“Y Jesús, llamando a sus
discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que
están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea
que desmayen en el camino” (Mateo 15:32). Creo que Cristo estaba
haciéndoles a sus discípulos, una declaración. Estaba diciendo: “Voy a hacer más por la gente, que sólo
sanarla. Voy a asegurarme de que tengan suficiente pan para comer. Me interesa
todo lo que tenga que ver con sus vidas. Ustedes deben ver que Yo soy más que
sólo poder. Yo también soy compasión. Si ustedes solamente me ven como sanador
o hacedor de milagros, me temerán. Pero si también me ven como alguien
compasivo, entonces, me amarán y confiarán en mí”. Escribo este mensaje para todos
aquéllos que están al borde del agotamiento, a punto de desmayar, agobiados a
causa de su situación presente. Han sido siervos fieles, han alimentado a los
demás y tienen la confianza de que Dios puede hacer lo imposible por su pueblo.
Sin embargo, todavía tienen algunas dudas persistentes acerca de la
disponibilidad de Dios para intervenir en su lucha. Me pregunto cuántos lectores
de este mensaje han hablado palabras de fe y esperanza a otras personas que
enfrentaban situaciones penosas, al parecer sin esperanza. Quizás han instado
con estas palabras: “Agárrate, el Señor
puede hacerlo. Él es un Dios hacedor de prodigios y sus promesas son
verdaderas. Así que, no pierdas la esperanza, porque Él responderá tu clamor”. “Realmente crees en los milagros?” Esa
es la pregunta que nos hace el Espíritu Santo. Nuestra respuesta es: “Sí, por supuesto, Señor. Creo en cada
milagro que he leído en las Escrituras”. Pero esta respuesta no es lo
suficientemente buena. La pregunta de Dios para cada uno de nosotros, realmente
es: “¿Crees que puedo obrar un
milagro para ti?” Y no
tan sólo un milagro, sino un milagro para cada crisis, para cada situación que
enfrentemos. Necesitamos más que los milagros del Antiguo Testamento, del Nuevo
Testamento, más que esos milagros que acontecieron en la historia. Necesitamos
milagros actuales, de hoy, personales, diseñados exclusivamente para nosotros y
para nuestra situación. Piensa en alguna dificultad que estés enfrentando en
este instante, tu mayor necesidad, tu problema más preocupante. Tú has orado
acerca de ello por tanto tiempo. ¿De veras crees que el Señor es capaz y que va
a solucionarlo, de maneras que tú no puedes concebir? Ese tipo de fe obliga al
corazón a dejar de preocuparse y de hacer preguntas. Te dice a ti que descanses
en el cuidado del Padre, confiando que Él lo va a hacer todo a su manera y en
su tiempo.
Espacio de intercambio entre los lectores de "Tiempo de Victoria" y su responsable. Comentarios periódicos sobre actualidad y todo aquello de interés para los creyentes en Jesucristo.
3/30/2012
3/28/2012
Quietud
El lunes hablaba de
la paz y recordaba ciertas anécdotas de los tiempos primarios ministeriales. Jesús
sabía que sus discípulos necesitaban una clase de paz que los ayudaría a través
de cualquier y de todas las situaciones. Él les dijo a sus discípulos, La
Paz os dejo, mi paz os doy (Juan 14:27). Esta palabra tuvo que haber
asombrado a sus discípulos. Para los ojos de ellos, esta era casi una promesa
increíble: La paz de Cristo llegaría a ser la paz de ellos. Estos doce hombres se habían maravillado de la paz que
ellos habían presenciado en Jesús durante los tres años pasados. El Maestro de
ellos nunca había estado temeroso. Él siempre estaba calmado, nunca alterado
por ninguna circunstancia. Sabemos que Cristo
era capaz de tener un enojo espiritual. Unas veces él estuvo agitado, y también
sabía cómo llorar. Pero él llevó su vida en la tierra como un hombre de paz. Él
tenía paz con el Padre, paz al enfrentar tentación, paz durante los tiempos de
rechazo y burla. El aún tenía paz durante las tempestades en el mar, durmiendo
sobre la cubierta del bote mientras los otros temblaban de terror. Los discípulos habían presenciado cómo Jesús fue
llevado a una colina alta por una turba enardecida determinados a matarlo. Sin
embargo, él calmadamente caminó alejándose de esa escena, sin haber sido tocado
y lleno de paz. Todo esto debe de haber sido motivo de discusión entre los
discípulos: “¿Cómo pudo él dormir
durante la tormenta? ¿Y cómo pudo él estar tan calmado cuando esa
muchedumbre estaba intentando lanzarlo desde una colina? La gente se burla de
él, lo insultan, le escupen, pero él nunca pelea. Nada lo altera.” Ahora Jesús estaba
prometiendo a estos hombres esa misma paz. Cuando escucharon esto, los
discípulos debieron de haberse mirado los unos a los otros en asombro: ”Así que, ¿vamos a tener la misma paz que él
tiene? ¡Esto es increíble!” Jesús añadió, Yo no
os la doy como el mundo la da (Juan 14:27). Esto no iba a ser la paz de
una sociedad insensible y desubicada. Ni tampoco sería la paz temporaria de los
ricos y de los famosos, los cuales intentan comprar paz para sus mentes con
cosas materiales. No, esta era la verdadera paz del mismo Cristo, una paz que
sobrepasa todo entendimiento humano. Cuando Cristo le prometió a sus
discípulos su paz, es como si les estuviera diciendo a ellos entonces y a
nosotros hoy día: “Yo sé que ustedes no
entienden los tiempos que ustedes enfrentarán. Ustedes no comprenden la Cruz y
el sufrimiento que pronto enfrentaré. Pero quiero llevar sus corazones a un
lugar de paz. Ustedes no podrán afrontar lo que viene sin tener mi paz duradera
dentro de ustedes. Deben tener mi paz” La pregunta que no puedo dejar de
formularte en este día, es: ¿Tienes paz en tu corazón? ¿Puedes decir como el
salmista, en paz me acostaré y asimismo dormiré? Si puedes decirlo y vivirlo,
has alcanzado una madurez que te hace apto para toda la guerra desatada en las
regiones celestes como premisa para extender y recuperar el Reino. Si no puedes
decirlo, no vayas corriendo al psicólogo, no te tragues toneladas de pastillas
relajantes o sedantes. Lo que debes hacer ya mismo, es arrojarte al piso de
rodillas y buscar desesperadamente a Cristo. A ese Cristo del que quizás vienes
hablando y hasta enseñando o predicando desde hace años, pero que es notorio
que aún no está viviendo en tu interior.
