10/29/2015

Voces

Pedro advierte a los creyentes de los últimos días que Satanás vendrá a ellos en alta voz, tratando de incitarles miedo. Sed sobrios y velad, porque vuestro adversario el diablo anda como león rugiente, buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8).
               Esta es mi observación al respecto, tómala o déjala; no es doctrina: Si Satanás está haciendo conocer su voz en estos últimos días, y está mostrando su poder a las masas de almas perdidas, ¿Cuánto más importante es para el pueblo de Dios conocer la voz de su Padre?
               ¿Crees tú que el Señor podría estar sentado permaneciendo en silencio mientras que Satanás ruge en el mundo? ¡Nunca! Isaías dijo: Y el Señor hará oír su potente voz, (Isaías 30:30). Desde los tiempos de Adán y Eva, Dios ha estado hablando con el hombre.
                Se escuchó el sonido del Señor Dios (Génesis 3:8). Adán dijo: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo (Génesis 3:10). Desde el Génesis hasta el final del Nuevo Testamento, Dios hizo conocer su voz a su pueblo.
               En los libros de los profetas vemos esta frase repetirse una y otra vez, "Y dijo Dios…"  La voz de Dios era conocida y comprendida. Jesús confirmó lo anterior en el Nuevo Testamento al presentar el ejemplo del Buen Pastor. Las ovejas oyen su voz. . . las ovejas le siguen, porque conocen su voz (Juan 10:3-4).
               Adán se escondió de la voz de Dios a causa de la culpa y la vergüenza de su pecado. Y es ahí exactamente donde muchos del pueblo de Dios se encuentran hoy en día, escondidos y con miedo de escuchar a Dios hablar.
               Si deseas escuchar la voz de Dios, debes estar listo para tener tu alma purificada y limpia. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9).



10/25/2015

Encuentro

               Dios desea hablar contigo como si estuvieras sentado cenando con Él. Él quiere conversar contigo sobre todo, sobre cualquier asunto, de corazón a corazón. La Biblia dice: He aquí, yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo (Apocalipsis 3:20).
               Este versículo a menudo se ha utilizado para referirse a los inconversos. Hablamos de Jesús parado a la puerta del corazón del pecador, buscando entrar. Pero no es así, porque resulta que aquí ¡Cristo les está hablando a los creyentes! El contexto muestra que Cristo les está hablando a aquellos que están vestidos de ropas blancas (la justicia), que han comprado oro probado en el fuego, cuyos ojos están ungidos (tienen una revelación), que son amados, reprobados y castigados (ver Apocalipsis 3:15-19).
                Éstas son personas arrepentidas, ¡Gente santa que quiere conocer la voz de Dios! Al leer y releer el versículo 20 en este pasaje, tres palabras me resaltaban: "¡Abre la puerta! ¡Abre la puerta!" Y el Espíritu de Dios habló claramente al corazón de los que siguen teniendo hambre y sed de justicia, y dijo: “La razón por la cual no me has oído como quiero ser escuchado es porque no estás totalmente abierto en tu espíritu para escuchar!"
               Desde nuestra perspectiva, esta puerta representa un compromiso -que muchos cristianos aún no han hecho por completo- La mayoría de los creyentes oran: "Señor, todo lo que necesito es un pequeño consejo, unas palabras de dirección, un recordatorio de que me amas. Sólo déjame saber si estoy haciendo bien o mal. ¡Ve delante de mí y abre las puertas!" Pero Jesús nos responde: "Si todo lo que quieres de mí es dirección, puedo enviarte un profeta. Si sólo quieres saber a dónde ir y qué hacer, puedo enviar a alguien que haga las veces de guía. Pero ¡me estás perdiendo!"
               Jesús quiere tu cercanía, tus emociones más profundas, tu lugar secreto. Quiere sentarse contigo y compartir todo lo que está en Su corazón, hablar contigo cara a cara. Apocalipsis 3 es un cuadro maravilloso de esto.

