“¡Hermano!
¡Dígame qué puedo hacer! ¡Estoy orando hace meses por ese asunto y no ha
ocurrido absolutamente nada, todavía! ¿Será que Dios no me oye?” A eso, créeme, lo he
oído no menos de cien veces. Y quizás, hasta en algún momento puedo haberlo
dicho o por lo menos pensado yo mismo.
¿Dios siempre nos oye? Sí, Dios siempre nos oye. ¿Y entonces por qué no me soluciona ya mismo tal o cual asunto? Veamos:
si no tienes un feo pecado que a Él le impida acercarse a ti y ayudarte, (Algo que no siempre recordamos), entonces puede ser porque ha estado esperando que tú te muevas primero. ¿Qué yo me mueva primero? Sí. Porque
cuando oras, tú colocas un simbólico recipiente que Dios deberá llenar, pero Él
jamás podría hacerlo si tú primero no lo pones allí, ¿Entiendes? Sales a su
encuentro, así como Él acostumbra a salir al tuyo. Esa es Su Naturaleza. Porque le has salido al encuentro con
bendiciones de bien; corona de oro fino has puesto sobre su cabeza (Salmo 21:3). El significado aquí de
“salir al encuentro” es “anticipar, preceder, ver hacia delante y proveer por
adelantado, pagar una deuda antes de tiempo.” Además, en casi todas las
instancias implica algo de placer. Isaías nos da una muestra de esta clase
de placer. Viene de parte de Dios en anticipación de una necesidad y
proveyéndola antes de tiempo. Y antes que clamen, responderé yo; mientras
aún hablan, yo habré oído (Isaías 65:24). Este verso nos provee con un cuadro
increíble del amor de Dios por nosotros. Evidentemente, él está tan ansioso de
bendecirnos, tan listo para cumplir con sus misericordias en nuestras vidas,
que él no puede esperar a que le digamos nuestras necesidades. Así que él
interviene y hace actos de misericordias, gracia y amor hacia nosotros. Y eso
es un placer supremo para él. Esto es lo que David está diciendo en el
Salmo 21, en esencia: Señor, tú derramas bendiciones y
misericordias sobre mí antes que yo pueda aún pedírtelas. Y tú ofreces más de
lo que yo pudiera aún pensar en pedirte. David se está refiriendo a algún trabajo
asombroso que Dios hizo en el ámbito espiritual. Es algo que dio a David la
victoria sobre sus enemigos, respuestas a oraciones, poder para vencer y gozo
indescriptible. Y Dios lo hizo todo aún antes de que David pudiese ir a orar, a
derramar su corazón o presentar su pedido. Una vez que David finalmente derramó
su corazón, él descubrió que Dios ya había provisto derrotar a sus enemigos. La
victoria de David estaba asegurada aún antes de que él estuviera cerca del
campo de batalla. David se apoderó de estas promesas. Y lo
primero que hizo fue quitar sus ojos del enemigo que se venía. Ahora él ya no
lloraría preguntándose porqué le había venido el problema. En lugar de eso, él
se enfocó en la revelación de la bondadosa misericordia de Dios: Me
libró porque se agradó de mí (Salmo 18:19). Esto es lo que Dios espera de cada uno
de sus hijos cuando el enemigo viene como un río contra nosotros. El amor del
Señor nos sale al encuentro. En otras palabras, él nos dice, Puede
que estés herido, pero eso no importa. Ya te he hecho victorioso.
1 comentario:
Señor tu no dejas de sorprenderme a leer estas cosas que colocas en los corazones de verdaderos hermanos en la fe, como no alabarte, adorarte y dar acciones de gracias por lo grande que eres en la vida que no has dado. Gloria a ti Señor.
Gracias hermano Néstor.
Publicar un comentario