10/31/2010

Identidad Propia

El fallecimiento súbito de un ex presidente de mi país produjo, en las últimas horas, un hecho singular en lo emocional que llamó poderosamente mi atención. Por un lado, la genuina desesperación inconsolable de sus seguidores, contrastaba con una alegría indisimulada de sus enemigos. (Debería decir "adversarios", pero decir eso, en Argentina, sería mentir). En el medio, una amplia franja de personas que transitan entre un estado de angustia, respeto y, por qué no, algo de hipocresía. Algo es claro: cero indiferencia.
Los medios de comunicación trajeron, durante los días de sus funerales, toda la gama de reacciones, palabras y actitudes humanas factibles de imaginar. Allí comprobé que, más allá de sus buenas intenciones, el hombre como ser integral, es principalmente un resultado de la fuente en la que diariamente bebe. Si bebe agua amarga, hay amargura en su corazón. si bebe agua dulce...
El Señor dijo_ Si bebiereis cosa mortífera, no os hará daño. Siempre pensamos que eso estaba reservado a los misioneros, que en caso de beber alguna clase de veneno, saldrían indemnes. Sin embargo, la Palabra es más que lo superficial. Yo creo que la diferencia radica en si nosotros, los que decimos ser creyentes, decidimos beber a diario la sangre de Cristo o, si por el contrario, optamos por el veneno del mundo. Y ese veneno siempre está compuesto preponderantemente por: sus medios de información, sus ideologías y sus expresiones culturales, como lo es por ejemplo la música o la propia literatura.
Nosotros absorbemos tanto del espíritu de este mundo, tomamos tanta cosa mortífera en nuestra vida espiritual que, a no ser que recibamos la protección del Espíritu Santo, no encuentro el modo en que un hombre o mujer de Dios puedan compartir con los pecadores todos sus alimentos sin contaminarse con ellos.
Nosotros hemos conocido en nuestras propias vidas la justificación de Cristo. Muchos de nosotros lo ha experimentado en su carne, que es mucho más contundente que leerlo en un librito o escucharlo de un testimonio en la iglesia un domingo por la tarde. Y es por ese simple y único motivo que no podemos vivir como aquellos que no tienen esperanza. Porque si bien hemos sido tremendamente bendecidos con el amor de Dios, también hemos accedido automáticamente al temor de Dios.
No sé lo que piensan de todos estos hechos vividos en mi país mis hermanos en Cristo. Creo que hay muchos de ellos ubicados en cada una de las actitudes que les detallaba al principio. Alguien, con mucho tino humano pero sin la menor esencia espiritual podrìa decirme: "Y bueno; serán cristianos, pero no dejan de ser argentinos". Lo acepto, pero de ninguna manera lo comparto.
Soy argentino. Nací en esta tierra, me formé con su historia, su cultura y con sus tradiciones. Amo a esta tierra y no podría traicionarla por otra. Pero mucho cuidado con esto: el día que acepté a Cristo con todo mi corazón, mi ser y mi vida entera, ese día decidí ser parte del Reino de los Cielos. Y ese Reino tiene una constitución propia, una cultura propia, una identidad propia y un modo de vida propio. Y es a ello a lo que debo responder en los momentos en que eso se requiere.
Isaías 51:11, comienza con la palabra Ciertamente, que significa "a la luz de lo que acabo de decir" ¿Que es lo que Dios ha dicho aquí? Él le ha recordado a su pueblo: Yo, el que transformó en camino las profundidades del mar para que pasaran los redimidos. Eso, significa: Yo, que todavía soy el mismo Señor de los tiempos antiguos, el que hace milagros. Y mi brazo sigue siendo fuerte para librarte.
Esto va dedicado -con el permiso de mis hermanos de todos los demás países que comparten estas reflexiones-. a todos mis compatriotas argentinos en primer lugar: los que lloraron, los que rieron y los que dudan. Pero muy especialmente está escrito para mis hermanos copartícipes de la herencia divina como miembros del Reino de Dios en la tierra. Lo nuestro está por encima de las penas o las alegrías humanas, o no existe. somos hijos del Dios Altísimo o somos religiosos sin esperanzas ni vida.

10/22/2010

Estado del Corazón

David oró "Guárdame, Dios, porque en ti he confiado" (Salmo 16:1) La palabra hebrea que David usa para Guardar en este texto, está llena de significado. Dice en esencia: "Pon un cerco alrededor mío, una pared de espinas que me protejan. Guárdame y cuídame. Observa todos mis movimientos. Mis entradas y mis salidas."
David creyó plenamente que Dios guarda a los justos. Y las Escrituras dicen que David fue ayudado y cuidado en todos sus caminos. Este hombre bendecido, declaró: "Por cierto no se adormecerá ni se dormirá el que guarda a Israel. Jehová es tu guardador. Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal, Él guardará tu alma. (Salmo 121: 4-7)
He leído mil veces este salmo. Lo he asimilado, lo he meditado, lo he enseñado y creo que hasta lo he predicado. Sin embargo, bendigo al Espíritu Santo por estar siempre allí, revelando cosas a los hijos del Reino, cada vez que paso por él, algo nuevo me deja. Como alimento, como manual de guía a toda verdad, como esencia de vida.
David recibió toda esa ayuda de Dios por una razón que está por encima de todas las razones que los hombres, por importantes que supongamos ser, creamos. David tenía un corazón conforme al corazón de Dios. Esa fue su tranquilidad y su máxima garantía.
Ocho años de vida para nuestra Web se cumplen hoy. Largamente superado ya el millón de visitas. Una serie de saludos y buenos deseos por parte de miles de hermanos que encuentran en ella su alimento diario, su centro de capacitación o, simplemente, su remanso de paz, alejada del mundanal ruido de fiestas y avivamientos que propone la religión organizada.
¿Razones? ¿Motivos? Ninguna clase de méritos humanos o personales. Simplemente el haber sido respaldados y ayudados por Dios, aún en contra de las peores oposiciones. Y tú ya sabes lo que es un cristiano oponiéndose a otro.
¿Y por qué nos habrá ayudado nuestro Dios? Simplemente por amor y misericordia que emanan de todo su ser. Nada que ver con méritos, prestigios, credenciales ni importancias personales. Eso sí; sólo un detalle que, en honor a la verdad suprema, debo decir para modelo e imitación: tener un corazón conforme al corazón de Dios. ¿Sencillo? ¡Que va a ser sencillo! ¿Posible? Más que posible.

