9/18/2015

Autoridad

               Envió un varón delante de ellos, a José, que fue vendido como esclavo. Hasta la hora en que se cumplió su palabra, el dicho de Jehová lo probó. (Salmo 105:17, 19). José fue probado y tratado en muchas formas, pero su mayor prueba fue la palabra que había recibido. Ten en cuenta todo lo que José soportó: con tan sólo diecisiete años, fue despojado y arrojado a un pozo para que muriera de hambre. El corazón frío de sus hermanos se burló de sus súplicas y lo vendieron a mercaderes ismaelitas que lo llevaron en caravana a un comercio de esclavos de Egipto y lo vendieron como un esclavo común.
               Sin embargo, la mayor prueba de José no fue el rechazo de sus hermanos ni la indignidad de ser convertido en un esclavo o de ser enviado a la cárcel. No, lo que confundió y probó el espíritu de José fue la clara palabra de Dios que él había oído. Dios le había revelado en sueños a José que se le daría una gran autoridad la cual sería usada para la gloria de Dios. Sus hermanos se inclinarían ante él y sería un gran libertador para muchas personas. Yo no creo que esto fue un regodeo ególatra de José.
               Su corazón estaba tan centrado en Dios que esta palabra le dio un sentido humilde a su destino: "Señor, has puesto tu mano sobre mí para formar parte de tu gran plan eterno". ¡José fue bendecido con sólo saber que jugaría un papel importante para lograr que la voluntad de Dios sucediera! Sin embargo, las circunstancias en la vida de José fueron justo lo contrario de lo que Dios había puesto en su corazón. ¡Él era el siervo que tenía que inclinarse! ¿Cómo podía creer que un día liberaría multitudes cuando él mismo era un esclavo?
               Él debió haber pensado: "Esto no tiene sentido. ¿Cómo puede Dios ordenar mis pasos hacia la cárcel, hacia el olvido? Dios dijo que iba a ser bendecido, pero ¡Él no me dijo que esto iba a suceder! " Durante diez años, José sirvió fielmente en la casa de Potifar, pero al final fue juzgado mal y mintieron sobre él. Su victoria sobre la tentación de la esposa de Potifar sólo le llevó a la cárcel.
               Durante esos momentos, José debió considerar preguntas terribles: "¿He oído bien? ¿Mi orgullo inventó estos sueños? ¿Pueden mis hermanos estar en lo cierto? Tal vez todas estas cosas están sucediéndome para disciplinarme ante algún tipo de deseo egoísta en mi". Hubo ocasiones en que Dios me mostró cosas que Él quería para mí: ministerio, servicio, serle útil. Sin embargo, cada circunstancia resultaba contraria a la palabra que se me había dado. En esos momentos pensé: "Oh Dios, tú no me hablaste. Debió ser mi carne". Yo estaba siendo probado por la palabra que Dios me dio. No obstante, Dios nos ha dado sus promesas y podemos confiar en ellas, ¡en todas ellas!









1 comentario:

M.E.R.Q. dijo...

GRACIAS SEÑOR POR ESTA, TU PALABRA!!!....gracias....un abrazo en Cristo...