10/31/2012

Mandato


He conocido a muchos supuestos cristianos que, con un mal disimulado orgullo, se muestran como personas muy “especiales” por haber tomado la decisión de seguir a Jesucristo. Ellos ignoran, -o deciden ignorar-, que no hemos sido nosotros los que elegimos seguir a Cristo, sino Él quien se ha dignado a llamarnos. Nuestro máximo mérito, siempre, será apenas ser suficientemente obedientes como para ser útiles al Reino. El apóstol Pablo dice que Dios Él nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos (2 Timoteo 1:9). Cada persona que está “en Cristo” es llamada por el Señor. Y todos tenemos el mismo mandato: escuchar la voz de Dios, proclamar su Palabra, nunca temer a los hombres, y confiar en Dios cuando enfrentamos cualquier prueba concebible. Verdaderamente, Dios hizo esta promesa al profeta Jeremías cuando él lo llamó. Como Jeremías, nosotros no necesitamos tener un mensaje preparado para hablarle al mundo. Él ha prometido llenar nuestras bocas con su Palabra, en el momento exacto que sea necesario. Pero eso sucederá sólo si confiamos en él. Pablo nos dice que muchos son designados como predicadores, maestros y apóstoles, y que todos van a sufrir por esa razón. Él se contaba entre ellos: De este evangelio yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles, por lo cual asimismo padezco esto (2 Timoteo 1:11-12). Él estaba diciendo, “Dios me ha dado un trabajo santo para hacer. Y porque tengo ese llamado, voy a sufrir.” Las escrituras muestran que Pablo fue probado como pocos ministros lo han sido. Satanás trató de matarlo una y otra vez. La multitud que decía llamarse religiosa lo rechazó y ridiculizó. A veces también aquellos que lo respaldaron, lo dejaron abusado y abandonado. Pero Pablo nunca estuvo confundido delante de los hombres. El nunca desmayó ni fue avergonzado ante el mundo. Y Pablo tampoco se abatió. En cada ocasión, él tenía una palabra ungida para hablar de parte de Dios, cada vez que fuese necesario. El hecho es que, Pablo simplemente no podía ser sacudido. El nunca perdió su confianza en el Señor. En lugar de eso, él testificó, Porque yo sé a quién he creído y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito para aquél día (2 Timoteo 1:12). Él está diciendo, “Yo he comprometido
mi vida totalmente a la fidelidad de Dios. Ya sea que yo viva o que muera, soy de él.”
Y él animó a Timoteo su joven encargado a hacer lo mismo: Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y el amor que es en Cristo Jesús” (1:13).


10/29/2012

Carácter


Repasa por un momento tu vida. ¿Has recibido en alguna ocasión un milagro sobrenatural de Dios que bendijo enormemente tu existencia? Quizás no, pero sabes que hay muchos que sí. Me pregunto por qué toda esa gente que ha sido muy bendecida ayer, no pueden creer hoy mismo que Dios pueda volver a hacerlo. ¿Es tan fuerte el espíritu de incredulidad? ¿No es asombroso que los hijos de Israel creyeron que Dios podía sacarlos de Egipto, pero no podían creer que él los podía introducir a la Tierra Prometida? Ellos habían sobrevivido a diez plagas sobrenaturales. Ellos miraron con horror cómo la muerte tomó a los hijos primogénitos en Egipto, pero que ninguno de ellos murieron. Ellos fueron testigos de la increíble visión de un mar apilándose a ambos lados para abrir un camino seco que lo atravesaba – ¡y ellos caminaron a través del mar! Luego ellos miraron con asombro cómo el mar cayó sobre Faraón y su ejército, ahogándolos. Así salvó Jehová aquél día a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar…el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová (Éxodo 14:30-31). ¡Cuán excitado estaba Israel! ¡Ahora estaban a salvo! La vida antigua se había ido y la nueva vida era de ellos. Ellos danzaron de alegría, llenos con la anticipación de una nueva y gloriosa vida en una tierra de belleza y descanso. Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, en el lugar donde has preparado, oh Jehová tu morada” (Éxodo 15:17). ¡Sólo seis semanas después, la gente estaba abatida en el pozo de la desesperación! Estaban miserables, preocupados, temerosos y quejumbrosos. Se habían olvidado del poder milagroso de Dios. A los quince días del segundo mes después de su salida de la tierra de Egipto…toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés…Ojalá hubiéramos muerto a manos de Jehová en la tierra de Egipto… (Éxodo 16:1-3). Durante los meses siguientes, estas mismas personas dudaron de Dios diez veces diferentes. Jesús dijo, No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el Reino (Lucas 12:32). ¿Dios quiere darme un reino? ¿Dónde está? El reino de Dios no vendrá con advertencia [visible]…porque el reino de Dios está entre vosotros (Lucas 17:20,21). Es algo que tú posees en tu hombre interior. ¡Es una vida liberada! Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17). ¿Entiendes lo que he querido decir con este pequeño relato? Que si deseas verdaderamente ser un hombre o una mujer de Reino, indudablemente tendrás que poseer un carácter acorde, que de ninguna manera se parece a ese carácter religioso que atesoraste durante tantos años. Y no fuiste el único o la única, créemelo; por algo te lo estoy diciendo.


