1/31/2011

Como Niños

Mateo nos dice en su evangelio que Cristo llamó a un niño pequeño y lo tomó en sus brazos. Él quería dar a sus discípulos un sermón ilustrado que fuese profundo. Él les dijo entonces, De cierto os digo que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe (Mateo 18:3-5).

En estos versos, Jesús nos muestra la clase de relación que él desea con los suyos. Él está diciendo, “Miren a este niño. Él es mi iglesia futura. Esta criatura representa cada nuevo creyente que vendrá a mí con fe de niño, de cada nación, raza y tribu. Yo les digo, mi iglesia debe de relacionarse conmigo, como lo hace este niño.” La palabra Griega que Jesús usa aquí cuando dice “volvéis”, significa “un giro brusco”. Cristo les estaba diciendo a estos hombres, “Vosotros debéis experimentar un vuelco súbito, un giro brusco, en vuestra teología. Debéis dejar atrás rápidamente todos vuestros pensamientos de cómo llegar a ser especial en mi reino a través de vuestras obras. Esa es la manera vieja de hacer las cosas – y está pronta a dejar de ser.” Luego, él requirió que sus discípulos se humillen. Él les ordenó, Háganse como niños. Él les estaba diciendo, “Yo estoy construyendo mi iglesia sobre ustedes. Y si ustedes quieren parte en esto, ustedes deben de volverse tan humildes como este niño que tengo en mis brazos.” Yo creo que él nos está pidiendo dos cosas simples: repudiar toda dependencia propia, y una devoción sin complicaciones. Estos rasgos, dice Jesús, nos caracterizarán como verdaderos siervos del reino: Así que cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.

Cristo le dijo a sus discípulos muy directamente, A cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgara al cuello una piedra de molino de asno y que se le hundiera en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los tropiezos! Es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! (Mateo 18:6-7).

Jesús estaba expresando su ira hacia aquellos que enseñan que la cruz no es suficiente para salvar. Él está hablando a los verdaderos cimientos de su iglesia – sus propios discípulos. Él les estaba advirtiendo a que no se ofendieran de la cruz. Ellos tenían que aceptar el hecho de que sólo él es la paga completa de nuestros pecados. De igual manera, Jesús le está diciendo a la iglesia hoy día: “¡Ay de aquel predicador, maestro o testigo que pone una piedra de tropiezo delante de uno de estos niños convertidos! Ellos vienen a mí con simple fe y arrepentimiento. Y ustedes provocarán mi ira si los ofenden diciéndoles, ‘Jesús no es suficiente. Si quieres ser verdaderamente salvo, tienes que hacer más. Aquí tienes las doctrinas específicas y las pautas de nuestra iglesia…”

Pastores, evangelistas, maestros – dejen que la seriedad de de las palabras duras de Jesús entren profundamente en sus almas. …Mejor le fuera que se le colgara al cuello una piedra de molino de asno y que se le hundiera en lo profundo del mar. El hombre o la mujer que en el marco de una campaña a cielo abierto o dentro de un templo cae tocado por el poder de Dios y la convicción de pecado insuflada por el Espíritu Santo, debe permanecer como en ese instante durante toda su vida de creyente. Evita llevarlo al cuarto de atrás para imponerle las reglas internas de tu denominación y, de paso, sacarle su fe con reconvenciones humanistas. Ahora lo sabes.

