10/29/2015

Voces

Pedro advierte a los creyentes de los últimos días que Satanás vendrá a ellos en alta voz, tratando de incitarles miedo. Sed sobrios y velad, porque vuestro adversario el diablo anda como león rugiente, buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8).
               Esta es mi observación al respecto, tómala o déjala; no es doctrina: Si Satanás está haciendo conocer su voz en estos últimos días, y está mostrando su poder a las masas de almas perdidas, ¿Cuánto más importante es para el pueblo de Dios conocer la voz de su Padre?
               ¿Crees tú que el Señor podría estar sentado permaneciendo en silencio mientras que Satanás ruge en el mundo? ¡Nunca! Isaías dijo: Y el Señor hará oír su potente voz, (Isaías 30:30). Desde los tiempos de Adán y Eva, Dios ha estado hablando con el hombre.
                Se escuchó el sonido del Señor Dios (Génesis 3:8). Adán dijo: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo (Génesis 3:10). Desde el Génesis hasta el final del Nuevo Testamento, Dios hizo conocer su voz a su pueblo.
               En los libros de los profetas vemos esta frase repetirse una y otra vez, "Y dijo Dios…"  La voz de Dios era conocida y comprendida. Jesús confirmó lo anterior en el Nuevo Testamento al presentar el ejemplo del Buen Pastor. Las ovejas oyen su voz. . . las ovejas le siguen, porque conocen su voz (Juan 10:3-4).
               Adán se escondió de la voz de Dios a causa de la culpa y la vergüenza de su pecado. Y es ahí exactamente donde muchos del pueblo de Dios se encuentran hoy en día, escondidos y con miedo de escuchar a Dios hablar.
               Si deseas escuchar la voz de Dios, debes estar listo para tener tu alma purificada y limpia. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9).



10/25/2015

Encuentro

               Dios desea hablar contigo como si estuvieras sentado cenando con Él. Él quiere conversar contigo sobre todo, sobre cualquier asunto, de corazón a corazón. La Biblia dice: He aquí, yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo (Apocalipsis 3:20).
               Este versículo a menudo se ha utilizado para referirse a los inconversos. Hablamos de Jesús parado a la puerta del corazón del pecador, buscando entrar. Pero no es así, porque resulta que aquí ¡Cristo les está hablando a los creyentes! El contexto muestra que Cristo les está hablando a aquellos que están vestidos de ropas blancas (la justicia), que han comprado oro probado en el fuego, cuyos ojos están ungidos (tienen una revelación), que son amados, reprobados y castigados (ver Apocalipsis 3:15-19).
                Éstas son personas arrepentidas, ¡Gente santa que quiere conocer la voz de Dios! Al leer y releer el versículo 20 en este pasaje, tres palabras me resaltaban: "¡Abre la puerta! ¡Abre la puerta!" Y el Espíritu de Dios habló claramente al corazón de los que siguen teniendo hambre y sed de justicia, y dijo: “La razón por la cual no me has oído como quiero ser escuchado es porque no estás totalmente abierto en tu espíritu para escuchar!"
               Desde nuestra perspectiva, esta puerta representa un compromiso -que muchos cristianos aún no han hecho por completo- La mayoría de los creyentes oran: "Señor, todo lo que necesito es un pequeño consejo, unas palabras de dirección, un recordatorio de que me amas. Sólo déjame saber si estoy haciendo bien o mal. ¡Ve delante de mí y abre las puertas!" Pero Jesús nos responde: "Si todo lo que quieres de mí es dirección, puedo enviarte un profeta. Si sólo quieres saber a dónde ir y qué hacer, puedo enviar a alguien que haga las veces de guía. Pero ¡me estás perdiendo!"
               Jesús quiere tu cercanía, tus emociones más profundas, tu lugar secreto. Quiere sentarse contigo y compartir todo lo que está en Su corazón, hablar contigo cara a cara. Apocalipsis 3 es un cuadro maravilloso de esto.

               Habla del amor y de la intimidad, de compartir secretos con entonaciones suaves y tiernas. Cuando Jesús entra, trae alimento y pan, en otras palabras, Él mismo ingresa. Cuando te alimentes de Él ¡Allí sí que estarás satisfecho por completo!

10/20/2015

¿Independencia?

