Lo sabemos.
Hace desde que conocimos a Jesucristo que lo sabemos. Somos hijos de un Dios
eterno que no usa reloj en su mano ni calendario gregoriano en su habitación.
Él no se conduce en el tiempo cronológico dictado por un elemento creado por un
hombre que se arroga a sí mismo ser su representante legal en la tierra, cuando
quizás Él ni siquiera lo conoce. O sí, pero jamás le otorgó esa jerarquía por
una simple razón: no se la otorgó a nadie individualmente, sino a una asamblea
constituida con el unificado objetivo de extender su Reino: se llama Iglesia. Y
no tiene apellido. Somos hombres y mujeres que hemos leído alguna vez que para
nuestro Dios, un día es como mil años y mil años como un día. Y por esa causa
hemos enseñado o predicado que la semana de la creación pudieron haber sido
siete días de veinticuatro horas, siete mil años de trescientos sesenta y cinco
días cada uno o siete siglos, de cien años terrenales cada uno. Es lo mismo,
porque en nuestra vida de fe no cuenta el tiempo Kronos, sino el tiempo Kairos.
Sabemos también, porque somos seres dotados de una inteligencia superior al
resto de la creación viviente, que el último minuto de un día no tiene por qué
razón lógica ni racional ser distinto al primer minuto del día siguiente. Y
sabemos, finalmente, que la idea de que un lapso temporal será mejor o peor que
otro lapso temporal, no nace de un Dios Todopoderoso que asegura por promesa
proteger y cuidar a sus santos y justos, sino de los que estudian los astros y
creen ver futuros a través de ellos. Pese a todo ello, también somos personas
que vivimos en un marco terrenal y social donde mañana, cuando llegue la
medianoche, se brindará por un año nuevo, por felicidad, por prosperidad y por
todo lo que Dios otorga, sin necesidad que sus hombres creados se lo recuerden.
Pero no adoptaremos una postura de inflexibilidad religiosa ni estructura “bibliosa”.
Adoptaremos la postura que mejor receptibilidad tenga en cada núcleo familiar
al que todos pertenecemos. Por amor. Porque antes que ninguna celebración,
buenos augurios y declaraciones proféticas, lo nuestro es el Amor. Desde allí
recuperaremos y extenderemos el Reino, que es un Reino donde rige precisamente
eso, el Amor. Que la cronología humana llamada 2012 esté repleta de bendiciones
de tu Dios eterno. Que lo que estás orando tenga respuesta favorable. Que lo
que Dios te envió a hacer, sea cumplido. Que así sea, quede firme y decretado,
que es como decir: AMEN.
4 comentarios:
Que así sea Nestor. Slds
Sea hecho.. para este nuevo año cronológico. Un abrazo para usted Néstor.
Para Usted Néstor todo tipo de bendiciones, que así sea hecho.
Un atento saludo,
Emma
Muchas Gracias Néstor y que este 2012 siga cumpliendo con la misión que Dios le ha encomendado: el nutrir nuestros espíritus a través de la Palabra. Gracias por dejarse ser un instrumento de nuestro amoroso Padre Celestial y de Jesucristo, nuestro Salvador. Que el Espíritu Santo se siga manifestando en su obra. Bendiciones,
Rosario
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