1/28/2011

La LLave Maestra

Recuerdo que en la década de los años noventa, un predicador enorme llegado del exterior, y que entonces se presentaba como profeta del Señor, aunque luego los hombres (Y tal vez él mismo, contrariando lo que durante tanto tiempo enseñó) rotularan como Apóstol, nos sacudía la cabeza en cada mensaje, en cada estudio.
Era como si algo que conocíamos, que habíamos leído cien veces, que habíamos comentado, enseñado, predicado y difundido por doquier, de pronto, por imperio nada más que de una poderosa unción magisterial que emanaba de su voluminosa figura, cambiara abruptamente delante de nuestros ojos haciéndonos pensar y luego decir en alta voz: ¿Pero como no lo vi antes?
Todavía no sabíamos nada o casi nada del significado real de la palabra Revelación. Creíamos, al igual que sinceros miembros de pequeñas iglesias muy bulliciosas, que una revelación debía llegar en medio de un éxtasis, con temblores sacudiendo nuestros cuerpos, ángeles ascendiendo y descendiendo ante nuestros ojos y brillantes y refulgentes luces blancas mostrándonos a figuras que podríamos seguramente definir y denominar.
Mientras ese maravilloso don fue tomando cuerpo en cada uno de nosotros, lo único que podíamos hacer era desvivirnos por ir a escucharlo donde quiera que predicase. Podíamos caminar calles y calles o viajar cientos de kilómetors con tal de ir a oir a ese predicador y, seguramente, aprender algo nuevo y repetir, una vez más: "¿Pero como no lo vi antes?"
Un día, cuando ya se estaba despidiendo para retornar a su patria, y ante el acoso de nuestra parte con respecto a que se quedara un día más, nos preguntó para qué queríamos que se quedara. Casi a coro le respondimos que deseábamos que se quedara para que pudiera predicarnos un día o dos más.
Entonces, mostrando una doble hilera de blancos dientes brillantes que impactaban en su rostro moreno y en una amplia sonrisa divertida, nos hizo la pregunta que cambió la vida de muchos, más que sus propios estudios. Dijo: "¿Para que quieren que les de más palabra y alimento, si todavía no han puesto en práctica ni un cinco por ciento de lo que les he enseñado hasta ahora?"
Ese día, yo aprendí que la Biblia no era un libro mágico que solamente se abría ante los pases mágicos de un predicador...también mágico. Allí supe que los tesoros escondidos prestos a ser revelados por el Espíritu Santo de Dios, estaban al alcance de todo aquel que decidiera confiar en ello e invertir mucho de su tiempo en buscarlo, investigarlo o, en fin, como está demandado: escudriñarlo.
Empecé a hacerlo y, con el correr de los tiempos y casi sin proponérmelo, en cierta área donde yo cumplía mis labores ministeriales, comencé a tomar el sitio de ese hombre. Ahora la gente me esperaba a mí y no quería que yo me fuera sin que les enseñara algo más. Allí pude entenderlo a él y eso me sirvió para modificar mis propias conductas.
En mi Web hay mucho material, hay mucho alimento, hay mucha Palabra activa y también mucha revelación. La mayoría de ustedes la ha oído o leído y, seguramente, habrá sido impactada por ella como yo lo fui en mis comienzos. ¿Y ahora que? ¿Esperar que termine el trabajo grande que me tiene ocupado a full para que sume estudios escritos y audios, o empezar -como una vez decidí hacer yo- a escudriñar la Palabra sin otro auxilio que el del Espíritu Santo?
Yo creo que si un creyente tiene intensidad por tener una vida santa, si desea darle todo o su todo al Señor, sólo puede haber una razón por la que él falla en disfrutar las bendiciones y la libertad prometidas por el morar del Espíritu Santo. Esa razón es incredulidad.
Hoy, recién hoy, a tantos años del paso de aquel enorme predicador que marcara mi vida y al que de tanto en tanto volvemos a oír en sus viejos audios porque siempre aprendemos algo más, pude entender que mi insistencia en recalar en él y no intentarlo yo, era simplemente por incredulidad de mi parte. Suponer que Dios tiene a gente selecta para usar en nuestro cómodo beneficio, sin terminar de creer en la Palabra que nos asegura que él no hace acepción de personas.
Disfruto haciendo esto. Disfruto de ser canal de bendición para tantos y tantos hermanos en tantos y tantos países del planeta. ¡Gloria a Dios por internet! Pero mucho más disfruto cuando, de tanto en tanto, uno de mis lectores me cuenta que, sin dejar de escuchar o leer mis trabajos si eso le satisface, ha comenzado a orar, ayunar, disciplinarse y escudriñar por su propia cuenta, tal como le ha sido demandado desde el principio.
Eso es un santo maduro, que es la traducción de la palabra que en la Biblia leemos como "perfecto". Por lo tanto, esa es la razón de todo ministerio del Señor. Perfeccionar, (que es madurar) a los santos. ¿Sabes que? Tú eres uno de esos santos. ¿Lo puedes creer? Más te vale que lo creas, ya que allí está la llave de toda revelación futura.

