Pero Esteban, lleno
del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios y a
Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: veo los cielos abiertos y al
Hijo del hombre que está a la diestra de Dios (Hechos 7:55-56).
Esteban representa lo que un verdadero cristiano
se supone que sea: uno que es lleno del Espíritu Santo con los ojos fijos en el
Hombre en la gloria. Uno que refleja esa gloria de tal manera que todos los que
la vean se asombren y sean maravillados. Uno que está con la mirada continuamente
fijada en Cristo, siempre admirándolo, completamente ocupado con el Salvador
glorificado.
Mira tú a la situación sin esperanza en la que se encontraba
Esteban, rodeado por la locura religiosa, por la superstición, el prejuicio, y
los celos. La multitud enardecida se abalanzó contra él con ojos desorbitados y
sedientos de sangre, y la muerte se le avecinaba. ¡Qué circunstancias imposibles!
Pero mirando hacia el cielo, él contempló a su Señor en la gloria, y súbitamente, el rechazo del gentío aquí en la tierra significó nada para
él. Ahora él estaba por encima de todo, mirando a aquel que era invisible. Una
mirada fugaz de la gloria del Señor, una visión de su preciosa santidad, y
Esteban ya no podía ser herido.
Las piedras y los insultos furiosos eran todos
sin efecto por el gozo puesto delante de él. Una mirada fugaz de la gloria de
Cristo te colocará a ti por encima de todas las circunstancias. Manteniendo tus
ojos en Cristo, conscientemente buscándolo cada hora que estés despierto, Él te
provee paz y serenidad como nada ni nadie más puede hacerlo.
Por
tanto, nosotros todos, mirando con el rostro descubierto y reflejando como en
un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en su
misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).
Esteban capturó los rayos que emanaban del Hombre glorificado en
el cielo y los reflejó a una sociedad que rechazaba a Cristo. Cuán cierto es
que nosotros llegamos a ser igual a lo que contemplamos. La correcta traducción
debería leerse, “¡Nosotros todos, con el
rostro descubierto reflejando la gloria, somos cambiados!”
La idea es que
el cristiano refleje, como un espejo, la gloria de lo que él mira
continuamente. Somos nosotros los que somos “un espejo” mirando a Cristo, el objeto
de nuestro afecto y llegando a ser como él en el proceso de contemplarlo.
Cuando
el enemigo viene como un río y las circunstancias preocupantes nos abaten,
necesitamos asombrar y condenar al mundo a nuestro alrededor con nuestro dulce
reposo en Cristo. Ya que podemos ver en nuestra mente espiritual, esto podemos
lograrlo al mantener nuestra mente permaneciendo en Cristo.

2 comentarios:
...que bueno para comenzar a transitar este nuevo tiempo!!!!...una meta:la mirada fija en nuestro Señor..."Somos nosotros los que somos “un espejo” mirando a Cristo, el objeto de nuestro afecto y llegando a ser como él en el proceso de contemplarlo...."...realmente maravilloso comenzar este año con esta apertura de corazón y mente hacia nuestro Dios para que EL obre en nosotros!!!...un abrazo, paz.
¨Nosotros somos lo que contemplamos..." es como, "La belleza de las cosas, es un atributo interno que vive en el ser del que la contempla..."hay una relación...
me ha movido el escrito. La escena de la Lapidacion de Esteban...San Esteban, es una de esas que mas me fascinan de las Sagradas Escrituras. Me recuerda la escena pictórica del grabado de Dore donde se observa el contraste de las rocas hirientes, filosas y puntiagudas con la de su tez tan maravillosamente apacible...su cabeza aun intacta que pronto sera mancillada por los golpes y el dolor de las fracturas pero con la plenitud fugaz de su Espíritu remontándose a las alturas donde mora Aquel que le espera...Gracias...Don Nestor Gracias...hermoso post...
Dios le bendice...
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