12/14/2011

Amor


En Lucas 7 hay una historia de un fariseo llamado Simón, que invito a Jesús a su casa para cenar. No estoy seguro de por qué un fariseo invitaría a Jesús a cenar, además de hacer entrar a otros estrictos líderes religiosos a cenar con Él. Una razón comprensible podría ser que Simón y sus amigos querían determinar si Jesús era o no un profeta genuino, una especie de evaluación o examen. El pasaje demuestra claramente que Simón sabía de la reputación de Jesús como profeta. La Escritura no dice lo que este grupo conversó alrededor de la mesa, pero podemos asumir que tenía que ver con la teología. Siempre es así: los jerarcas hablan de teología, tú quieres hablar del Señor. Y los fariseos se habían especializado en el asunto y ya habían tratado de hacer caer a Jesús con preguntas capciosas. Pero Cristo sabía lo que había en el corazón de estos hombres, y se hizo rápidamente evidente. Lo siguiente que leemos es que una mujer de la calle “que era pecadora” irrumpió en la escena. La Palabra nos dice que Él se volvió a la mujer. Aprovecha esto para entender dónde debe estar nuestro enfoque: no en la falsa religión, ni en los falsos maestros, sino en los pecadores. Apartando su mirada de Simón y sus invitados, Jesús se volvió a la mujer y le dijo: Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho…Tu fe te ha salvado, ve en paz (Lucas 7:47,50). Vemos a Jesús revelando la razón por la que vino: para ser amigo y restaurar al caído, al que no tiene amigos, a aquéllos derrotados por el pecado. Y hoy, nos dice: “De esto se trata todo mi ministerio”. Asimismo, dice el apóstol Pablo, éste debe ser nuestro enfoque. No debemos juzgar al caído, sino, por el contrario, buscar restaurarlo y quitarle su oprobio. De hecho, Él hizo de esto, la prueba de la verdadera espiritualidad: una disposición de restaurar al caído. Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado (Gálatas 6:1). Pablo luego, añade rápidamente la siguiente instrucción de la voluntad de Cristo: Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo (6:2). ¿Cuál es la ley de Cristo? Es el amor: Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros (Juan 13:34). Ya lo sé: piensas que esto es reiterativo, que no es nada nuevo, que no se trata de una tremenda revelación y que tampoco sacude tu entendimiento como otros temas. Estoy totalmente de acuerdo contigo, pero pregunto: ¿Amamos con ese nivel espiritual? Disculpa, te cambio la pregunta por una más simple y directa: ¿Amamos?

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