10/28/2012

Hijo


Voy a suponer que conoces la historia, porque no me da el espacio para relatarla. Un joven tomó la porción de su herencia que le dio su padre, y la derrochó viviendo descontroladamente. Terminó sin dinero, con su salud y espíritu arruinado; y en su momento más bajo, él decidió volver a su padre. Las escrituras nos dicen, Entonces se levantó y fue a su padre. Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y fue movido a misericordia, y corrió y se echó sobre su cuello y lo besó (Lucas 15:20). Nota que nada impidió el perdón del padre hacia este joven. Este muchacho no tenía que hacer nada – ni siquiera confesar sus pecados – porque el padre ya había hecho provisión para la reconciliación. Verdaderamente, todo ocurrió por iniciativa del padre; él corrió hacia su hijo y lo abrazó tan pronto que vio al muchacho venir por el camino. La verdad es, que el perdón nunca es un problema para un padre que ama. De igual manera, nunca es un problema con nuestro Padre celestial cuando él ve un hijo arrepentido. Así que el perdón no es el tema en esta parábola. De hecho, Jesús pone bien en claro que no era suficiente para éste pródigo ser sólo perdonado. El padre no abrazó a su hijo sólo para perdonarlo y dejarlo que siga su camino. No, ese padre anhelaba mucho más que tan solo la restauración de su hijo. Él quería la compañía de su hijo, su presencia, su comunión. Aunque el hijo pródigo fue perdonado y favorecido una vez más, él todavía no se había acomodado en la casa del padre. Sólo después de hacerlo estaría satisfecho el padre, su gozo se realizaría una vez que su hijo fuese traído a su compañía. Ese es el tema en ésta parábola. Aquí la historia se vuelve muy interesante. El hijo claramente no estaba tranquilo con el perdón del padre. Por eso él titubeó a entrar a la casa del padre. Él dijo en esencia, “Si supieras lo que he hecho, todas las cosas malas y sucias. He pecado contra Dios y contra tu amor y tu gracia. Ya no merezco tu amor. Tienes todo derecho a echarme.” Nota lo que el padre le responde a su hijo. Él no dice ninguna palabra de reproche. No se refiere a lo que el pródigo ha hecho, no hace mención de su rebelión, su insensatez, su derroche, ni de su bancarrota. Es más, el padre ni siquiera se da por entendido del atento de su hijo de quedarse afuera, inmerecido. ¡El ignoró todo esto! ¿Por qué? A los ojos del padre, el joven antiguo estaba muerto. Ese hijo estaba completamente fuera de su mente. Ahora, a los ojos del padre, este hijo que había retornado era un hombre nuevo. Y su pasado nunca más sería recordado. El padre estaba diciendo, “En cuanto a mí me concierne, tu viejo yo está muerto. Ahora, camina conmigo como un hombre nuevo. No hay necesidad de que vivas bajo culpa. El problema del pecado ha sido resuelto. Ahora, entra confiadamente a mi presencia y disfruta de mi misericordia y gracia”. Sí, ya sé que por ahí piensas: “¡Una más sobre el hijo pródigo!” Sí; una más, pero… ¿No habrá sido de bendición para tu vida, justamente que hoy yo te la repita?

10/26/2012

Libertad


Muchos siglos antes de que Jesús naciera, Isaías profetizó que Dios enviaría un
liberador el cual libraría a toda la humanidad. Jesús mismo se puso de pié en una sinagoga un sábado y recordó al mundo de ésta profecía. Dicho sea de paso, me pregunto qué rostro hubieran puesto unos cuantos hermanos que conozco si alguien se hubiera plantado en el púlpito en una de sus reuniones y hubiera dicho lo que Jesús dijo en ese día.  Y habiendo abierto el libro [Jesús], halló el lugar donde está escrito [por Isaías]: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos…Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros (Lucas 4:17-21). Jesús le estaba diciendo a todo el mundo, “Mi misión en la tierra es liberar cada vida oprimida.” Liberar significa poner en libertad a todos los presos; soltar a todos los que están esclavizados; quitar todo lo que oprime. Si tú crees que Cristo está diciendo la verdad, entonces tú debes creer que él está diciéndote a ti y a mí, “Yo he sido enviado a liberar tu vida, a soltarte de todas tus opresiones y esclavitudes. He venido a poner a tu espíritu en libertad.” Pablo también predicó que Cristo vino a llamar a cada creyente a una vida liberada. Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud (Gálatas 5:1). Pablo predicó acerca de la libertad gloriosa de los hijos de Dios (Romanos 8:21). Si Cristo vino a liberarnos de una vida miserable, ¿por qué seguimos viviendo de la misma manera miserable? Pensamos que una vida totalmente libre de temores y culpas es demasiado increíble. No podemos imaginarnos una vida con 24 horas al día de paz y descanso – una vida sin la carga pesada de la condenación o depresión – una vida en la presencia de un Salvador amoroso, tierno, cuidadoso de todas nuestras necesidades. Esto tal vez parezca demasiado bueno para ser verdad, pero ésta es exactamente la clase de vida liberada que Cristo quiere que cada uno de sus hijos disfrute. No sólo unos cuantos de sus hijos – ¡sino todos! ¡Esta vida no es sólo para aquellos que logran abrir algún “código teológico”, sino que es para todos aquellos que simplemente confían en que Jesús la da! Quizás, hoy, el error sea entender que cuando dice que Él vino a liberar a los cautivos, se interprete eso como que se trata de liberarnos del pecado y de los ataques del diablo, cosa que es cierta y genuina. Porque no es lo único, hay algo más, y créeme que no es poca cosa. De uno de los mayores cautiverios que Jesús vino a liberarnos, es del de la esclavitud a la religión. ¿Eres libre de ella? ¿Puedes expresar y sentir al Señor con toda libertad o debes reprimirte por causa de doctrinas, estatutos u ordenanzas domésticas? Piénsalo.


10/24/2012

Pruebas


Me pregunto si en este día, algunos de los que habitualmente ingresan  a este espacio a compartir los escritos, estarán sintiéndose doblegados por algún problema de esos que en apariencia, se muestran cómo sin solución. Para quienes estén atribulados
emocional e intelectualmente bajo una carga demasiado pesada para soportar, tendrán que ser estas palabras. Los demás, podrán colaborar con oración. Las promesas de Dios parecen no estar funcionando para ti y tu familia. Has tratado de agradar a Dios, oras – verdaderamente amas a Dios – pero ahora te encuentras al borde de tus fuerzas y resistencia. Tus pruebas aumentan mientras tú te aferras a tu fe. Parece que Dios está silencioso contigo. Es importante que sepas, entonces, que de ninguna manera estás solo o sola. Multitudes de personas fieles y sinceras están sufriendo de la misma manera y Satanás les susurra – ¡la Palabra de Dios no es verdad! Sabemos que es el devorador el que habla. No le tenga temor a los poderes del infierno. Ve a Job 19 – lee todo el capítulo. Job dijo Yo grito…pero no se me oye…Dios ha cercado con valla mi camino…y sobre mis veredas ha tendido tinieblas…por todos lados me ha arruinado…y me tiene por uno de sus enemigos… (19:7-11). En medio de un ataque satánico – Job clama – Pero yo sé que mi Redentor vive, y que al fin se levantará sobre el polvo, y que después de
deshecha ésta mi piel, en mi carne he de ver a Dios. Lo veré por mí mismo;
mis ojos lo verán… (19:25-27).
Dios dijo, Efraín es dado a los ídolos, ¡déjalo! (Oseas 4:17). Sin aflicciones, sin pruebas para esa tribu. Pero tú no estás dado a los ídolos. Tú todavía eres la niña del ojo de Dios. Dios ve en ti algo con lo que vale la pena seguir trabajando. Dios disciplina a los que ama. No es placentero, y duele – pero es el Padre que nos está salvando para su propia gloria que será revelada en los años venideros. Él nunca te ha amado más que ahora mismo. Anímate – Dios todavía sigue hablándote. No importa de qué dimensión o calidad son tus problemas, ¿Tú le has entregado tu vida a Jesucristo o fue solamente algo que dijiste para cumplir con un rito? Piénsalo. Si fue esto último, entonces vas a tener que repetir el trámite. Porque yo soy enviado a decirte que si estás verdaderamente entregado a Jesucristo, Él está en control de toda tu vida y nada, absolutamente nada de lo que te ocurre es ignorado ni despreciado. Pero eso es si, -reitero- realmente le has entregado tu vida. Si por el contrario, todavía insistes en conducirla tú mismo con tu propia sabiduría, entonces mucho me temo que estás peleando una batalla desigual. Estás a tiempo, comienza ahora, conviértete de verdad. 
 