3/26/2012
Descanso
Me tomé una semana
de descanso, simplemente eso. La necesitaba porque venía con un ritmo de
trabajo arduo y los años pasan para los cuerpos físicos y las mentes naturales,
aunque no así para los espíritus de los que aman al Señor. Fuera de las
estructuras eclesiásticas es mucho más fácil dejar de lado esas ocurrentes
ideas pretendidamente bíblicas, que aseguran que los creyentes no tienen que
tomarse licencias ni vacaciones, y que ya tendrán tiempo de descansar cuando
estén con el Señor. No sé quién pudo haber inventado eso, pero puedo asegurarte
que en la Biblia no está. Muy por el contrario, el Salmo 23, que tú ya sabes
porque así lo he enseñado, está mal traducido en la versión clásica, ya que
habla en permanente tiempo presente y no futuro. Dice, por ejemplo, que Jehová es mi pastor, no ese hombre de
traje, corbata, anteojos y rostro severo que manda en la iglesia, y que con
Jehová como pastor nada me falta.
Pero luego dice que en lugares de delicados pastos me hace descansar y que junto
a aguas de reposo me pastorea. ¿Sabes qué? He podido comprobarlo. Mira la
foto que publico y que yo mismo he obtenido. Ese lugar está en un paraje muy
bonito de la provincia argentina de Córdoba, donde las serranías y el verde
intenso otorgan un verdadero baño de paz externa donde puedes conjugarla con la
interna que debe liderar tu vida, y en esa conjunción revitalizar tu existencia
de tal modo que podrás luego encarar otro año de trabajo con fuerzas y nuevas
energías. En este lugar, entre otros que he visitado, acompañado de un buen
mate, una infusión para sorber que es nuestra bebida más tradicional y
estimada, o simplemente con la vista descansando en el verde, el agua y el
cielo azul, es cuando un hombre común, aunque muchos supongan que no lo es,
puede hacerse fuerte en otro fragmento del salmo aludido, que dice que no temeré mal alguno porque Él está conmigo.
¿Sabes qué? Sin tener ninguna visión espectacular ni una visitación
sobrenatural e impactante, puedo asegurarte que lo sentí con total claridad. Y
eso no quiere decir que el lugar que estás viendo sea su morada, sino que es en
nuestro interior donde Él la efectúa, siempre y cuando tú le busques con hambre
y sed de justicia.
