1/27/2013

Grandeza


Releyendo a Juan 14, se puede ver una vez más, (Si es que con anterioridad no lo habías visto), que  contiene dos magníficas promesas. En la primera, Jesús declara: De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré (Juan 14:12-14). 
Jesús lo dice con total claridad y simpleza: “Pidan cualquier cosa en mi nombre y Yo lo haré”. Muy importante: no añade absolutamente nada que debamos “hacer” para lograr esa actitud suya; sólo pedirlo en Su nombre y en fe y obediencia. Dos versículos después, Jesús promete: 
Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros (Juan 14:16-18). 
Acá Cristo está diciendo: “Voy a darles el Espíritu de Verdad. Y su poder permanecerá en ustedes”.  Se trata de dos increíbles promesas de Jesús. Sin embargo, nota el versículo emparedado entre éstas: Si me amáis, guardad mis mandamientos (Juan 14:15). 
Me pregunto: ¿Por qué aparecería aquí esta declaración? Cristo nos está diciendo: “Hay un asunto de obediencia ligado a estas promesas”. En resumen, ambas promesas tienen que ver con guardar y obedecer la Palabra de Dios. Fueron dadas para ser cumplidas, de modo que nada nos impida solicitar el poder que es Cristo. 
Estoy convencido de que pedir poco o nada en el nombre de Jesús, lejos de ser un síntoma de madurez como se nos ha estado enseñando, es un reproche para Él. Año tras año, muchos cristianos se contentan con menos y menos. Finalmente, se contentan tan sólo con la salvación. No tienen otras expectativas aparte de llegar al cielo algún día. 
Te pregunto: “¿Has llegado tú al final de tu Cristo? ¿No esperas nada más que ser salvo por Su poder y gracia? ¿Tu Cristo se agota con apenas la fuerza suficiente para sobrevivir un día más? ¿Termina Él contigo en el lugar ocasional de paz y gozo, en medio de una vida mayormente vivida bajo el hostigamiento de Satanás? 
Todos estos pasajes en la Palabra de Dios me convencen de que “mi” Jesús es más grande que mis peticiones. Aun así, tristemente, muchos creyentes hacen que Cristo se vea insignificante y sin poder a causa de su incredulidad. Hermano, hermana, amigo, amiga; yo no quiero que mi Cristo sea limitado. Por el contrario, quiero que todo diablo en el infierno sepa cuán grande es mi Dios al ver cuán grandes son mis peticiones. Quiero más de mi Cristo. Quiero que sea más grande que nunca en mi vida. 
No me preguntes la razón por la cual en este domingo “se me ocurrió” publicar esto porque yo no tengo esa respuesta, pero quizás tú sí que la tienes. ¿Quieres que vaya más lejos y asuma el rol profético de un verdadero hijo del Señor y miembro de Su Reino? Aquí va: Sí, la tienes.


 





