7/28/2013

Costo

Hace algún tiempo escuché a un hombre de Dios contar la siguiente anécdota: Dice que una noche durante una reunión de oración, Dios le dijo algo acerca de su iglesia que él no esperaba escuchar. El Señor le susurró, 

“¡Esta iglesia necesita una sacudida! Muchos se han vuelto satisfechos y complacientes. Ustedes se sienten a salvo de los vientos y de las olas de falsas doctrinas que están barriendo sobre la tierra – ¡pero ustedes no están listos para lo que viene!” 

Yo lo escuché de ese siervo, pero estoy completamente seguro que no es al único que Dios se lo ha dicho en estos tiempos. Hermanos míos, el mensaje de tener el testimonio del Espíritu funcionando en ustedes no es una solicitud – ¡es un asunto de vida o muerte! ¡Si tú no tienes el testimonio del Espíritu Santo en estos últimos días, tú no vas a lograrlo! ¡Tú cederás al espíritu del Anticristo que viene! Por esa razón es que necesitas el testimonio del Espíritu Santo cada día – en tu trabajo, en tus quehaceres, en el colegio. Tú necesitas juzgar correctamente a los políticos y líderes para no ser atraído en el sistema del anticristo.

 Esto es lo que Jesús trataba de mostrarnos acerca de las vírgenes insensatas a las cuales se les acabó el aceite para sus lámparas. Ellas tenían un suministro del Espíritu Santo – pero no tuvieron su testimonio en el momento final. No termines como las vírgenes insensatas. Si a ti se te está acabando el aceite – confiando en que pese a todo, alguien guardará tu alma – ¡entonces arrepiéntete! ¡Humíllate y examina tu corazón! Clama a Dios para que eche fuera todo enojo y amargura. Confiesa tus pecados y abandónalos. ¡Y depende de Dios nuevamente para todo! 

Adquiere la paz de Dios en tu corazón, para que  puedas tener un testimonio del Espíritu Santo. Y pídele al Padre que te dé más de su Espíritu. ¡Invítalo a que él sea tu testimonio y guía en todo! Enfrentamos un costo para que Jesús sea todo en nuestras vidas, pero también recibimos una recompensa: Es simplemente tener la bendición de que Cristo esté con nosotros. Hay muchas otras recompensas también (mira Mateo 19:29), pero yo menciono esta porque es todo lo que necesitaremos. 

Cuando Pablo estaba prisionero en Jerusalén, todo el sistema religioso quería matarlo. Lo acusaron de contaminar el lugar sagrado y de predicar doctrinas falsas. Su vida estaba en peligro, aun los soldados tenían temor de que Pablo fuese despedazado (Hechos 23:10). Así que lo llevaron a la fuerza y lo encerraron en un castillo. La próxima noche el mismo Señor le habló a Pablo, y qué palabra la que le trajo: “¡Anímate! ¡Todavía vienen más problemas!”

 El costo de seguir a Cristo era claro en las vidas de estos hombres de Dios – y si vamos a ser como nuestro Amo, entonces debemos de abrazar el costo también. Soportando el costo llega a ser un gozo porque Jesús promete estar con nosotros en cada situación. Y podemos enfrentar cualquier cosa o a cualquiera que sea cuando sabemos que el Señor está con nosotros. Así que examinemos el costo y conozcamos que nuestra recompensa, en todas las cosas, es la preciosa presencia de Jesucristo.


 

 

7/26/2013

Garantía

Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es verdad (1 de Juan 5:6). Hay tiempos cuando el testimonio interior del Espíritu Santo no nos permite quedarnos callados. El Espíritu se levanta dentro de nosotros y tenemos que hablar sí o sí. El Espíritu Santo vive en nosotros para revelar lo que es verdadero y lo que es falso. 

El habla con una voz quieta, suave, en lo profundo del corazón. Muchos de nuestros antepasados creyeron en este funcionar del Espíritu en los creyentes. Ellos predicaron mucho sobre “teniendo el testimonio”. Pero hoy no estamos escuchando que esta verdad siga siendo predicada. ¡En realidad, el testimonio del Espíritu virtualmente nunca ha sido escuchado en la mayoría de las iglesias de hoy día!