               La parábola del hijo pródigo trata de dos hijos, uno que llega al final de sus propios recursos, y otro que no reclama los recursos de su padre. Esta parábola también habla sobre el amor incondicional del padre y de la provisión en su casa.
               El hijo menor se dirigió a su padre y le dijo: Dame la parte de la hacienda que me corresponde (Lucas 15:12) La parte que recibió y luego perdió, representa sus propios intereses: sus talentos, sus capacidades, todas las cosas que utilizamos para enfrentar la vida y todos sus problemas.
               Él dijo, "tengo inteligencia, buen ingenio y buen antecedente. ¡Puedo salir y vivir por mi cuenta!"  La actitud del hijo menor describe a los cristianos de hoy en día. Sin embargo, cuando las cosas se ponen difíciles, ¡Cuán pronto llegamos al final de nuestros propios recursos! ¡Cuán rápido gastamos todo lo que tenemos dentro de nosotros mismos! ¡Podemos calcular nuestra salida de algunos problemas y encontrar la fuerza interior para algunas pruebas, pero llega un tiempo cuándo el hambre golpea el alma!
               Tú llegas al final de ti mismo sin saber qué camino tomar. Tus amigos no pueden ayudarte, quedas vacío, sufriendo, sin nada ni nadie a quien puedas acudir. Estás agotado y tus ganas de luchar se han acabado. Todo lo que te queda es miedo, depresión, vacío y desesperanza.
               ¿Sigues dando vueltas en la pocilga del diablo, revolcándote en el vacío, muriendo de hambre? Eso es lo que pasó con el hijo pródigo. ¡No quedaba nada en él que pudiera aprovechar! Había agotado todos sus recursos y se dio cuenta hasta dónde le había llevado su independencia. Pero, ¿qué ocurrió para que finalmente volviera en sí? ¡Se acordó de toda la abundante provisión en casa de su padre!
               Él dijo, "me muero de hambre aquí. Pero en casa de mi padre ¡El pan sobra!". Decidió entonces regresar y tomar la abundante y generosa provisión de su padre. No hay ni una sola palabra en esta parábola que indique el hijo pródigo volvió por amor a su padre.
               Es cierto que se arrepintió, de hecho, cayó de rodillas, llorando: "Padre, ¡lo siento! He pecado contra ti y contra Dios. Yo no soy digno de entrar en su casa,” pero él nunca dijo: " ¡Padre, he vuelto porque te quiero!"
                Lo anterior nos revela que el amor de Dios para con nosotros es sin condiciones, no depende de nuestro amor por Él. La verdad es que Él nos amó aun cuando nuestros corazones estaban lejos de Él. ¡Este es el amor incondicional!



 



10/10/2015

Paradigmas

En muchas ocasiones me habrás leído o escuchado hablar del tremendo obstáculo que se manifiesta en nuestras iglesias respecto a los paradigmas. He procurado explicar, asimismo, qué cosa es un paradigma. Sin embargo, creo que lo que voy a transcribir a continuación, es el ejemplo simple más práctico que podríamos encontrar y detalla, casi con precisión milimétrica, las contrariedades que ciertas costumbres o tradiciones producen en el pueblo cristiano.
Para ilustrar la necesidad de preguntarse el porqué de las cosas, la necesidad de cuestionarse lo establecido, la necesidad de conocer las propias creencias y desafiarlas regularmente, contaré hoy la paradoja de los monos y los plátanos:
En un experimento se metieron cinco monos en una habitación. En el centro de la misma ubicaron una escalera, y en lo alto, unos plátanos. Cuando uno de los monos ascendía por la escalera para acceder a los plátanos, los experimentadores rociaban al resto de monos con un chorro de agua fría.
Al cabo de un tiempo, los monos asimilaron la conexión entre el uso de la escalera y el chorro de agua fría, de modo que cuando uno de ellos se aventuraba a ascender en busca de un plátano, el resto de monos se lo impedían con violencia. Al final, e incluso ante la tentación del alimento, ningún mono se atrevía a subir por la escalera.
En ese momento, los experimentadores extrajeron uno de los cinco monos iniciales e introdujeron uno nuevo en la habitación. El mono nuevo, naturalmente, trepó por la escalera en busca de los plátanos. En cuanto los demás observaron sus intenciones, se abalanzaron sobre él y lo bajaron a golpes antes de que el chorro de agua fría hiciera su aparición.
Después de repetirse la experiencia varias veces, al final el nuevo mono comprendió que era mejor para su integridad renunciar a ascender por la escalera. Los experimentadores sustituyeron otra vez a uno de los monos del grupo inicial. El primer mono sustituido participó con especial interés en las palizas al nuevo mono trepador.
 Posteriormente se repitió el proceso con el tercer, cuarto y quinto mono, hasta que llegó un momento en que todos los monos del experimento inicial habían sido sustituidos. En ese momento, los experimentadores se encontraron con algo sorprendente. Ninguno de los monos que había en la habitación había recibido nunca el chorro de agua fría.
 Sin embargo, ninguno se atrevía a trepar para hacerse con los plátanos. Si hubieran podido preguntar a los primates por qué no subían para alcanzar el alimento, probablemente la respuesta hubiera sido esta “No lo sé. Esto siempre ha sido así”.
Asombroso, ¿Verdad? Sin embargo, lo vemos a cada domingo en cientos de lugares, cuando ante nuestra pregunta de por qué se está haciendo tal o cual cosa que no es bíblica, se nos responde con las mismas palabras.
Albert Einstein pronunció una sentencia secular que, en casos, los cristianos podemos incorporar a nuestras enseñanzas: “Triste época la nuestra. Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”

