9/23/2015

Almacén

               ¿Estás cansado o cansada de vivir como un mendigo cuando todo lo que necesitas te ha sido provisto? Tal vez tu enfoque es erróneo. ¿Tiendes a hablar extensamente de tus debilidades, tentaciones y fracasos del pasado? ¿Al mirar dentro de tu propio corazón lo que ves te desanima? ¿Has permitido que la culpa se filtre en ti? ¡Entiende, debe mirar a Jesús, el autor y consumador de la fe! Cuando Satanás viene y apunta a cierta debilidad en tu corazón, tú tienes todo el derecho a responder: "¡Dios sabe todo de mí y aún me ama! Él me ha dado todo lo que necesito para alcanzar y mantener la victoria."
               Porque si nuestro corazón nos condena, Dios es más grande que nuestro corazón y conoce todas las cosas (1 Juan 3:20). Él sabe todo sobre ti y todavía te ama lo suficiente como para decir: "Ven y obtén todo lo que necesitas. ¡El almacén está abierto!" Las puertas de su bodega están abiertas y sus riquezas están llenas a rebosar.
               Dios te está instando a: acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (Hebreos 4:16). ¿Cuántos años has estado afuera? Tú tienes un padre que ha desplegado un gran tesoro de provisión para ti, y el cual aún no has reclamado. La parábola del hijo pródigo nos muestra que por entrar y disfrutar del tesoro de su padre, el hijo pródigo lo obtuvo en dos sentidos. Él podía vivir su vida terrenal con el perdón abundante, la alegría, la paz y el descanso que le pertenecían, y cuando la muerte lo llevara a su herencia eterna, podría plenamente disfrutar de lo que había conocido ya en la tierra.
               De hecho, el pecado más grande fue cometido por el hermano mayor, el que se quedó en casa, quien caminó obedientemente y quien nunca dejó a su padre. Sí, es un pecado perder la esencia del Padre en una vida sensual y un espíritu fuera de control, pero es un pecado aún mayor rechazar el gran amor de Dios y dejar sin reclamar los abundantes recursos que nos dio pagando un alto precio.
               El hijo pródigo no fue castigado, reprochado o recordado de su pecado porque Dios no permitiría al pecado ser el foco de la restauración. Hubo verdadero arrepentimiento y dolor devoto. Ahora era momento de pasar a la mesa del banquete de la fiesta. El padre dijo al hijo mayor, "se había perdido, pero ahora está nuevamente en casa. ¡Es perdonado y es momento de alegrarse y ser feliz!" 
               Yo sé que aun hoy, a muchos cristianos este pasaje les parece injusto. Sin embargo, tengo una sola pregunta para hacerte que también deberé formularme yo mismo: ¿Qué conoces, o cuánto conoces respecto a la calidad y cualidad de la justicia de Dios? Si no tienes una respuesta contundente, será mejor que no analices la palabra de Dios, sólo acéptala, créela y ponla por obra ya mismo.









3 comentarios:

Unknown dijo...

Ninguna palabra dela Palabra, nos debe parecer injusta, mas bien debemos estudiarla y recapacitar en ella preguntandonos que nos dice nuestro Padre a través de ella. Gracias por tu trabajo.

M.E.R.Q. dijo...

cuantas veces actuamos como el hermano....el Señor hace unos años me enseñó esto y aun tengo que arrepentirme por que hay momentos en que actuó como el...cada día que pasa nuestro Señor "hila" mas fino, como decía mi abuela...por que cada día nos requiere nuestro corazón en su totalidad!!!...
un abrazo...paz en Cristo.

Unknown dijo...

Gracias al Señor porque El no obra en nuestra justicia, gracias por compartir esta palabra hno.