(1 Corintios 1:
26-31)= Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según
la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo
escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo
menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de
que nadie se jacte en su presencia.
Más por él estáis
vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría,
justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: el que
se gloria, gloríese en el Señor.
Entre
todo lo que se dice aquí, se dice algo que no siempre es tenido en cuenta. Es
más: en una enorme mayoría de sitios autodenominados cristianos,
preponderantemente se hace al revés, se cree y se practica esto, pero a la
inversa.
Nadie acepta que lo que Dios elige para elevar en su rango espiritual
pueda ser lo Necio, lo Vil o lo Menospreciado; queda mucho más elegante creer y decir que es lo
contrario. Sin embargo no podemos cambiar lo escrito. Y lo escrito nos asegura
que Dios escoge lo Necio.
Que es como decir que elige lo ignorante, que
no sabe aquello que puede o debe saber. Un imprudente, un falto de razón, un
terco, un porfiado. Todo eso es un necio. Hasta el día en que Él lo elige y lo
levanta, claro.
Porque ese Necio, luego, pasa a ser testimonio de la Presencia Divina en su Vida. También
dice que escoge a lo Vil. Y un Vil no es similar a un Necio. Un vil es alguien
bajo, no de estatura física sino de estatura moral. Alguien despreciable,
indigno, infame; el que corresponde mal a la confianza que en él se deposita.
¿Eh?
Sí, como lo ha leído. Eso es lo que Dios elige, levanta y respalda. Un Vil que,
como aquel Necio, lo será hasta el momento en que el Espíritu Santo selle su
ser interior para salvación.
Y, posteriormente, al Menospreciado. Este ser es aquel que no es
apreciado y que, por el contrario, es despreciado, prácticamente un sinónimo de
la palabra escrita. También un desdeñado, no estimado; Es tener a una persona
en un concepto muy inferior al que se merece.
Eso es lo que Dios elige. ¡¡Pero
no se parece en absoluto a lo que los hombres eligen!! Es verdad. ¿Podrá Dios
estar equivocado y los hombres acertados? ¡Ah, no sé! Miren los resultados, que
es como decir: miren los frutos de este árbol. Y luego consideren si es bueno o
malo. Será justicia.

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