10/22/2012

Actitud


Haz por un momento un ejercicio de imaginación y ficción. Suponte que uno de tus hijos, (Suponiendo que los tengas), ha caído en una trampa para osos en la selva y
se encuentra herido y sangrando, gritando por ayuda. Como padre de él, ¿Te detienes a analizar la calidad de su fe? ¿Te preguntas, “Tiene mi hijo suficiente fe en mí para confiar que iré a su rescate?” ¡No! ¡Mil veces no! Tú corres hacia tu hijo – sin preguntas – sin incluir la fe – porque estás motivado por el amor de un padre hacia su hijo herido. La fe de él no te motivará. No es nada de lo que él hace; es simplemente tu amor por él. ¿Qué clase de padre terrenal dejaría a su hijo sangrando y herido en una selva remota simplemente porque el hijo no demuestra en su voz alguna clase de fe en su padre? Y Dios no dejará que ninguno de sus hijos sufra solo. Él nunca cerrará sus oídos a su llanto simplemente porque su fe es débil. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo (2 Timoteo 2:13). Mi fe, tu fe, toda fe debe descansar en la misericordia y preocupación de nuestro Padre celestial por nosotros. Se nos ordena gloriarnos en el amor y en la eterna bondad de nuestro Padre. Si alguien ha de gloriarse, que se gloríe en conocerme y de comprender que yo soy el Señor, que actúo en la tierra con amor, con derecho y justicia, pues es lo que a mí me agrada… (Jeremías 9:24 ). Dios ama tanto a sus hijos, que él escucha antes de que lo llamen, como la madre que anticipa el llanto de su bebé. Por esa razón David oró, Oye mi voz conforme a tu misericordia; Jehová vivifícame conforme a tu justicia (Salmo 119:149). Él me ama y viene a mi rescate cuando mi fe es débil, cuando no merezco ninguna respuesta de él, todo debido a su ternura y bondad. Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira y grande en misericordia (Salmo 103:8). La paz más grande ha inundado mi alma desde que me he convencido de que Dios me ama. Tanto que, él vendrá a mi rescate y hará lo que es correcto en cada situación de mi vida. Fe débil o no, él todavía me ama y nada puede estorbar ese amor. Doy gracias a mi Señor porque en este día seguramente habré ayudado a que dejes de ver a ese Dios cruel, castigador, duro e implacable que quizás alguien te presentó alguna vez. Demos gracias a Él porque no es eso, sino lo que Su Palabra dice que es.

10/21/2012

Simpáticos


Cuando las iglesias estructuradas dejaron de invitarme a sus reuniones para predicar, algunos pastores con los que tenía buena relación, sintieron la obligación de argumentar sus decisiones. “Es que no cae muy bien en la gente lo que tú predicas”, me dijeron. No me sentí frustrado ni amargado en lo más mínimo. Es más, lo estaba esperando. Por lo demás, un ministerio es el acto de ministrar a Jesucristo, no de resultar simpático o antipático a un grupo de personas. Si yo busco complacer a las personas, yo simplemente no puedo ser un siervo de Cristo. Si mi corazón está motivado por la aprobación de las personas – si esa es mi manera de pensar que influencia mi forma de vivir – mis lealtades estarán divididas. Yo siempre estaré tratando de complacer a otros en lugar de complacer a Jesús. Unos pocos años después de que el apóstol Pablo fuese convertido, él fue a la iglesia de Jerusalén para tratar de juntarse con los discípulos. Pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuera discípulo (Hechos 9:26). Los apóstoles conocían la reputación de Pablo como perseguidor. Pero no me conocían personalmente las iglesias de Judea que están en Cristo, pues sólo habían oído decir: ‘Aquél que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo combatía’ (Gálatas 1:22-23). Bernabé ayudó a que los apóstoles dejaran de temer a Pablo, y lo acogieron. Pero Pablo decidió andar entre los gentiles. Verdaderamente, Pablo cuidadosamente describe su llamado muy claramente. Él dice que éste vino no por disposición de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios Padre que lo resucitó de los muertos (Gálatas 1:1). El luego añade enfáticamente: Pero os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí no es invención humana, pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo…no me apresuré a consultar con carne y sangre (1:11-12, 16). Lo que Pablo está diciendo aquí, aplica a todos los que desean tener la mente de Cristo: “Yo no tuve que leer libros o prestarme métodos de hombres para conseguir lo que tengo. Yo recibí mi mensaje, mi ministerio y mi unción estando de rodillas.” En Gálatas 1:17, Pablo señala que fui a Arabia Él está diciendo en otras palabras: “Yo no recibí mi revelación de Cristo por medio de los santos en Jerusalén. En lugar de eso, me fui a Arabia, al desierto, para que Cristo se revele a mí. Pasé tiempo precioso allí, vaciándome de mí mismo, y escuchando y siendo enseñado por el Espíritu Santo.” Pablo no era un predicador solitario, altivo y arrogante. Sabemos que tenía un corazón de siervo. Él se había vaciado de sus ambiciones, y había encontrado satisfacción total en Cristo. Cuando tu mente esté decidida a agradar a Cristo, tú nunca necesitarás el aplauso y la aprobación de los hombres. Sé perfectamente que esto que voy a decir una vez más, no siempre se entiende y no siempre cae simpático, pero lo siento, es la verdad. No me interesa si esto te agrada o te desagrada; lo que me interesa es que lo que digo, sea lo que Dios quiere que hoy diga.