3/19/2012
Veredicto
Hemos aprendido de
Isaías 49 que el Señor conoce tu batalla. Él ya la ha peleado antes que tú lo
hagas. Y no es pecado soportar pensamientos de que nuestra labor ha sido en
vano, o derrumbarnos con un sentimiento de haber fallado cuando nuestras
expectativas se hacen añicos. Jesús mismo pasó por esto y estaba sin pecado. A
diario recibo correos de pastores o ministros a punto de abandonarlo todo por
causa de una enorme depresión y frustración. Yo mismo en algunas ocasiones me
he enfrentado a esa pesada sensación de no estar llegando a ninguna parte y
mejor quedarse sentado y no hacer nada más. Sin embargo, por la misericordia de Dios he llegado a entender que es
peligroso permitir que estas mentiras infernales hieran e inflamen tu alma. Jesús
nos muestra el camino para salir de este abatimiento con la siguiente
declaración: Por demás he trabajado…pero mi
causa está delante de Jehová, y mi recompensa con Dios (Isaías 49:4). La palabra
Hebrea “causa” significa aquí “veredicto”. Cristo está diciendo en efecto, “El veredicto final es con mi Padre. Sólo El
pasa juicio sobre todo lo que he hecho y cuán efectivo he sido.” Dios nos urge a través de este verso: “Deja de pasar veredictos sobre tu trabajo
para mí. No tienes por qué juzgar qué tan efectivo has sido. Y tú no tienes
ningún derecho a llamarte un fracasado. Tú no tienes todavía ni idea la
influencia que has tenido. Tú simplemente no tienes la visión de saber las
bendiciones que te están viniendo.” Así es, no sabremos estas cosas hasta que
estemos delante de El en la eternidad. En Isaías 49, Jesús escuchó que el Padre decía en pocas palabras: “Así que Israel no está juntado. Sí, te
encomendé que juntaras a las tribus, y eso no ha sucedido de la manera en que
te lo imaginaste. Pero ese llamado fue sólo una pequeña cosa comparada con lo
que viene para ti. Es nada en comparación con lo que tengo preparado. Te haré
ahora una luz para todo el mundo. Tú traerás salvación a toda la tierra” Mientras el diablo te está mintiendo, diciéndote que
todo lo que has hecho fue en vano, que nunca verás tus expectativas realizadas,
Dios está en su gloria preparando una bendición más grande. Él tiene mejores
cosas preparadas, más allá que cualquier cosa que pudieras pensar o pedir. No tenemos por qué seguir escuchando las mentiras del
enemigo. En lugar de eso, tenemos que descansar en el Espíritu Santo, creyendo
que él completará el trabajo de hacernos más como Cristo. Y tenemos que
levantarnos de nuestra desesperación y pararnos en ésta palabra: Estad
firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que
vuestro trabajo en el Señor no es en vano (1 Corintios 15:58).
3/18/2012
Magnitud
En la vida de cada
creyente – y también de la iglesia en su conjunto, que no necesariamente es
congregación evangélica, aunque pueda incluirla en ciertos casos – viene un
tiempo en que Dios nos pone en la prueba más ardua de fe. Es la misma prueba
que Israel encaró en la parte desértica del Jordán... ¿Cuál es esta prueba? Es mirar a los peligros que nos aguardan – los
problemas gigantescos que encaramos, las altas murallas de aflicción, los
principados y poderes que buscan destruirnos – y lanzarnos hacia delante
dependiendo totalmente en las promesas de Dios. La prueba es para que nos
comprometamos a toda una vida de confianza y esperanza en su Palabra. Es un compromiso
de creer que Dios es más grande que todos nuestros problemas y enemigos. Nuestro Padre celestial no está buscando una fe que
trata con un problema en particular cada vez. El busca toda una vida de fe, un
compromiso de toda la vida para creerle a él por lo imposible. Esa clase de fe
trae una calma y un reposo a nuestras almas, no importa cuál sea nuestra situación.
Y tenemos esta calma porque ya lo hemos decidido de una vez por todas de que, “Mi Dios es más grande. Él es capaz de
sacarme de todas y cualquiera de mis aflicciones.” Nuestro Señor es
amoroso y paciente, pero él no permitirá que su gente continúe mucho tiempo en
incredulidad. Tal vez tú hayas sido tentado una y otra vez, y ahora el tiempo
ha llegado que tomes una decisión. Dios
quiere una fe que aguante la prueba más ardua, una fe que no permitirá que nada
quite tu confianza en su fidelidad. Hay mucha teología que envuelve
el tema de la fe. Para ponerlo simplemente, no podemos conjurarla para que
venga. No podemos crearla repitiendo, “Yo
creo, yo realmente creo…” No, la fe es un compromiso que hacemos de
obedecer a Dios. Mi obediencia refleja lo que yo creo. Cuando Israel se
enfrentó a Jericó, a las personas se les dijo que no dijeran ninguna palabra, y
que simplemente marcharan. Estos creyentes fieles no susurraron entre sí, “Ayúdame a creer, Señor. Quiero realmente
creer.” No, ellos se enfocaron en una cosa que Dios les pidió que hicieran:
obedecer su Palabra e ir hacia delante. Eso es fe. Significa fijar tu
corazón en obedecer todo lo que está escrito en la Palabra de Dios, sin
cuestionarla o tomarla a la ligera. Y sabemos que si nuestros corazones están
determinados a obedecer, Dios se asegurará de que su Palabra para nosotros es
clara, sin confusión. Es más, si él nos comanda hacer algo, él nos suplirá con
el poder y fuerza para obedecer: Diga el débil, fuerte soy (Joel 3:10) - Por
lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de
su fuerza (Efesios 6:10).
3/16/2012
Pruebas
A veces me he preguntado qué tiene que decirnos a ti y a mí la nube de
testigos mencionada en Hebreos 12:1 ¿Qué dicen las escrituras que es su mensaje
para los hermanos luchadores del cuerpo de Cristo? Simplemente esto: Los
ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones (1
Pedro 3:12). Yo no creo que esta gran multitud de
testigos celestiales nos hablarían a nosotros sobre sujetarnos a teologías,
reglamentos denominacionales o doctrinas complicadas. Yo creo que ellos nos
hablarían en la simplicidad de la verdad: El autor de la carta a los Hebreos nos
testificó que debemos mirar a Jesús, el autor y consumador de nuestra fe.