 Los creyentes necesitan el testimonio del Espíritu como nunca antes. ¡Y lo vamos a necesitar más y más a medida que el día del Señor se acerca! Satanás ha venido descaradamente como un ángel de luz para engañar, si fuere posible, aun a los escogidos. Sus seducciones malvadas se manifestarán: falsas doctrinas, falsos maestros, falsos evangelios. El testimonio interior del Espíritu opera bajo el “principio de paz.” La paz de Dios es la cosa más grande que usted pueda tener. ¡Y cuando su paz sea perturbada, tú puedes estar seguro que el Espíritu Santo te está hablando! 

Cuando hay una inquietud en tu espíritu – una sacudida y una lucha en lo profundo de tu ser – Dios te está diciendo que algo es falso. ¡Tú sentirás la perturbación de Dios – su pena y su enojo! Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones (Colosenses 3:15). 

¡Cualquier pecado escondido, sin arrepentimiento, le robará al creyente su preciosa paz! Su corazón será rasgado por la culpa, la condenación y el miedo – y el Espíritu sólo le dirá dos palabras a esa persona: “¡Arrepiéntete! ¡Escapa!” Sí, el Espíritu te hablará para corregirte; él tratará contigo sobre el pecado, la rectitud y el juicio. ¡Pero cuando se trata de darle dirección – esa voz pequeña que le dice qué hacer y hacia dónde ir – él no actuará en una vasija impura! 

Si tú persistes en el pecado – si tú no lo confiesas o tratas con el pecado – tu corazón te alimentará de un continuo chorro de mentiras. Tú escucharás enseñanzas que te permitirán sentirte tranquilo con tu pecado. Entonces pensarás, “Mi problema no había sido tan malo. No me siento culpable.” ¡Pero estarás siendo guiado totalmente hacia el extravío! Isaías habla de un pueblo que proclamaba desear el verdadero consejo de Dios.

 Ellos decían: ¡Venga ya, apresúrese su obra, y veamos; acérquese, y venga el consejo del Santo de Israel, para que lo sepamos! (Isaías 5:19). ¡Pero estas personas tenían engaño en su corazón – y ellos terminaron siendo pervertidos en toda su manera de ver las cosas! ¡El pecado había pervertido su manera de pensar! Como resultado, ellos no eran capaces de discernir lo malo. Y las cosas que eran santas y puras ellos las llamaban impías. Isaías dijo acerca de ellos, 

¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! (Isaías 5:20). Por eso; cada maestro, cada pastor, cada profeta, cada apóstol, cada evangelista, cada hombre o mujer al cual el Señor le ha confiado genuinamente un ministerio, tendrá la obligación de pedirle, recomendarle y hasta exigirle a sus oyentes que tomen sus Biblias y comprueben con ella en sus manos si lo que están escuchando es verdad. Y luego oren al Espíritu Santo para que nunca se aparte de ellos en su guía a toda verdad. Son las únicas garantías anti engaño que tenemos.


 

7/24/2013

¡Descansa!

Alguna vez un ser querido te ha dicho, quizás sin ninguna razón: “¿Estás enojado conmigo? ¿He hecho algo equivocado?” Tú te encuentras simplemente callado, pensando en algo profundamente. Así que  respondes, “No, no estoy enojado. Tú no hiciste nada para herirme. Sólo estoy callado”.

 Pero ellos insisten: “¿Fue algo que dije?” Otra respuesta: “No, no dijiste nada. Todo está bien” Finalmente, para convencer a la persona, tú tienes que abrazarla diciéndole: “Mira, yo te amo – no estoy enojado. ¡Pero si continúas con esto, me vas a enojar!” 

Amados, ¡así es como tratamos a nuestro Padre celestial! Al final del día, vamos a nuestra habitación secreta y decimos: “A ver, veamos, ¿cómo entristecí a Jesús hoy día? ¿Qué hice mal – qué me olvidé de hacer? Soy un desastre. No sé cómo él pueda amarme. Señor perdóname una vez más. Algún día seré tan obediente, que te será fácil amarme.” 