10/19/2012

Lamentos


¿Quién de nosotros no ha conocido a grandes cristianos que han experimentado una prueba tan grande y profunda que la propia vida parecía no valer la pena vivirla? No son los únicos, claro está. En su propia hora oscura, Jeremías descubrió una gloriosa verdad la cual trajo nueva esperanza y seguridad a su mente. Era algo que ya conocía de Dios, pero que no tocó su alma hasta que él llegó al final de sus límites. Él descubrió que en el mismo fondo donde había caído, ¡Dios estaba ahí! Mientras más profundo él caía, más de Dios él descubría. Dios no estaba para ser descubierto allí arriba en cielos tranquilos, sino en las sombras de pena y desesperación. Cuando Jeremías cayó al fondo, ¡Él se tropezó con Dios! Él cayó fuertemente contra la fidelidad de un Dios misericordioso. Esto él descubrió: Dios es un Dios de misericordia…sus misericordias no pueden decaer…son nuevas cada mañana…grande es su fidelidad… (Lamentaciones 3:22-23). Poco a poco Jeremías llegó a darse cuenta de grandes verdades las cuales sólo pueden ser descubiertas por aquéllos que están abatidos. 1. Cuando estoy en mi punto más bajo; cuando los problemas fluyen sobre mi corazón como agua, y yo digo, Muerto soy, Dios se me acerca y susurra, ¡No temas!” (Lamentaciones 3:54-57). 2. Cuando Dios parece haberse “cubierto con una nube para que no pasase la oración, él todavía ve mi agravio y “defiende mi causa (Lamentaciones 3:44, 59). 3. Si el Señor permite pena y aflicción, él también me sostiene con abundante compasión y amor. 4. Dios no está en contra mía, tratando de aplastarme bajo su pié cuando estoy abatido como un prisionero en problemas.  5. Dios no está tratando de sabotear ninguno de mis planes; él no está causando mi confusión; él no está trabajando en contra mía. 6. Aún en mi desesperación y amargura, cuando yo odio enfrentar un nuevo día, sus misericordias no decaen. Sus misericordias estaban esperándome, nuevas cada mañana. 7. Porque Dios es siempre fiel, él no me desechará. Él me hará el bien y me
salvará. 8. ¡Cuando estoy en lo más profundo, y no tengo a nadie más a quién buscar, levantaré mi corazón y mis manos, y le agradeceré por su fidelidad! 9. Habiendo estado abatido, he gastado mi fuerza y esperanza. ¡Estoy vacío y humillado, así que ahora dependo totalmente de sus misericordias! Si es tu época de lamentos, no te lamentes. Busca las Lamentaciones de alguien que dejó mucho para aprender y usar como herramienta de victoria.
 


10/17/2012

¡Aborrece!


El que ama su vida, la perderá, y el que aborrece su vida en este mundo,
para vida eterna la guardará (Juan 12:25).
¿Cuántas veces habré leído este texto sin entenderlo y hasta suponiendo que había un Dios de cierta crueldad por allí esperándonos con una paleta caza-moscas para desparramarnos en cuanto cometiéramos un mínimo error? Sin embargo, la llave para una vida abundante está aquí mismo en esta declaración que parece confusa e insignificante. ¡Este es el desafío de Jesús a nuestro pequeño mundo! Entendiendo lo que él quiere decir aquí es la puerta hacia una revelación que da vida. Jesús también dijo, granjeándose la antipatía de unos cuantos: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aún también su propia vida, no puede ser mi discípulo (Lucas 14:26). Ciertamente Cristo no se refiere a aborrecer en los términos clásicos de interpretación del diccionario: abominar o detestar; aversión o rechazo. La Palabra de Dios dice, Todo aquél que aborrece a su hermano es homicida… (1 Juan 3:15). Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas (Colosenses 3:19). No es la vida lo que se debe de odiar, porque la vida es un regalo de Dios. No es a las personas que debemos odiar; eso va en contra de las escrituras. Debemos aprender a odiar la manera en que estamos viviendo la vida. Debemos de odiar lo que nuestra preocupación por la familia y los seres queridos nos está haciendo. ¿Está tu vida toda empaquetada en sólo tus hijos, esposo, esposa, o padres? ¿Están todas tus alegrías y problemas limitados a este pequeño círculo? Dios nos está simplemente llamando a que ensanchemos nuestro círculo de vida. La vida debe de ser más que sólo cortinas, cuentas, el colegio de los niños, el bienestar de los padres, relaciones de familia. ¡Marta estaba adicta a una vida trivial, pero María quería crecer! María quería expandir sus horizontes – y Jesús aprobó el acercamiento de María hacia la vida. Tú no puedes crecer hasta que odies tu inmadurez actual. Tú no tienes que abandonar tus deberes y obligaciones hacia tu familia y amigos, pero tú puedes llegar a envolverte tanto con tus deberes que tu crecimiento será impedido. Un día tú debes de despertar. Un enojo santo, un aborrecimiento santo, debe de levantarse en tu alma, y tú debes clamar, “¡Oh Dios! Odio lo que he llegado a ser. Odio mis berrinches. Odio lo irritable que soy a veces. Odio mis caprichos. Odio lo pequeño en que me he convertido. ¡Lo odio! ¡Lo odio! ¡Lo odio!” Tú debes de odiar tanto tu vida presente, que tú clamas a Dios, Señor, ¡Trasládame a tu glorioso reino de poder y victoria! (Ver Colosenses 1:13). Y quedará más que claro que no le estás pidiendo que te mate, obviamente.


