Siempre llamó mi
atención que, cuando Jesús nos habla de las tribulaciones, nos dice que cuando
las tengamos, debemos hacer tal o cual cosa. En ningún momento dice que eso es “por
si llegamos a tenerlas”, no; dice que es “cuando las tengamos”.
Da a entender
claramente que en el mundo tendremos tribulación. Y este es un mensaje muy
distinto al que la mayor parte de los predicadores entregan desde sus púlpitos.
Allí oímos que un cristiano no tiene ni debe tener tribulación alguna porque
para eso es un hijo de Dios y etc.etc. ¿Sabes qué? Le creo a Jesús, no sé tú a
quién eliges creerle.
Por lo tanto, cuando tengas el mayor dolor, ¡Vete a tu
lugar secreto y llora toda tu desesperanza! Jesús lloró. Pedro lloró,
¡amargamente! Pedro llevó consigo el dolor de negar al mismo hijo de Dios.
Aquellas lágrimas amargas obraron en él un dulce milagro. Él volvió para sacudir el reino de Satanás. Jesús nunca aleja su
mirada de un corazón que llora.
Él dijo: Al corazón contrito y humillado no
despreciarás tú, oh Dios (Salmos 51:17). Jamás dirá el Señor: “¡Guarda la compostura! ¡Ponte de pie y toma
tu medicina! ¡Cálmate y seca tus lágrimas!”. ¡No! Jesús guarda toda lágrima
en su frasco eterno. ¿Te duele? Entonces adelante ¡llora! Y sigue llorando
hasta que tus lágrimas dejen de correr.
Pero que dichas lágrimas sólo provengan
del dolor, y no de la incredulidad ni de la autocompasión. La vida continúa. Te sorprenderías si
supieras cuánto puedes soportar cuando Dios te ayuda. La felicidad no es vivir
sin dolor o heridas. La verdadera felicidad es aprender cómo vivir cada día, a
pesar de todo el dolor y la pena. Es aprender a regocijarse en el Señor, sin
importar lo que haya sucedido en el pasado.
Quizás tú te sientas rechazado o
abandonado. Tu fe puede haberse debilitado. Quizás pienses que estás de capa
caída. En ocasiones, la tristeza, las lágrimas, el dolor y el vacío pueden
absorberte, pero Dios sigue en Su trono. ¡Él sigue siendo Dios! Tú no te puedes
ayudar a tí mismo. No puedes detener la pena y el dolor.
Pero nuestro bendito
Señor vendrá a ti. Y colocará su mano amorosa debajo tuyo para levantarte y
sentarte otra vez en los lugares celestiales. Él te librará del temor a morir.
Él te revelará su amor infinito.
¡Alza tus ojos! Aliéntate en el Señor. Cuando
la neblina te rodee, y no puedas ver salida alguna para tu dilema, recuéstate
en los brazos de Jesús y solamente confía en Él. Él quiere tu fe, tu confianza.
Quiere que tú levantes tu voz: “¡Jesús me ama! ¡Él está conmigo! ¡Él no me va a
fallar! ¡Él está obrando en ello ahora mismo! ¡No seré derribado! ¡No seré
derrotado! ¡No seré una víctima de Satanás! ¡Dios está de mi lado! ¡Yo lo amo y
Él me ama!
El centro de todo es la fe. Y la fe descansa sobre esta verdad
absoluta: Ninguna arma forjada contra ti prosperará… (Isaías 54:17).

1 comentario:
.........simplemente M A R A V I L L O S O !!!!!!!.............QUE REFRESCANTE EN ESTOS DÍAS AGOBIANTES DE "CALOR".......y no climaticamente hablando....gracias Señor por tu palabra!!!!....un abrazo queridos hermano/as, paz en Cristo.
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