Hace
unos días publiqué un audio relacionado con el perdón. Tuvo una excelente
recepción por parte de los lectores y, como podrás suponerte, enorme respuesta
a partir de problemas íntimos propios. Y en esas consultas y comentarios, saltó
el tema del auto-perdón, esto es: el perdón a sí mismo. Para mí, ésta es la
parte más difícil del perdón. Como cristianos, estamos dispuestos a ofrecer la
gracia de nuestro Señor al mundo, pero a menudo somos mezquinos en ofrecérnosla
a nosotros mismos. Considera al Rey David, que cometió adulterio y luego
asesinó al esposo para cubrir su ofensa. Cuando su pecado fue expuesto, David
se arrepintió y el Señor envió al profeta Natán para decirle: Tu
pecado ha sido perdonado. Aun así, aunque David sabía que había sido
perdonado, había perdido su gozo. El oró: Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos
que has abatido…Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente
(Salmos 51:8,12) ¿Por qué estaba David tan perturbado? Este hombre había
sido justificado delante del Señor, y tenía paz a través de la promesa de Dios
del perdón. Sin embargo, es posible que sus pecados sean borrados del libro de
Dios, mas no de su conciencia. David escribió este salmo porque él quería que
su conciencia deje de estar condenándolo por sus pecados. Y David no podía
perdonarse a sí mismo. El soportaba la pena de agarrarse de la falta de perdón,
una falta de perdón dirigida hacia sí mismo, y eso equivale a la pérdida del
gozo. El gozo del Señor viene hacia nosotros como un fruto por haber aceptado
su perdón. Me ha impactado
grandemente la biografía de Hudson Taylor. Él fue uno de los misioneros más
efectivos en la historia, un piadoso hombre de oración que estableció iglesias
a lo largo del vasto interior de China. Pero él ministró durante años sin gozo.
Estaba abatido por sus luchas, agonizando por sus anhelos secretos y
pensamientos de incredulidad. En 1869 Taylor experimentó un cambio revolucionario. Él
pudo darse cuenta de que Cristo tenía todo lo que él necesitaba, sin embargo ni
sus lágrimas, ni su arrepentimiento pudo hacer que cayeran las bendiciones
sobre él. Taylor reconoció que había sólo un camino hacia la plenitud de
Cristo: a través de la fe. Toda promesa que Dios haya hecho al hombre, requería
fe. Así que Taylor decidió avivar su fe, lamentablemente ese esfuerzo también
fue en vano. Finalmente en la hora más oscura, el Espíritu Santo le dio una
revelación: la fe no viene por el
esfuerzo, sino por el descanso en las promesas de Dios. Ese es el secreto
para recibir todas las bendiciones de Cristo. Taylor se perdonó a sí mismo por los pecados que
Cristo ya había dicho que fueron echados en el fondo del mar. Y porque descansó
en las promesas de Dios, él pudo convertirse en un siervo gozoso, que
continuamente echaba todas sus cargas al Señor. Esto, hoy, es para ti. Ya lo
sabes, ahora ya no puedes decir que nadie te lo dijo ni te lo enseñó. Desde
hoy, ya lo sabes. Deja tu egocentrismo a un lado y comienza a pensar en
perdonarte. Si Dios te perdonó, ¿Vas a seguir pensando que tu propio perdón es
más grande e importante que el perdón de Dios? Yo no correría tamaño riesgo,
hermano o hermana. Reacciona.

2 comentarios:
Gracias por tus palabras que siempre son de bendición
hoy quiero dar en el blanco, entrando al maximo descanso,el de Dios, el conoce mis pensamientos y limites, ahora quiero aplicar el reposo de Dios, no los propios esfuerzos.
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