10/15/2012

Confesar


“¿Así que vas a una iglesia? ¿Cómo no nos dijiste nada? – Esta pregunta pudo haber sido hecha en cualquier oficina o taller de cualquier lugar del mundo a cualquier hombre avergonzado por la situación, que en un hilo de voz atina a responder: “Y…voy a veces, no siempre…” – Los feroces compañeros no cejan: “¿Pero eres cristiano o no?” – El hombre asiente levemente y murmura: “Y…sí, un poquito…” Vergüenza de confesar a Cristo con incrédulos que comparten contigo diariamente trabajo, escuela o lo que sea. ¿Nunca viste algo así? A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también lo confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10:32-33). La palabra Griega “confesar” en este pasaje significa pacto, asentir o acuerdo. Jesús está hablando de un acuerdo que tenemos con él. Nuestra parte es confesarlo a él, o representarlo, en nuestro vivir diario. Es vivir por sus promesas de protección y cuidado personal para nosotros. Y testificar de sus maravillosas bendiciones por la manera en que vivimos. Confesar a Cristo significa más que creer en su divinidad. Es más que declarar que él es el Hijo de Dios, crucificado, sepultado, resucitado y sentado a la derecha del Padre. La Biblia dice que aun los demonios creen eso y tiemblan con este conocimiento. Así que ¿qué es lo que Jesús quiere decir cuando dice que lo confesemos delante de los hombres? “A cualquiera, pues, que me confiese…” (10:32 itálicas mías) Al usar la palabra “pues” Jesús está diciendo en esencia, “a la luz de lo que acabo de decir…”, o “Por motivo de lo que acabo de decirles…” ¿Qué fue lo que Cristo les acababa de decir a los que lo escuchaban? Él había dicho, ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin el permiso de vuestro Padre (10:29). Jesús les estaba diciendo, “Piensen en los millones de pájaros en todo el mundo. Ahora piensen en los que existieron desde la creación. Hasta este día, ningún pájaro ha muerto o ha sido atrapado sin que vuestro Padre celestial lo sepa. Luego él especificó, Pues aun vuestros cabellos están todos contados (10:30). Cristo estaba enfatizando, “Dios es tan grande, que él está fuera de vuestra habilidad de comprender. Ustedes nunca podrán alcanzar de comprender cuán detallado es su cuidado de ustedes.” Jesús concluyó diciendo, Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos (10:31). El termina resumiendo todo al decir, A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos (10:32). Él está diciendo, “Piensen en lo que les acabo de revelar sobre el cuidado del Padre que lo ve todo y lo sabe todo. Ustedes confiesen esta verdad a todo el mundo. Ustedes vivan, respiren y testifiquen que `Dios cuida de mí. `” Cree en el amor que el Padre tiene por ti y acepta Su cuidado íntimo. Y deja a un lado todos tus temores y dudas. Vive delante de los hombres con la fe que Dios no te ha pasado de largo. Confiesa a todos, “Sus ojos están sobre el gorrión, y yo sé que él cuida de mí.”


10/14/2012

¡Descansa!


En algún momento de mi existencia, he llegado a cometer la irreverencia de suponer por un instante que Dios no podía comprender mis desdichas porque, después de todo, -yo pensaba- Dios es Dios y yo apenas un pobre hombre de pies adheridos a la tierra. Creo que debo haber pedido perdón más de una vez por causa del arrepentimiento. Evidentemente, en mis primeras épocas de cristiano (Y muchos quizás también lo hayan vivido), no conocía al Dios en el cual decía creer. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:15-16). Me reconforta en gran manera el saber que mi Salvador entiende mis sentimientos. Él se relaciona con todo lo que yo estoy sufriendo. Él verdaderamente entiende cada sentimiento y nunca me condena por sufrir ataques del enemigo. En lugar de eso, él me dice que me sujete fuerte a él y que no tema. Él me deja saber que él también está familiarizado con esa clase de lucha. Él entonces me concede una audiencia de gracia a su trono, con una promesa de misericordia y gracia en mi hora de necesidad. Ya sea que mis sentimientos negativos hayan sido el resultado de una batalla física o espiritual, nuestro Señor ofrece comodidad y ayuda cuando más lo necesitamos. ¿Qué quiere decirnos nuestro Señor con esto? Él está animando a todos sus hijos amados a dejar de angustiarse cuando estén bajo la influencia de pensamientos negativos. Ya no te acuses de fracaso y de maldad. Desesperación y miedo pueden ser causados por el pecado – pero no siempre. ¡Así que no te rindas a ser atormentado! No te acuestes a dormir hasta que te hayas encerrado con Dios, te hayas acercado al trono confiadamente, y hayas reclamado la misericordia y la ayuda que él ha prometido tan claramente. Reclama misericordia, perdón, y gracia para expulsar todos los sentimientos negativos. Esa es la fórmula de Cristo, no la mía. Habiendo proclamado victoria, habiendo usado la autoridad de su nombre, habiendo venido a él con fe para agarrarse al perdón y a las promesas, ¡resiste tu tormenta en un estado de descanso! Deja que Dios disipe los sentimientos negativos a su propio paso. …habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa (Hebreos 6:15). …por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría (Salmo 30:5). Tú puedes acostarte a dormir con esta oración en sus labios: “Oh Señor, yo rechazo estos sentimientos negativos. Yo los repudio. Yo no sé de dónde vienen ni cómo, pero yo te los encomiendo todos a ti. Dame una nueva seguridad y quita todo temor. ¡Amén! Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados (Hebreos 2:18).

10/12/2012

Guiados


Es norma casi frecuente recibir correos de hermanos sinceros que viven deseosos de cumplir con el mandato de estar dependiendo solamente del Señor para encausar sus vidas, pero que se encuentran con que no es una tarea sencilla. Entonces me escriben en la suposición que yo, como hermano más experimentado con algunos años en el evangelio, pueda darles la ruta, el método o las maneras para lograr esa dependencia sin caer en la consabida disposición carnal. Mi respuesta no siempre causa agrado, pero lamentablemente es verdadera: No hay una fórmula para vivir totalmente dependiente del Señor. Todo lo que puedo ofrecerles es lo que Dios ha estado enseñando en esta área. Él  ha mostrado dos cosas simples sobre cómo darle a él control total. Primero, debes de estar convencido de que el Señor está ansioso y deseoso de hacerte conocer su voluntad, aun en los detalles más pequeños de tu vida. Tú debes creer que el Espíritu que mora en ti conoce la voluntad de Dios para ti, y que él te guiará, te conducirá y te hablará. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad…El me glorificará, por que tomará de lo mío y os lo hará saber (Juan 16:13-14). Tal vez ahora mismo tú estás pasando alguna aflicción, tal vez el resultado de haber tomado alguna decisión apresurada. Aun así, el Señor te promete, “Tu oído interior escuchará a mi Espíritu que te dice ‘Ve por aquél camino. Has esto. No hagas aquello…’” Segundo, debemos orar con fe inamovible por poder para obedecer la dirección de Dios. Las escrituras dicen, Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor (Santiago 1:6-7). Cuando Dios nos dice que hagamos algo, necesitamos el poder para mantener el rumbo y obedecerle totalmente. Muchos han aprendido ya que Satanás y la carne siempre plantarán dudas y preguntas en nuestra mente. Y necesitamos fortaleza del cielo para no decir “sí” a cualquier situación que Jesús ha dicho “no”. Muchos de nosotros oramos, “Señor, yo sé lo que me has dicho. Pero todavía no estoy seguro si era tu voz la que me hablaba. No estoy ni seguro de ser lo suficientemente espiritual para reconocer tu voz. Por favor, ábreme o ciérrame la puerta sobre este asunto.” ¿Verdad que alguna vez has orado así? Esa no es la respuesta de fe que Dios espera de sus hijos. Tú puedes orar todo lo que quieras, por horas o aun días. Pero si tú no oras con fe – creyendo que el Espíritu Santo te guiará como Jesús lo ha prometido – nunca tendrás la mente de Cristo transmitida a ti. El espera hasta ver que tú estás comprometido a aceptar todo lo que Él dice, y a obedecerlo sin cuestionar. ¿Fácil? ¡No! ¡En absoluto! Pero mucho me temo que si alguien te predicó un evangelio fácil, ese evangelio no es el de Jesucristo.