10/08/2015

Pureza

               El Espíritu de Dios siempre ha estado llamando a la humanidad hacia sí mismo -a la santidad, a la pureza de corazón, a la vida consagrada- y en cada generación un remanente responde a este llamado. José respondió al llamado de Dios a una edad muy temprana. Sus diez hermanos mayores recibieron el mismo llamado a la entrega y a caminar en rectitud pero ellos eligieron permanecer en el mundo. Por lo menos en dos ocasiones todos los hijos de Jacob recibieron el llamado del Espíritu con toda claridad. La primera fue cuando Jacob erigió un altar al Dios de Israel (Génesis 33:18-20). Jacob llamó a sus hijos hasta el altar para adorar con él, arrodillarse ante el Señor y seguirlo, pero en lugar de ello, los hermanos de José se tornaron a la venganza y al derramamiento de sangre.
               La segunda vez que Dios claramente llamó a estos diez, estaban en Betel. Jacob sabía que sus hijos estaban atados a la idolatría y que se encontraban rechazando el llamado de Dios a la pureza y a la justicia, por lo que él les advirtió: Quitad los dioses ajenos que están entre vosotros, y sean limpios, cambien su ropa y levantémonos, vayamos a Betel, allí haré un altar a Dios (Génesis 35:2-3). ¡Este es uno de los más claros llamados en toda la Palabra de Dios! La frase "cambiar de ropa" en hebreo significa una purificación moral y espiritual de la mente y el corazón. En apariencia, los hijos de Jacob se rindieron: Así dieron a Jacob todos los dioses ajenos que había en su mano, y los zarcillos (versículo 4).
               Pero su arrepentimiento fue solo superficial, ellos nunca tuvieron un verdadero cambio de corazón ¡Regresaron a su rebelión, odio, envidia y contienda! José era diferente a sus hermanos: su arrepentimiento había sido desde el corazón. Respondió al llamado del Espíritu y se dispuso por completo a seguir al Señor. En medio de un ambiente malo, perverso; José mantiene las manos limpias y el corazón puro. José fue enviado a los campos para ayudar a sus hermanos en el cuidado de los rebaños de la familia.
                ¡Pero pronto se entristeció porque sus hermanos hablaban y vivían como los paganos! Su corazón puro fue aplastado por la maldad de su propia familia. Y José trajo a su padre malos informes sobre ellos (37:2), José descargó su corazón a su padre: "No vas a creer la forma en que viven, ellos hablan en contra de tu Dios, ¡ellos lo afligen...!" Una marca de la Compañía José es que se lamentan por el pecado. Han abandonado los ídolos y se enamoran de Jesús ¡Su corazón está encendido con santidad!
               Ellos ven el pecado en la tierra, pero sobre todo se entristecen por el pecado en la iglesia y de la iglesia. Ellos gritan desde su alma: "¡Oh, Padre, mira lo que está pasando entre tus hijos!" Si tú te haces parte de esta compañía de los últimos tiempos, no puedes pasar por alto el pecado. Más bien, algo tiene que levantarse dentro tuyo que diga: "¡Oh, Dios, no puedo soportar lo que ellos hacen en tu nombre!" Entonces, tú orarás -no contra las personas- sino contra la incursión de los poderes demoníacos en la iglesia de Jesucristo.







10/04/2015

Riquezas

               Es indudable, tú no puedes separar la provisión de Dios de su amor, el cual tiene que ver con la abundante riqueza guardada en la gloria para que nosotros hagamos uso de ella. Él nos ha dado la provisión que necesitamos para afrontar cada crisis en la vida, y así ¡ayudarnos a vivir victoriosamente en cualquier momento! Durante semanas alguien estuvo orando: "Señor, yo quiero conocer tu corazón. No puedo tener una revelación de tu amor por mí a partir de los libros de mi biblioteca, o incluso de los hombres más santos de todos los tiempos. Sólo puede venir de ti. ¡Quiero mi propia revelación de tu amor proveniente directamente de tu corazón! Quiero verla con tanta claridad que cambie mi caminar contigo y la forma en que ministro."
               Mientras esa persona oraba, no sabía qué debía esperar. ¿Sería una revelación de su amor que vendría corriendo a su alma como un río de gloria? ¿Podría aparecer como la comprensión de algo grande que lo dejaría sin aliento? ¿Sería una sensación de ser muy especial para Él, o un toque de su mano sobre él tan real que lo cambiaría para siempre? No, Dios le habló a través de un corto y simple versículo: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. (Juan 3:16).
               Su amor está ligado a sus riquezas en gloria… ¡abundante provisión para nosotros! La Biblia dice que nuestro amor por el Señor se demuestra en la obediencia a Él. Pero su amor por nosotros se manifiesta de otra manera ¡Por su dar! No se le puede conocer como un Dios de amor hasta que se le ve como un Dios dador.
               Dios nos amó tanto, que invirtió en su Hijo Jesús todos los tesoros, la gloria y las recompensas del Padre, y luego nos lo dio a nosotros. Cristo es un regalo de Dios para nosotros. Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud (Colosenses 1:19). - Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Y vosotros estáis completos en él (2:9-10).
               En otras palabras, "En Él, tú tienes toda la provisión, ¡Todo lo que necesitas!" Muy pocos cristianos se toman el tiempo para apropiarse de lo que Dios ha ofrecido gratuitamente. Nosotros no vamos tras ello ni tomamos posesión. De ahí que los tesoros de Cristo a menudo se encuentren en la gloria, sin ser reclamados.
               ¡Qué sorpresa nos vamos a llevar cuando lleguemos a la gloria! En ese momento, Dios nos mostrará toda la riqueza que su amor había provisto y la forma en que no hicimos uso de ella.


