Fin del curso
intensivo: “¿Cómo reacciono ante la ausencia imprevista de un líder, referente
o intermediario humano?” 1 – Desesperado (Inmadurez) – 2 – Preocupado (Incredulidad)
– 3 – Indiferente (Frialdad) – 4 – Tranquilo (Confianza) – Cada lector del blog
podrá auto-calificarse y examinarse en función de ello.
El salmista escribió: En ti
esperaron nuestros padres; esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y
fueron librados; confiaron en ti, y no fueron avergonzados (Salmos 22:4-5). La
raíz hebrea de "confiaron", sugiere: "arrojarse a un
precipicio". Eso significa ser como un niño que se ha subido a las vigas y
no puede bajar. Oye a su padre decir: "¡Salta!" y obedece, lanzándose
a los brazos de su padre.
¿Estás tú en un lugar así ahora mismo? ¿Estás tú al
borde, vacilando sin tener otra opción que la de lanzarte a los brazos de
Jesús? Simplemente tú te has resignado a tu situación, pero eso no es confiar;
no es otra cosa que fatalismo. La confianza es totalmente diferente a la
resignación pasiva, ¡Es creencia activa! A medida que nuestra hambre por Jesús
es más intensa, veremos que nuestra confianza en Él está bien cimentada.
En
cierto punto de nuestra vida, habríamos pensado que en verdad, no podíamos
confiar en Él, que Él no tenía realmente el control de todo el cuadro y que
nosotros debíamos quedarnos a cargo. Pero acercarnos más a Él y conocerlo
mejor, lo cambia. Significa que no sólo venimos a Él para que nos ayude cuando
ya todo está perdido; por el contrario, comenzamos a caminar con Él tan
cercanamente que le oímos advirtiéndonos sobre la pruebas que nos esperan.
El
corazón confiado siempre dice: "Todos
mis pasos son ordenados por el Señor. Él es mi Padre amoroso y permite mis
sufrimientos, tentaciones y pruebas, pero nunca más de lo que puedo soportar,
porque Él siempre da la salida. Él tiene un plan y propósito eterno para mí. Él
cuenta cada cabello de mi cabeza y Él formó todas mis partes cuando estaba en
el vientre de mi madre. Él sabe cuándo me siento, me paro o me acuesto porque
yo soy la niña de su ojo. Él es Señor, no sólo sobre mí, sino también sobre
cada evento y situación que me toque". ¡Un corazón perfecto es también
un corazón quebrantado!
El salmista David dijo: Cercano está Jehová a los
quebrantados de corazón; y salva a los contritos [aplastados] de espíritu
(Salmos 34:18). El quebranto significa más que dolor y llanto, más que
un espíritu aplastado, más que humildad. El verdadero quebranto desata en el
corazón, el mayor poder que Dios pueda confiar a la humanidad, mayor que
levantar muertos o sanar enfermos. Cuando nosotros estamos verdaderamente
quebrantados delante de Dios, nos es dado un poder de restaurar ruinas, un
poder que trae un tipo especial de gloria y honor a nuestro Señor.
Mira, el
quebranto tiene que ver con paredes derribadas, desmoronadas. David asoció los
muros caídos de Jerusalén con el quebranto del pueblo de Dios: Los
sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado…Haz
bien con tu benevolencia a Sion; edifica los muros de Jerusalén. Entonces te
agradarán los sacrificios de justicia (Salmos 51:17-19).
Nehemías
era un hombre quebrantado de corazón, y su ejemplo tiene que ver con aquellos
muros quebrados de Jerusalén (ver Nehemías 2:12-15). En la oscuridad de la
noche, Nehemías "vio el muro". Acá se usa la palabra hebrea
"shabar". Es la misma que se usa en Salmos 51:17 cuando dice:
"corazón contrito". Según el significado completo en hebreo, el
corazón de Nehemías estaba quebrantándose en dos maneras.
Primero se quebrantó
por la angustia a causa de la ruina, y segundo, por la esperanza de reedificar
(estallando de esperanza). Este es verdaderamente un corazón quebrantado: uno
que primeramente ve a la iglesia y a las familias en ruina y siente la angustia
del Señor. Tal corazón se duele por el oprobio causado al nombre de Dios.
También ve en lo profundo y mira, como lo hizo David, su propia vergüenza y
fracaso. Pero hay un segundo elemento importante de este quebranto, y éste es:
la esperanza. El verdadero corazón quebrantado ha oído de Dios: "Yo sanaré, restauraré y edificaré. Deshazte
del desmonte y ponte a trabajar en la restauración de las aberturas".
PD:
Me agradó de sobremanera leerlos y comprobar que no me necesitan para adorar,
honrar, glorificar y servir al Señor. Esa es la iglesia del Reino. Los amo.