1/25/2013

Manos


Es tiempo en que todos los ministros del Señor debemos elaborar una sana autocrítica respecto a la falta de enseñanza en torno a la oración. Se la ha presentado simplemente como un recurso más en la vida del cristiano y en una sencilla tanda de palabras que una o dos veces al día le dedicamos y destinamos a un Dios que cada día parece estar más alejado de nosotros. 
Nada más falaz. La oración de ninguna manera es un recitar monocorde de palabras y muletilllas, la oración es propietaria de un poder todavía desconocido en la mayor parte de la iglesia. ¡Qué increíble autoridad se nos ha dado en la oración! Pero, ¿cómo exactamente, hacemos uso de dicha autoridad? A través del mismo nombre de Cristo. 
Mira, cuando pusimos nuestra fe en Jesús, Él nos dio Su nombre. Su sacrificio nos hace aptos para decir: “Yo soy de Cristo, Yo estoy en Él, Yo soy uno con Él”. Luego, sorprendentemente, Jesús tomó nuestro nombre. Como sumo sacerdote nuestro, Él lo escribió en la palma de Su mano. Y de esta manera, nuestro nombre es registrado en el cielo, bajo Su glorioso nombre. 
Tú puedes ver por qué la frase “en el nombre de Cristo” no es una simple fórmula impersonal. Por el contrario, es una posición literal que tenemos con Jesús. Y esa posición es reconocida por el Padre. Jesús nos dice: En aquel día pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios (Juan 16:26–27). 
Acá vemos por qué Jesús nos ordena orar en su nombre. Está diciendo: “Cada vez que piden en mi nombre, su petición tiene el mismo poder y efecto con el Padre que mi petición; como si estuviera Yo mismo pidiéndoselo”. En otras palabras, es como si nuestra oración fuera hecha por el mismo Jesús delante del trono del Padre. 
Así también, cuando imponemos manos sobre los enfermos y oramos, Dios lo ve como si Jesús estuviera imponiendo manos sobre los enfermos para sanarlos. Esta es la razón por la que debemos venir confiadamente al trono de gracia. Debemos orar con confianza: “Padre, estoy delante de ti, como escogido en Cristo para ir y dar fruto. Ahora extiendo mi petición, para que mi gozo sea cumplido”. Oigo a muchos cristianos decir: “Pedí en el nombre de Jesús, pero mis oraciones no fueron respondidas”. 
Estos creyentes declaran: “Intenté reclamar el poder en el nombre de Jesús. Pero simplemente no funcionó conmigo”. Hay muchas razones por las que no recibimos respuestas a nuestras oraciones. Quizás hemos permitido algún pecado en nuestras vidas, algo que contamina nuestra unión con Cristo. 
Esto se convierte en barricadas que detienen el fluir de Su bendición. Y Él no responderá nuestras oraciones hasta que hayamos abandonado nuestro pecado. O, quizás el bloqueo se debe a tibieza, o desánimo hacia las cosas de Dios. Puede ser que estemos siendo vencidos por la duda, lo cual nos descalifica del poder en Cristo.
 Santiago nos advierte: Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor (Santiago 1:6-7). 
Santiago dice claramente: “El que duda, no recibirá nada de Dios”. La palabra que Santiago usa para dudar significa “estar indeciso”. La verdad es que cuando estas personas hacen sus peticiones, coaccionan a Dios, dicen en sus corazones: “Señor, si me respondes, te serviré. Te daré todo, si tan sólo respondes esta oración. Pero si no, viviré mi vida a mi manera”. 
Sin embargo, Dios no puede ser sobornado. El conoce nuestros corazones, y sabe cuándo estamos indecisos en nuestro compromiso con Su Hijo. Él reserva el poder que está en Cristo para aquéllos que se rinden enteramente a Él.








1/23/2013

Equilibrios


He contado en varias ocasiones de manera personal y pública, y también en algunos de mis trabajos de audio o escritos, algo que hoy repetiré simplemente porque los lectores van cambiando: la diferencia entre fe y confianza. Te pregunto: ¿Crees que por fe, yo sería capaz a esta altura de mi vida y sin entrenamiento previo, cruzar por una cuerda en altura haciendo equilibrio y llevando como todo implemento una carretilla? Si tu respuesta ha sido sí, eso es fe. Fe mía para hacerlo y fe tuya para creer que puedo hacerlo. Entonces ahora te haré la siguiente pregunta: ¿Vendrías conmigo a pasar por esa cuerda, sentado dentro de esa carretilla? Si tu respuesta es sí, entonces eso ya no es fe, eso es confianza. Bienaventurados todos los que confían en él… nunca más llorarás; el que tiene misericordia se apiadará de ti; al oír la voz de tu clamor… Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él… a la mano derecha… a la mano izquierda… Vosotros tendréis cántico como de noche… y alegría de corazón (Isaías 30:18-19, 21,29). Isaías estaba diciendo: "Si tan sólo esperaran en el Señor, si clamaran a Él otra vez, y volvieran a confiar en Él, Él haría por ustedes todo lo que he dicho y aún más". Con un pequeña palabra de Dios, el enemigo podría desmayar delante de nosotros: Porque Asiria que hirió con vara, con la voz de Jehová será quebrantada (Isaías 30:31). Amado, no hay problema que nuestro Padre no pueda resolver, no existe batalla que Él no pueda ganar en nuestro favor con una simple palabra de sus labios. Isaías dice "el soplo de Jehová" consumirá todo lo que se ponga en nuestro camino (Isaías 30:33). Sin embargo, este proceso de confiar en Dios en todas las cosas no es fácil. Sí, amado santo, Él lo desea todo, tu salud, tu familia, tu futuro. Él desea que tú le confíes todos tus asuntos. Y Él quiere que tú vivas en quietud, confianza y reposo. Así que, vete a tu lugar secreto y enciérrate con el Señor. Tráele todo. Él ha prometido: "Oirás mi palabra detrás de ti, diciéndote qué camino debes seguir. Este es el camino, ahora, ¡camina en él!". La evidencia de la fe es el descanso. La confianza trae como resultado la paz de la mente. Y la verdadera fe confía en Sus manos, todas las cosas.