 






9/30/2015

¡Vísteme!

               Vestíos de toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo (Efesios 6:11).
               Mucho se ha predicado y enseñado respecto a la famosa “armadura de Dios”, especialmente en todos aquellos que incursionan o desean incursionar en lo que llamamos “la guerra espiritual”. Sin embargo, no todos han prestado debida atención a sus estados íntimos y personales a la hora de emprender la batalla.
               Han tomado con ligereza a esa guerra, viéndola más como una fantasía de ciencia-ficción ilustrada que como una realidad cotidiana, dura y a veces trágica. De allí que esta simbólica carta a Jesús de alguien en estado de plena humildad que encontré entre tanta cosa que anda girando en la cibernética, pueda darte una mejor claridad al respecto. Dice así:
               “Querido Jesús, Tú me dices que resista al diablo y él huirá de mí, pero yo no tengo ningún poder de resistencia. Tú eres el que tiene todo el poder y la resistencia que pueda necesitar, así que te ruego que me des ese poder para resistir.  Tú dijiste que podía mover montañas  si yo tuviera fe inclusive del tamaño de un grano de mostaza; sin embargo, mi montaña no se moverá, a pesar de que mi fe en ti es tan grande como la puedo concebir.
               Tú hiciste los cielos y la tierra; por favor, mueve mi montaña. Tu dijiste: "Huid del mal!" así que corrí a toda prisa, pero el pecado me alcanzó en mi mejor momento de esfuerzo. Tú tienes el poder sobre todo el poder del enemigo, con milagros, señales y prodigios., líbrame de la trampa de Satanás. Aún no tengo la fuerza para ponerme toda la armadura, así que por favor, cual escudero, ¡Vísteme! Haz por mí lo que yo sé que no puedo hacer por mí mismo.”
               Vivimos predicando, proclamando, difundiendo, anunciando y hasta vociferando respecto a la libertad en Cristo, fundamentalmente los que hemos dejado atrás las castrantes estructuras de la religión hueca y vacía.
               Sin embargo, una gran mayoría de nosotros aún no ha entendido que, libertad en Cristo es, esencial y precisamente, absoluta dependencia de Él. Si no nos mantenemos aferrados a su mano, y nos postramos con total y absoluta transparencia y humillación a sus pues, tal como lo hace el anónimo autor de esa simbólica carta, muy difícilmente podremos acceder a esa clase de poder, ser vestidos con esa invencible armadura divina y cumplir en la realidad lo que tantas veces hemos repetido sin vivir: en Cristo somos más que vencedores.
               ¿Podrás decir amén? Hazlo, pero sólo si te comprometes a ponerlo por obra. Si no lo tienes claro, entonces por ahora calla, no digas nada. Aún estás desnudo. Y ningún soldado pelea y gana una guerra sin ropas.









