“Dijeron
los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe” (Lucas 17:5). Los hombres que eran parte del círculo cercano a
Jesús estaban pidiendo algo importante a su Maestro. Deseaban un mayor
entendimiento del significado y de las obras de la fe. Estaban diciendo: “Señor, ¿qué clase de fe es la que tú
quieres de nosotros?” Danos una revelación del tipo de fe que te agrada.
Queremos entender la fe en su significado más completo. Por fuera, esta petición que hicieron parecía
elogiable. Sin embargo, creo que los discípulos le pidieron esto a Jesús,
porque estaban confundidos. En el capítulo anterior, Cristo los había
desconcertado, diciéndoles: “El que es fiel en lo muy poco, también en
lo más es fiel… Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os
confiará lo verdadero?” (Lucas
16:10-11). Jesús sabía que la
carne de sus seguidores quería evitar lo que ellos consideraban ser asuntos
menores de la fe. Así que les dijo: “Si
ustedes son fieles en las cosas pequeñas, los asuntos fundamentales de la fe,
serán fieles en las cosas grandes también. Así que, demuestren que son dignos
de confianza en los requisitos básicos de la fe. De lo contrario, ¿cómo se les
podrá confiar un nivel más profundo?”. Si somos honestos, todos admitiremos
que nos parecemos mucho a los discípulos de Jesús. También queremos proceder
directamente a los grandes asuntos de la fe, para obtener el tipo de fe que
mueve montañas. Y, como los discípulos, a menudo juzgamos la fe por los
resultados visibles. La verdadera fe, a los ojos de Dios, no tiene nada que ver
con el tamaño o la cantidad de trabajo que usted se propone alcanzar. Al
contrario, tiene que ver con el enfoque y la dirección de su vida. Reitero un
concepto ya vertido aquí mismo hace pocos días: Dios no está tan interesado en
la gran visión que tú puedas tener, como lo está con aquello en que tú te estás
convirtiendo. Aquellos considerados como “éxitos” en la iglesia de hoy,
muy difícilmente pasarían un filtro divino y espiritual. Lo que Dios está
esperando de su iglesia, es muy distinto y muy alejado a lo que la iglesia está
haciendo hoy con nivel de prioridad suprema. ¿Quién deberá cambiar?

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