En los últimos años he
escuchado por lo menos a diez predicadores itinerantes decirle a la iglesia que
su mayor problema es la carencia de poder de Dios. Que las iglesias se han
reducido a una especie de clubes religiosos donde la gente acude para sentirse
acompañada, bien con algunas obras de caridad en favor de los necesitados y
entretenidos con actividades variadas ejecutadas, supuestamente, en el nombre
del Dios Todopoderoso.
Pero lo cierto es que el Todopoderoso allí no se muestra
jamás y en sus reuniones jamás sucede absolutamente nada fuera de lo previsible
y humano. La gente oye esos mensajes y se pregunta: ¿Entonces esto es así?
¿Será normal que nunca veamos nada sobrenatural? No lo creo.
Recuerdo que
cuando Jesús pasaba sus últimas horas con sus discípulos, les dijo: De
cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os
lo dará (Juan 16:23). Luego, les dijo: Hasta ahora nada habéis pedido en
mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido (Juan 16:24).
¡Qué increíble declaración! Mientras esta escena se llevaba a cabo,
Cristo les advertía a sus seguidores que Él partiría y que nos los vería por un
breve momento. Sin embargo, con las mismas, Él les aseguraba que ellos tenían acceso
a toda bendición del cielo. Todo lo que tenían que hacer era pedir en Su
nombre. Los discípulos habían sido enseñados personalmente por Jesús a tocar, buscar
y pedir por las cosas de Dios. Fueron enseñados de primera fuente que todas las bendiciones del Padre, toda la gracia, el poder y la fuerza, se encontraban
en Cristo.
Y ellos habían oído a Jesús, cuando declaró a las multitudes: De
cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las
hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que
pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en
el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré (Juan 14:12-14).
Las
palabras de Cristo a los discípulos me convencieron: Hasta ahora nada habéis pedido en
mi nombre (Juan 16:24). A medida que leemos esto, podemos escuchar al Señor,
susurrándonos: “Hijos, ustedes no han
solicitado el poder que he puesto a su disposición. Simplemente deben pedir en
mi nombre”.
Acá tenemos, lo que creo que entristece el corazón de Dios más
que la combinación de todos los pecados de la carne. Nuestro Señor es entristecido por
la constante y creciente falta de fe en Sus promesas…por las constantes y crecientes
dudas respecto a si Él responde las oraciones…y es finalmente entristecido, por
un pueblo que solicita cada vez menos del poder que está en Cristo.
No importa
cuánto hayas tú pedido ser semejante a Cristo; eso no es nada en comparación a
los recursos de la sabiduría espiritual que siguen aguardándonos en su almacén.
¡Pide en grande! Pide sabiduría, pide dirección, pide revelación. Pero debes
pedir con fe, sin dudar nada.

2 comentarios:
Gracias Padre porque verdaderamente sentimos la seguridad de que nos escuchas y concedes lo que pedimos en nombre de tu Hijo .
Y cada día aprendemos a pedir no para nuestra conveniencia sino para trabajar con el Poder sobrenatural tuyo para ejecutar tus promesas y así ver tu Gloria en cada Hijo tuyo.
Bendiciones Néstor , y gracias por obedecer.
Gracias Padre porque verdaderamente sentimos la seguridad de que nos escuchas y concedes lo que pedimos en nombre de tu Hijo .
Y cada día aprendemos a pedir no para nuestra conveniencia sino para trabajar con el Poder sobrenatural tuyo para ejecutar tus promesas y así ver tu Gloria en cada Hijo tuyo.
Bendiciones Néstor , y gracias por obedecer.
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