9/26/2015

Cimientos

               Para que por la fe Cristo habite en sus corazones, y para que, arraigados y cimentados en amor, sean ustedes plenamente capaces de comprender, con todos los santos, cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor, que excede a todo conocimiento, para que sean llenos de toda la plenitud de Dios. (Efesios 3:17-19).
               En este versículo “arraigados y cimentados” significa "construir en virtud de un cimiento profundo y estable de conocimiento y comprensión del amor de Dios hacia ti." En otras palabras, ¡el conocimiento del amor de Dios hacia usted es la verdad fundamental sobre la cual todas las otras verdades deben ser construidas! Por ejemplo, el temor de Dios está basado en esta verdad.
               El santo temor de Dios no es sentir terror de que él esté listo para abatirle si lo descubre cometiendo alguna pequeña falta. Más bien, es el temor de su santidad contra la rebelión y de lo que él hace a los que aman más las tinieblas que a la luz. Los cristianos que viven en culpa, miedo y condenación no están "arraigados y cimentados" en el amor de Dios. Nuestro Padre celestial envió a su Hijo a morir por nuestros pecados y debilidades.
               Y sin conocer plenamente y comprender completamente este tipo de amor, usted ¡Nunca tendrá un cimiento estable o permanente! [Que Tú]. . . puede ser capaz de comprender. . . el amor de Cristo (Efesios 3:18-19). Aquí la palabra griega para “comprender” indica "apoderarse con avidez o echar mano de."
               El apóstol Pablo da los medios para que tú aproveches esta verdad y la conviertas en el fundamento de tu vida cristiana. Pablo te exhorta a que saques tus manos espirituales y digas: "¡Voy a echar mano de esto!" Tal vez tú eres asaltado por una tentación que no puedes quitarte de encima.
               O quizá tú tienes una sensación de no ser suficiente, una sensación de indignidad, o miedo a que el diablo te engañe y llegues a fallarle Dios. ¡Este es el día para que despiertes al amor de Dios hacia usted!
               Oro para que mientras tú lees este mensaje, algo golpee profundo en tu corazón, y  seas capaz de decir: "Esto tiene razón. Ese soy yo y ¡No quiero vivir de esta manera!" Ruego para que tú te apoderes de esta verdad que te abrirá los ojos y te ayudará a entrar por completo en un nuevo reino de alegría y paz en tu diario caminar con Él.


 






9/23/2015

Almacén

               ¿Estás cansado o cansada de vivir como un mendigo cuando todo lo que necesitas te ha sido provisto? Tal vez tu enfoque es erróneo. ¿Tiendes a hablar extensamente de tus debilidades, tentaciones y fracasos del pasado? ¿Al mirar dentro de tu propio corazón lo que ves te desanima? ¿Has permitido que la culpa se filtre en ti? ¡Entiende, debe mirar a Jesús, el autor y consumador de la fe! Cuando Satanás viene y apunta a cierta debilidad en tu corazón, tú tienes todo el derecho a responder: "¡Dios sabe todo de mí y aún me ama! Él me ha dado todo lo que necesito para alcanzar y mantener la victoria."
               Porque si nuestro corazón nos condena, Dios es más grande que nuestro corazón y conoce todas las cosas (1 Juan 3:20). Él sabe todo sobre ti y todavía te ama lo suficiente como para decir: "Ven y obtén todo lo que necesitas. ¡El almacén está abierto!" Las puertas de su bodega están abiertas y sus riquezas están llenas a rebosar.
               Dios te está instando a: acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (Hebreos 4:16). ¿Cuántos años has estado afuera? Tú tienes un padre que ha desplegado un gran tesoro de provisión para ti, y el cual aún no has reclamado. La parábola del hijo pródigo nos muestra que por entrar y disfrutar del tesoro de su padre, el hijo pródigo lo obtuvo en dos sentidos. Él podía vivir su vida terrenal con el perdón abundante, la alegría, la paz y el descanso que le pertenecían, y cuando la muerte lo llevara a su herencia eterna, podría plenamente disfrutar de lo que había conocido ya en la tierra.
               De hecho, el pecado más grande fue cometido por el hermano mayor, el que se quedó en casa, quien caminó obedientemente y quien nunca dejó a su padre. Sí, es un pecado perder la esencia del Padre en una vida sensual y un espíritu fuera de control, pero es un pecado aún mayor rechazar el gran amor de Dios y dejar sin reclamar los abundantes recursos que nos dio pagando un alto precio.
               El hijo pródigo no fue castigado, reprochado o recordado de su pecado porque Dios no permitiría al pecado ser el foco de la restauración. Hubo verdadero arrepentimiento y dolor devoto. Ahora era momento de pasar a la mesa del banquete de la fiesta. El padre dijo al hijo mayor, "se había perdido, pero ahora está nuevamente en casa. ¡Es perdonado y es momento de alegrarse y ser feliz!" 
               Yo sé que aun hoy, a muchos cristianos este pasaje les parece injusto. Sin embargo, tengo una sola pregunta para hacerte que también deberé formularme yo mismo: ¿Qué conoces, o cuánto conoces respecto a la calidad y cualidad de la justicia de Dios? Si no tienes una respuesta contundente, será mejor que no analices la palabra de Dios, sólo acéptala, créela y ponla por obra ya mismo.