Debemos continuar predicando la victoria de la cruz, soportar las acusaciones
en contra de nosotros de los pecadores, y despojarnos del pecado que nos asedia,
corriendo con paciencia la carrera que tenemos por delante. El rey David nos testificó que podemos confiar
en el perdón del Señor, y él no removerá su Espíritu Santo de nosotros. David
cometió asesinato y fue un adúltero y un mentiroso. Pero él se arrepintió y el
Padre no lo soltó porque había puesto su corazón sobre David. Pedro nos testificó
que él pecó contra la luz más grandiosa que podría existir. Este discípulo
caminó en la presencia de Jesús; él pudo tocar a Jesús y hasta
recibió su llamado del mismo Cristo. Este hombre pudo haber vivido en
culpabilidad y condenación, pero Dios había puesto sobre él su corazón. Pablo nos dice que no
temamos nuestras aflicciones. Jesús sufrió cada día de su ministerio, y murió
en sufrimiento. Y cuando Cristo llamó a Pablo a predicar el evangelio, él le
mostró cuán grandes aflicciones le aguardaban. A través de sus años en el ministerio,
Pablo fue verdaderamente afligido. Pero las aflicciones prueban que Dios te ha
entregado su corazón. A fin de que nadie se inquiete por estas
tribulaciones; por que vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos (1
Tesalonicenses 3:3). También vemos el testimonio de Job: ¿Qué
es el hombre para que lo engrandezcas, y para que pongas sobre él tu corazón, y lo visites todas las
mañanas, y todos los momentos lo pruebes? (Job 7:17-18). Cuando Dios pone su
corazón sobre ti, serás probado a menudo. Pero el hecho es, que mientras más
larga y dura es tu aflicción, más profundamente Dios ha puesto su corazón sobre
ti, para mostrarte su amor y su cuidado. Ese es el testimonio de la vida de
Pablo y de la vida de Jesús. El enemigo puede venir contra ti, pero nuestro
Señor ha levantado un estandarte contra él. Encontramos descanso absoluto en
Jesús. Claro está que ese sufrimiento que puedas experimentar será decisión de
Él por sí o por no, tú no puedes buscarlo, porque eso sería estoicismo, no
cristianismo.
3/14/2012
Refresco
Una duda ha
recorrido mi mente, y supongo que también la de una gran mayoría de los que han
leído la historia: ¿Cómo trajo el Espíritu Santo consuelo a Pablo durante los
momentos en que estuvo abatido? El apóstol mismo nos dice: Pero Dios que consuela a los
humildes, nos consoló con la venida de Tito” (2 Corintios 7:6) Tito
llegó a Macedonia con un espíritu refrescante, y súbitamente el corazón de
Pablo fue levantado. Mientras estos dos hombres compartían, la alegría inundó
el cuerpo de Pablo, su mente y su espíritu, y el apóstol escribió, Lleno
estoy de consolación; sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones (7:4). Pablo estaba declarando, “Yo todavía tengo problemas, pero el Señor
me ha dado lo que necesito para la batalla: Me ha refrescado a través de Tito.” A través de mis
años en el ministerio, he visto a hombres y mujeres de Dios llegar al final de
su resistencia, abatidos y completamente confundidos. Yo me he angustiado al
ver a estos amados hermanos y hermanas en su dolor, y le he preguntado al
Señor, “¿Padre, cómo podrán estos siervos
tuyos salir de ese pozo de sufrimiento? ¿Dónde está el poder que los sacará?
¿Qué puedo decir o hacer para ayudarlos?” Yo creo que la respuesta se
encuentra aquí, en el testimonio de Pablo. Aquí tenemos a un hombre tan
profundamente agotado que ya no era él mismo. Pablo estaba en el momento más
oscuro de su ministerio, tan abrumado como nunca lo había estado. Sin embargo,
en unas pocas horas, él estaba completamente fuera del pozo oscuro deleitándose
en felicidad y gozo. Una vez más el amado apóstol se sintió amado y necesitado. ¿Cómo sucedió esto?
Primero, veamos lo que sucedió en Corintio. Cuando Tito llegó allí para
reunirse con los líderes de la iglesia, él recibió su propio refrescar
glorioso. Un despertamiento estaba tomando lugar en la iglesia por que habían
hecho caso de la instrucción de Pablo, y ahora Dios los estaba bendiciendo
poderosamente. Tito volvió a Macedonia con las
noticias gratas: “Pablo, ¡los hermanos en
Corintio mandan su amor! Ellos han quitado el pecado que estaba en medio de
ellos y han tratado con los falsos profetas. Ellos ya no menosprecian tus
sufrimientos, y en lugar de eso, se regocijan en tu testimonio.” Esta palabra
refrescante, llevada por un querido hermano en el Señor, inmediatamente sacó a
Pablo de su pozo: Dios que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito (2
Corintios 7:6). ¿Ven el ejemplo aquí? Dios usa personas para refrescar
a las personas. Él no envió a un ángel para refrescar a Pablo. El consuelo que
este hombre recibió vino a través del refrescar del espíritu de Tito, el cual a
la vez, refrescó el de Pablo. Es mi ferviente oración que esto que hoy he
escrito, signifique un refresco a tu vida en este exacto y puntual día de tu
vida. Si así fuera, no deberás agradecérmelo a mí, sino al Señor. Yo apenas he
sido mínimamente obediente con lo que Él me ordenó hacer en tu favor. ¿Puedes
entenderlo?
