En Lucas 7 hay una historia de un fariseo llamado
Simón, que invito a Jesús a su casa para cenar. No estoy seguro de por qué un
fariseo invitaría a Jesús a cenar, además de hacer entrar a otros estrictos
líderes religiosos a cenar con Él. Una razón comprensible podría ser que Simón
y sus amigos querían determinar si Jesús era o no un profeta genuino, una
especie de evaluación o examen. El pasaje demuestra claramente que Simón sabía
de la reputación de Jesús como profeta. La Escritura no dice lo que este grupo conversó alrededor de la mesa, pero
podemos asumir que tenía que ver con la teología. Siempre es así: los jerarcas
hablan de teología, tú quieres hablar del Señor. Y los fariseos se habían
especializado en el asunto y ya habían tratado de hacer caer a Jesús con
preguntas capciosas. Pero Cristo sabía lo que había en el corazón de estos
hombres, y se hizo rápidamente evidente. Lo siguiente que leemos es que una
mujer de la calle “que era pecadora”
irrumpió en la escena. La Palabra nos dice que Él se volvió a la mujer. Aprovecha
esto para entender dónde debe estar nuestro enfoque: no en la falsa religión,
ni en los falsos maestros, sino en los pecadores. Apartando su mirada de Simón y sus invitados, Jesús se volvió a la mujer y
le dijo: Por lo cual te digo que sus
muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho…Tu fe te ha salvado, ve en
paz (Lucas 7:47,50). Vemos a Jesús revelando la razón por la que vino:
para ser amigo y restaurar al caído, al que no tiene amigos, a aquéllos
derrotados por el pecado. Y hoy, nos dice: “De
esto se trata todo mi ministerio”. Asimismo, dice el apóstol Pablo, éste debe ser nuestro enfoque. No debemos
juzgar al caído, sino, por el contrario, buscar restaurarlo y quitarle su
oprobio. De hecho, Él hizo de esto, la prueba de la verdadera
espiritualidad: una disposición de restaurar al caído. Hermanos, si alguno fuere sorprendido en
alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de
mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado (Gálatas 6:1). Pablo luego, añade rápidamente la siguiente instrucción de la
voluntad de Cristo: Sobrellevad los
unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo (6:2). ¿Cuál es la ley de Cristo? Es el amor: Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he
amado, que también os améis unos a otros (Juan 13:34). Ya lo sé: piensas
que esto es reiterativo, que no es nada nuevo, que no se trata de una tremenda
revelación y que tampoco sacude tu entendimiento como otros temas. Estoy
totalmente de acuerdo contigo, pero pregunto: ¿Amamos con ese nivel espiritual?
Disculpa, te cambio la pregunta por una más simple y directa: ¿Amamos?

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