1/24/2011

El Último Enemigo

Detrás de un gran misterio siempre hay una gran revelación. Esta parecería ser una frase de esas que vienen en los calendarios o las que se utilizan como enriquecimiento de textos literarios. Sin embargo, para nosotros los creyentes, es una frase que sintetiza el evangelio.
Y lo hace hasta cuando nos enfrentamos al más grande misterio de todos los misterios humanos: la muerte. Estoy fielmente convencido con certeza total que, detrás de la muerte física, hay una enorme revelación espiritual. Sólo que nadie tiene prisa para verla, y está bueno que así sea.
En el marco de la triste despedida física a un amado hermano en el Señor que partió a su Presencia, ese fue uno de los temas de conversación casi obligada. Y una vez más, la vieja enseñanza que nos asegura que para Dios la muerte física no existe, volvió a estar presente y encaramarse en la cumbre de las verdades.
Y la otra fue la de los saludos casi formales o informales entre hermanos que hace mucho o poco que no se ven. "¿Como estás?", es la pregunta obligada. Y los que hemos caminado por algunos años esta vida sabemos que, cuando un creyente maduro pregunta ¿Como estás?, se está refiriendo a lo espiritual.
¿Por qué? Porque de lo físico y lo terrenal no se preocupa ni preocupará mucho más de lo necesario, y porque para un creyente lo espiritual es lo básico y prioritario. Imaginate: ¿Que supones que hubiera respondido Jesús, en lo físico y terrenal, si alguien le hubiera preguntado como estaba en el momento en que colgaba en la cruz? Ahí lo tienes.
Por eso es que no es importante el zarandeo al que eres sometido, sino tu reacción ante él. Cuando Pedro fue zarandeado, él falló miserablemente, pero no en su fe. Ya sé que tú piensas como puede ser eso si ese hombre lo negó tres veces, pero mira esto.
Si Pedro hubiera fallado, entonces la oración de Jesús hubiese sido en vano. Yo sé que la fe de Pedro no falló porque, en el momento en que él maldijo y parecía que el Señor había perdido a su amigo y discípulo ungido, Pedro miró a Jesús a los ojos, y literalmente "se derritió".
Esto nos enseña. Podemos fallar. Podemos vernos sacudidos por las inclemencias de las crisis y no saber que hacer. Pero también sabemos que, cuando confiamos en quien debemos confiar, el final será siempre en victoria.
¿Como estás? Dime que muy bien y te creeré, pero continúa viviendo de tal modo que tu testimonio personal sea testigo fiel de lo que has dicho. Sólo así habrás vencido a lo trascendente. Sólo así habrás vencido al último enemigo.

1/18/2011

Esperando Órdenes

En estos días tuve oportunidad de ver por un canal de televisión de una importante cadena americana que emite en español, un trabajo de estilo documental relacionado con cristianos que han abandonado las prácticas tradicionales.
Me interesó porque, -entiendo- en esta época la iglesia más voluminosa en su cantidad de miembros, es la que ha dejado de congregarse en templos. Aunque, -y a esto debemos decirlo,- aún no se ha encaminado a otra rutina y ello conlleva algunos riesgos. ¿Por ejemplo? El que estuve observando.
Personas que censuran el mover de los líderes tradicionales del cristianismo evangélico a partir de cuestiones que ya todos conocemos muy bien y que distan mucho de ser novedad para quienes hemos andado por las iglesias, pero que consciente o inconscientemente, están armando nuevos grupos que, indudablemente, van camino a hacer más de lo mismo.
Reitero lo que he venido diciendo desde el incio mismo de mi trabajo ministerial. Tengo certeza absoluta respecto a la orden de Dios de salir de Babilonia antes que ella caiga y el estrépito nos arrastre. De lo que aún no hay directiva es respecto a qué hacer una vez fuera.
¿Sabes por qué no lo ha dado Dios todavía? Porque Él desea que lo buquemos en la intimidad, en el contacto directo y sin más intermediario que Jesucristo. Y el único modo de conseguir eso de nosotros, es quitándonos líderes y referentes humanos.
Si yo hubiera deseado formar un grupo o una especie de iglesia virtual, lo habría hecho partiendo de una base no menor a los mil miembros. La gente está desesperada buscando que alguien le diga lo que tiene que hacer. Pero soy obediente y no lo hice ni lo haré. Aún no han visto que el único que puede hacer eso es el Señor y es con Él con quien tienen que relacionarse individual y corporalmente.
Entonces la pregunta que más circula por nuestros ambientes, hoy, es: ¿Por qué Dios guarda silencio y secreto por esto? Simple es la respuesta. Porque así es la manera de actuar de nuestro Dios. Lo fue antes y lo sigue siendo hoy.
Mateo nos dice que Jesús habló a las multitudes por parábolas. Para muchos cristianos, hoy, esas parábolas suenan muy simples, pero según Cristo, cada una de ellas encierra un secreto increible. Hay una verdad del Reino escondida en cada parábola que contó Jesús. Y esa verdad es descubierta sólo por aquellos que la buscan diligentemente. Es un principio básico que sólo llegan a Dios aquellos que buscan realmente la verdad y no el acomodamiento religioso.
La Biblia estipula claramente que hay secretos del Señor. Proverbios 3:32 dice: Mas su secreto es con los rectos. Estos secretos no han sido conocidos desde la fundación del mundo, pero Mateo nos dice que están sepultados en las parábolas de Jesús. Estas verdades realmente tienen poder para liberar a los cristianos, aunque muy pocos están dispuestos a pagar el precio para conocerlas.
¿Has salido de la mentalidad babilónica religiosa? (No alcanza con abandonar tu vieja iglesia; es una cuestión espiritual de mentalidad). Espera en el Señor. Él enviará su respuesta en Su tiempo y no en el nuestro. Dios no tiene apuro, no usa reloj, no vive en tu año. Dios es eterno. Dios es Rey. Y no hay un rey que admita que sus súbditos hagan algo porque "les parece bien". Un rey espera que obedezcamos sus mandatos. Y lo más inteligente en estos casos, es aguardar que esos mandatos lleguen.

