La pregunta más
formulada, es: ¿Por qué oro, ayuno y hago todo lo que se me aconseja, y sin embargo
no puedo salir del problema que tengo? Respuestas, los ministros siempre
solemos tener alguna muy elegante o conveniente al alcance de nuestras manos.
Sin embargo, lo cierto es que ninguna de ellas basta para contener a alguien
que sufre y no encuentra respaldo en aquello que cree o dice creer. ¿Cómo es la
verdad? Veamos: El Espíritu Santo nos da la fuerza cuando dejamos todas
nuestras necesidades en las manos de Dios y confiamos en su poder.
Rut es un
ejemplo de este tipo de confianza. Después de que su marido murió, Rut vivió
con su suegra, Noemí. Noemí estaba preocupada por el bienestar y el futuro de
Rut. Así que le aconsejó a Rut que se acueste a los pies del acomodado Booz y
le pida que cumpla su obligación hacia ella como pariente.
Aquella noche,
después de finalizar de aventar el grano, Booz se acostó a un lado del montón (Rut 3:7)
y se cubrió. A la mañana siguiente, se levantó perplejo, viendo a una mujer
acostada a sus pies. (No había nada inmoral en la presencia de Rut ahí; ésta
era una costumbre común en aquellos días).
Rut le dijo: Extiende el borde de tu capa sobre
tu sierva, por cuanto eres pariente cercano (Rut 3:9). Ella estaba
diciendo, en esencia: "¿Aceptarás la
obligación que representa ser mi pariente? ¿Me proveerás?" Ella en
realidad estaba preguntando: "¿Te casarás
conmigo?".
Esta no era una artimaña de manipulación. Rut y Noemí
habían hecho todo en el orden divino. Podemos estar seguros de ello, porque el
linaje de Cristo vino a través de Rut. Cuando Rut regresó a casa, Noemí le
preguntó: ¿Qué hay hija mía? (Rut 3:16).
Estaba preguntando, en otras palabras:
"¿Debiera llamarte Rut la novia, o sigues siendo Rut, la viuda?". Rut
le contó a Noemí todo lo que había sucedido. Escucha el consejo piadoso de
Noemí: Entonces Noemí dijo: Espérate, hija mía, hasta que sepas cómo se resuelve
el asunto; porque aquel hombre no descansará hasta que concluya el asunto hoy
(Rut 3:18).
Noemí había orado acerca del asunto, buscando la dirección
de Dios, y Dios le había dado consejo. Le había hecho recordar la ley del
pariente-redentor (que era un tipo y sombra de Cristo). Así que, Noemí tenía la
confianza de que tanto ella como Rut habían hecho su parte. Ahora era momento
de quedarse quietas y confiar que Dios haga lo que había prometido.
Ella estaba
diciendo: "Todo está en las manos
del Señor ahora, Rut. Sólo relájate y mantente en calma". La casa de
Noemí se llenó de calma y paz. Nadie estaba frenético, ni mordiéndose las uñas,
ni preguntaban: "¿Lo hará Dios? ¿Cuándo sucederá?" Estas dos fieles
mujeres pudieron relajarse, cantar y alabar al Señor por su bondad.
Entonces debo preguntar: ¿Has orado? ¿Has confiado? ¿Estás listo para estar quieto y "ver la salvación del Señor”? Él
tiene todo bajo control. De acuerdo: el relato es de otro tiempo, otra cultura
y otro sitio geográfico. Pero el principio espiritual que lo comprende, sigue
siendo el mismo. Dios está allí. Si lo crees, actúa. Si no lo crees, Él
esperará a que lo hagas. No puede moverse sin fe de tu parte.

2 comentarios:
Hermosisimo...hermoso escrito don Nestor, muchas gracias...muchas gracias Señor...
precioso y divino ... mil bendiciones
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