8/30/2014

Justicia

               Vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso y actuará conforme al derecho y la justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual lo llamarán: JEHOVÁ, JUSTICIA NUESTRA (Jeremías 23:5-6).
               Dios le dio al profeta Jeremías una revelación de JEHOVA TSIDKENU en un tiempo de crisis similar al que estamos enfrentando hoy. Así que, ¿qué significa esto para nosotros, en términos prácticos? ¿Qué es esta justicia de la cual él es Señor – y cómo debemos de conocer y entender a Jesús en este rol? Pablo nos da algunas respuestas sobre la definición de justicia de Dios en varios pasajes.
               Creyó Abraham a Dios y le fue contado por justicia (Romanos 4:3). --  
               A Abraham le fue contada la fe por justicia (Romanos 4:9). --  
               Así Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia (Gálatas 3:6).
               Cada uno de estos versos se refiere a una cosa que Abraham hizo para obtener la verdadera justicia: él creyó. Finalmente, Pablo nos da del Señor la definición de justicia:
               (Abraham) tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció por la fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. Por eso, también su fe le fue contada por justicia (Romanos 4:20-22).
               La Biblia no podría hacer este tema más claro. Justicia es creer las promesas de Dios, estando completamente persuadidos que él mantendrá su palabra.
               Listo. No es necesario utilizar metros de papel o espacio cibernético para referirnos a la justicia divina. Es tan simple, tan concreto y tan ejecutivo que con un breve sitio es más que suficiente para que se la entienda.


 




8/23/2014

Límites

               Hace poco hablábamos de la enorme diferencia entre un pastor tipo de nuestro tiempo y ambiente cristiano, y el que la Biblia llama el único Buen Pastor. Bien; ese, nuestro gran pastor ama cada oveja que se ha descarriado debido a las pruebas, problemas, heridas o dolores. Nunca nos animaríamos a acusar a nuestro pastor de abandonarnos.
               Él todavía camina a nuestro lado y nos cuida todo el tiempo. Ahora mismo, tal vez tú estás perdiendo la guerra contra alguna clase de tentación. Cualquiera que sea tu lucha, tú te has propuesto no apartarte del Señor. Tú rehúsas entregarte a las garras del pecado. En lugar de eso, tú te has tomado a pecho la Palabra de Dios. Pero, al igual que David, tú te has desanimado. Y ahora has llegado al punto en que te sientes absolutamente impotente. El enemigo te está llenando de desesperación, miedo y mentiras.
               Tu prueba puede volverse más desconcertante e inexplicable. Pero yo quiero que tú sepas que – no importa por lo que estés pasando, el Espíritu Santo quiere revelar en ti a Jehová Rohi (Ra’ah), el Señor tu pastor. Tú tienes un pastor que quiere imprimir su amor en tu corazón. Jesús nos asegura, Nunca te dejaré ni te desampararé. Y nuestro Padre celestial – Jehová Rohi, el Señor nuestro pastor – se ha revelado a nosotros en el Salmo 23.
               Él nos dice, “Te conozco por tu nombre, y sé por lo que estás pasando. Ven, recuéstate en mi gracia y en mi amor. No trates de entenderlo todo. Sólo acepta mi amor por ti. Y descansa en mis amorosos brazos. Sí, yo soy el Señor de los ejércitos. Soy el Dios majestuoso y santo. Yo quiero que conozcas todas estas revelaciones de mí. Pero la revelación que yo quiero que tengas ahora es la revelación de Jehová Rohi. Quiero que me conozcas como tu pastor que te ama y te cuida. Quiero que descanses seguro de que pasarás todas tus pruebas, en mi ternura y mi amor.”
               Escucha: no suelo repetir temas porque considero que mis lectores son personas maduras, inteligentes, aplicadas y fieles al Señor, por lo que con una sola mención será más que suficiente. Sin embargo, en este asunto, “algo” me dice que debo complementarlo con esto porque es precisa y exactamente lo que tú necesitas hoy. Y cuando digo “tú”, no es un “tú” al aire o por las dudas, es con la mente y el corazón fijos en alguien determinado, a quien tal vez yo no puedo definir con su nombre y apellido en este momento, pero alguien a quien el Señor, nuestro Gran Pastor, conoce perfectamente y sabe que necesitas estas palabras de ministración, consuelo y fortaleza.
               No me escribas a mí para agradecer nada si eres tú ese objeto de amor divino, porque yo soy apenas el vehículo utilizado para bendecirte y ministrarte. Sólo postra tu cuerpo y agradécele a Él y, si quieres extender esa bendición, hazlo saber a tus hermanos que acuden habitualmente a este refugio de amor y fortaleza.


