Dios desea hablar contigo como si
estuvieras sentado cenando con Él. Él quiere conversar contigo sobre todo,
sobre cualquier asunto, de corazón a corazón. La Biblia dice: He
aquí, yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta,
entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo (Apocalipsis 3:20).
Este versículo a menudo se ha
utilizado para referirse a los inconversos. Hablamos de Jesús parado a la
puerta del corazón del pecador, buscando entrar. Pero no es así, porque resulta
que aquí ¡Cristo les está hablando a los creyentes! El contexto muestra que
Cristo les está hablando a aquellos que están vestidos de ropas blancas (la
justicia), que han comprado oro probado en el fuego, cuyos ojos están ungidos
(tienen una revelación), que son amados, reprobados y castigados (ver
Apocalipsis 3:15-19).
Éstas son personas arrepentidas, ¡Gente santa
que quiere conocer la voz de Dios! Al leer y releer el versículo 20 en este
pasaje, tres palabras me resaltaban: "¡Abre
la puerta! ¡Abre la puerta!" Y el Espíritu de Dios habló claramente al
corazón de los que siguen teniendo hambre y sed de justicia, y dijo: “La razón por la cual no me has oído como
quiero ser escuchado es porque no estás totalmente abierto en tu espíritu para
escuchar!"
Desde nuestra perspectiva, esta
puerta representa un compromiso -que muchos cristianos aún no han hecho por
completo- La mayoría de los creyentes oran: "Señor,
todo lo que necesito es un pequeño consejo, unas palabras de dirección, un
recordatorio de que me amas. Sólo déjame saber si estoy haciendo bien o mal.
¡Ve delante de mí y abre las puertas!" Pero Jesús nos responde: "Si todo lo que quieres de mí es
dirección, puedo enviarte un profeta. Si sólo quieres saber a dónde ir y qué
hacer, puedo enviar a alguien que haga las veces de guía. Pero ¡me estás
perdiendo!"
Jesús quiere tu cercanía, tus
emociones más profundas, tu lugar secreto. Quiere sentarse contigo y compartir
todo lo que está en Su corazón, hablar contigo cara a cara. Apocalipsis 3 es un
cuadro maravilloso de esto.
Habla del amor y de la intimidad,
de compartir secretos con entonaciones suaves y tiernas. Cuando Jesús entra,
trae alimento y pan, en otras palabras, Él mismo ingresa. Cuando te alimentes
de Él ¡Allí sí que estarás satisfecho por completo!

1 comentario:
Señor...esto es lo que anhelo...gracias por llevarme a ti...gracias por venir a mi...
Publicar un comentario