               Habla del amor y de la intimidad, de compartir secretos con entonaciones suaves y tiernas. Cuando Jesús entra, trae alimento y pan, en otras palabras, Él mismo ingresa. Cuando te alimentes de Él ¡Allí sí que estarás satisfecho por completo!

10/20/2015

¿Independencia?

               La parábola del hijo pródigo trata de dos hijos, uno que llega al final de sus propios recursos, y otro que no reclama los recursos de su padre. Esta parábola también habla sobre el amor incondicional del padre y de la provisión en su casa.
               El hijo menor se dirigió a su padre y le dijo: Dame la parte de la hacienda que me corresponde (Lucas 15:12) La parte que recibió y luego perdió, representa sus propios intereses: sus talentos, sus capacidades, todas las cosas que utilizamos para enfrentar la vida y todos sus problemas.
               Él dijo, "tengo inteligencia, buen ingenio y buen antecedente. ¡Puedo salir y vivir por mi cuenta!"  La actitud del hijo menor describe a los cristianos de hoy en día. Sin embargo, cuando las cosas se ponen difíciles, ¡Cuán pronto llegamos al final de nuestros propios recursos! ¡Cuán rápido gastamos todo lo que tenemos dentro de nosotros mismos! ¡Podemos calcular nuestra salida de algunos problemas y encontrar la fuerza interior para algunas pruebas, pero llega un tiempo cuándo el hambre golpea el alma!
               Tú llegas al final de ti mismo sin saber qué camino tomar. Tus amigos no pueden ayudarte, quedas vacío, sufriendo, sin nada ni nadie a quien puedas acudir. Estás agotado y tus ganas de luchar se han acabado. Todo lo que te queda es miedo, depresión, vacío y desesperanza.
               ¿Sigues dando vueltas en la pocilga del diablo, revolcándote en el vacío, muriendo de hambre? Eso es lo que pasó con el hijo pródigo. ¡No quedaba nada en él que pudiera aprovechar! Había agotado todos sus recursos y se dio cuenta hasta dónde le había llevado su independencia. Pero, ¿qué ocurrió para que finalmente volviera en sí? ¡Se acordó de toda la abundante provisión en casa de su padre!
               Él dijo, "me muero de hambre aquí. Pero en casa de mi padre ¡El pan sobra!". Decidió entonces regresar y tomar la abundante y generosa provisión de su padre. No hay ni una sola palabra en esta parábola que indique el hijo pródigo volvió por amor a su padre.
               Es cierto que se arrepintió, de hecho, cayó de rodillas, llorando: "Padre, ¡lo siento! He pecado contra ti y contra Dios. Yo no soy digno de entrar en su casa,” pero él nunca dijo: " ¡Padre, he vuelto porque te quiero!"
                Lo anterior nos revela que el amor de Dios para con nosotros es sin condiciones, no depende de nuestro amor por Él. La verdad es que Él nos amó aun cuando nuestros corazones estaban lejos de Él. ¡Este es el amor incondicional!



 