10/10/2012

Sentimientos


¡Yo oraría más, hermano; pero no lo siento! ¡Yo leería más la Palabra, hermano, pero no lo siento! ¿Sentir? ¿Qué verbo bíblico es ese? La Biblia, a lo largo de todo su contexto, habla permanentemente de creer, pero jamás de sentir. Porque creer viene del espíritu, viene de la fe, viene de Dios mismo. Pero sentir viene de los sentimientos, de las emociones, del alma, de la naturaleza humana. Yo, por mi parte, sigo estando agradecido de que mis sentimientos no tengan significación espiritual. Estoy más
agradecido de que ellos no afectan mi salvación ni mi relación con el Señor. Cuando el enemigo viene como un torrente, tratando de ahogarme en sentimientos depresivos y pensamientos negativos, tengo la tendencia de culparme a mí mismo. Yo le digo a mi corazón, “¿Por qué estoy abatido, oh alma mía? ¿Por qué estoy repentinamente intranquilo en espíritu? ¿Por qué estoy inquieto e irritable – cuando no quiero estarlo? ¿Qué cosa malvada he cometido para merecer estos sentimientos negativos, depresivos?” ¡Mis sentimientos negativos, tristes no vienen de Dios así que no tengo que tolerarlos! Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio (2 Timoteo 1:7). Yo puedo rechazar cada sentimiento negativo porque yo sé que ninguno de ellos es de Dios. ¡Los sentimientos que nos hacen temer no son enviados del cielo, son mensajeros de las cuevas del infierno! Ellos deben ser rechazados y atados a través del poder de la oración y de la fe. Dios nos está diciendo, “Yo no les he dado esos sentimientos de temor y de duda. En lugar de eso, les he dado espíritu de amor, de poder, y de autoridad. Él nos llama a abolir esos pensamientos indeseables, llevándolos cautivos y a la obediencia a él. No nos atrevamos a permitir que nuestros sentimientos sean nuestros amos. No nos atrevamos a permitir que permanezcan y crezcan raíces de amargura y duda. Debemos ir en contra de ellos en el nombre de Cristo el Señor y derribarlos. ¡Se nos ordena que lo hagamos! Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo (2 Corintios 10:5). Cada sentimiento de abatimiento es el fruto de una semilla satánica de desconfianza. ¡Es la serpiente antigua trabajando para hacernos cuestionar la fidelidad de Dios, cuestionar el cuidado de Dios, cuestionar a Dios! Esas mentiras son la semilla de sentimientos negativos y Dios nos ordena que guerreemos contra ellas. Ahora ya lo sabes. O los cortas y echas fuera de tu vida o los sigues acariciando sin quejarte. La decisión es tuya. El poder para tu victoria es de Cristo.


10/08/2012

Protección


¿Cómo viven su fe los hermanos en este tiempo? De distintas maneras. Debo ser realista y genuino. Deploro caer en hipocresías heredadas o en voluntarismos estériles y hasta contraproducentes. Eso, obviamente, sin caer en declaraciones derrotistas que sólo le darían alabanza al enemigo. Pero debo decir que, por cada hermano que me escribe dando gloria a Dios y contándome de sus victorias y progresos, hay un alto porcentaje que lo hace para decirme que están viviendo pequeños infiernos terrenales y que, evidentemente, Dios se ha olvidado de ellos. Tengo una buena noticia en este día lunes, aunque siempre pensamos que los lunes no podían traernos jamás buenas noticias: ¡Dios no se ha olvidado de ti! Él sabe exactamente dónde estás, y por lo que estás pasando ahora mismo, y Él está monitoreando cada paso de tu camino. Pero somos como los hijos del pueblo de Israel los cuales dudaron del cuidado diario que Dios tenía de ellos, aun cuando profetas fueron enviados para entregarles maravillosas promesas del cielo. Nos olvidamos en nuestra hora de necesidad que Dios nos tiene en la palma de su mano. En lugar de recordar eso, como el pueblo de Israel, estamos temerosos de que vamos a fracasar y que seremos destruidos por el enemigo. ¿Podría ser que continuamos en nuestros dolores – continuamos viviendo en fracasos y fallas – simplemente porque realmente ya no creemos que Dios responde oraciones? ¿Somos tan culpables como los hijos de Israel en pensar que Dios nos ha abandonado y nos ha dejado para que, con nuestras astucias, solucionemos las cosas nosotros mismos? ¿Creemos realmente que Dios dijo en serio que Él actuaría a tiempo, para responder nuestra oración de fe? Jesús nos advierte que la mayoría de nosotros, aunque somos llamados y escogidos, no estaremos confiando en él cuando regrese. Algunos del pueblo de Dios ya han perdido su confianza en él. Ellos no creen en lo profundo de sus almas, que sus oraciones hacen alguna diferencia. Ellos actúan como si estuvieran completamente solos. ¡Sé honesto/a ahora! ¿Ha estado débil tu fe últimamente? ¿Te has rendido sobre ciertas cosas por las que has orado tanto? ¿Te has cansado de esperar? Tal vez tú te hayas resignado diciendo, “Parece que no puedo lograrlo. No sé lo
que está mal y por qué mi oración no es respondida. Evidentemente Dios me ha dicho que no.”
¡Dios no me ha abandonado – ni a ti tampoco! ¡Mil veces no! Él está ahora mismo esperando que nosotros creamos que él está trabajando para que todas las cosas sean para nuestro bien. ¡Así que deja de tratar de descifrarlo; deja de preocuparte; deja de dudar de tu Señor! La respuesta viene. ¡Dios no ha cerrado su oído y tú cosecharás a su debido tiempo si tú no desmayas! No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos (Gálatas 6:9).


