La fe es un mandato.
Está escrito: El justo por la fe vivirá. Sin fe es imposible agradar a Dios, y
la Escritura añade: pero si alguno se vuelve atrás, no será de mi agrado (Hebreos 10:38). Me
estremezco cuando pienso en el terror y los peligros de la incredulidad. La incredulidad
es un pozo de miedo, angustia y desánimo que no tiene fondo. Las consecuencias
de la incredulidad son horrendas. Se inicia con temor a lo que no podemos ver.
El miedo que nos inunda hoy nos llevará a otros dos más el día de mañana, luego
tres, y luego los temores se convierten en un pozo sin fondo de angustia incontrolable
y desesperación.
Cada vez más, veo que el miedo y la incredulidad terminan como
desesperanza; esto conduce a un desierto de confusión y vacío. No es una
opción, no es un pequeño problema con Dios. Se trata de una cuestión de vida o
muerte. Esto llevará a estar temiendo por todo, presente o futuro. El miedo es
un tormento. Todos los hijos de Dios soportan aflicciones y problemas de
diversa índole. Es desgarrador escuchar las cosas dolorosas que los justos
están sufriendo ahora. Algunas de las personas que enfrentan terribles y
abrumadores sufrimientos físicos o espirituales se desaniman.
Si tú estás
atravesando el fuego de refinación, tengo una palabra para ti. LA FE TAMBIÉN ES
UNA INVITACIÓN DE SER PARTICIPE DE LA GRAN BONDAD DEL SEÑOR. Te remito a una de
las promesas más alentadoras en toda la Palabra de Dios. Permite que esta promesa
penetre profundamente en tu alma: ¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para
los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los
hijos de los hombres! En lo secreto de tu presencia los esconderás de la
conspiración del hombre; los pondrás en tu Tabernáculo a cubierto de lenguas
contenciosas. (Salmo 31:19-20).
Aquí está un gran estímulo para
mantenerte firme en tu fe. Aquí hay una promesa audaz y gloriosa. Dios dice: "Tu confías en mí delante de los
hombres y yo voy a abrir mi almacén de gran bondad para verterlo sobre ti. Yo
te esconderé en el secreto de mi presencia, no voy a permitir que la adversidad
te aplaste". Algunos pueden decir: "No
debemos confiar en Dios por obtener su bondad." ¡No es así! Escrito
está: No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene una gran recompensa.
(Hebreos 10:35).
También escrito está: el que se acerca a Dios crea que
él existe y que recompensa a los que lo buscan. (Hebreos 11:6). Debemos
creer que es galardonador. Las recompensas de la fe son bondades espirituales,
tales como fortaleza, paz y calma en la tormenta. Dios se alegra en nuestra fe.
Él está atento para darnos esperanza y abrir nuestros ojos a su cuidado
amoroso. Debemos tomar una decisión. Está en nuestro poder el elegir confiar en
Dios en medio las pruebas actuales y futuras.
Dependiendo de nuestra elección
nos enfrentaremos al desierto de la desesperación o a la sonrisa de Dios y los
cielos abiertos. Dios nos ayude a todos a aferrarnos a la fe. ¡No te rindas!
Estamos demasiado cerca de la meta final de la carrera. Tú eres mi refugio; me guardarás
de la angustia, con cánticos de liberación me rodearás. Te haré entender y te
enseñaré el camino en que debes andar: Sobre ti fijaré mis ojos (Salmo 32:7-8).






