El domingo es un día
para descansar y, de ser posible, no realizar demasiados esfuerzos, ni siquiera
intelectuales. Sin embargo, la cultura occidental ha determinado que el domingo
sea el llamado Día del Señor. Que en realidad y según textos bíblicos, sería
nuestro sábado, pero como a ese día lo respetan, guardan y cumplimentan
reglamentariamente los adventistas, el catolicismo romano, (De ahí viene) instauró
el siguiente. Nosotros, los creyentes que decimos y deseamos ser genuinos, no
tenemos ni deberíamos tener días prefijados. Para nosotros, la dedicación al
Señor es y debe ser similar un domingo como la de un lunes, un jueves o un
miércoles. De todos modos, la tradición es fuerte y nos lleva, casi
inconscientemente, a dedicarle a este espacio algo más rápido y de menor
profundidad que otros días. Por ejemplo, un relato leído por allí que habla y
sirve claramente para definir cómo y quiénes somos. Dice que el único
sobreviviente de un naufragio llegó a duras penas nadando a la playa de una
diminuta y deshabitada isla. Pidió fervientemente a Dios ser rescatado, y cada
día escudriñaba el horizonte buscando ayuda, pero pasaban los días, las
semanas, y ésta no parecía llegar. Muy cansado, finalmente optó por construirse una
cabaña de madera para protegerse del clima, de los animales, de los insectos y
también para almacenar sus muy escasas pertenencias. Trabajó muy duro en ello,
porque no contaba con las herramientas necesarias, pero con empeño y
dedicación, logró terminarla en dos meses. Entonces
un día, después de recorrer toda la isla en busca de alimentos, cuando
regresaba, encontró a su cabañita totalmente envuelta en llamas, con el humo
ascendiendo hasta el cielo. Lo peor había ocurrido, lo había perdido todo.
Quedó anonadado de tristeza y rabia. "Dios, ¿cómo pudiste hacerme
esto?", se lamentaba una y otra vez. Sin embargo, al día siguiente fue
despertado por el sonido de la sirena de un barco que lentamente se acercaba a
la isla. Habían venido a rescatarlo. - "¿Y
cómo supieron que estaba aquí?", preguntó el abatido náufrago a sus
rescatistas. -"Ayer vimos tus
señales de humo", contestaron ellos. Es
fácil descorazonarse cuando las cosas marchan mal, pero no debemos desanimarnos
porque Dios trabaja en nuestras vidas aún en medio del dolor y del sufrimiento.
Recuérdalo: si alguna vez todas tus "pertenencias"
se convierten en humo, puede ser la señal de que la ayuda y gracia de Dios
vienen en camino. ¿Podrá entender esto la iglesia religiosa?

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