Envió un varón delante de ellos,
a José, que fue vendido como esclavo. Hasta la hora en que se cumplió su
palabra, el dicho de Jehová lo probó. (Salmo 105:17, 19). José fue probado y tratado en
muchas formas, pero su mayor prueba fue la palabra que había recibido. Ten en
cuenta todo lo que José soportó: con tan sólo diecisiete años, fue despojado y
arrojado a un pozo para que muriera de hambre. El corazón frío de sus hermanos
se burló de sus súplicas y lo vendieron a mercaderes ismaelitas que lo llevaron
en caravana a un comercio de esclavos de Egipto y lo vendieron como un esclavo
común.
Sin embargo, la mayor prueba de
José no fue el rechazo de sus hermanos ni la indignidad de ser convertido en un
esclavo o de ser enviado a la cárcel. No, lo que confundió y probó el espíritu
de José fue la clara palabra de Dios que él había oído. Dios le había revelado
en sueños a José que se le daría una gran autoridad la cual sería usada para la
gloria de Dios. Sus hermanos se inclinarían ante él y sería un gran libertador
para muchas personas. Yo no creo que esto fue un regodeo ególatra de José.
Su corazón estaba tan centrado en
Dios que esta palabra le dio un sentido humilde a su destino: "Señor, has puesto tu mano sobre mí
para formar parte de tu gran plan eterno". ¡José fue bendecido con
sólo saber que jugaría un papel importante para lograr que la voluntad de Dios
sucediera! Sin embargo, las circunstancias en la vida de José fueron justo lo
contrario de lo que Dios había puesto en su corazón. ¡Él era el siervo que tenía
que inclinarse! ¿Cómo podía creer que un día liberaría multitudes cuando él
mismo era un esclavo?
Él debió haber pensado: "Esto no tiene sentido. ¿Cómo puede
Dios ordenar mis pasos hacia la cárcel, hacia el olvido? Dios dijo que iba a ser
bendecido, pero ¡Él no me dijo que esto iba a suceder! " Durante diez
años, José sirvió fielmente en la casa de Potifar, pero al final fue juzgado
mal y mintieron sobre él. Su victoria sobre la tentación de la esposa de
Potifar sólo le llevó a la cárcel.
Durante esos momentos, José debió
considerar preguntas terribles: "¿He
oído bien? ¿Mi orgullo inventó estos sueños? ¿Pueden mis hermanos estar en lo
cierto? Tal vez todas estas cosas están sucediéndome para disciplinarme ante
algún tipo de deseo egoísta en mi". Hubo ocasiones en que Dios me
mostró cosas que Él quería para mí: ministerio, servicio, serle útil. Sin
embargo, cada circunstancia resultaba contraria a la palabra que se me había
dado. En esos momentos pensé: "Oh Dios,
tú no me hablaste. Debió ser mi carne". Yo estaba siendo probado por
la palabra que Dios me dio. No obstante, Dios nos ha dado sus promesas y
podemos confiar en ellas, ¡en todas ellas!

1 comentario:
GRACIAS SEÑOR POR ESTA, TU PALABRA!!!....gracias....un abrazo en Cristo...
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