1/21/2013

Espera


La pregunta más formulada, es: ¿Por qué oro, ayuno y hago todo lo que se me aconseja, y sin embargo no puedo salir del problema que tengo? Respuestas, los ministros siempre solemos tener alguna muy elegante o conveniente al alcance de nuestras manos. 
Sin embargo, lo cierto es que ninguna de ellas basta para contener a alguien que sufre y no encuentra respaldo en aquello que cree o dice creer. ¿Cómo es la verdad? Veamos: El Espíritu Santo nos da la fuerza cuando dejamos todas nuestras necesidades en las manos de Dios y confiamos en su poder. 
Rut es un ejemplo de este tipo de confianza. Después de que su marido murió, Rut vivió con su suegra, Noemí. Noemí estaba preocupada por el bienestar y el futuro de Rut. Así que le aconsejó a Rut que se acueste a los pies del acomodado Booz y le pida que cumpla su obligación hacia ella como pariente. 
Aquella noche, después de finalizar de aventar el grano, Booz se acostó a un lado del montón (Rut 3:7) y se cubrió. A la mañana siguiente, se levantó perplejo, viendo a una mujer acostada a sus pies. (No había nada inmoral en la presencia de Rut ahí; ésta era una costumbre común en aquellos días). 
Rut le dijo: Extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano (Rut 3:9). Ella estaba diciendo, en esencia: "¿Aceptarás la obligación que representa ser mi pariente? ¿Me proveerás?" Ella en realidad estaba preguntando: "¿Te casarás conmigo?". 
Esta no era una artimaña de manipulación. Rut y Noemí habían hecho todo en el orden divino. Podemos estar seguros de ello, porque el linaje de Cristo vino a través de Rut. Cuando Rut regresó a casa, Noemí le preguntó: ¿Qué hay hija mía? (Rut 3:16). 
Estaba preguntando, en otras palabras: "¿Debiera llamarte Rut la novia, o sigues siendo Rut, la viuda?". Rut le contó a Noemí todo lo que había sucedido. Escucha el consejo piadoso de Noemí: Entonces Noemí dijo: Espérate, hija mía, hasta que sepas cómo se resuelve el asunto; porque aquel hombre no descansará hasta que concluya el asunto hoy (Rut 3:18). 
Noemí había orado acerca del asunto, buscando la dirección de Dios, y Dios le había dado consejo. Le había hecho recordar la ley del pariente-redentor (que era un tipo y sombra de Cristo). Así que, Noemí tenía la confianza de que tanto ella como Rut habían hecho su parte. Ahora era momento de quedarse quietas y confiar que Dios haga lo que había prometido. 
Ella estaba diciendo: "Todo está en las manos del Señor ahora, Rut. Sólo relájate y mantente en calma". La casa de Noemí se llenó de calma y paz. Nadie estaba frenético, ni mordiéndose las uñas, ni preguntaban: "¿Lo hará Dios? ¿Cuándo sucederá?" Estas dos fieles mujeres pudieron relajarse, cantar y alabar al Señor por su bondad. 
Entonces debo preguntar: ¿Has orado? ¿Has confiado? ¿Estás listo para estar quieto y "ver la salvación del Señor”? Él tiene todo bajo control. De acuerdo: el relato es de otro tiempo, otra cultura y otro sitio geográfico. Pero el principio espiritual que lo comprende, sigue siendo el mismo. Dios está allí. Si lo crees, actúa. Si no lo crees, Él esperará a que lo hagas. No puede moverse sin fe de tu parte.





