El
mandamiento de Jesús en Juan 15:6 tiene
que ver con la forma en la que trato a mi esposa y a mis hijos. Para los
solteros, tiene que ver con la forma en la que tratan a sus compañeros,
hermanos en Cristo, las personas más cercanas. No hay escapatoria. Si yo voy a ser el hombre y el
ministro que Dios me ha llamado a ser, entonces mi esposa debe estar en la
capacidad de decir con honestidad delante de los cielos, del infierno y de todo
el mundo: “Mi esposo me ama con el amor
de Cristo. El comete errores, pero está siendo cada vez más paciente y
comprensivo conmigo. Está siendo cada vez más tierno y cuidadoso. Y él ora
conmigo. No es sólo una apariencia. Él es lo que predica”. Pero si ése no es el testimonio de mi esposa, si ella
tiene un dolor secreto en su corazón, y piensa: “Mi esposo no es el hombre de Dios que pretende ser”, entonces todo
lo que hay en mi vida es en vano. Todas mis obras, la predicación, los logros,
mi generosidad caritativa, los muchos viajes, suman cero. Vengo a ser una rama
marchita, inútil, que no lleva el fruto de la semejanza de Cristo. Jesús va a
producir que otros vean la muerte en mí, y valdré muy poco en su reino. Un pastor de edad mediana con su esposa se encontraban
quebrantados y llorando. El ministro dijo entre las lágrimas: “Hermanos, he pecado contra Dios y contra mi esposa. He cometido
adulterio”. El sacudía la cabeza con un dolor piadoso a medida que me
confesaba su pecado. Luego su esposa tomó el micrófono y dijo suavemente: “Yo lo he perdonado. Su arrepentimiento es
real para mí y estoy segura de que el Señor nos va a restaurar”. Muchos en ese sitio tuvieron el privilegio de ser
testigos de una hermosa sanidad. Nunca podremos pagar por nuestros fracasos del
pasado. Pero cuando hay un verdadero arrepentimiento, Dios promete restaurar
todo lo se comió la oruga. Yo deseo que toda
pareja que disfruta de un matrimonio centrado en Cristo se levante y diga la
verdad: “No es fácil”. El matrimonio
es un esfuerzo de día a día, tal como lo es la vida cristiana. Como el camino a
la Cruz, significa rendir sus derechos diariamente. Por supuesto, Satanás
conoce que tú has decidido en tu corazón ser más como Cristo en tu hogar, así
que traerá pruebas constantemente. No hay ninguna
escuela tan difícil e intensiva como la escuela del matrimonio. Y uno nunca se
gradúa. Dios es claro al respecto: Nuestra vida con nuestros seres queridos es
el pináculo, la misma cumbre de todas nuestras pruebas. Si nos equivocamos en
ella, estaremos equivocados en todo lo demás en nuestra vida. Creo que es una
exageración incluso apartada de la misma Palabra, que la esposa de un pastor
sea llamada y considerada pastora. El llamado ministerial es muy exclusivo,
personal y específico, sobre todo en este ministerio que no se parece en nada a
lo que hoy se ha convertido. Pero también es un feo error el que cometen
ministros de ciertas denominaciones muy cerradas, que no permiten a sus esposas
ni siquiera participar de sus reuniones con mujeres solas. Ello llevará a
equivocaciones, confusiones y aun cosas peores, como las descriptas
anteriormente. Una pareja, ese es el centro, el cenit de Dios al respecto, debe
ser inexorablemente lo que la palabra dice: pareja. Y eso significa respetar
ciertos rangos espirituales, pero no extralimitarse en despotismos o tiranías.

1 comentario:
Tan real es ese comentario, del cual puedo testificar personalmente:
Hace tres años, El señor empezó a restaurar mi vida, y me hizo quitar los ídolos, y el egoísmo que ocupaban su lugar, y el de mi esposa y hijos, y empezar una nueva vida espiritual.
Desde entonces la limpieza se hizo cada vez mas profunda, reemplazando las cosas de ese siglo por santificación y oración.
Cabe decir que nuestro matrimonio y familia conocen un cambio tan tremendo en todas sus áreas, que a veces nos cuesta creer que hayamos perdido tantos años de felicidad.
También esta muy claro que Satanás no esta dispuesto a tomárselo con calma, y nos ha costado lo suyo en pruebas, la diferencia es que ahora no nos asustamos, ya que su especialidad es la mentira...
No se si Nestor lo ha vivido de esa manera, pero no me cabe duda, que sabe de lo que habla.
Solo quiero animar a cualquiera que este en esa situación, que no se lo piense más: el precio a pagar es inexistente comparado al resultado.
Shalom
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