3/12/2012
Expectativas
Dios es un creador de promesas y un cumplidor de promesas, que nunca se te olvide y le ha hablado al corazón de su pueblo respecto a cuatro asuntos en los que ese pueblo de Dios debe confiar en Él. Estas expectativas se basan en las promesas que Dios nos ha hecho. 1- Debes estar expectante de ser galardonado, mientras buscas diligentemente al Señor. Dios…es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6). Por fe, tú puedes pedir que Dios te toque, para que seas animado y su confianza te reavive. Dios siempre llega a tiempo y sabe que tú necesitas un rayo de esperanza y buenas nuevas en medio de su prueba. Espera que Él cumpla su promesa de galardonarte ahora mismo, que es cuando te encuentras en tu mayor necesidad. Dios no puede mentir. El dice que El galardona a lo que le buscan. Búscalo diariamente y cree que este año será tu año de gran bendición espiritual. 2- También debes estar expectante de ver evidencia de un milagro progresivo en tu vida. Todas las cosas son posibles para Dios (Marcos 10:27). Yo creo en los milagros, en los instantáneos y en los progresivos. El comienzo de un milagro progresivo no es visible, ni ruidoso y se va desplegando poco a poco, de pequeña misericordia en pequeña misericordia. Espera ver a Dios obrando de maneras misteriosas, invisibles al ojo humano. 3- Asimismo, debes estar expectante de entrar al lugar de reposo prometido por Dios. Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios…procuremos…entrar en aquel reposo. (Hebreos 4:9,11). En los últimos años, hemos visto una increíble avalancha de calamidades, problemas y pruebas. En medio de esto, el Señor desea que tú creas que Él te llevará a tu lugar de reposo. Dios nunca deseó que sus hijos vivan en temor y desconcierto. Necesitamos una fe inquebrantable y confiar en Dios al enfrentar el miedo, los problemas y aun la muerte misma. 4- Finalmente, debes estar expectante de que el Espíritu Santo esté siempre en su templo. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? (1 Corintios 6:19). El Espíritu Santo mora en el corazón del creyente. Él es omnipresente, a lo largo de todo el mundo. Puedo afrontar el diario vivir, sabiendo que Él esta acá, en su templo para consolarme, guiarme, alentarme, ungirme y revelarme la gloria de Jesús, dándome una revelación siempre creciente. Él desea que tú esperes que Él haga notoria su presencia en ti, haciéndola más notoria con el paso de los días. Él quiere llevarte a tener una fe inconmovible, tal como lo hizo con sus discípulos. ¡Cree estas promesas! ¡Aférrate de estas expectativas y verás a Dios hacer cosas maravillosas!
3/11/2012
Gente
Te imaginarás que una parte importante de este trabajo
que el Señor puso en mis manos, es el estudio. Estudiar la palabra bajo la guía
y unción del Espíritu Santo es la tarea más apasionante e impactante que he
realizado en mi vida. Lo comparo, -para que se entienda-, con viajar a lugares
desconocidos y meterse en zonas aún menos conocidas. Todo lo que veas te
sorprenderá, todo lo que oigas te conmoverá y todo lo que sientas te
desestructurará. Así que mi vida cotidiana se reduce a trabajar confeccionando y
grabando los estudios de audio, que previamente habrá que escribir porque la
memoria ya no es la misma de los veinte años, cuando no estoy haciendo eso,
estudiar lo que el Espíritu ponga en mi corazón, y luego consultar si es algo
para compartir con ustedes o simplemente una palabra personal, como con
cualquier creyente sin trabajo ministerial y, cuando no hago ninguna de estas
dos cosas, ocio. ¿Ocio? ¡Hermano! ¡Un hijo de Dios no puede estar ocioso! ¿Ah,
no? ¿Y cómo va a disfrutar de esa vida abundante prometida si no puede
disfrutar de una hora sin hacer otra cosa que disfrutar de esta vida? De todos
modos, no te preocupes. Hay cosas que en cierta altura ministerial, ya no te
son permitidas. Y el ocio común y habitual de las personas, no entra en la vida
de los hijos del Señor en la misma medida. Mis momentos de ocio suelo
utilizarlos compartiendo en familia audios, lecturas o videos de otros hombres
o mujeres de Dios. Personalmente me quedo con las dos primeras, porque no me
interesa demasiado ver a alguien que no dice nada y entretiene a la gente con
morisquetas. Pero como hay siervos que solamente tienen videos, allá vamos. Y
en la mayoría de ellos, (Suelo ver conferencias en determinados lugares con la
participación de varios ministros “famosos” y otros de menor predicamento) he
podido presenciar un hecho muy singular. Cuando el DVD comienza a mostrarme a
la gente asistente al lugar de la conferencia, puedo anticipar si lo que oiré
será bueno o más de lo clásico y tradicional. ¿Cómo lo sé? ¿Acaso es alto
discernimiento? ¿Quizás desciende un ángel, o mejor un arcángel, o los dos, y
me lo comunican? No. Nada de eso. ¡Qué más quisiera! Sencillamente observo la
cantidad de personas que hay en el salón o templo. Si está repleto, el que va a
predicar es un “famoso” y lo más probable es que solamente disfrute del ocio de
no hacer nada durante el lapso que dura su mensaje. Si está semi vacío o con grandes
claros en plateas y gradas, entonces pongo mucha atención porque el que va a
predicar es un desconocido que muy probablemente me sacuda con un par de
revelaciones de esas que te dejan estupefacto. No quiero decir por qué sucede
esto que te cuento, pero será bueno que en lo que te compete, lo examines
seriamente. ¿Te atrae más el prestigio de un nombre que has visto en videos,
libros y la televisión cristiana o alguien que te traiga una palabra puesta por el Espíritu Santo que
verdaderamente cambie tu vida? Esto también es Reino.