¡Pero Dios está ahí en todo momento, esperando para abrazarte! ¡Él quiere mostrarte cuánto él te ama y quiere que tú te recuestes y descanses en su amor! Cuando el hijo pródigo volvió a su hogar, él fue recibido de vuelta en la casa del padre. Recibió un vestido nuevo, comió en la mesa del padre y tuvo un perdón pleno. ¡Lo que este hijo supo fue que él estaba seguro en el amor de su padre! Él supo que su padre tendría paciencia con él, trabajaría en él, lo amaría. 

Así es como nuestro Padre celestial es con nosotros. No importa qué tan lejos nos desviamos de nuestro Padre, tenemos una puerta continuamente abierta para regresar. Pero debemos creer lo que la Palabra de Dios dice –él nos hizo aceptos en el Amado (Efesios 1:6). El espera con los brazos abiertos para abrazar a todo aquél que acepta este acceso y retorna a su amor.

 Recuerda esto que es elemental: cuando haces algo indebido, te arrepientes y pides perdón con sinceridad al Señor, Él responde de inmediato concediéndolo. El mayor problema viene después, cuando tú no pareces haber oído ni conocido a dios y resuelves no creerle. Entonces comienzas a vivir un pequeño infierno culpándote permanentemente de aquello que el Señor ya te ha perdonado. De acuerdo, es una trampa, pero: ¿No se te ha ocurrido pensar que no tienes la menor entidad para atreverte a poner en duda algo que Dios ya decidió?


 

7/20/2013

Ilimitados

En la mayoría de las iglesias cristianas se enseña, (con buen tino), que no podemos ir a las reuniones y cultos sólo con la intención de pedir, pedir y pedir. Que está muy bien que pidamos, pero que está mucho mejor que agradezcamos por todo lo que hemos recibido, y también por lo que NO hemos recibido, ya que si Dios lo ha dispuesto así es porque seguramente es lo mejor para nosotros, aunque hoy no lo veamos. 

Sin embargo, también cometemos muchos errores por inmadurez a la hora de pedir; pedimos conforme a lo que nosotros estimamos que Dios podría hacer y no de acuerdo con el auténtico y verdadero poder de Dios. Dios tiene tanto que quiere darte a ti. Su deseo es abrir las ventanas del cielo, y derramar sobre usted bendición, que no habrá espacio suficiente para recibirla (ver Malaquías 3:10). 

El está en un almacén lleno, diciendo, “Yo soy un Dios dador, amoroso – pero muy pocos recibirán de mi. ¡No me dejan que yo sea Dios para ellos! Por supuesto, debemos agradecer a Dios por todo lo que él ya ha hecho y nos ha dado. ¡Pero no debemos estar satisfechos con lo que creemos que es mucho! Muchos Cristianos están satisfechos con sentarse en la iglesia y ser bendecidos por la presencia de Dios. ¡Tales personas son tan solo “esponjas satisfechas”! 

Ellos absorben todo – pero limitan a Dios en sus vidas, cuando él quiere ungirlos para el servicio o el ministerio. ¿Acaso tú eres una de esas personas que se cree muy poca cosa como para ser parte del Reino de Dios? ¿Sí, eh? ¿Y crees que pensando así eres humilde y muy siervo? Déjame decirte algo: ¡No te atrevas a llamar poca cosa lo que Dios dijo que era imagen y semejanza Suya!  Cuando los discípulos se maravillaron de los milagros de Cristo, Jesús respondió, “¡Dios tiene mayores cosas que vosotros haréis!” 

La mayoría de nosotros somos como los discípulos. Vemos un milagro, y estamos satisfechos por hablar de eso el resto de nuestras vidas. Pero si realmente hemos conocido a Dios y le permitimos que sea nuestro Dios, le pediríamos mucho más: Nosotros haríamos que nuestras oraciones alcancen los cielos por fe, creyendo que Dios derribará a los líderes impíos en los gobiernos locales, estatales y todas las agencias gubernamentales. ¡Derribaríamos fortalezas y principados, como Dios dijo! 