9/20/2015

Banquete

               Me llevó a la casa del banquete, Y su bandera sobre mí fue amor (Cantar de los Cantares 2:4). En la parábola del hijo pródigo la felicidad del padre no podía estar completa hasta que estuvo sentado en el salón de banquetes con su hijo. Tenía que asegurarse de que el muchacho sabía que había sido perdonado y su pecado borrado. ¡Ellos tenían que sentarse a la mesa y celebrar con el cordero!
               Si tú hubieras mirado por una la ventana ese preciso momento, tú habrías visto a un joven que acababa de entrar a una verdadera revelación del amor de Dios: ¡Él estaba bailando! Había música. Él reía y estaba feliz. ¡Su padre estaba contento por él, le sonreía!
               El hijo no estaba bajo una nube de temor. Él no estaba escuchando las viejas mentiras del enemigo: "¡Vas derecho hacia el chiquero! No eres digno de amor…". No, él aceptó el perdón de su padre y obedeció sus palabras referentes a venir y tomar para sí todo lo que necesitara.
               El hijo escuchó el susurro del padre para él y para su hermano mayor: Todo lo mío es tuyo. No hay necesidad alguna de tener hambre otra vez. No necesitas estar solo, pobre o aislado de mi provisión (Lucas 15:31).
               Aquí está la plenitud del amor de Dios, ¡el corazón mismo de todo esto! Con ello me refiero a que incluso, en nuestros momentos más oscuros, Dios no sólo nos abraza y nos trae de nuevo, sino que también nos dice: Sacad el ternero cebado, y comamos y celebremos! En mi casa hay banquete, hay un derroche de abundancia para mi amado! (Lucas 15:22-24).
               Hoy tenemos una promesa aún mejor: que conozcan ese amor, que excede a todo conocimiento, para que sean llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer que todas las cosas excedan a lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, (Efesios 3:19-20).
               Aquí está el amor de Dios que nos ha sido prometido: "Te ofrezco excesiva, abundante, plena provisión para toda crisis, y alegría a lo largo de toda tu vida. ¡Puedes venir a mi almacén y reclamarlo todo! "


 


9/18/2015

Autoridad

               Envió un varón delante de ellos, a José, que fue vendido como esclavo. Hasta la hora en que se cumplió su palabra, el dicho de Jehová lo probó. (Salmo 105:17, 19). José fue probado y tratado en muchas formas, pero su mayor prueba fue la palabra que había recibido. Ten en cuenta todo lo que José soportó: con tan sólo diecisiete años, fue despojado y arrojado a un pozo para que muriera de hambre. El corazón frío de sus hermanos se burló de sus súplicas y lo vendieron a mercaderes ismaelitas que lo llevaron en caravana a un comercio de esclavos de Egipto y lo vendieron como un esclavo común.
               Sin embargo, la mayor prueba de José no fue el rechazo de sus hermanos ni la indignidad de ser convertido en un esclavo o de ser enviado a la cárcel. No, lo que confundió y probó el espíritu de José fue la clara palabra de Dios que él había oído. Dios le había revelado en sueños a José que se le daría una gran autoridad la cual sería usada para la gloria de Dios. Sus hermanos se inclinarían ante él y sería un gran libertador para muchas personas. Yo no creo que esto fue un regodeo ególatra de José.
               Su corazón estaba tan centrado en Dios que esta palabra le dio un sentido humilde a su destino: "Señor, has puesto tu mano sobre mí para formar parte de tu gran plan eterno". ¡José fue bendecido con sólo saber que jugaría un papel importante para lograr que la voluntad de Dios sucediera! Sin embargo, las circunstancias en la vida de José fueron justo lo contrario de lo que Dios había puesto en su corazón. ¡Él era el siervo que tenía que inclinarse! ¿Cómo podía creer que un día liberaría multitudes cuando él mismo era un esclavo?
               Él debió haber pensado: "Esto no tiene sentido. ¿Cómo puede Dios ordenar mis pasos hacia la cárcel, hacia el olvido? Dios dijo que iba a ser bendecido, pero ¡Él no me dijo que esto iba a suceder! " Durante diez años, José sirvió fielmente en la casa de Potifar, pero al final fue juzgado mal y mintieron sobre él. Su victoria sobre la tentación de la esposa de Potifar sólo le llevó a la cárcel.
               Durante esos momentos, José debió considerar preguntas terribles: "¿He oído bien? ¿Mi orgullo inventó estos sueños? ¿Pueden mis hermanos estar en lo cierto? Tal vez todas estas cosas están sucediéndome para disciplinarme ante algún tipo de deseo egoísta en mi". Hubo ocasiones en que Dios me mostró cosas que Él quería para mí: ministerio, servicio, serle útil. Sin embargo, cada circunstancia resultaba contraria a la palabra que se me había dado. En esos momentos pensé: "Oh Dios, tú no me hablaste. Debió ser mi carne". Yo estaba siendo probado por la palabra que Dios me dio. No obstante, Dios nos ha dado sus promesas y podemos confiar en ellas, ¡en todas ellas!









