Me
convertí a los treinta y un años de mi vida. Anteriormente, había sido un
hombre común con todas las cuestiones que los hombres vivimos en nuestra
adolescencia y juventud. En mi caso, deberás sumarle que practiqué boxeo y eso
me daba cierto aire de superioridad por sobre otros y un ánimo lindando con la
violencia. No fui un violento, de acuerdo, pero no le escapé a la violencia
cuando ella me buscó. El Señor sanó todo eso casi de manera inmediata. Hoy veo
o presiento violencia y me desagrada profundamente, como si yo jamás la hubiera
conocido o practicado. Pero sirve, sirve para poder confesarte a ti que esto
funciona, que no es mero esfuerzo personal y humano, sino condición
sobrenatural y divina. Se puede pasar de malo a manso, doy fe. La duda que a
muchos hermanos varones se les presenta, luego, es: ¿Qué hago cuando me
agreden? Pablo escribe: Dejad lugar a la ira de Dios (Romanos
12:19). Él está diciendo: “Soporten
el daño. Ríndanlo y avancen. Vivan en el Espíritu”. Sin embargo, si
decidimos no perdonar las ofensas hechas a nosotros, vamos a enfrentar las
siguientes consecuencias Vendremos a ser más culpables que la persona que
ocasionó la herida. La misericordia de Dios y su gracia hacia nosotros se
apartarán. Luego, a medida que las cosas comiencen a ir mal en nuestras vidas,
no lo entenderemos, porque estaremos en desobediencia. Los maltratos de nuestro
perseguidor en contra nuestra, continuarán robándonos la paz. El obtendrá la
victoria, al lograr herirnos de forma permanente. En cuanto Satanás logre
conducirnos a tener pensamientos de venganza, él podrá llevarnos a pecados aún
más mortales. Y cometeremos transgresiones aún peores que éstas. El escritor de
Proverbios, aconseja: La cordura del hombre detiene su furor, y su
honra es pasar por alto la ofensa (Proverbios 19:11). En otras palabras,
no debemos hacer nada hasta que nuestra ira no haya menguado. Nunca debemos
tomar una decisión ni tomar medidas mientras estemos aún airados. Cada vez que
pasamos por alto las ofensas y perdonamos los pecados cometidos en contra
nuestra, traemos gloria a nuestro Padre celestial. Al hacerlo, nuestro carácter
es edificado. Cuando perdonamos como Dios perdona, Él nos lleva a una
revelación de favor y bendición que nunca conocimos. Jesús nos dice que debemos
amar a aquéllos que se han hecho nuestros enemigos, haciendo tres cosas: Debemos
bendecirlos. Debemos hacerles bien. Debemos orar por ellos. En Mateo 5:44 Jesús
dice: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a
los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen. Está bien, la Biblia lo dice claramente, pero
yo soy un hombre normal, de carne y hueso, vivo en una sociedad altamente
machista y violenta. ¿Podré resistir y vivir la vida que Dios quiere que yo
viva? Sí, podrás; porque yo y miles y miles más hemos podido, y créeme que no
somos distintos ni mejores que tú.

1 comentario:
Es aliciente escuchar esto. yo si quiero, quiero como con otras cosas despreciar el enojo.
Señor ayudame a dar en el blanco
Publicar un comentario