1/20/2013

Disyuntiva


En Jeremías 5, Dios imploró: Recorred las calles de Jerusalén, y mirad ahora, e informaos; buscad en sus plazas a ver si halláis hombre, si hay alguno que haga justicia, que busque verdad; y yo la perdonaré (Jeremías 5:1). 
Lo que el Señor estaba diciendo, en esencia era: "Seré misericordioso, si tan sólo pudiera hallar una persona que me busque". Durante el cautiverio babilónico, Dios halló a tal hombre en Daniel. Y ahora, más que nunca en la historia, el Señor está buscando el mismo tipo de hombres y mujeres piadosos. 
Él busca siervos fieles que estén dispuestos a "hacer vallado" y "pararse en la brecha", obras que sólo pueden ser logradas a través de la oración. Tal como Daniel, tal persona será encontrada con la Palabra de Dios en su mano. Cuando el Espíritu Santo vino sobre Daniel, el profeta estaba leyendo el libro de Jeremías. Fue entonces, que el Espíritu le reveló que el tiempo de liberación había llegado para Israel. 
A medida que venía la revelación, Daniel fue llevado a orar: Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios… (Daniel 9:3-4). Daniel sabía que el pueblo de Dios no estaba listo para recibir su restauración. Aun así, ¿mandó el profeta castigar al pueblo por sus pecados? No, Daniel se identificó a sí mismo con el decaimiento moral que le rodeaba. 
Él declaró: Hemos pecado…nuestra es la confusión de rostro…porque contra ti pecamos (Daniel 9:5, 8). Dios anhela fuertemente bendecir a su pueblo hoy, pero si nuestras mentes están contaminadas con el espíritu de este mundo, no estamos en posición de recibir sus bendiciones. 
Daniel hizo esta poderosa declaración: Todo este mal vino sobre nosotros; y no hemos implorado el favor de Jehová nuestro Dios, para convertirnos de nuestras maldades y entender tu verdad. Por tanto, Jehová veló sobre el mal y lo trajo sobre nosotros… (Daniel 9:13–14). 
Si examináramos nuestro propio caminar con el Señor y dejáramos que el Espíritu Santo nos muestre las áreas en las que hemos cedido, haríamos más que orar por una nación apartada de Dios. Estaríamos clamando: "Oh Señor, escudriña mi corazón. Expón en mí cada parte del espíritu de este mundo que ha penetrado en mi alma".
Como David, recién entonces podremos fijar nuestros rostros para orar por la liberación de nuestras familias, de nuestra nación". Voy a recordártelo una vez más: Babilonia no es ni una ciudad antigua, ni una iglesia contemporánea; Babilonia es una mentalidad que la tienes dentro de una congregación evangélica, católica o en tu trabajo o escuela.
 Y es de eso que tienes que huir, no de lugares específicos, aunque naturalmente los incluya. Y Reforma, no es un cambio de bancos, teclados o instrumentos de mayor percusión y sonido para la alabanza. Reforma es entender que lo que teníamos como iglesia nos trajo hasta aquí y fue relativamente bueno, pero que para terminar nuestra tarea, (Porque eso vinimos a hacer, no a marcar tarjeta cada domingo en un templo), y entregar el Reino al Padre, se necesita modificar nuestro estilo de vida, que es la única manera de impactar al mundo. 
Con lindas u ocurrentes palabras, al mundo no se lo conmueve. El mundo posee los mejores discursos y los mejores conferencistas. Pero nosotros poseemos el Espíritu Santo de Dios y Su poder. Si no lo manifestamos, estaremos en igualdad de condiciones. Y allí es donde no podremos ser más que vencedores.