10/10/2015

Paradigmas

En muchas ocasiones me habrás leído o escuchado hablar del tremendo obstáculo que se manifiesta en nuestras iglesias respecto a los paradigmas. He procurado explicar, asimismo, qué cosa es un paradigma. Sin embargo, creo que lo que voy a transcribir a continuación, es el ejemplo simple más práctico que podríamos encontrar y detalla, casi con precisión milimétrica, las contrariedades que ciertas costumbres o tradiciones producen en el pueblo cristiano.
Para ilustrar la necesidad de preguntarse el porqué de las cosas, la necesidad de cuestionarse lo establecido, la necesidad de conocer las propias creencias y desafiarlas regularmente, contaré hoy la paradoja de los monos y los plátanos:
En un experimento se metieron cinco monos en una habitación. En el centro de la misma ubicaron una escalera, y en lo alto, unos plátanos. Cuando uno de los monos ascendía por la escalera para acceder a los plátanos, los experimentadores rociaban al resto de monos con un chorro de agua fría.
Al cabo de un tiempo, los monos asimilaron la conexión entre el uso de la escalera y el chorro de agua fría, de modo que cuando uno de ellos se aventuraba a ascender en busca de un plátano, el resto de monos se lo impedían con violencia. Al final, e incluso ante la tentación del alimento, ningún mono se atrevía a subir por la escalera.
En ese momento, los experimentadores extrajeron uno de los cinco monos iniciales e introdujeron uno nuevo en la habitación. El mono nuevo, naturalmente, trepó por la escalera en busca de los plátanos. En cuanto los demás observaron sus intenciones, se abalanzaron sobre él y lo bajaron a golpes antes de que el chorro de agua fría hiciera su aparición.
Después de repetirse la experiencia varias veces, al final el nuevo mono comprendió que era mejor para su integridad renunciar a ascender por la escalera. Los experimentadores sustituyeron otra vez a uno de los monos del grupo inicial. El primer mono sustituido participó con especial interés en las palizas al nuevo mono trepador.
 Posteriormente se repitió el proceso con el tercer, cuarto y quinto mono, hasta que llegó un momento en que todos los monos del experimento inicial habían sido sustituidos. En ese momento, los experimentadores se encontraron con algo sorprendente. Ninguno de los monos que había en la habitación había recibido nunca el chorro de agua fría.
 Sin embargo, ninguno se atrevía a trepar para hacerse con los plátanos. Si hubieran podido preguntar a los primates por qué no subían para alcanzar el alimento, probablemente la respuesta hubiera sido esta “No lo sé. Esto siempre ha sido así”.
Asombroso, ¿Verdad? Sin embargo, lo vemos a cada domingo en cientos de lugares, cuando ante nuestra pregunta de por qué se está haciendo tal o cual cosa que no es bíblica, se nos responde con las mismas palabras.
Albert Einstein pronunció una sentencia secular que, en casos, los cristianos podemos incorporar a nuestras enseñanzas: “Triste época la nuestra. Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”

10/08/2015

Pureza

               El Espíritu de Dios siempre ha estado llamando a la humanidad hacia sí mismo -a la santidad, a la pureza de corazón, a la vida consagrada- y en cada generación un remanente responde a este llamado. José respondió al llamado de Dios a una edad muy temprana. Sus diez hermanos mayores recibieron el mismo llamado a la entrega y a caminar en rectitud pero ellos eligieron permanecer en el mundo. Por lo menos en dos ocasiones todos los hijos de Jacob recibieron el llamado del Espíritu con toda claridad. La primera fue cuando Jacob erigió un altar al Dios de Israel (Génesis 33:18-20). Jacob llamó a sus hijos hasta el altar para adorar con él, arrodillarse ante el Señor y seguirlo, pero en lugar de ello, los hermanos de José se tornaron a la venganza y al derramamiento de sangre.
               La segunda vez que Dios claramente llamó a estos diez, estaban en Betel. Jacob sabía que sus hijos estaban atados a la idolatría y que se encontraban rechazando el llamado de Dios a la pureza y a la justicia, por lo que él les advirtió: Quitad los dioses ajenos que están entre vosotros, y sean limpios, cambien su ropa y levantémonos, vayamos a Betel, allí haré un altar a Dios (Génesis 35:2-3). ¡Este es uno de los más claros llamados en toda la Palabra de Dios! La frase "cambiar de ropa" en hebreo significa una purificación moral y espiritual de la mente y el corazón. En apariencia, los hijos de Jacob se rindieron: Así dieron a Jacob todos los dioses ajenos que había en su mano, y los zarcillos (versículo 4).
               Pero su arrepentimiento fue solo superficial, ellos nunca tuvieron un verdadero cambio de corazón ¡Regresaron a su rebelión, odio, envidia y contienda! José era diferente a sus hermanos: su arrepentimiento había sido desde el corazón. Respondió al llamado del Espíritu y se dispuso por completo a seguir al Señor. En medio de un ambiente malo, perverso; José mantiene las manos limpias y el corazón puro. José fue enviado a los campos para ayudar a sus hermanos en el cuidado de los rebaños de la familia.
                ¡Pero pronto se entristeció porque sus hermanos hablaban y vivían como los paganos! Su corazón puro fue aplastado por la maldad de su propia familia. Y José trajo a su padre malos informes sobre ellos (37:2), José descargó su corazón a su padre: "No vas a creer la forma en que viven, ellos hablan en contra de tu Dios, ¡ellos lo afligen...!" Una marca de la Compañía José es que se lamentan por el pecado. Han abandonado los ídolos y se enamoran de Jesús ¡Su corazón está encendido con santidad!
               Ellos ven el pecado en la tierra, pero sobre todo se entristecen por el pecado en la iglesia y de la iglesia. Ellos gritan desde su alma: "¡Oh, Padre, mira lo que está pasando entre tus hijos!" Si tú te haces parte de esta compañía de los últimos tiempos, no puedes pasar por alto el pecado. Más bien, algo tiene que levantarse dentro tuyo que diga: "¡Oh, Dios, no puedo soportar lo que ellos hacen en tu nombre!" Entonces, tú orarás -no contra las personas- sino contra la incursión de los poderes demoníacos en la iglesia de Jesucristo.