10/20/2010

Alguien Pelea tu Batalla

A diario recibo correos de personas que me consultan con relación a diferentes (Y algunas tremendas) pruebas que les toca vivir. Normalmente, y más allá de algunos rudimentos prácticos que los creyentes más veteranos podamos conocer, mi respuesta es siempre la misma: La batalla a la cual te estás enfrentando, no es tuya; es del Señor.
Es que la conclusión por deducción es muy sencilla, aunque no siempre creída por todo el conglomerado cristiano: si tú eres un hijo de Dios genuino y auténtico, ten por cierto y seguro que Satanás va a enfurecerse contra ti y buscará perturbarte, oprimirte y, si puede, destruirte.
Así como Dios se lo dijo a su pueblo Israel, en su momento, hoy nos lo continua expresando a nosotros: La batalla no es contra ustedes. Es la furia de Satanás contra mí, el Señor que habita en vosotros. Por eso Dios le dice a Satanás:He conocido tu condición, tu salida y tu entrada, y tu furor contra mí.
Tiempo de preguntarte: ¿Cual es hoy tu batalla? ¿Es tu matrimonio? ¿ Es tu negocio o tu trabajo asalariado? ¿Es en tus finanzas? ¿Es en tu salud? Dime: ¿Se está intensificando esa batalla, día a día? Es que es elemental: si tú tienes un corazón para Jesús y deseas aferrarte a Él, tú enfrentarás la rabia del infierno. Pero, ánimo: esa sigue no siendo tu batalla.
Puedes terminar rápidamente esa batalla si así lo decides. ¿Como? Rindiéndote o entregándote a tus miedos y temores. Satanás no molestará a aquellos que pierden su confianza en el Señor. Sin embargo, la batalla sigue siendo de Dios.
Pero cuidado con esto: la batalla es del Señor, pero nosotros seguimos teniendo una parte importante en ella. ¿Cual es esa parte? Confiar y creer en sus promesas cuando enfrentamos la desesperación y lo que parece ser imposible.
La fe demanda que tú entregues todos tus problemas, todas tus situaciones críticas, todos tus miedos, todas tus ansiedades. Pon todo eso en las manos del Señor y descansa. ¿Fácil? ¡Que va! Si alguien te predicó un evangelio fácil, no te predicó el evangelio de la cruz.

10/18/2010

De Retorno

Y bien; ya puedo volver a dedicarle tiempo a este pequeño espacio que amo, porque me permite comunicarme con ustedes más a diario y con mayor celeridad que en la Web propiamente dicha.
He estado ocupado en recabar datos e informaciones, y reuniendo material diverso con destino a mi quinto libro.
A eso ya lo he concluido y, a partir de este momento, comenzaré a escribirlo como tal. La tecnología, hoy, nos permite movernos de un modo muy distinto a los antiguos escritores, así que un trabajo que en otras épocas hubiera tardado dos o tres años en ver la luz, es muy probable que lo tengamos en uno, si Dios así lo dispone.
Durante todo este tiempo, he recibido muchos correos donde se me preguntaba por qué no actualizaba y por qué no escribía nada en el blog. Siempre respondí con presteza y explicando lo que ahora reitero. Sin embargo, lo que en ningún momento pregunté a todos esos lectores tan preocupados por la falta de material nuevo, fue si ya habían puesto por obra el que habían leído u oído. (...)
Bromas al margen esa es una de las asignaturas pendientes que tenemos como iglesia. Aún no hemos dejado de ser oidores para pasar a ser hacedores. El día que mayoritariamente lo consigamos, ese será el día en el que la batalla comenzará a concluir con victoria total.
Por otra parte, está el tema de la obediencia. Si alguien es enviado por Dios mismo a hacer un determinado trabajo, ¿Podrán los demás hermanos procurar torcer esa decisión, aún esgrimiendo razones que parecen coherentes? No, decididamente no. Al menos en lo que a mí concierne.
Ya ha sido dicho y con claridad. ¿Podría ser que nosotros, a partir de vivir en desobediencia, lleguemos a distanciarnos de Dios mismo? ¿Podría ser que yendo por nuestros propios caminos, aún muy bien intencionados, dejemos de tener esas revelaciones que son las que realmente cambian y sacuden las estructuras religiosas? Dicen los que saben que, "Aquel que vive en desobediencia, nunca ha visto verdaderamente a Cristo".
No quiero que me suceda. No me sucederá. Puedes comentar lo que se te ocurra o creas.