1/18/2013

Amanecer


Yo no sé si lo que voy a comentarte, a ti te habrá sucedido alguna vez, pero puedo asegurarte que a mí me ocurrió en muchas ocasiones. He sentido algo parecido a un fuego interior, muy cercano a la cierta ira santa, al ver cómo en algunos lugares que se auto titulan como cristianos, se presenta y muestra a un Dios más parecido a un mercader de baratijas que al Dios Todopoderoso que conocemos y amamos. 
He sentido por un momento el lógico y natural deseo humano y carnal de salir a defender Su nombre, pero un instante después he recordado que Él dice que Suya, y nada más que Suya es la venganza y la justicia, y me he limitado a orar para que así fuera
Pero actué a causa de mi nombre, para que no se infamase a la vista de las naciones (Ezequiel 20:14). 
Ahora, en este tiempo, y tal como lo estoy estudiando y escribiendo en un nuevo y próximo trabajo en formato libro, Dios está a punto de hacer algo nuevo y glorioso. Este asunto nuevo va más allá del avivamiento, más allá de un despertar. Es una obra de Dios que sólo Él comienza cuando no puede soportar más la contaminación de su santo nombre. 
Llega el momento en el que Dios determina que Su Palabra ha sido tan sumergida en el fango, y las abominaciones han contaminado tanto a lo que se llama "iglesia", que Él debe levantarse y defender Su nombre frente a un mundo perdido. "Por causa de su propio nombre", Dios va a hacer dos obras poderosas. 
Primero, Él va a purgar a las naciones y a Su iglesia con asombrosos juicios de redención. Va a detener la invasión a Su casa, de toda clase de charlatanes; y purificará y limpiará el ministerio, para levantar hombres o mujeres según Su corazón. Segundo, Dios va glorificar su santo nombre con una gran intervención de misericordia. 
En medio de juicios cumpliéndose, Dios salvará dicho día a través del "tornarse" sobrenaturalmente a Dios mismo de un remanente. Lo que hizo por Israel, cuando estaban siendo juzgados, lo hará otra vez en los días venideros. Puedes leerlo todo en Ezequiel 36:21-38. En resumen, esto es lo que fue profetizado: 
"Tendré dolor de mi santo nombre que ha sido profanado entre los impíos…no por causa de ustedes, sino por causa de mi propio nombre. Los impíos deben saber que Yo soy Dios. Esparciré agua limpia sobre ustedes y serán limpios de su inmundicia. Les daré un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Haré que anden en mis caminos. Los salvaré de toda suciedad. No por causa de ustedes hago esto, sino por causa de mi propio nombre".
Y esto, conforme a lo que cada hijo suyo viviendo en la tierra experimente en su corazón, recibirá títulos o nombres distintos. Y todos serán válidos, porque nuestro Dios jamás se ató ni atará a reglamentos humanos dispuestos por hombres religiosos. Dios es soberano y, en función y razón de su soberanía, hará lo que tenga que hacer y dejará que cada hombre le coloque el rótulo que le agrade más o menos. 
Él ya lo dijo en su momento, y el escritor de la carta a los Hebreos lo recogió y reprodujo, cuando señaló que todas estas cosas van siendo modificadas con el correr de los tiempos y, precisamente, hasta el momento de reformar las cosas. 
Mas retraje mi mano a causa de mi nombre, para que no se infamase a la vista de las naciones ante cuyos ojos los había sacado… Y sabréis que yo soy Jehová, cuando haga con vosotros por amor de mi nombre, no según vuestros caminos malos ni según vuestras perversas obras, oh casa de Israel, dice Jehová el Señor (Ezequiel 20:22,44).




1/16/2013

Fuerza


La pregunta suele rondar por nuestras mentes en más de un momento de nuestra vida de fe: ¿Hay secretos que me permitan ser un mejor creyente o todo se limita a esperar ver qué me trae cada día? Respuestas, seguramente habrás escuchado muchas, pero desde la propia Palabra, encontramos las Suyas.
Porque así dijo Jehová el Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza (Isaías 30:15). 
Acá vemos el secreto de Dios para la fortaleza espiritual: "En quietud y en confianza será vuestra fortaleza". La palabra quietud en hebreo significa "reposo". Y reposo quiere decir estar calmado, relajado, libre de toda ansiedad; estar quieto, apoyarse sobre un respaldo. No muchos cristianos hoy, tienen este tipo de quietud y confianza. 
Muchos están envueltos en un frenesí de actividades, locamente desesperados por obtener riquezas, posesiones y placer. Incluso en el ministerio, los siervos de Dios viven preocupados, en temor, buscando la respuesta en conferencias, seminarios, libros famosos. Todos quieren dirección, soluciones, algo que calme su espíritu. 
Pero buscan en todo lugar, excepto en el Señor. No se dan cuenta de que Dios ya les dio una palabra para ellos, a través de Isaías: Si no se tornan a Él como fuente, sus luchas acabarán en lamento y confusión. Isaías describe lo que debiera lograr en nosotros, la justicia de Dios: 
Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre (Isaías 32:17). 
Si en verdad estamos caminando en justicia, nuestras vidas darán como fruto un espíritu calmo, quietud de corazón y paz con Dios. A medida que Isaías miraba alrededor de él, veía al pueblo de Dios huyendo a Egipto para pedir ayuda, confiando en hombres, apoyándose en carros y caballos. Embajadores iban y venían. Líderes llevaban a cabo reuniones estratégicas de emergencia. 
Todos estaban en pánico, gimiendo: "¿Qué podemos hacer?". Isaías les aseguró: "No tiene por qué ser de esta manera. Vuelvan de sus malos caminos. Arrepiéntanse de la rebeldía de confiar en los demás. Tórnense al Señor y Él los cubrirá con un manto de paz. Él les dará descanso y reposo en medio de todo lo que estén enfrentando". 
Me pregunto si justo y puntualmente en este día, quizás no estabas necesitando que Isaías te recordara aquellas palabras. Están magníficas, ¿No es cierto? Bien; ahora te queda la segunda parte que es la más importante: ponlas por obra, y ya mismo.