9/13/2015

Tiempos

               José estaba en una de sus horas más oscuras, solo, abatido, a punto de renunciar a sus sueños, poniendo en duda su lugar en Dios. De repente, llegó la llamada de uno de los guardias del rey: "¡José, prepárese, Faraón le llama!" En ese momento, creo que el Espíritu de Dios vino sobre José y su corazón saltaba de emoción. ¡Estaba a punto de entender de lo que se trataba todo esto!
               Una vez que José se afeitó y arregló su cabello, probablemente pensó, "Este es el comienzo de lo que Dios me prometió. ¡Ahora sé que le oí! El diablo no ha tenido el control y mi vida no ha sido en vano. ¡Dios ha dirigido todo, todo el tiempo!" En cuestión de minutos, José estaba de pie delante de Faraón, escuchó acerca de sus sueños, dio la interpretación de la hambruna que venía y dijo al Faraón que tenía que recoger y almacenar el grano de la nación: "Alguien debe estar a cargo de los almacenes. Tienes que encontrar a un hombre que esté lleno de sabiduría para supervisar todo esto". (ver Génesis 41).
               Faraón miró a su alrededor y luego se volvió hacia José: "¡Tú, José! Te nombro segundo gobernante. Sólo yo voy a tener más poder que tú en el reino. Te encargarás de supervisar todo". ¡Cuán rápido las cosas habían cambiado!
               Llegó el día en que José se paró frente a sus hermanos y fue capaz de decir:  Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente. (Génesis 50:20).
               Dios me envió delante de ustedes: para salvarles la vida de manera extraordinaria y de ese modo asegurarles descendencia sobre la tierra. Fue Dios quien me envió aquí, y no ustedes. Él me ha puesto como asesor del faraón y administrador de su casa, y como gobernador de todo Egipto.(45:7-8).
               Querido hermano, muy pronto vas a entender tus actuales pruebas de fuego. Dios te traerá a la promesa que te dio, y de repente todo tendrá sentido. Verás que Dios nunca te ha abandonado.
               Él te ha traído por este camino porque ha estado entrenándote, preparándote y enseñándote a confiar en Él para todo. ¡Dios ha planeado un tiempo para usarte y este tiempo está justo frente a ti!


 


9/05/2015

Favores

                  Hay una pregunta que todos nos hemos formulado alguna vez y que no siempre nos atrevemos a hacer pública: ¿Favorece nuestro Padre celestial a algunos de sus hijos? ¿Dice la Biblia que Dios no hace acepción de personas? Cuando se trata de la salvación y de sus maravillosas promesas, Dios trata a todos por igual, pero también Dios pone su especial favor sobre aquellos que responden sin reservas a su llamado y le entregan sus vidas por completo.
               Job dijo: Me diste vida y me favoreciste con tu amor (Job 10:12). David dijo:  Tú, Señor, bendices al hombre justo; tu favor lo rodea, como un escudo. (Salmo 5:12). Nuestro Padre celestial pone una prenda especial sobre aquellos que le entregan su corazón por completo: me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios, porque él me vistió con vestiduras de salvación, me ha cubierto con el manto de la justicia (Isaías 61:10).
               José respondió al llamado del Espíritu entregando todo, y como un favor de parte de su padre, él recibió una túnica que lo distinguía de los demás. Pero, ¡el favor de su padre fue muy costoso! Le costó sus relaciones personales y trajo rechazo, incomprensión y burla: Todos sus hermanos… lo odiaban... (Génesis 37:4). ¿Por qué los hermanos de José estaban contra él? La clave está en el versículo 11: Sus hermanos le tenían envidia.
               Al ver la túnica que José llevaba, ellos sabían que ésta representaba favor y rectitud. Sus hermanos lo odiaban pues José les recordaba el llamado del Espíritu que ellos habían rechazado. ¡José era un reproche a su mediocre estilo de vida! Los hermanos de José holgazaneaban complaciéndose en chismorreos y charlas egocéntricas. Sus corazones estaban ocupados en las tierras, posesiones, el futuro, pero José estaba en otra parte.
               Él hablaba de las cosas de Dios, de las cosas sobrenaturales. Dios le había dado sueños que, en aquel tiempo, eran sinónimo de escuchar la voz de Dios. Creyentes tibios alrededor tuyo querrán hablar de sus autos, casas y empleo, pero tú preferirás hablar de las cosas eternas, acerca de lo que Dios está diciendo.
                Pronto tú te convertirás en un reproche a su indiferencia. Ellos te envidiarán porque tú representas el llamado del Espíritu Santo que ellos apagaron. Sí, José vestía una túnica diferente y esa diferencia hizo que fuera odiado y envidiado entre sus hermanos. Amado, ¡lo mismo te pasará si tú le perteneces por completo a Jesús!