 







8/19/2014

Pastor

               Todos estamos más o menos familiarizados con el Salmo 23. Su mensaje de consuelo es muy conocido aun entre los incrédulos. Este Salmo célebre fue escrito por el Rey David, y su pasaje más famoso está en el verso de entrada: Jehová es mi pastor; nada me faltará. La palabra hebrea que David usa para faltará en este verso indica un significado de no tener. David está diciendo, en otras palabras, “No me faltará nada.” Cuando combinamos este significado con la primera parte del verso, David está diciendo, “El Señor me dirige, me guía y me nutre. Y por eso, nada me falta.”
               En este verso breve, David nos da todavía otro reflejo del carácter y la naturaleza del Señor. La traducción literal en hebreo de la primera parte de este verso es Jehová Rohi (Ra’ah). Significa “El Señor mi pastor.” Jehová Rohi no es un pastor benigno y pasivo. Él no es como un asalariado – alguien que sólo provee comida y guía. El no solamente apunta hacia los pastos y las lagunas de agua y nos dice, “Ahí está lo que necesitas. Ve y come.” Ni tampoco se hace el ciego a nuestras necesidades. El no corre hacia el lado opuesto cuando escucha nuestros gritos de ayuda ni cuando ve que estamos en problemas.
               No, él conoce cada dolor que soportamos, cada lágrima que derramamos, cada herida que sentimos. El conoce cuando estamos demasiado cansados para dar otro paso hacia adelante. Él sabe cuánto podemos soportar. Más que nada, él sabe cómo rescatarnos y llevarnos a un lugar para sanarnos. Una y otra vez, nuestro pastor viene a nosotros, nos trae y nos lleva a un lugar de descanso. Él continuamente nos hace descansar para tener un tiempo de sanidad y restauración. Jehová Rohi - el Señor nuestro pastor – nos insta a que lo sigamos para ir a su descanso, para que él pueda “sekinah” en medio de nosotros.
               El Señor dice en Éxodo 29:45, algo Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios. La palabra hebrea para habitaré aquí es Sekinah, que significa “permanecer por”, o “asentarse junto a.” Esta palabra no significa una presencia pasajera, sino una presencia permanente – una presencia que nunca nos deja. En corto, la gloria sekinah de Dios no es una marca que desaparece de nuestros corazones como una tinta invisible. No, es algo que Dios implanta permanentemente en nuestra alma. Es su eterna y muy cercana presencia. Este cuadro aquí es glorioso: Nuestro pastor ofrece venir a nosotros en medio de nuestro dolor y de nuestra condición de depresión, y sentarse junto a nosotros. Él promete curar nuestras heridas y enderezar las partes nuestras que han quedado enfermas y malogradas.
               Esa es la gloria sekinah de Dios. La presencia del Señor que permanece y que dura para siempre. Y muy a menudo la experimentamos cuando estamos en apuros. Nuestro gran pastor nos dice, “Yo quiero restaurarte. Y lo voy a hacer estando presente contigo, aún en el valle y en las sombras de muerte. Mi presencia estará contigo a través de todo lo que el enemigo lance contra ti. Aún si tratas de alejarte de mí, yo voy a correr tras de ti. Y cuando te alcance, te tomaré en mis brazos y te llevaré a mi descanso. Entonces vendaré tus heridas y sanaré todas tus enfermedades” 
               Déjame decirte con total y absoluta certeza, que eso es un pastor conforme a Efesios 4:11. Todo lo demás que puedas conocer con ese nombre (O título) es simple imitación o, en el peor de los casos, total oposición.








8/14/2014

Respuestas

               Hay algo que debo decirte y que seguramente se opone a lo que habrás escuchado en los últimos tiempos en más de un sitio auto denominado como cristiano: Dios no quiere tu casa, tu automóvil, tus muebles, tus ahorros, tus posesiones. Todo lo que él quiere es tu fe – la confianza fuerte de ti en la Palabra de Dios. Y tal vez esa sea la cosa que más le falta a las personas que parecen ser espirituales.
               Tú puedes pensar que otra persona sea más espiritual que ti. Pero esa persona puede estar luchando arduamente para mantener una apariencia de justicia. Pero cuando Dios te mira a ti, él declara, “He aquí un hombre o una mujer justa.” ¿Por qué? Tú has admitido tu incapacidad de llegar a ser justo. Y tú has confiado en que el Señor te da su justicia. Pablo nos dice que somos contados como justos en los ojos de Dios, por la misma razón que Abraham fue contado.
               Por eso, también su fe le fue contada por justicia. Pero no solo con respecto a él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes igualmente ha de ser contada, es decir, a los que creemos en aquel que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro (Romanos 4:22-24).
               Puede que tú declares, “Yo creo esto. Yo tengo fe en que Dios resucitó a Jesús.” Pero, la pregunta para ti es, ¿Crees que el Señor puede resucitar tu matrimonio cuando está lleno de problemas? ¿Crees que él puede traerle vida a un familiar que está muerto espiritualmente? ¿Crees que él puede sacarte del hoyo de un hábito que te está debilitando? ¿Crees que él puede borrar tu pasado maldecido y restaurarte todos los años que el gusano se ha comido?
               Cuando todo parece sin esperanza – cuando tú estás en una situación imposible, sin recursos, y sin ninguna esperanza por delante - ¿Crees que Dios será tu Jehová Jireh, y proveerá para tu necesidad? ¿Tú crees que él está comprometido a cumplir sus promesas contigo – y que si aún una de sus palabras fallara, los cielos se derretirían y el universo colapsaría?
               En el simple ejercicio de una fe diaria normal, sin estridencias ni espectacularidades, está tu respuesta. Es mi oración que esa respuesta sea la que necesitas para ser más que vencedor o más que vencedora.


