1/30/2012

Pareja


El mandamiento de Jesús en Juan 15:6  tiene que ver con la forma en la que trato a mi esposa y a mis hijos. Para los solteros, tiene que ver con la forma en la que tratan a sus compañeros, hermanos en Cristo, las personas más cercanas. No hay escapatoria. Si yo voy a ser el hombre y el ministro que Dios me ha llamado a ser, entonces mi esposa debe estar en la capacidad de decir con honestidad delante de los cielos, del infierno y de todo el mundo: “Mi esposo me ama con el amor de Cristo. El comete errores, pero está siendo cada vez más paciente y comprensivo conmigo. Está siendo cada vez más tierno y cuidadoso. Y él ora conmigo. No es sólo una apariencia. Él es lo que predica”. Pero si ése no es el testimonio de mi esposa, si ella tiene un dolor secreto en su corazón, y piensa: “Mi esposo no es el hombre de Dios que pretende ser”, entonces todo lo que hay en mi vida es en vano. Todas mis obras, la predicación, los logros, mi generosidad caritativa, los muchos viajes, suman cero. Vengo a ser una rama marchita, inútil, que no lleva el fruto de la semejanza de Cristo. Jesús va a producir que otros vean la muerte en mí, y valdré muy poco en su reino. Un pastor de edad mediana con su esposa se encontraban quebrantados y llorando. El ministro  dijo entre las lágrimas: “Hermanos, he pecado contra Dios y contra mi esposa. He cometido adulterio”. El sacudía la cabeza con un dolor piadoso a medida que me confesaba su pecado. Luego su esposa tomó el micrófono y dijo suavemente: “Yo lo he perdonado. Su arrepentimiento es real para mí y estoy segura de que el Señor nos va a restaurar”. Muchos en ese sitio tuvieron el privilegio de ser testigos de una hermosa sanidad. Nunca podremos pagar por nuestros fracasos del pasado. Pero cuando hay un verdadero arrepentimiento, Dios promete restaurar todo lo se comió la oruga. Yo deseo que toda pareja que disfruta de un matrimonio centrado en Cristo se levante y diga la verdad: “No es fácil”. El matrimonio es un esfuerzo de día a día, tal como lo es la vida cristiana. Como el camino a la Cruz, significa rendir sus derechos diariamente. Por supuesto, Satanás conoce que tú has decidido en tu corazón ser más como Cristo en tu hogar, así que traerá pruebas constantemente. No hay ninguna escuela tan difícil e intensiva como la escuela del matrimonio. Y uno nunca se gradúa. Dios es claro al respecto: Nuestra vida con nuestros seres queridos es el pináculo, la misma cumbre de todas nuestras pruebas. Si nos equivocamos en ella, estaremos equivocados en todo lo demás en nuestra vida. Creo que es una exageración incluso apartada de la misma Palabra, que la esposa de un pastor sea llamada y considerada pastora. El llamado ministerial es muy exclusivo, personal y específico, sobre todo en este ministerio que no se parece en nada a lo que hoy se ha convertido. Pero también es un feo error el que cometen ministros de ciertas denominaciones muy cerradas, que no permiten a sus esposas ni siquiera participar de sus reuniones con mujeres solas. Ello llevará a equivocaciones, confusiones y aun cosas peores, como las descriptas anteriormente. Una pareja, ese es el centro, el cenit de Dios al respecto, debe ser inexorablemente lo que la palabra dice: pareja. Y eso significa respetar ciertos rangos espirituales, pero no extralimitarse en despotismos o tiranías.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Tan real es ese comentario, del cual puedo testificar personalmente:
Hace tres años, El señor empezó a restaurar mi vida, y me hizo quitar los ídolos, y el egoísmo que ocupaban su lugar, y el de mi esposa y hijos, y empezar una nueva vida espiritual.
Desde entonces la limpieza se hizo cada vez mas profunda, reemplazando las cosas de ese siglo por santificación y oración.
Cabe decir que nuestro matrimonio y familia conocen un cambio tan tremendo en todas sus áreas, que a veces nos cuesta creer que hayamos perdido tantos años de felicidad.
También esta muy claro que Satanás no esta dispuesto a tomárselo con calma, y nos ha costado lo suyo en pruebas, la diferencia es que ahora no nos asustamos, ya que su especialidad es la mentira...
No se si Nestor lo ha vivido de esa manera, pero no me cabe duda, que sabe de lo que habla.
Solo quiero animar a cualquiera que este en esa situación, que no se lo piense más: el precio a pagar es inexistente comparado al resultado.

Shalom