1/09/2013

Gracia


De una manera u otra, todos sentimos dolor. Toda persona en la Tierra lleva su propia carga de  dolor. Cuando alguien está profundamente dolido, ninguna persona en la Tierra puede apagarle los temores internos ni las más profundas agonías. Ni el mejor amigo puede entender la batalla que esa persona está pasando o las heridas infringidas. Me pregunto: ¿Existe algún bálsamo para un corazón quebrantado? ¿Hay sanidad para aquellas profundas heridas internas? ¿Se pueden juntar los pedazos y hacer que el corazón sea aún más fuerte? ¡Sí! ¡Absolutamente sí! Y si no se pudiera, entonces la Palabra de Dios sería una trampa y Dios mismo sería un mentiroso. ¡Eso no puede ser! Dios no te prometió a ti una forma de vida sin dolor. Él te prometió una “salida”, te prometió ayudarte a llevar tu dolor; fuerzas para ponerte otra vez de pie cuando la debilidad te hace tambalear. Nuestro Padre amoroso dijo: No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar (1 Corintios 10:13). Tu Padre celestial cuida de ti sin parpadear. Cada movimiento es monitoreado. Cada lágrima es almacenada. Él se identifica con tu mismo dolor. Él siente todo dolor. Nunca permitirá que tú te ahogues en tus lágrimas. No permitirá que tu dolor deteriore tu mente. Él promete venir, justo a tiempo, para enjugar tus lágrimas y darte gozo en lugar de luto. Tú tienes la capacidad de hacer que tu corazón se regocije y se alegre en el Señor. El ojo de Dios está sobre ti y te ordena levantarte y soltar todos esos miedos que causan duda. Sé perfectamente que hay momentos en que puedes llegar a pensar que Dios ya no te oye y que se ha olvidado de ti, pero eso no es ni tuyo exclusivamente ni nuevo: Jesús lo vivió mucho tiempo antes que tú, cuando colgado en aquella cruz en un momento dado, gritó: “¡Padre, Padre! ¿Por qué me has abandonado?” A la distancia y en la comodidad de un aula de un instituto o seminario bíblico, o en los tímidos salones de una escuelita de iglesia, tú has entendido esto y has dicho con velocidad: “No; Dios no lo había abandonado, sólo estaba esperando que pudiera vencer la carga de todo ese pecado injusto sobre sí”. Sí, es así, pero el que lo estaba padeciendo era un hombre; un hombre como tú o como yo. Un hombre en el cual Dios se había encarnado, pero que no por ello había dejado de ser hombre. Un hombre como cualquiera de nosotros, en los que Dios también procura encarnarse día a día, pero conscientes de que estar en el planeta no es precisamente caminar sobre un lecho de pétalos de rosa. Pregunto: ¿Cómo terminó la historia del ministerio de Jesús? ¡En total y absoluta victoria! Ahora aplica criterio y deducción: ¿Cómo crees que terminará el tuyo? 


 




2 comentarios:

cesar dijo...

hermoso post...felicitaciones Don Nestor...gracias...hermoso post. Lo necesitaba...
Es, perfecto y concatena con una respuesta dada un poco mas atrás acerca de la congoja que me representa ser un hijo del cual aun, se podría dudar mucho sobre si seria aun fiel y fidedigno, llegada la hora de una gran prueba...Antoine, se refería también acerca del estado suyo actualmente y que llega a hasta su familia...de lo cual DECLARO, el demonio ha sido vencido en su intención y DESEO, que hoy, ignorándolo, haya sido superada su prueba...Gracias Padre. Me respondes con una bondad y ternura increíble. Estas respuestas en el mismo blog me maravillan aun mucho mas...nos funciona! entre tu y yo, esto nos funciona Padre. Me respondes por medio de las manos benditas de Don Nestor...gracias Padre...
Yo deseo Salud y paz...Don Nestor gracias...de nuevo me lleva a comprender el inmenso amor de Dios para considerarme en medio de la prueba y hasta medir el tamaño de la misma...creo yo que hasta para evitarse el dolor de algún día ver como dudo de su poder...VIVIR en Jesús, es la máxima experiencia humana...gracias Padre...

cesar dijo...

Antoine...animo...animo...Animo!