 






























8/05/2014

Justicia

               Vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso y actuará conforme al derecho y la justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual lo llamarán: JEHOVÁ, JUSTICIA NUESTRA (Jeremías 23:5-6).
               Dios le dio al profeta Jeremías una revelación de JEHOVA TSIDKENU en un tiempo de crisis similar al que estamos enfrentando hoy. Así que, ¿qué significa esto para nosotros, en términos prácticos? ¿Qué es esta justicia de la cual él es Señor – y cómo debemos de conocer y entender a Jesús en este rol? Pablo nos da algunas respuestas sobre la definición de justicia de Dios en varios pasajes.
               Creyó Abraham a Dios y le fue contado por justicia (Romanos 4:3)  
               A Abraham le fue contada la fe por justicia (Romanos 4:9)  
               Así Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia (Gálatas 3:6).
               Cada uno de estos versos se refiere a una cosa que Abraham hizo para obtener la verdadera justicia: él creyó. Finalmente, Pablo nos da del Señor la definición de justicia:
                [Abraham] tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció por la fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. Por eso, también su fe le fue contada por justicia (Romanos 4:20-22).
               La Biblia no podría hacer este tema más claro. Justicia es creer las promesas de Dios, estando completamente persuadidos que él mantendrá su palabra. ¡Ah! ¡Mira qué novedad! ¡A eso lo sabe cualquiera! Cierto, lo sabe cualquiera que alguna vez haya tomado una Biblia en sus manos, pero… ¿Lo creerá, también, cualquiera?






8/02/2014

¿Incredulidades?

               Si tú eres, -como creo-, un creyente fiel y maduro, ya te habrás percatado que Dios ha incrustado en nosotros un sano temor por la incredulidad. Este temor es el resultado de escudriñar las Escrituras para ver ejemplos de las nefastas consecuencias de la incredulidad. Debemos dar  gracias a Dios con todo nuestro ser por habernos revelado el daño y la ruina causados por la incredulidad.
               Nosotros los creyentes hemos tomado este asunto muy a la ligera, suponiendo que Dios pasa por alto las dudas de aquellos que están afrontando gran aflicción y tiempos difíciles. Algunas veces seguramente hemos pensado que el Señor debería dar cierta holgura a aquellos que afrontan situaciones aparentemente desesperanzadoras. Por ejemplo, los discípulos en medio de una tormenta en un barco que se hunde.
                Nuestro pensamiento era: "Señor, no son más que humanos. Ellos se vieron abrumados por todo. Parecía no haber esperanza. Fue simplemente una respuesta humana.” Sin embargo, Jesús reprendió su poca fe. Sí, hay un tiempo para llorar, cuando Jesús susurra con cariño: "Adelante, llora, yo guardo en mi redoma cada una de tus lágrimas." Hay momentos de duelo, hay momentos en los que nos sentimos abrumados y exclamamos: "¿Señor, dónde estás?”
               Servimos a un Padre amoroso que es tocado por nuestros sentimientos. Nuestra fe se eclipsa cuando permitimos que los temores nos abrumen. No podemos permanecer en temor ni dar lugar a la duda. Debemos levantarnos y estar "confiados a la sombra de sus alas." Dios no tiene piedad de la incredulidad y toda la Escritura lo evidencia. Puede sonar duro, pero Dios no aceptará ninguna excusa; Él no concede otra opción que la fe. El pueblo de Israel tuvo diez oportunidades de confiar en Dios en circunstancias extremas; toda la crisis fue obra del Señor. La consecuencia de su incredulidad fue cuarenta años de desesperanza, confusión y dolor.
               Ellos perdieron la bendición de Dios, y Él dijo que no podían entrar en una vida de descanso, paz e inmensa bondad de Dios a causa de su incredulidad. Y llamó Dios a la incredulidad maligna: Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad Hebreos 3:12). La incredulidad es causada sobre todo por negar la Palabra de Dios. La fe es imposible sin el constante alimento de la Escritura y el aferrarse a sus promesas. Nosotros elegimos confiar en Dios. No queremos "nuestro cadáver muerto en un desierto" como les sucedió a los israelitas.
                Dios nos dijo que "ciñe tus lomos... echa tus cargas sobre mí... deja de mirar a las circunstancias... no preguntes por qué nunca más. Aliméntate diario de mi Palabra... memoriza las promesas. Ora con confianza... cree con todo tu corazón que Dios te ama... Él no te ha abandonado. Por una noche será el llanto… Por una noche durará el lloro pero gozo vendrá en la mañana.” Cualquier situación que tú estés atravesando, aun si estás caminando por el valle de sombra de muerte, Dios promete estar contigo. Hoy, levántate y decide empezar a confiar en Él.
               Tu incredulidad no cambia nada, pero la fe abre la puerta a la liberación. ¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres! En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; los pondrás en tu Tabernáculo a cubierto de lenguas contenciosas. (Salmo 31:19-20).