Le creeríamos a Dios que nos va a ayudar a saturar nuestra ciudad con el evangelio de Jesús. Nos levantaríamos en fe contra cualquier arma forjada contra nosotros, y derribaríamos fortalezas satánicas en nuestras familias e iglesias. Nuestra visión sería ilimitada. ¡Le creeríamos a Dios por cosas aun más grandes para su Reino! Ahora ya lo sabes, no tienes excusa. El asunto principal no es la calidad del poder de Dios; el asunto básico es la calidad de poder que tú crees que Dios tiene.


 

7/16/2013

Identidad

Hace algunos años, en mi país solía decirse vulgarmente un refrán que tenía que ver con la política, más concretamente con los tiempos previos a las elecciones. Se decía de alguien que mentía, que era: “Más mentiroso que político en campaña”. Eso significaba que los políticos, durante la campaña, daban a conocer propuestas y proyectos que luego, si lograban hacerse con los votos y vencer, olvidaban olímpicamente como si jamás lo hubieran dicho. 

Hoy los tiempos han cambiado y ya no existen propuestas ni proyectos, sólo las ácidas y enconadas críticas los unos para con los otros, lo que está demostrando que si bien ya no se los puede acusar de mentirosos, ahora se los puede rotular como otra clase de gente, y no precisamente como para utilizar de modelo. 

El cristiano no puede ni debe ser como un político. No debe andar de campaña, hacer propuestas, comentar proyectos y, mucho menos, vivir criticando a otros cristianos. El cristiano para llegar a ser más que vencedor, simplemente tiene que tener clara su identidad, saber quién es en Cristo. Y no es poca cosa, créeme. 

La Gloria de Dios y la dignidad de su Hijo están involucrados en cómo El trata con nosotros. Es por eso que todo lo que posiblemente pudiese obstaculizar nuestra eterna bendición, ha sido desechado de tal manera que la gloria divina esté segura y que se provea una respuesta triunfante a cada alegato del enemigo.  

¿Se trata de transgresiones? Él ha perdonado nuestras transgresiones. ¿Se trata de pecado? Él ha condenado al pecado en la cruz, quitándolo así. ¿Se trata de culpa? Ha sido cancelada por la sangre de la cruz. ¿Se trata de muerte? Él le ha quitado su aguijón y actualmente la ha hecho parte de nuestra propiedad. ¿Se trata de Satanás? Él lo ha destruido anulando todo su poder. ¿Se trata del mundo? Él nos ha librado y ha roto toda cadena que nos tenía conectados con el mundo.

 Así que, amado hermano o hermana, esto permanece con nosotros si vamos a ser enseñados por las Escrituras, si vamos a confiar en su palabra, si vamos a creer en lo que Él dice – y podemos añadir, que de no ser así, estamos en nuestros pecados, bajo el poder del pecado, en las manos de Satanás, detestables a muerte, parte de un mundo sin Cristo, sin Dios y expuestos a la ira incesante de Dios – la venganza de un fuego eterno.

  Oh, que el bendito Espíritu abra los ojos del pueblo de Dios y les permita ver su lugar apropiado, su completa y eterna libertad en asociación con Cristo, el cual murió por ellos y por el cual ellos han muerto y así han sido sacados del poder de todos sus enemigos.