1/14/2013

Todo


¿Cuántas veces estimas que has leído la escena donde Jesús es tentado en el desierto? Yo perdí la cuenta, pero siempre me impacta por igual. He tratado de ponerme en su lugar y no lo he logrado jamás. No me avergüenzo por eso, asumo la sideral diferencia y acepto que así sea. De todos modos, no puedo menos que experimentar una mezcla de admiración, asombro y gozo en el plano espiritual. 
Pero ahora suponte que tú te acercaras a Jesús en el día cuarenta y uno, el día siguiente de su tentación en el desierto. Su rostro resplandeciente, lleno de regocijo, alabando al Padre, porque acaba de ganar una gran victoria. Ves a Jesús rebosante de vida y confianza. Ahora está listo para enfrentar los poderes del infierno. 
Así que se dirige confiadamente a las grandes ciudades que habitan en tinieblas. Predica el evangelio, convencido de la Palabra de Dios. Y sana a los enfermos, sabiendo que Su Padre está con Él. Ahora, mientras tú examinas tu propia vida, ves justamente lo opuesto. Tú sigues enfrentando tu propia experiencia árida del desierto. 
Has soportado ataques feroces de Satanás, y tu alma está derribada. No puedes evitar el pensamiento: “Jesús nunca pasó estas pruebas que yo estoy pasando. Él está muy por encima de todo esto”. Quizás tú veas a un ministro que aparenta estar fuerte en la fe; suena tan seguro en la presencia de Dios que tú dices: “Él nunca ha tenido problemas como los míos”. 
¡Si tan sólo supieras! Tú no has estado ahí, cuando Dios llamó a este hombre a predicar y luego lo llevó al desierto para ser duramente tentado. Tú no has estado ahí, cuando este hombre fue reducido a nada, derrotado por la falta de esperanza. Y tú no sabes que, a menudo, sus mejores sermones han sido producto de las pruebas en su propia vida. 
Pablo nos advierte que no comparemos nuestra justicia con lo que pensamos que es la justicia de otros: Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos, no son juiciosos (2 Corintios 10:12). 
No podemos ver los corazones de los demás. ¿Quién hubiera sabido que Jesús, en el día cuarenta y uno, acababa de salir de una tentación larga y horrible? ¿Quién hubiera sabido que la gloria que se vio en Él, brotaba de una lucha peor que la que cualquiera pudiera soportar? Debemos ver sólo a Jesús. 
Y debemos apoyarnos sólo en su justicia, su santidad. Él nos ha dado a todos el mismo acceso a ello. Dios te ama en tus momentos de prueba. Su propio Espíritu te ha guiado al desierto. Sin embargo, Su propio Hijo ya estuvo ahí, y sabe exactamente lo que tú estás pasando. 
Permítele completar su obra de edificar en ti una dependencia y confianza total en Él. Saldrás de ahí con la confianza, la compasión y la fuerza de Dios para ayudar a otros. Recuerda algo: Jesús fue tentado en todo. ¿Sabes lo que quiere decir que fue tentado en todo? Pues precisamente eso: EN TODO.

 


