En Jeremías 5, Dios
imploró: Recorred las calles de Jerusalén, y mirad ahora, e informaos; buscad en
sus plazas a ver si halláis hombre, si hay alguno que haga justicia, que busque
verdad; y yo la perdonaré (Jeremías 5:1).
Lo que el Señor estaba diciendo,
en esencia era: "Seré
misericordioso, si tan sólo pudiera hallar una persona que me busque". Durante
el cautiverio babilónico, Dios halló a tal hombre en Daniel. Y ahora, más que
nunca en la historia, el Señor está buscando el mismo tipo de hombres y mujeres
piadosos.
Él busca siervos fieles que estén dispuestos a "hacer vallado" y "pararse en la brecha", obras que sólo pueden ser logradas
a través de la oración. Tal como Daniel, tal persona será encontrada con la
Palabra de Dios en su mano. Cuando el Espíritu Santo vino sobre Daniel, el
profeta estaba leyendo el libro de Jeremías. Fue entonces, que el Espíritu le
reveló que el tiempo de liberación había llegado para Israel.
A medida que
venía la revelación, Daniel fue llevado a orar: Y volví mi rostro a Dios el
Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a
Jehová mi Dios… (Daniel 9:3-4). Daniel sabía que el pueblo de Dios no
estaba listo para recibir su restauración. Aun así, ¿mandó el profeta castigar al
pueblo por sus pecados? No, Daniel se identificó a sí mismo con el decaimiento
moral que le rodeaba.
Él declaró: Hemos pecado…nuestra es la confusión de rostro…porque
contra ti pecamos (Daniel 9:5, 8). Dios anhela fuertemente bendecir a
su pueblo hoy, pero si nuestras mentes están contaminadas con el espíritu de
este mundo, no estamos en posición de recibir sus bendiciones.
Daniel hizo esta
poderosa declaración: Todo este mal vino sobre nosotros; y no
hemos implorado el favor de Jehová nuestro Dios, para convertirnos de nuestras
maldades y entender tu verdad. Por tanto, Jehová veló sobre el mal y lo trajo
sobre nosotros… (Daniel 9:13–14).
Si examináramos nuestro propio
caminar con el Señor y dejáramos que el Espíritu Santo nos muestre las áreas en las que hemos cedido, haríamos más que
orar por una nación apartada de Dios. Estaríamos clamando: "Oh Señor, escudriña mi corazón. Expón en mí cada parte del
espíritu de este mundo que ha penetrado en mi alma".
Como David,
recién entonces podremos fijar nuestros rostros para orar por la liberación de
nuestras familias, de nuestra nación". Voy a recordártelo una vez más:
Babilonia no es ni una ciudad antigua, ni una iglesia contemporánea; Babilonia
es una mentalidad que la tienes dentro de una congregación evangélica, católica
o en tu trabajo o escuela.
Y es de eso que tienes que huir, no de lugares
específicos, aunque naturalmente los incluya. Y Reforma, no es un cambio de
bancos, teclados o instrumentos de mayor percusión y sonido para la alabanza.
Reforma es entender que lo que teníamos como iglesia nos trajo hasta aquí y fue
relativamente bueno, pero que para terminar nuestra tarea, (Porque eso vinimos
a hacer, no a marcar tarjeta cada domingo en un templo), y entregar el Reino al
Padre, se necesita modificar nuestro estilo de vida, que es la única manera de
impactar al mundo.
Con lindas u ocurrentes palabras, al mundo no se lo
conmueve. El mundo posee los mejores discursos y los mejores conferencistas. Pero
nosotros poseemos el Espíritu Santo de Dios y Su poder. Si no lo manifestamos,
estaremos en igualdad de condiciones. Y allí es donde no podremos ser más que
vencedores.

2 comentarios:
...gracias Señor por Tu confirmación,....un abrazo queridos hermanos, paz.
Gracias Señor, gracias Padre, Salud y Paz...gracias Don Nestor...
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