7/14/2013

Libertad

Jesús dijo, El que me ha visto a mí ha visto al Padre (Juan 14:9). Y esto es sumamente importante y va más allá de una clase de teología. ¿Qué conoces de Jesús? ¿Quién te presentó a Jesús? ¿Cómo te lo han mostrado? No debemos ver a Jesús como lo enseñan los hombres, sino como el Espíritu lo revela a nosotros – ¡como Dios quiere que lo conozcamos y lo veamos! Tenemos que adquirir la visión de Dios y el testimonio de Cristo – ¡Entonces conoceremos a Dios como él desea ser conocido! Yo creo que Dios quiere que nosotros veamos a su Hijo así: Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación (Santiago 1:17). ¡Jesús era un regalo! Dios envolvió todos sus atributos en Jesús – ha dado a su Hijo unigénito… (Juan 3:16). ¡Cristo es el don perfecto de Dios para nosotros, que vino enviado por el Padre! ¿Ves tú a Jesús como el regalo perfecto de Dios para ti? ¿Lo ves a él como todo lo que tú necesitas para vivir gozosamente, victoriosamente, en justicia, lleno de paz y descanso? Muchos siglos atrás, antes de que tú fueses creado, Dios vio cuáles serían tus penas y necesidades. Él sabía con anticipación lo que tú necesitarías para resolver tus problemas. El no envolvió sus respuestas y te las envió a en un libro de reglas ni como un ejército de “soldados con respuestas”. No – él nos dio a todos nosotros una solución a todas nuestras crisis y necesidades – un Hombre, un Camino, una Respuesta a todo lo que necesitamos: ¡Jesucristo! Dios te dice hoy, “¡Yo no quiero que vivas para el mañana! Mirarás y verás que hoy día pudo haber sido el mejor tiempo de tu vida. Jesús no podrá ser mejor ni más fuerte para ti de lo que él es ahora mismo. ¿Por qué no dejas que hoy día yo sea tu Dios?” Curioso; suenan como palabras hechas y armadas, pero créeme que el Espíritu Santo está detrás de todo esto, hablando para ti y para tu vida hoy mismo, en el marco de lo que quieras que estés viviendo. ¿Qué harás? Quiero que sepas que cuentas con mi apoyo. Sólo hazlo.


 

7/09/2013

¿Independencia?

Hoy, en mi país, se celebra el Día de la Independencia. En este caso, la recordación, que como todas las de su estilo siempre estará sujeta a los vaivenes ideológicos de la historia y a quienes la escriban, se relaciona con la decisión tomada allá por el año 1816 por parte de un grupo entre los cuales había muy pocos nativos de este suelo, de independizarse materialmente de los reyes de España. 
Las fiestas escolares y gubernamentales siempre han hecho hincapié en esa palabra: Independencia, y la han elevado casi al grado superlativo de lo incomparable. Curiosamente, estas fiestas también suelen celebrarse dentro de las congregaciones cristianas, lo cual no sería negativo ni censurable si lo miramos desde lo cortés y respetuoso, ya que habitamos legalmente esta querida tierra nuestra. 
Sin embargo, desde lo espiritual, nunca una celebración podría estar tan contrapuesta con nuestro auténtico sentir de creyentes. Porque nosotros los hijos de Dios por adopción podemos ser lo que tú quieras o te parezca, pero jamás independientes. Muy por el contrario, dependemos a pleno de Jesucristo el Señor y jamás podremos avanzar un solo paso si no tenemos a esa dependencia bien clara y establecida en nuestras vidas. Esto implica conceptos muy claro y pleno ejercicio y respeto de ellos. 
Por ejemplo: para que una persona ocupada consigo mismo disfrute una paz duradera, deberá desistir de sí mismo y obedecer la Palabra de Dios, y descansar en lo precioso y eterno que está escrito sin cuestionar nada. La Palabra de Dios nunca cambia. Yo cambio; mi enfoque, mis sentimientos, mi experiencia, mis circunstancias cambian continuamente, pero la Palabra de Dios es la misma ayer y hoy y por los siglos. Es un punto grande y esencial cuando el alma capta que Cristo es lo único que define el lugar del creyente ante Dios. Esto da inmenso poder, libertad y bendición. 
Pues como él es, así somos nosotros en este mundo (1 Juan 4:17). ¡Esto es algo perfectamente maravilloso! Considerémoslo; pensemos en un pobre despreciable, culpable esclavo del pecado, un siervo de Satanás, mundano, expuesto al infierno eterno – tal individuo tomado por la gracia soberana y liberado completamente de las garras de Satanás, del dominio del pecado, del poder del diablo – perdonado, lavado, justificado, habiéndose acercado a Dios, aceptado en Cristo y perfectamente y por siempre identificado con Él para que el Espíritu Santo pueda decir, “¡Como Cristo es, así es él en este mundo!”  
Todo esto parece ser demasiado bueno para ser verdad. Y más que seguro, es demasiado bueno para que lo comprendamos. Pero bendito sea el Dios de toda gracia y bendito sea el Cristo de Dios, que no es demasiado bueno para que Él nos lo dé. Dios da como Él es. Él siempre será Dios, a pesar de que no somos merecedores, y a pesar de la oposición de Satanás. Él actuará de una manera merecedora de Él mismo y del Hijo de Su amor. 
Celebra la independencia de tu país cuando sea tu fecha; hazlo por el respeto cordial de ciudadano moralmente correcto, porque vives allí y por amor hacia tus semejantes. Pero jamás celebres ninguna independencia en tu vida. Tú eres de Cristo. Y solamente dependiendo de Él accederás a la libertad total tan amada y ansiada. Aunque parezca un contrasentido.




