Un
hombre llamado José Ingenieros, sociólogo y médico de nacionalidad
ítalo-argentina, escribió en 1913 un libro titulado “El Hombre Mediocre”. De
sus más de trescientas páginas, total y absolutamente en las antípodas de toda forma
de creencia espiritual, quise extraer el siguiente párrafo porque, entiendo, la
mediocridad debería ser un distintivo de la gente sin Dios, aunque cuando leas
esto, te van a quedar algunas dudas que, originalmente, fueron las mismas que
me quedaron a mí.
“El hombre mediocre es
incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le propongan un futuro
por el cual luchar. De ahí que se vuelva sumiso a toda rutina, a los
prejuicios, a las domesticidades y así se vuelva parte de un rebaño o colectividad,
cuyas acciones o motivos no cuestiona, sino que sigue ciegamente.
El mediocre es dócil, maleable, ignorante, un
ser vegetativo, carente de personalidad, contrario a la perfección, solidario y
cómplice de los intereses creados que lo hacen borrego del rebaño social. Vive
según las conveniencias y no logra aprender a amar. En su vida acomodaticia se
vuelve vil y escéptico, cobarde. Los mediocres no son genios, ni héroes, ni
santos.
Un hombre mediocre no
acepta ideas distintas a las que ya ha recibido por tradición (aquí se ve en
parte la idea positivista de la época, el hombre como receptor y continuador de
la herencia biológica), sin darse cuenta de que justamente las creencias son
relativas a quien las cree, pudiendo existir hombres con ideas totalmente
contrarias al mismo tiempo.
A su vez, el hombre
mediocre entra en una lucha contra el idealismo por envidia, intenta opacar desesperadamente toda acción noble,
porque sabe que su existencia depende de que el idealista nunca sea reconocido
y de que no se ponga por encima de sí.”
Cuando tomé contacto por
primera vez en funciones profesionales con el término mediocre, fui a mi diccionario de español para ver
con certeza su significado. Me encontré con las siguientes acepciones: mediocre
es algo o alguien mediano, vulgar, común, regular, mezquino, gris o anodino.
Con esas definiciones,
repasé este texto escrito por alguien que en su vida pisó una iglesia de ningún
credo y que tenía a la religión en un nivel sumamente censurable y odioso. Sin
embargo, al ver en esas conclusiones reflejadas algunas personas conocidas en
ambientes eclesiásticos, pude entender que cuando el hombre no vive con Cristo
como cabeza de su vida y deposita todo eso en otros hombres, cae
inexorablemente en esa mediocridad y no representa en absoluto los intereses del
Reino de Dios.
Y cuando con algunas
dudas todavía, busqué lo que conocemos gramaticalmente como antónimos, que es
ni más ni menos que lo opuesto al término base, me encontré con dos
definiciones que son lo opuesto a mediocre. La primera, podría parecerte y
parecerme corriente, pero la segunda verdaderamente me impactó. Magnífico y
Excelente.
(2 Corintios 4: 7) =
Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder
sea de Dios y no de nosotros.
(Filipenses 3: 8) = Y
ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del
conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y
lo tengo por basura, para ganar a Cristo.
(2 Pedro 1: 3) = Como
todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por
su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria
y excelencia.
(1 Corintios 12: 31) =
Procurad, pues, los dones mejores. Más yo os muestro un camino aún más
excelente.
(Hebreos 1: 4) = Hecho
tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.
No sé tú, pero yo no
necesito más que esto para tener la certeza que todo lo que tiene que ver con
el Señor es, tiene que ser y será por siempre excelente. Y si excelencia es lo
opuesto a mediocridad, entonces no tengo dudas que, cuando vemos gente
eclesiástica mediocre, no estamos viendo auténticos hijos de Dios, sino
personas religiosas. Y hace mucho tiempo ya que me enteré que ninguna religión
salvó, salva ni salvará a nadie de su destino eterno.

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