1/10/2011

Lo Oculto

Hay algo que no puede escaparse a ninguna mente humana. El pecado hace que los cristianos se vuelvan cobardes y vivan humillados y en derrota. No hay hombre que pueda plantarse firme e inamovible en contra del pecado si algo de ese pecado se está engalanado en su propia vida. De esa manera, optan por excusar y ser permisivos con el pecado de otros, por causa del pecado que está morando en sus propias vidas.
Fíjate el rey David; él tenía enemigos. Cuando David estaba bien con el Señor y en buena comunión, ninguno de sus enemigos le podía hacer frente. Pero cuando David pecó y se apartó del Señor, sus enemigos se enaltecieron y triunfaron sobre él.
Sin ir más lejos, el pecado de adulterio de David sucedió inmediatamente después de una de sus más grandes victorias. Este hombre de Dios, deleitándose en la gloria de una gran victoria, deseó a Betsabé, mató a sus esposo Urías y cometió adulterio con ella.
Así que Dios envió al profeta Natán a ver a David. El profeta no vino a aconsejar a David sobre como manejar su culpa y su condenación. En lugar de eso, Natán fue derecho al corazón del asunto. Dios le dijo: "Has tenido en poco los mandamientos del Señor. Has hecho lo malo ante sus ojos. Tú eres culpable de un pecado secreto." Entonces David huyó al desierto, llorando, descalzo, cobarde, despojado de su poder y coraje debido al pecado.
Creo que ya hemos tenido suficientes enseñanzas sobre como manejar nuestros problemas y temores. Pero no hemos tenido suficiente enseñanza acerca de como tratar el pecado en nuestras vidas. ¿Como vencer un pecado que se ha convertido en hábito? ¿Adonde está la victoria para un pecado que se ha convertido en parte de nuestra vida?
Nadie tiene fórmulas ni soluciones simples. Pero sabemos que hay mucho consuelo en la Biblia para aquellos que están luchando batallas entre la carne y el espíritu. Pablo peleó la misma batalla contra la misma clase de enemigo. Él confesó: No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. (Romanos 7:19)
Muchos cristianos hoy día, no han tenido el temor de Dios plantado en sus corazones por el Espíritu Santo. El escritor de Proverbios declara: Con misericordia y verdad se corrige el pecado; con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal (Proverbios 16:6) No seas sabio en tu propia opinión, sino teme a Jehová y apártate del mal. (Proverbios 3:7) El temor de Jehová es manatial de vida que aparta de los lazos de la muerte. (Proverbios 14:27)
El temor de Dios que se refiere aquí, indica mucho más que una admiración reverencial y respeto. No podemos recibir la revelación total y completa de la verdad de Dios, hasta que su temor sea profundamente arraigado en nosotros. Toda revelación está atada a este temor santo.
Estoy convencido que sin el temor de Dios, no podemos experimentar una liberación duradera del pecado. Sin embargo, en muchas iglesias el temor de Dios se ha convertido en un tema que es tabú. ¿Cuando fue la última vez que escuchaste una predicación acerca del temor de Dios?
Una de las razones es que la permisividad de la sociedad secular ha invadido los ambientes cristianos. En los úlitmos años, el término "gracia" ha llegado a significar una manera de ocultar pecado. Y si sigue existiendo pecado oculto, sigue existiendo derrota, simulación, hipocresía y carencia de testimonio e impacto.