7/07/2013

Amor

Ayer dialogaba con gente amiga no creyente, y el tema central en un momento dado fue el del amor. Es increíble como las personas, cualquiera sea su edad o condición social, relaciona esta palabra inevitablemente con la relación de pareja, cosa que no está mal ni mucho menos, pero que dista bastante de referirse a la clase de amor del cual hablamos, (O deberíamos hablar) los creyentes. 
Por ejemplo, Pablo dijo acerca del amor de Dios: El amor de Dios sobrepasa todo conocimiento. Es amplio, ancho, alto y profundo. Quiero enfocarme en esta profundidad de Su amor. “Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cual sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros”. 
Recientemente, he estado recibiendo mensajes de cristianos que se habían apartado de Dios, pero que enterados de muchas cosas que en sus iglesias jamás le habían enseñado, ahora están volviendo a su primer amor. Uno de ellos escribió, “Yo había sido perdonado; amaba al Señor. Pero viví muchos años con un terrible pecado. Ahora he regresado a Dios, pero no puedo aceptar mi perdón. Yo temo que Dios no puede perdonar los terribles pecados que he cometido, los cuales no puedo ni mencionar. No tengo paz. No puedo sentir la presencia de Dios.” Otro escribió, “He cometido horribles pecados. Quiero retornar a Jesús pero siento que Dios me desprecia. He pecado en contra de la luz. Temo que no seré perdonado. Soy uno de los peores pecadores.” 
Los que se han apartado de Dios están siendo conmovidos. Muchos están regresando. Están cansados de caer en las drogas, el alcohol, la lujuria; están cansados del mundo, y también de la religión vacía, hueca, ritualista y hasta humanista que se propone en los diferentes credos habilitados. Yo escucho lo siguiente, “He caído tan profundo en la inmoralidad, tan profundo en terribles pecados”. Es como si creyeran que Dios tiene una línea – un límite en su amor y misericordia – como si hubiese un punto en el cual Él diga, “Me has provocado por demás. Has rechazado todas mis peticiones – todas mis advertencias. Y ahora has cruzado la raya. Tu corazón está frío. Satanás ahora tiene un bastión en tu corazón.” Yo creo que muchos de los que se han apartado de Dios están demasiado avergonzados o demasiado convencidos de que han perdido su día de gracia por pecar tanto. No pueden concebir que el Señor los rescate de las profundidades de su condición pecaminosa con amor y misericordia.  
Jonás pecó grandemente, huyendo de la comisión de Dios. Por su desobediencia, la sangre de muchos estaría en sus manos. En el vientre de la ballena, Dios estaba allí en lo más recóndito de la profundidad de su pecado y rebelión. Jonás creyó que Dios lo había abandonado por su pecado. “Me echaste a lo profundo…desechado soy de delante de tus ojos…las aguas me envolvieron hasta el alma…me cercó el abismo…mi alma desfallecía en mí” (Jonás 2:3-7). Fue cuando él cayó - hasta lo profundo – que él recibió un toque fresco, un llamado especial. Él fue perdonado y librado. Esto prueba que el Espíritu Santo trabaja en lo profundo de nuestro pecado. Ninguno está demasiado lejos para ser alcanzado por Dios; ninguno es desechado. El Espíritu Santo está tratando con muchos, diciendo, “Arrepiéntete. Estoy en lo profundo de tu situación para traerte de vuelta.” 
Nada puede separarnos del amor de Dios. ¡Nada! “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro o espada? Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni principados ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Romanos 8:35, 37-39). La sangre de Jesús nos alcanza en las profundidades del pecado, ofreciéndonos libertad, perdón, misericordia y reconciliación con el Padre. No importa cuán profundamente usted haya caído, el amor y el perdón van más profundos. ¡Qué grandes son las profundidades de Su amor!