10/07/2012

Sentir


A mí me sigue llamando poderosamente la atención, (Aunque sea repetitivo y habitual), que todavía exista mucha gente que llama al “estar en un mismo sentir”, coincidir con todo lo que se ordena o reglamenta desde un púlpito. ¿Nadie ya lee su Biblia, y comprueba que esa frase de apariencia y contenido evangélico es bien bíblica y con sustento mucho más profundo que “respetar la visión del siervo por sujeción”? Haya pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús (Filipenses 2:5). En esta exhortación el apóstol Pablo le está diciendo al pueblo de Dios, “Permitan que la mente que está en Cristo – el pensar mismo de Jesús – sea vuestro pensamiento también. Su manera de pensar es lo que todos debemos de buscar.” ¿Qué quiere decir tener la mente de Cristo? Simplemente, significa pensar y actuar como lo hizo Jesús. Significa tomar decisiones de acuerdo a Cristo que determinan nuestra manera de vivir. Quiere decir que llevemos cada facultad de nuestra mente dirigida a cómo podemos actualmente tener la mente de Cristo. Cada vez que miremos en el espejo de la Palabra de Dios, debemos de preguntarnos a nosotros mismos: “¿Lo que veo acerca de mi persona, refleja la naturaleza del pensamiento de Cristo? ¿Estoy cambiando de imagen a imagen, conformado a la semejanza de Cristo en cada experiencia que Dios trae a mi vida?” De acuerdo a Pablo, esta es la manera de pensar de Cristo: (El) se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres (Filipenses 2:7). Jesús tomó una decisión mientras todavía estaba en el cielo. El hizo un acuerdo con el Padre de dejar su gloria celestial y venir al mundo como hombre. Él iba a descender al mundo como un humilde sirviente. Y él buscaría ministrar, en lugar de ser ministrado. Para Cristo, esto significaba que él diría, “Iré a hacer tu voluntad, Padre.” Verdaderamente, Jesús determinó antes que nada “Estoy dejando a un lado mi voluntad, para hacer la tuya, Padre. Subyugo mi voluntad para poder abrazar la tuya. Todo lo que digo y hago tiene que venir de ti. Estoy dejando a un lado todo para estar totalmente dependiente de ti.” Sucesivamente, el compromiso del Padre con el Hijo era el de revelarle su voluntad a él. Dios dijo en esencia, “Mi voluntad nunca estará escondida de ti. Tú siempre sabrás lo que estoy haciendo. Tú tendrás mi mente.” Cuando Pablo audazmente declara, “Yo tengo la mente de Cristo”, él está declarando, “Yo también me he despojado a mí mismo. Como Jesús, he tomado el rol de siervo.” Y Pablo afirma que lo mismo es verdad para cada creyente. Nosotros (todos podemos) tenemos la mente de Cristo (1 Corintios 2:16). Eso es estar en un mismo sentir. Si eso coincide con lo que se te enseña, predica y propone en el lugar donde te reúnes semanalmente, gloria a Dios. Y si no coincide, no le hace; no es la Palabra de Dios la que deberá cambiar, de eso puedes estar seguro.


10/05/2012

Deseos


En mi país, por estos días, hay un activo y permanente mover político. En medio de una marcada polarización, de un lado están los que respetan, defienden y coinciden con el gobierno nacional y del otro los que lo critican y atacan. Los medios de comunicación han dejado de contar la verdad y se han enrolado de uno u otro lado, y a sueldo. Los cristianos argentinos, también. Y ambos bandos oran para que se caiga el otro bando. Curiosamente no oran para que haya paz y Jesucristo sea el triunfador principal, oran para que se desmorone la presidenta o su oposición, según sus simpatías. Obviamente, Dios no está respondiendo a ninguna de estas oraciones. Y esto me lleva a detenerme en ese drama tan particular que tanto cristianos dicen sobrellevar: el silencio divino. ¿Qué significa cuando las oraciones no son respondidas? ¿Cuándo el dolor permanece y parece que Dios no está haciendo nada en respuesta a nuestra fe? Muy a menudo Dios nos está amando supremamente en ese tiempo más que en cualquier otro. La Palabra dice, “El Señor al que ama, disciplina.” Una disciplina de amor toma precedente sobre todo acto de fe, sobre cada oración, sobre cada promesa. Lo que yo veo como dolor, podría ser su amor amándome. Podría ser su mano suave dándome unas palmadas por mi terquedad y orgullo. Tenemos fe en nuestra fe. Colocamos más énfasis en el poder de nuestras oraciones, que en conseguir que su poder esté en nosotros. Queremos entender a Dios para poder leerlo como un libro. No queremos ser sorprendidos o quedarnos perplejos, y cuando las cosas suceden contrarias al concepto que tenemos de Dios, decimos, “Ese no puede ser Dios; él no trabaja de esa manera.” Estamos tan ocupados trabajando en Dios, que nos olvidamos de que él está tratando de trabajar en nosotros. De eso se trata esta vida: Dios trabajando en nosotros, tratando de rehacernos en una vasija de gloria. Estamos tan ocupados orando para cambiar las cosas, que tenemos poco tiempo para permitir que la oración nos cambie. Dios no ha puesto la oración y la fe en nuestras manos como si fuesen dos herramientas secretas mediante las cuales un grupo selecto de “expertos” aprenden a arrancar algunas cosas de él. Dios ha dicho que él está más dispuesto a dar que recibir. ¿Por qué estamos usando la oración y la fe como “llaves” o herramientas para abrir algo que nunca estuvo cerrado? La oración no es para beneficio de Dios, sino para el nuestro. La fe no es para beneficio de él sino para el nuestro. Dios no es un bromista eterno y divino. Él no se ha rodeado de acertijos para que los hombres los descubran, como si estuviera diciendo, “el sabio se lleva el premio.” Estamos tan confundidos en este asunto de oración y fe; tenemos la audacia de pensar que Dios es nuestro “genio mágico” que cumple cada deseo nuestro. Pensamos que la fe es una manera de acorralar a Dios en sus promesas. Pensamos
que Dios está complacido por nuestros esfuerzos de ponerlo en contra de la pared y gritarle, “Señor, tú no puedes fallar en tus promesas. Yo quiero lo que me pertenece. Tú estás atado a tu Palabra. Debes hacerlo o tu Palabra no es verdadera.” Esta es la razón por la que perdemos el verdadero significado de la oración y de la fe. Vemos a Dios sólo como el dador y nosotros los que recibimos. Pero la oración y la fe son las avenidas por las cuales nos convertimos en dadores a Dios. Deben de ser usadas, no como maneras de conseguir cosas de Dios, sino como maneras de darle a él aquellas cosas con las cuales podemos complacerlo. Y no ores por nimiedades. Bendice a tus gobernantes es la orden, no que te conviertas en sus laderos o detractores. En Argentina hay pasión por el fútbol. Un día jugaban por eliminatorias mundialistas Argentina y Chile. Yo tenía en mi clase bíblica a dos chilenos. Ellos dijeron, en forma de broma, claro está, que orarían para que ganara Chile; y yo respondí, en el mismo tono, que lo haría por Argentina. Un hermano peruano que se mantenía al margen fue el más sabio de todos, cuando dijo: “Entonces, lo más probable es que empaten, porque Dios no hará nada si no están juntos y unánimes”.


