hablarte, entonces tú tienes una certeza que nunca cambia. Tú puedes ir a Dios mil veces, y  recibirás la misma palabra – ¡Porque es de confiar! 

PD: Gracias a todos los hermanos que se preocuparon y quisieron saber cómo nos encontrábamos luego de la tragedia que costó tantas vidas en nuestra ciudad de Rosario. Vivimos a veinte minutos de ese lugar y sólo sentimos la potencia de la enorme explosión, y la enorme pena por las víctimas y sus seres amados que hoy necesitan el consuelo divino para superar esta tribulación. Dios los bendiga a todos, y también a ustedes por el apoyo y la preocupación.


 

8/04/2013

Demora

La mayoría de nosotros, cuando tenemos un problema o una petición, (Que es cuando mayoritariamente buscamos en serio al señor), oramos como David lo hizo: Apresúrate a responderme el día que te invocare (Salmo 102:2). Estoy angustiado; apresúrate, óyeme (Salmo 69:17).

 La palabra Hebrea para “apresúrate” quiere decir “¡ahora mismo, apúrate, en el momento que te llamo, hazlo!” David estaba diciendo, “Señor, yo pongo mi confianza en ti – ¡pero por favor apúrate!” Dios no está apresurado. El no salta cada vez que tú se lo ordenas. Es más, a veces tú podrás preguntarte si alguna vez él contestará. 

Tú clamas, lloras, ayunas y confías – pero los días pasan, luego semanas, meses y aun años, y tú no recibes ni la mínima evidencia de que Dios te está escuchando. Entonces, primero tú te preguntas: “Algo debe de estar impidiendo mis oraciones.”Quedas perplejo, y con el tiempo tu actitud hacia Dios se vuelve algo así: “Señor, ¿qué tengo que hacer para recibir respuesta a esta oración? Tú prometiste en tu Palabra que me darías una respuesta, y he orado en fe. ¿Cuántas lagrimas debo derramar?” 

¿Por qué Dios retrasa la respuesta a las oraciones sinceras? Verdaderamente no es porque le falte poder. Y él está deseoso que nosotros recibamos de él. La respuesta se encuentra en este verso: También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar (Lucas 18:1). 

La palabra Griega que se traduce como “desmayar” o perder interés, significa “relajarse, volverse débil, o cansarse en fe, dejar de tratar, ya no esperar completar algo.” Gálatas 6:9 dice, No nos cansemos, pues, de hacer el bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.

El Señor está buscando personas que oran y que no se relajan ni se cansan de venir a él. Estas personas esperarán en el Señor, sin rendirse hasta que el trabajo sea completado. Y se los encontrará esperando cuando él traiga la respuesta.


 

8/02/2013

Probanzas

Hay una verdad irrenunciable e inmutable que no se modificará jamás: Porque Dios te ama, él trabajará para limpiarte. Y a lo mejor, eso te va a doler un poco, pero es un “castigo” amoroso para aquellos que se arrepienten y retornan a él. Puede que tú sientas las flechas en tu corazón por los pecados del pasado y del presente, pero si tienes un corazón arrepentido y quieres dejar tu error, puedes pedirle a él su amor que castiga. Tú serás corregido – pero con su gran misericordia y compasión. No sentirás su ira como les sucede a los impíos, sino su vara de disciplina, aplicada con su amorosa mano. 

Tal vez tu sufrimiento viene por tomar decisiones erradas. ¿Cuántas mujeres están sufriendo porque se casaron con hombres que Dios les había advertido que no se casaran? ¿Cuántos hijos están rompiendo los corazones de sus padres, llevándolos hasta el límite de su aguante? Pero, muchas veces esto sucede debido a los pecados pasados de los padres, por sus negligencias y por haber cedido. Cuando tú sabes que has alcanzado el punto más bajo, es hora de buscar al Señor en quebrantamiento, arrepentimiento y en fe. Es hora de recibir una nueva infusión de la fuerza del Espíritu Santo. Es hora de ser renovado y refrescado, de tener fortaleza espiritual fluyendo en ti.

 Mira, cuando clamas a Dios, él derrama su fortaleza en ti: El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma…Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás; contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, y me salvará tu diestra. Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Jehová es para siempre (Salmo 138:3, 7-8). Una de las cosas más difíciles para los cristianos es aceptar el sufrimiento de los justos. Hasta el tiempo de Cristo, los judíos asociaban la prosperidad y la buena salud con la pureza espiritual. Ellos creían que si tú eras rico, con buena salud o de otra manera bendecido, era porque Dios estaba satisfecho contigo. 

Por esto fue que sus discípulos tenían dificultad en entender lo que Jesús había dicho que Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios (Mateo 19:24). Los discípulos le preguntaron, “¿Quién, pues, podrá ser salvo?” De igual manera hoy, hay una doctrina errónea que dice que si tú estás de acuerdo con Dios, usted nunca sufrirá; tan sólo llame a Dios y él vendrá corriendo a resolverlo todo inmediatamente. ¡Pero ese no es el Evangelio! 

Los héroes de la fe que están en la lista de Hebreos 11, todos ellos caminaron con Dios en una relación cercana de fe, y sufrieron apedreamientos, burlas, torturas y muertes violentas (versos 36-38). Pablo mismo, caminó muy junto a Dios, y fue náufrago, apedreado, azotado, dejado por muerto, lo asaltaron y robaron, fue encarcelado y perseguido. El sufrió la pérdida de todas las cosas. ¿Por qué? Estas fueron todas las pruebas y las purgas, donde su fe fue probada para la gloria de Dios. 

Dios quiere plantar algo en nuestros corazones a través de nuestras pruebas y dificultades. Él quiere que podamos decir,“Señor Jesús, tú eres mi Protector, y yo creo que tú gobiernas los eventos de mi vida. Si algo me sucede, es porque tú lo has permitido, y yo confío en tu propósito por el cual lo estás haciendo. Ayúdame a entender la lección de la cual tú quieres que yo aprenda. Si camino en justicia y tengo tu gozo en mi corazón, entonces mi vivir y mi morir te traerán gloria a ti. Yo confío en que tú tienes alguna gloria preparada, algún propósito eterno que mi mente finita no entiende. Pero de cualquier manera, yo digo, ‘¡Jesús, si vivo o si muero, soy tuyo!’”