3/09/2012
Perseverar
Caleb,
cuyo nombre significa: “forzoso,
fortaleza”, es una tipología del cristiano que llega hasta el final Él nunca
se separaba de Josué, que es tipología de Cristo, y representaba a alguien que
continuamente caminaba con el Señor. Caleb había pasado el Jordán con los espías. Mientras
estaba allí, el Espíritu Santo lo atrajo a Hebrón, “el lugar de muerte”. Con asombro, subió ese monte santificado y la
fe inundó su alma. En este lugar, Abraham y Sara fueron enterrados, así como
Isaac y Jacob. Años más tarde, el reino de David comenzaría allí. ¡Caleb apreciaba dicho lugar santo! A partir de ese
momento, él deseó Hebrón como posesión suya. Se decía de Caleb que decidió ir en pos de mi (Números
14:24). Él nunca vaciló hasta el final. Salomón fluctuó en sus últimos
años y su corazón no era perfecto con Jehová. Pero a los 85 años,
Caleb pudo testificar: Todavía
estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces,
tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar (Josué
14:11). A los 85, ¡Caleb emprendió su mayor batalla! “Dame,
pues, ahora este monte (Hebrón)… (Josué 14:12). Josué
entonces le bendijo, y dio a Caleb…a Hebrón por heredad… (Josué 14:13). Hebrón vino a ser heredad de Caleb…por cuanto
había seguido cumplidamente a Jehová (Josué 14:14). ¡Este mensaje es glorioso! Es esto: No es suficiente
haber muerto al pecado, haber conocido la plenitud en alguna época pasada. ¡La
necesidad es de crecer en el Señor hasta el final! Mantener el poder y fuerza
espiritual, no fluctuar, seguir “cumplida y completamente al Señor”, ¡aun en la
vejez! Se trata de una fe constantemente creciente. Hebrón, la heredad de Caleb, significa “una compañía asociada”. ¿Asociada a
qué? La respuesta es: “a la muerte”. Fue
en Hebrón que Abraham construyó un altar para sacrificar a su hijo y es aquí donde
Caleb y su familia vivirían. Ellos estarían constantemente asociados al altar
del sacrificio vivo. La integridad del corazón de Caleb hacia el Señor
producía un fuego santo por Dios en sus hijos. Mientras que los hijos de las
dos tribus y media, que vivían en “mitad
del camino” se apartaban y acogían al mundo y su idolatría, ¡La familia de
Caleb crecía fuerte en el Señor!
3/07/2012
Planes
Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo
a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer (Juan
6:5-6). Jesús puso a un lado a Felipe y le dijo: “Felipe, acá hay miles de personas. Todas
tienen hambre. ¿Dónde vamos a comprar suficiente pan para alimentarlos? ¿Qué
crees que deberíamos hacer? ¡Qué amor tan
increíble el de Cristo! Jesús siempre supo lo que iba a hacer; el versículo
arriba citado nos lo dice. Sin embargo, el Señor estaba tratando de enseñarle
algo a Felipe y la lección que le estaba dando, se aplica a nosotros el día de
hoy. Piensa al respecto: ¿Cuántas personas en el cuerpo de Cristo se quedan
despiertas hasta la medianoche intentando hallar solución a sus problemas?
Pensamos: “Quizás esto funcione.
No, no, quizás aquello lo solucione. No…” Felipe y los apóstoles no sólo tenían un problema de
falta de panes. Tenían un problema de falta de panaderías…y un problema
económico…y un problema de distribución…y un problema de transporte…y un
problema de tiempo. Júntalos todos, y verás que tenían más problemas de los que
pudieran incluso, imaginar. Su situación era absolutamente
imposible. En todo momento, Jesús sabía exactamente lo que iba a hacer. Él tenía un
plan. Y lo mismo es cierto para sus problemas y dificultades, hoy. Hay un
problema, pero Jesús ya conoce la situación completa. Y Él viene a tí, preguntándote:
“¿Qué piensas hacer respecto a esto?”. La respuesta correcta por parte de Felipe, hubiera sido: “Jesús, Tú eres Dios. Para ti no hay nada
imposible. Así que te entrego este problema a ti. Ya no es mío, sino tuyo”. Eso es exactamente lo que debemos decirle a nuestro Señor hoy, en medio de
nuestra crisis: “Señor, Tú eres el
hacedor de maravillas y yo voy a rendirte todas mis dudas y temores. Te
encomiendo toda esta situación, mi vida entera, a tu cuidado. Sé que no permitirías
que desmaye. De hecho, Tú ya sabes lo que vas a hacer respecto a mi problema.
