1/02/2012

Éxito


He pasado gran parte de mi vida secular escuchando relatos sobre determinados éxitos ajenos. En los negocios, en los deportes, en los amores, etc. Tengo, del éxito, la misma visión que seguramente tienes tú: algo importante que llega para modificar definitivamente la vida de los que acceden a él. Luego, al entregar mi vida a Jesucristo e ingresar en su iglesia organizada, la palabra éxito volvió a encontrarme, aunque con sus valores algo modificados. Éxito, en la iglesia, es tener muchos miembros y seguir aumentándolos, contar con un ingreso de dinero mensual suficiente para cubrir todos los gastos y utilizar el remanente para invertir, no sólo “en la obra”, sino también en negocios seculares. Eso, a grandes rasgos, es el éxito para el hombre, donde quiera que éste se encuentre. El éxito a los ojos de Dios, en cambio, se cumple en su totalidad al ministrarle a Él. Tales siervos, no están luchando para “triunfar” o buscar seguridad terrenal. Sólo quieren conocer a su Señor y ministrarle a Él. Piensa en los cien profetas que Abdías escondió (1 Reyes 18:4). Ellos vivieron aislados en cuevas por tres o cuatro años por lo menos, durante una terrible hambruna. Estos hombres no tenían adónde ministrar en el exterior, estaban completamente fuera de la vista del público, olvidados por la mayoría. Ni siquiera pudieron compartir la victoria de Elías en el Monte Carmelo. Sin duda, el mundo los llamaría fracasados, hombres insignificantes que no lograron nada. Aun así, Dios les había dado a estos siervos devotos, el regalo precioso del tiempo. Ellos tenían días, semanas, aun años para orar, estudiar, crecer y ministrar al Señor. Tú verás, Dios los estaba preparando para el día en que sean liberados para ministrar al pueblo. De hecho, estos mismos hombres habrían de pastorear a aquéllos que volvieron a Dios bajo el ministerio de Elías. Hace años, El Señor me bendijo con este ministerio. Con él, jamás llegué a un grado de popularidad tremendo, ni fui un líder reconocido dentro de las estructuras tradicionales evangélicas, como no fuera en alguna de ellas para criticarme. Sin embargo, el éxito mayor que yo he podido disfrutar en mi vida, es el ser consciente de un tremendo cambio en la vida de algunas personas que en su momento me lo hicieron saber, tomando especial cuidado en no perjudicarme con adulaciones ni honras personales, sino dándole toda la gloria a Dios. Tú, seguramente, eres alguien que has buscado o estás buscando alguna clase de éxito en tu vida. Y no está mal eso, siempre y cuando no erres al blanco. Mi sugerencia es: Deja de buscar ministerios. En lugar de ello, pasa tu tiempo buscando a Dios. Él sabe dónde encontrarlo. Él te lo enviará cuando vea que estás listo. Olvídate de lo que otros estén haciendo. Lucha por ser un éxito en el trono de Dios. Si estás ministrando al Señor y orando por los demás, ¡Tú ya eres un éxito en sus ojos!

2 comentarios:

Axel dijo...

Simplemente agradecido a Dios por estas cosas que puedo leer. Que llegan a mi corazón y que hacen que busque al Señor cada día :)

Domingo dijo...

Hay muchas de estas cosas que dicen algo a mi vida.

...Señor por favor ayudame a dar en el blanco...