8/29/2015

Compañía

             Déjame mostrarte lo que alguien dio en llamar “la Compañía José”, conformada en los últimos días por un cuerpo de creyentes completamente entregados al Señor. Ellos tienen comunión con Dios a diario y son guiados por el Espíritu en cada detalle de sus vidas. En este momento, ellos están saliendo de grandes pruebas para entrar en un lugar de revelación, sabiduría y de mucho fruto.
               Dios está obrando en ellos dándoles verdad y conocimiento, y muy pronto Él va a recurrir a ellos como lo hizo con José. En su mayor parte, la iglesia de hoy está experimentando gran hambruna espiritual: sermones superficiales, oyentes muertos, adoración "avivada" que no está respaldada por una vida de rectitud. Dios siempre ha trabajado muy por adelantado en vísperas de cada hambruna espiritual que enfrenta su iglesia ¡En cada generación Él ha obrado anticipadamente con el objetivo de preparar una salida a su pueblo!
               Los setenta y cinco miembros del clan de Jacob habrían muerto en la gran hambruna mundial (y la promesa de Israel habría sido destruida,) si Dios no hubiera estado trabajando con antelación. De hecho, veinte años antes de que llegara el hambre, Dios ya estaba poniendo en marcha un plan para salvar a su pueblo de la destrucción. ¡Dios envió primero a José a Egipto! Durante veinte años Dios trabajó en este hombre en aislamiento, tratándolo y preparándolo para un lugar de autoridad, pues José se convirtió en el salvavidas de los elegidos de Dios.
               Él evitó que José estuviera en una posición privilegiada con el fin de que éste pudiera estar listo para un día de caos y muerte. Así como Dios aisló a José, hoy Él cuenta con “la compañía José” que está oculta a la vista de todos. Sus miembros se encuentran en el horno de la aflicción, en las prisiones de la prueba, en los campos de batalla de problemas y tentaciones.
               Ellos están muriendo a este mundo, no quieren nada de fama, honor, dinero o placer. Están creciendo con hambre de más intimidad con Cristo para conocer su corazón y su voz. Puede que tú no comprendas todas las misteriosas pruebas, tribulaciones y problemas de tu vida, pero si tu corazón está totalmente determinado en seguir a Cristo, tú puedes descansar seguro de que Dios tiene un propósito en todo esto: ¡Él quiere incluirte en “la Compañía José!” 
 

8/22/2015

Nuevo

               ¿Cuán a menudo has oído a los cristianos decir, "Dios está haciendo algo nuevo en mi iglesia?"  La "cosa nueva" a la que se refieren puede llamarse un avivamiento, un nuevo fluir, una visita o un mover de Dios. Sin embargo, muy a menudo, esta "cosa nueva" desaparece muy rápidamente. Y una vez que se ha desvanecido, no puede ser encontrada de nuevo. En este sentido, ésta no resulta ser del todo, un mover de Dios. De hecho, los sociólogos cristianos han seguido muchas de estas visitas y descubrieron que el promedio de vida de estos eventos es de unos cinco años.
               Personalmente, creo que Dios está haciendo algo nuevo en su iglesia de hoy. Sin embargo, esta gran obra del Espíritu no se puede encontrar en un solo lugar. Está sucediendo en todo el mundo. Y no se trata de fiestas bulliciosas dentro de templos. Dios no va a empezar algo nuevo en su iglesia hasta que quite lo viejo. Este principio bíblico, probado a lo largo de siglos de historia de la iglesia, se encuentra en ambos Testamentos y abarca cualquier movimiento verdadero de Dios.
                Como Jesús lo dijo, no se echa vino nuevo en odres viejos. El principio de abolir lo viejo y levantar lo nuevo fue presentado por primera vez en el Antiguo Testamento en Silo. Durante el tiempo de los jueces, Dios estableció una santa obra en esta ciudad. Silo, donde el santuario del Señor estaba en pie, fue el centro de toda actividad religiosa en Israel. El nombre de Silo en sí mismo significa "lo que es del Señor".
               Esto habla de las cosas que representan a Dios y revelan su naturaleza y carácter. Dios le habló a su pueblo en Silo, fue allí donde Samuel escuchó la voz de Dios y donde el Señor le reveló su voluntad. El Señor dejó de hablar en Silo, porque el sacerdocio se había vuelto perezoso y sensual, y la ciudad se había convertido en corrupta. Dios le dijo a Samuel, en esencia, "Silo se ha vuelto tan contaminado, que ya no representa lo que soy. Esta casa ya no es la mía. He terminado con ella"."
               Entonces el Señor levantó su presencia en el santuario y escribió "Icabod" en la parte superior de la puerta, lo que significa," La gloria del Señor se ha ido." El Señor abolió completamente lo viejo, pero una vez más, levantó una cosa nueva. Después de eso, el templo de Jerusalén llegó a ser conocido como "la casa del Señor" y Dios le habló a su gente allí. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas (2 Corintios 5:17).