10/03/2012

Tentación


Quiero compartir contigo un texto que la primera vez que lo leí, me dejó perplejo. Y entonces hice lo que hace la mayoría de los cristianos. Lo dejé a un costado pensando: “algún día sabré qué quiere decir”. Esto es malo, porque no cumple con un mandamiento expreso del Señor: escudriñar las escrituras. El texto dice: Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos lo tentaron, y perecieron por las serpientes.” (1 de Corintios 10:9) ¿Qué quiere decir Pablo aquí cuando habla de “tentar al Señor”? Para decirlo simplemente, tentar al Señor significa ponerlo a prueba. Lo tentamos cuando nos preguntamos, “¿Cuán misericordioso me será el Señor si continúo hacia delante con este pecado? ¿Cuánto tiempo puedo deleitarme en mi pecado antes que su enojo se manifieste? Yo sé que Dios es misericordioso y que ésta es una era de gracia, sin condenación para los pecadores. ¿Cómo me va a juzgar a mí, si soy su hijo?” Multitudes de Cristianos casualmente preguntan éstas mismas preguntas mientras juegan con una tentación malvada. Quieren ver qué tan cerca ellos pueden llegar a las llamas del infierno sin sufrir las consecuencias del pecado. Llanamente, ellos están tentando a Cristo. Y mientras lo hacen, estos creyentes están rechazando la convicción de la Palabra de Dios. Cada vez que nosotros vamos en contra de la verdad que el Espíritu Santo nos ha hecho clara, estamos desechando la advertencia de Pablo: Así que el que piensa estar firme, mire que no caiga…Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil (1 de Corintios 10: 12, 8). Pregúntate si tú estás probando los límites del precioso regalo de la gracia de Dios. ¿Estás tentando a Cristo para satisfacer tu pecado en el
umbral de tu abierta rebelión? ¿Te has convencido a ti mismo diciendo, “Soy un creyente del Nuevo Testamento Estoy cubierto con la sangre de Jesús. Por lo tanto, Dios no me juzgará?” Al continuar en tu pecado, tú estás tratando con un desprecio total el gran sacrificio que Jesús hizo por ti. Tu pecado intencionado está exponiendo a vergüenza abierta a Jesús, no solamente a los ojos del mundo, pero también ante todo el cielo y el infierno. En 1 de Corintios 10:13 Pablo describe una manera de escapar a toda tentación: No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser probados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla. ¿Cuál es este medio de escape? Es un conocimiento creciente y experimentar el temor santo de Dios. No me preguntes por qué publiqué esto, precisamente hoy. Tengo tremenda confianza que no será necesario para ninguno de los que a diario visita este blog. Pero la directiva del Señor fue tan firme y tan cierta que debí ser obediente y aquí está. Que mi Señor complete la buena obra que seguramente ya comenzó en alguien.


10/01/2012

Tabúes


Hace algunos días decía, -creo que en uno de mis audios-, que era muy poco o nada lo que se hablaba del pecado desde los púlpitos. Y bien; no es el único tema de los que casi nadie se ocupa, cuando debería ser lo contrario. ¿Has notado tú que hoy en día no se escucha mucho acerca del cielo o acerca de dejar este viejo mundo atrás? En lugar de eso, estamos bombardeados con mensajes de cómo usar nuestra fe para adquirir más cosas. “El próximo avivamiento,” dijo un maestro muy conocido, “será un avivamiento financiero. Dios va a derramar bendición financiera sobre todos los creyentes.” No censuro, discuto ni polemizo con esto; allá cada uno con sus “visiones”. Pero no veo lo mismo. Creo más bien que, según lo dice la Palabra, este es un tiempo de apostasía, no de avivamientos. Otro: Cualquier mensaje sobre la muerte nos molesta. Tratamos de ignorar el aún pensar sobre eso y pensamos que aquellos que hablan de ello son morbosos. Ocasionalmente hablamos acerca de cómo es el cielo, pero la mayoría del tiempo, ese tema es un tabú. ¡Qué concepto atrofiado de los propósitos eternos de Dios! No es de maravillarse por qué tantos cristianos están aterrados de pensar en la muerte. La verdad es que estamos lejos de entender el llamado de Cristo a abandonar el mundo y todos sus enredos. Él nos llama a venir y morir – morir sin construir monumentos recordatorios de nosotros. A morir sin preocuparnos de cómo seremos recordados. Jesús no dejó ninguna autobiografía – ni edificios corporativos – ni universidades ni Institutos Bíblicos. Él no dejó nada más para perpetuar su memoria sino el pan y el vino. Cuán diferentes eran los primeros cristianos. Pablo habló mucho de la muerte. De hecho, nuestra resurrección de los muertos es referida en el Nuevo Testamento como nuestra bienaventurada esperanza. Pero hoy en día, la muerte es considerada como una intrusa que nos priva de la buena vida a la cual nos hemos acostumbrado. Hemos llenado nuestras vidas de tantas cosas materiales, que estamos hundidos. Ya no podemos soportar la idea de dejar nuestras hermosas casas, nuestras cosas bonitas, nuestras dulces esposas. Parecería que pensamos, “Morirme ahora sería una gran pérdida. Yo amo al Señor – pero necesito tiempo para disfrutar mi hacienda. Acabo de casarme. Necesito ir a probar mis bueyes. Necesito más tiempo.” ¿Cuál es la revelación más grande de la fe, y cómo se la debe ejercer? Tú la puedes encontrar en Hebreos: Conforme a la fe murieron todos estos…y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra…Pero anhelaban una [patria] mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad (Hebreos 11:13 y 16).