Cuando leía hace
algunos días respecto al terremoto ocurrido en Ecuador, recordé algo más
antiguo que determinó que un científico declarara lo siguiente respecto a una
catástrofe: “El mundo entero fue agitado.” Otro exclamó: “Fue el desastre
natural más devastador en la historia del mundo.” Ellos estaban describiendo al
temblor debajo de las aguas que afectó por completo las costas de Asia hace
unos cuantos años. Miles de personas fallecieron.
Y esto más actual nos dice que aún
continuamos presenciando calamidades a nuestro alrededor. Cuando eventos
terribles acontecen, muchos de nosotros vamos con el Padre y le preguntamos: “Señor,
¿de qué se trata todo esto? ¿Fue esto simplemente un accidente inexplicable de
la naturaleza, o existe algo más que deseas que tu pueblo entienda?”
Nosotros lamentamos el dolor
indescriptible y la pena que aquejó a multitudes. Oramos constantemente por las
víctimas. Casi todos los ministerios más poderosos han enviado distinta clase
de ayuda a las zonas devastadas. La Escritura nos dice que nuestro Padre celestial
es movido por los sentimientos de las personas en agonía y que el Espíritu
Santo derrama consuelo a todos los creyentes de las naciones afectadas.
América es un continente
compasivo y generoso. Doy gracias a Dios por la respuesta de muchos de orar,
donar e ir a aquellas áreas para brindar auxilio. Pero hay algo más profundo
que aqueja mi alma. La magnitud de los desastres no termina por afectarnos.
Parece que estamos adormecidos y estupefactos ante todo lo que sucede a nuestro
alrededor.
Le doy gracias a Dios por los
buenos reportes que he recibido acerca de las bendiciones derramadas en muchas
partes del mundo, incluyendo a América. Pero si no podemos postrarnos de
rodillas por el poder desatado -si no podemos humillarnos tras haber
testificado un horrible desastre natural- ¿qué necesita ocurrir para silenciar
a los burladores de Dios? ¿Somos a prueba de calamidades, de eventos
sorprendentes? Medita en esto:
La expulsión de Dios de nuestra
sociedad en nombre de una política correcta.
El mundo entero se está
convirtiendo al secularismo y materialismo.
Una iglesia que está creciendo
más en su mundanidad que el mundo en sí mismo.
El incremento de violencia y
apatía.
La Biblia no es aceptada más como
la Palabra de Dios.
El día en que “todo lo que puede
ser movido” es movido. Cuando la gente que está alerta tiene la intuición de
que “alguien está jugando con la naturaleza, de que algo está sucediendo y no
puede ser explicado.” Cuando la sociedad continúa haciendo de lo suyo sin hacer
ninguna “Pausa ante Dios, sin detenerse a pensar si Dios será burlado. Cuando
estas cosas suceden significa que nos hemos acercado o cruzado la línea del estupor
espiritual donde ninguna porción de misericordia divina puede ser despertada.
Dios es misericordioso, tiene gracia para con nosotros y está listo para perdonar.
Deja que Jesús manifieste Su amor y compasión a través de Sus discípulos,
conforme la venida del Señor se acerca.






