9/21/2016

Una Cuestión de Confianza

Creo que lo primero que aprendemos cuando conocemos a Cristo es que Él por todos los medios nos enseña y guía, a no buscar amparo y refugio donde no lo hay; sino buscarlo donde éste se encuentra. 

Está más que claro que a eso, en forma teórica, lo sabemos muy bien; pero la práctica es lo que cuenta; ya que la fe sin obras está muerta. Porque no sirve absolutamente de nada recitar que nuestro escudo y fortaleza es el Señor; si a la hora de la prueba, lo primero que utilizamos son nuestros recursos humanos y carnales; nuestras buenas ideas y no el consejo del Señor.

Como lo dice el Señor (Proverbios 21: 2) = Todo camino del hombre es recto en su propia opinión; Pero Jehová pesa los corazones.  

Según nuestra opinión personal, siempre nos encontraremos por el camino recto; sin embargo, no es así como opina el Señor de nosotros siempre; debemos exponernos a su luz que revela todas las cosas; para ver realmente la realidad y no tener sorpresas desagradables. 

Esta palabra no tendrá verdadera utilidad, si empezamos a ver las deficiencias del hermano, del amigo, del vecino, del pariente, sin detectar las nuestras, algo que de tan habitual y frecuente, casi se toma como normal, y no lo es; recordaría en este caso lo siguiente que nos enseñó nuestro Señor:

(Lucas 6: 41) = ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 

¡Qué infantil parece, a primera lectura, una enseñanza de estas características! ¿Verdad? Sin embargo, déjame decirte que no lo es, lo digo por experiencia directa e indirecta, por casos vividos en el yo propio y por casos vistos con consejería.

Espero que nos sirva a todos, y podamos descubrir cualquier tipo de vana esperanza y confianza en las cosas del mundo; que nos impiden avanzar y participar de la plenitud de la vida en Cristo. 

Además de todo eso, el poder darnos cuenta que toda esperanza y confianza en el mundo, sólo nos traerá angustia y congoja, cosa que el Señor nos quiere evitar. Mientras Él insiste en guiarnos por sus caminos, nosotros insistimos en porfiar con terquedad y pretender avanzar por el camino viejo.

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