10/04/2015

Riquezas

               Es indudable, tú no puedes separar la provisión de Dios de su amor, el cual tiene que ver con la abundante riqueza guardada en la gloria para que nosotros hagamos uso de ella. Él nos ha dado la provisión que necesitamos para afrontar cada crisis en la vida, y así ¡ayudarnos a vivir victoriosamente en cualquier momento! Durante semanas alguien estuvo orando: "Señor, yo quiero conocer tu corazón. No puedo tener una revelación de tu amor por mí a partir de los libros de mi biblioteca, o incluso de los hombres más santos de todos los tiempos. Sólo puede venir de ti. ¡Quiero mi propia revelación de tu amor proveniente directamente de tu corazón! Quiero verla con tanta claridad que cambie mi caminar contigo y la forma en que ministro."
               Mientras esa persona oraba, no sabía qué debía esperar. ¿Sería una revelación de su amor que vendría corriendo a su alma como un río de gloria? ¿Podría aparecer como la comprensión de algo grande que lo dejaría sin aliento? ¿Sería una sensación de ser muy especial para Él, o un toque de su mano sobre él tan real que lo cambiaría para siempre? No, Dios le habló a través de un corto y simple versículo: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. (Juan 3:16).
               Su amor está ligado a sus riquezas en gloria… ¡abundante provisión para nosotros! La Biblia dice que nuestro amor por el Señor se demuestra en la obediencia a Él. Pero su amor por nosotros se manifiesta de otra manera ¡Por su dar! No se le puede conocer como un Dios de amor hasta que se le ve como un Dios dador.
               Dios nos amó tanto, que invirtió en su Hijo Jesús todos los tesoros, la gloria y las recompensas del Padre, y luego nos lo dio a nosotros. Cristo es un regalo de Dios para nosotros. Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud (Colosenses 1:19). - Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Y vosotros estáis completos en él (2:9-10).
               En otras palabras, "En Él, tú tienes toda la provisión, ¡Todo lo que necesitas!" Muy pocos cristianos se toman el tiempo para apropiarse de lo que Dios ha ofrecido gratuitamente. Nosotros no vamos tras ello ni tomamos posesión. De ahí que los tesoros de Cristo a menudo se encuentren en la gloria, sin ser reclamados.
               ¡Qué sorpresa nos vamos a llevar cuando lleguemos a la gloria! En ese momento, Dios nos mostrará toda la riqueza que su amor había provisto y la forma en que no hicimos uso de ella.