Confío en tu poder. Sí, ya sé; ahora sales corriendo a tu cuarto, te
arrodillas y repites casi como un lorito esta oración que acabas de leer. ¿Está
mal? No, no está mal si tienes problemas para orar con tus propias palabras,
pero… ¿Lo estás creyendo? Porque la clave no es orar las palabras más bonitas y
exactas conforme al problema; la clave está en creer que lo que estamos
diciendo, es verdad. Ese debe ser tu plan principal.
3/05/2012
Negligencia
Cuando en ciertas y determinadas ocasiones, y a partir de algunos hechos
concretos que nos impulsan, le pedimos al
Espíritu Santo que nos enseñe cómo guardarnos contra la negligencia y la
negación, Él nos lleva a considerar cómo Pedro se alejó y luego, la renovación
que ocurrió. Este hombre negó a Cristo, incluso maldiciendo, diciendo a sus
acusadores: “Yo no lo conozco”. ¿Qué
había pasado? ¿Qué fue lo que llevó a Pedro hasta ese punto? Fue su orgullo, el
resultado de la soberbia, de la justicia propia. Este discípulo había dicho de
sí mismo: “No podría dejar enfriar mi
amor por Jesús. He alcanzado un lugar en mi fe donde no necesito que me
adviertan. Otros pueden tropezar, pero yo moriré por mi Señor”. Sin
embargo, Pedro fue el primero de los discípulos en rendirse ante la lucha.
Abandonó su llamado y volvió a su antigua profesión, diciéndole a los demás: “Voy a pescar”. Lo que él realmente
estaba diciendo era: “No puedo más. Pensé
que no podía fallar, pero nadie le ha fallado tanto a Dios como yo. Ya no
soporto más esta lucha”. Para ese punto, Pedro ya se había arrepentido de
negar a Jesús. Ya había sido restaurado en el amor de Jesús. Pero él era,
todavía, un hombre débil por dentro. Ahora,
mientras Jesús esperaba que sus discípulos regresaran a la orilla, un asunto
seguía sin ser resuelto en la vida de Pedro. No era suficiente que Pedro fuera
restaurado, teniendo seguridad de su salvación. No era suficiente que él haya
ayunado y orado como cualquier devoto creyente lo haría. No, el asunto al que
Cristo quería ponerle la atención en la vida de Pedro, era respecto a otra
forma de negación, una forma diferente de negligencia. Permíteme explicarte. Mientras se sentaban
alrededor del fuego en la costa, comiendo y compartiendo, Jesús le preguntó a
Pedro tres veces: ¿Me amas más que estos? Cada vez, Pedro respondía: Sí
Señor, Tú sabes que te amo, y Cristo le respondía: Apacienta mis corderos.
Noten que Jesús no le recordó que esté alerta ni que ore, ni tampoco que sea
diligente en leer su Palabra. Cristo asumía que esas cosas ya habían sido bien
enseñadas. Por el contrario, la instrucción que le dio a Pedro ahora fue: Apacienta
mis corderos. Yo creo que en
esa simple frase, Jesús instruía a Pedro sobre cómo guardarse de la
negligencia. En esencia, le decía: “Quiero
que te olvides de tu fracaso, olvida que te alejaste de mí. Has regresado a mí
ahora, te he perdonado y te he restaurado. Así que es tiempo de dejar de
enfocarte en tus dudas, fracasos y problemas. Y la forma de hacerlo es no
descuidando a mi pueblo y ministrar a sus necesidades. Como el Padre me
envió, así te envío Yo”. Negligencia es sinónimo de indolencia. Sería
excelente para tu crecimiento y madurez que hoy pudieras examinarte al
respecto. ¿Has sido negligente para con el Señor en estos últimos días? Tienes
una salida. La que utilizó Pedro. Esa es tu tarea, estudiarla. Eso se llama Escudriñar, es mandamiento.
3/04/2012
¿Casualidades?
En
el salmo 27, David le ruega
a Dios a través de una oración urgente. Implora en el verso 7: Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo; ten misericordia
de mí, y respóndeme. Su
oración está enfocada en un deseo, una ambición, algo que lo ha está
consumiendo: Una cosa he demandado a Jehová (Salmos 27:4). David
testifica: “Tengo una oración, Señor, una
petición. Es mi única meta, la más importante de mi vida, es aquello que deseo.
