Cuando el hombre (Genérico, incluye a la mujer, claro
está), deja de lado las cosas prácticas y superficiales, abandona la fiebre
consumista en la que su sociedad secular lo ha inmerso, el hombre empieza a
preguntarse una serie de cuestiones a las que nadie está en condiciones de
darle respuesta. Salvo Dios, claro está. ¿Quién soy? ¿Dónde voy? ¿Por qué estoy
aquí? ¿Para qué vine al mundo? Estas y muchas más, son preguntas que rozan lo
filosófico y existencial, pero que ni la Filosofía ni el Existencialismo como
ciencias, han podido responderle. Entonces el hombre encuentra a Cristo. Y
elige creer que Él murió en la cruz para ser su Salvador personal. Lo acepta
como tal y decide convertirlo en Señor de su vida. Y allí el hombre comienza a
tener una identidad y una revelación profunda que va más allá de una teología
hueca y vacía construida como reemplazo de la carencia de vida y poder del Dios
real. Y lee en Eclesiastés 12:7 que el polvo, (Que es su cuerpo) vuelve
al polvo, dice que de allí era, a la tierra pertenece,
porque de ella fue sacado, y que el espíritu (Que es aliento, soplo),
vuelve
a Dios que es el que lo dio. Entonces el hombre sabe quién es: es un
espíritu al cual se le ha dado un alma y, mientras dure este periplo terrenal
de su existencia, habitará una caja descartable llamada cuerpo. El hombre sabe
ahora que, antes de ser, él ya era en el cielo. Porque si ese espíritu que mora
en él, cuando su cuerpo vaya a la tierra vuelve
a Dios, como todo lo que vuelve, es
porque antes fue, antes estaba allá y un día vino a vivir una
vida y a extender un Reino, y luego de cumplir o no con esa misión, su ciclo
terminó y retornó al lugar de donde era. ¿Lo entiendes? ¿No? ¡¡Aleluya!! Porque
esto no es para entender, es simplemente para aceptar y creer. Si buscas
razonarlo, primero te confundirás, y luego sencillamente no podrás creerlo
nunca, como a todo lo revelado. Ahora pregúntate de qué clase de hombres y
mujeres está llena la iglesia. ¿Ya tienes la respuesta? Bien; ahora elige tu
lugar. Esa será tu identidad final.

1 comentario:
Cuando queremos entender las cosas de Dios, antes de aceptarlas, entramos en un recorrido peligroso que no es justamente El Camino.....por eso Jesus hablo siempre de creer en primer lugar, y casi como un sinonimo de creer dijo obedecer...recien despues de que podemos caminar en esto es cuando podemos entender un monton de cosas que se agolpaban en nuestra mente....por que solo en el espiritu y con el Espiritu podemos entender las cosas de Dios.
Miriam Rodriguez
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