Simple y breve, porque nunca será mayor la gloria del bisturí que corta los tejidos para extraer el tumor, que la del cirujano que guía y maneja ese bisturí. Este sábado 22 nuestra Web ha cumplido nueve años de existencia. ¿Está cumpliendo el objetivo para el cual Dios ordenó plantarla en el cíber espacio? Yo siento que sí, pero sólo Dios lo sabe con certeza.
Tú, mientras tanto, que eres el que la visita periódicamente y te alimentas, te informas o sencillamente inviertes tu tiempo con y en ella, eres el que ya tiene más que claro quienes somos los instrumentos que habitamos detrás de un nombre y un espacio.
Tú ya sabes que no estoy creando un nuevo movimiento del cual yo tendría que ser líder indiscutido; no estoy lanzando a diario improperios a personas con nombres y apellidos sin otro ánimo que destruirlos o causarles daño; no estoy manipulando emocionalmente a nadie para recaudar dineros en donaciones o similares propuestas, ni estoy habilitando a que los creyentes hagan cosas que Dios prohibió hacer. En nueve años de comunión casi permanente, tú me conoces a mí diez mil veces más que yo a ti. Y si bien eso, por un lado, me haría quedar en inferioridad humana, por otro lado es mi única garantía de que el Espíritu Santo ya te haya dicho muchas veces Quienes Somos, sin necesidad de leerlo en nuestra presentación.
Lo que viene, será más de esto mismo. Lo que falta, es aquello que todavía a mi Padre no le ha placido revelármelo. Lo que interesa, es la bendición y alimento genuino que cada hijo de Dios desnutrido y hambriento pueda encontrar aquí. Lo que no interesa, es los denuestos, insultos disfrazados de exhortaciones y maldiciones pintadas de palabras proféticas que todavía la religiosidad ambiente se empeña en acercar. Lo que vale es lo que Dios piensa de esto. Y eso, es suyo y nada más que suyo, y se manifestará en el momento en que Él quiera, tanto para ellos como para nosotros. Que así sea.
A ustedes, gracias por las oraciones, el respaldo espiritual y ministerial y los aportes bien intencionados que hacen llegar. Tendremos cada uno nuestra recompensa. Así está escrito. Yo digo Amén. ¿Tú?
Néstor. 22/10/11
Espacio de intercambio entre los lectores de "Tiempo de Victoria" y su responsable. Comentarios periódicos sobre actualidad y todo aquello de interés para los creyentes en Jesucristo.
10/22/2011
10/16/2011
Enemiga Mortal
En mis años de creyente debo haber oído hablar de humildad miles de veces, así como también he escuchado con la atención del que desea cumplir con el cometido, cientos de predicaciones o estudios sobre el tema. Pese a ello, recién hoy puedo hablar con alguna propiedad de eso sin caer en lugares comunes o, lo peor, demagogias eclesiásticas sin sabor a nada.
Creo que una persona humilde no es la que piensa poco de sí misma, o que baja la cabeza diciendo: “No soy nada”. Eso me suena mucho más a un mandato familiar emocional y psicológico que a humildad real. Por el contrario, humilde es la persona que depende completamente del Señor para todo, en toda circunstancia. Dicha persona sabe que el Señor la tiene que dirigir, dar poder y vivificar, y que sin eso, ¡esta persona está muerta! Todos decimos "¡Señor! ¡Hágase tu voluntad en mi vida!", pero muchos añaden casi en un murmullo: "¡Siempre y cuando esté de acuerdo con la mía!"
Ahora bien; vayamos a las antípodas. ¿Que es lo contrario, puntualmente, de la humildad? La soberbia. Una persona soberbia, es la que tiene la forma de amar a Dios, pero actúa y piensa por sí sola. En lo profundo, la soberbia es simplemente la independencia de Dios y el soberbio toma decisiones en base a su propio razonamiento, virtudes y habilidades. El dice: “Dios me dio una buena mente y espera que yo la use. Es absurdo pedirle que me dirija en cada detalle de mi vida”. Quien comió del árbol del conocimiento del bien y del mal, fue Adán. Si tú lo utilizas para conducirte, estás viviendo en Adán y no en Cristo. Entérate.
Es imposible enseñarle algo a este ser humano tan singular, tan especial y tan abundante, porque ya “lo sabe todo”. Puede escuchar a alguien mayor en autoridad o de mayor conocimiento que él mismo, pero jamás a alguien que él piense que es inferior. Y si en un lapsus de honradez lo piensa, lo disimula con evasivas, excusas y todo ese arsenal inventado por el hombre para sacarse responsabilidades de encima y cargárselas a otro. Aunque en muchos casos, es otro sea el mismísimo Dios. ¿No conoces a nadie así? Oraré para que lo conozcas, porque de ese modo sabré que no eres tú.
¡Ninguna palabra que un soberbio recibe, viene de Dios! Es imposible que juzgue con un juicio justo, es imposible que hable con el sentir de Dios, porque el Espíritu Santo no está presente en él, de modo que no puede dar testimonio de la verdad. Y aquí tengo que hacer un paréntesis casi doctrinal denominacional con la finalidad de sacar del error a muchos sinceros y fieles hermanos en Cristo. Hay gente soberbia que tiene don de lenguas. ¿Estás entendiendo? No quiero ser más frontal para no herir a nadie. Por eso dice la Biblia: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12).
La soberbia es independencia, la humildad es dependencia. El cristiano humilde es aquel que no se mueve, no decide, sin el consejo del Señor. La Biblia dice que Dios ordena los pasos del justo, pero Él no puede ordenar los pasos de un espíritu independiente. Y quiero que quede en claro algo muy valioso. Cuando digo dependencia, estoy diciendo Dios, nunca hombre. Lo primero, es bendición, humildad y libertad. Lo segundo es ignorancia, yugo y esclavitud. Esto es todo: Dios quiere el control completo, dáselo a Él.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)