Y lo buscaré con todo mí ser. Este único objetivo me consume”.¿De qué se
trataba esta “cosa” que David deseaba más que nada, aquel objetivo en el cual
había fijado su corazón para alcanzarlo? Él nos lo dice: Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi
vida, para contemplar la hermosura de Jehová y para inquirir en su templo (Salmos
27:4). No te equivoques: David no era un hombre aislado, que
se escondía del mundo exterior. Él no era un ermitaño, buscando ocultarse en
algún desierto desolado. No, David era un apasionado hombre de acción. Él era
un gran guerrero y multitudes coreaban sus victorias en la batalla. Él también
era un apasionado de la oración y de la devoción, con un corazón que gemía por
Dios ¡Y el Señor había bendecido a David concediéndole tantos deseos de su
corazón! De
hecho, David había probado todo lo que un hombre pudiera desear en su vida.
Conoció las riquezas y la gloria, el poder y la autoridad. Contaba con el
respeto, la alabanza y la adulación de los hombres. Dios le había dado
Jerusalén como capital de su reino y estaba rodeado de hombres devotos, todos
dispuestos a morir por él. Más que nada, David era un adorador. Él un hombre de
alabanza, que daba gracias a Dios por todas sus bendiciones. Él mismo lo
testifica, diciendo: El Señor derramó bendiciones delante de mí. David,
de hecho estaba dando a entender: “Hay
una forma de vivir que ahora busco, un lugar establecido en el Señor que anhela
mi alma. Deseo tener una intimidad ininterrumpida con mi Dios”. Esto es lo
que David quiso decir cuando oró: Que esté yo en la casa de Jehová todos los
días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová y para inquirir en su
templo (Salmos 27:4). En estos días, una dolencia no conocida del
mandatario de Bolivia Evo Morales, lo suma al paraguayo Lugo, el venezolano Chávez,
el brasileño Lula da Silva y la argentina Cristina Fernández como
representantes del poder con problemas serios de salud. ¿Cuál es el significado
de esto? Hipótesis, hay muchas. Cada uno da la que coincide con sus posiciones políticas
o ideológicas. Castigo de Dios, plan norteamericano, castigo a la izquierda,
conspiración de la derecha. Yo no lo sé, pero lo que sí sé, es que las
casualidades no existen. Por las dudas, repasemos una vez más lo leído. Es David.
David era un rey que, llegado el momento, expresó lo que el Salmo 27:4 rescata.
¿No será tiempo que las naciones lo imiten?
3/02/2012
Conquista
El
Señor se le apareció a Abraham un día y le dio un mandato increíble: Vete
de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te
mostraré. (Génesis 12:1). Qué cosa asombrosa. De
repente, Dios escogió a un hombre y le dijo, “Quiero que te levantes y te vayas, dejando todo atrás: tu casa, tus
parientes, aún tu país. Quiero enviarte a algún lugar, y te dirigiré por el
camino para que llegues allí.” ¿Cómo respondió Abraham
a ésta palabra increíble del Señor? Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció
para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a
dónde iba. (Hebreos 11:8). ¿Qué estaba haciendo
Dios? ¿Por qué buscaría entre las naciones a un hombre, y luego le pediría que
lo abandone todo y se vaya en un viaje sin ningún mapa, sin dirección
preconcebida, sin saber cuál era el destino? Piensa en lo que Dios le estaba
pidiendo a Abraham. Él nunca le mostró cómo iba a alimentar y cuidar de su
familia. Él no le dijo qué tan lejos tendría que ir ni cuando él llegaría a su
destino. El sólo le dijo dos cosas en el principio: “Ve”, y, “Te mostraré el
camino” En esencia, Dios le dijo a Abraham, “Desde éste día en adelante, quiero que me entregues todos tus mañanas.
Tú vivirás el resto de tu vida poniendo tu futuro en mis manos, día tras día.
Te estoy pidiendo que comprometas tu vida a una promesa que te estoy haciendo a
ti, Abraham. Si tú te comprometes a hacer esto, te bendeciré, te guiaré y te
dirigiré a un lugar que nunca imaginaste.” El
lugar a donde Dios quería dirigir a Abraham es el lugar donde él quiere llevar
a cada miembro del cuerpo de Cristo. Abraham es lo que la Biblia llama un
“hombre de modelo”, alguien que sirve como ejemplo de cómo caminar delante del
Señor. El ejemplo de Abraham nos muestra lo que es requerido de todos los que
buscan agradar a Dios. No te equivoques,
Abraham no era un hombre joven cuando Dios lo llamó a hacer éste compromiso.
Probablemente había puesto en marcha planes para proveer para el futuro de su
familia, así que debería de estar preocupado sobre muchas consideraciones
mientras él sopesaba el llamado de Dios. Sin embargo, Abraham le
creyó a Dios; y (Dios) se lo contó por justicia” (Génesis 15:6) El
Apóstol Pablo nos dice que todos los que creen y confían en Cristo son hijos de
Abraham. Y así como Abraham, somos contados como justos por que obedecimos al
mismo llamado de confiar todos nuestros mañanas en las manos del Señor.
¿Estarás dispuesto o dispuesta a salir ya mismo hacia dónde Dios te envíe, sin
pensar en nada personal ni tomar otras precauciones que no sean las inmediatas?
¡Aleluya! Si así fuera, pero ten en cuenta que no necesariamente te enviará a románticas
o paradisíacas tierras lejanas; lo más probable es que te envíe a conquistar
tus compañeros de trabajo, escuela, calle o a tu propia familia.
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