1/13/2013

Lágrimas


Siempre llamó mi atención que, cuando Jesús nos habla de las tribulaciones, nos dice que cuando las tengamos, debemos hacer tal o cual cosa. En ningún momento dice que eso es “por si llegamos a tenerlas”, no; dice que es “cuando las tengamos”. 
Da a entender claramente que en el mundo tendremos tribulación. Y este es un mensaje muy distinto al que la mayor parte de los predicadores entregan desde sus púlpitos. Allí oímos que un cristiano no tiene ni debe tener tribulación alguna porque para eso es un hijo de Dios y etc.etc. ¿Sabes qué? Le creo a Jesús, no sé tú a quién eliges creerle. 
Por lo tanto, cuando tengas el mayor dolor, ¡Vete a tu lugar secreto y llora toda tu desesperanza! Jesús lloró. Pedro lloró, ¡amargamente! Pedro llevó consigo el dolor de negar al mismo hijo de Dios. Aquellas lágrimas amargas obraron en él un dulce milagro. Él volvió para sacudir el reino de Satanás. Jesús nunca aleja su mirada de un corazón que llora. 
Él dijo: Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios (Salmos 51:17). Jamás dirá el Señor: “¡Guarda la compostura! ¡Ponte de pie y toma tu medicina! ¡Cálmate y seca tus lágrimas!”. ¡No! Jesús guarda toda lágrima en su frasco eterno. ¿Te duele? Entonces adelante ¡llora! Y sigue llorando hasta que tus lágrimas dejen de correr. 
Pero que dichas lágrimas sólo provengan del dolor, y no de la incredulidad ni de la autocompasión. La vida continúa. Te sorprenderías si supieras cuánto puedes soportar cuando Dios te ayuda. La felicidad no es vivir sin dolor o heridas. La verdadera felicidad es aprender cómo vivir cada día, a pesar de todo el dolor y la pena. Es aprender a regocijarse en el Señor, sin importar lo que haya sucedido en el pasado. 
Quizás tú te sientas rechazado o abandonado. Tu fe puede haberse debilitado. Quizás pienses que estás de capa caída. En ocasiones, la tristeza, las lágrimas, el dolor y el vacío pueden absorberte, pero Dios sigue en Su trono. ¡Él sigue siendo Dios! Tú no te puedes ayudar a tí mismo. No puedes detener la pena y el dolor. 
Pero nuestro bendito Señor vendrá a ti. Y colocará su mano amorosa debajo tuyo para levantarte y sentarte otra vez en los lugares celestiales. Él te librará del temor a morir. Él te revelará su amor infinito. 
¡Alza tus ojos! Aliéntate en el Señor. Cuando la neblina te rodee, y no puedas ver salida alguna para tu dilema, recuéstate en los brazos de Jesús y solamente confía en Él. Él quiere tu fe, tu confianza. 
Quiere que tú levantes tu voz: “¡Jesús me ama! ¡Él está conmigo! ¡Él no me va a fallar! ¡Él está obrando en ello ahora mismo! ¡No seré derribado! ¡No seré derrotado! ¡No seré una víctima de Satanás! ¡Dios está de mi lado! ¡Yo lo amo y Él me ama! 
El centro de todo es la fe. Y la fe descansa sobre esta verdad absoluta: Ninguna arma forjada contra ti prosperará… (Isaías 54:17).

 

1/11/2013

Medida


Les dijo también…con la medida con que medís, os será medido, y aun se os añadirá a vosotros los que oís. Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará (Marcos 4:24–25). 
Jesús sabía que estas palabras pudieran sonar extrañas en oídos no espirituales, así que precede Su mensaje diciendo: Si alguno tiene oídos para oír, oiga (Marcos 4:23). Jesús nos está diciendo: “Si tu corazón está abierto al Espíritu de Dios, entenderás lo que tengo que decirte”. 
¿Qué, exactamente está diciendo Jesús en este pasaje? Está hablando de la gloria de Dios en nuestras vidas, esto es, la presencia manifiesta de Cristo. En resumen, el Señor mide su presencia gloriosa en diversas cantidades. Algunos no reciben nada de su gloria. Sin embargo, otros reciben una medida siempre creciente, que emana de sus vidas en cantidades cada vez mayores.
 Dios ha prometido derramar su Espíritu a su pueblo en estos últimos días. De hecho, toda la Escritura apunta a una iglesia triunfante, llena de gloria al final de los tiempos. Jesús mismo dijo que las puertas del infierno no prevalecerán contra la iglesia. No iremos cojeando al cielo, golpeados, deprimidos, derrotados, desanimados. 
No, nuestro Señor dará más poder a su iglesia. Este poder no será manifestado tan sólo con señales y prodigios. Será revelado en su pueblo, en la gloriosa transformación de corazones tocados por el Espíritu de Dios. ¿Cómo podemos obtener una mayor medida, siempre creciente de la gloria de Cristo? 
El Señor nos los dice muy claramente: con la medida con que medís, os será medido (Marcos 4:24). Jesús está diciendo: “Según la porción de ti mismo que me des a mí, te devolveré una porción similar. Trataré contigo en la manera en que tú tratas conmigo. Cualquiera que sea la medida que me atribuyas, Yo te la atribuiré a ti”.
Si tú atribuyes a Dios pereza y flojera, tomando por sentada tu gran obra, tú serás tratado con un espíritu de sueño. La pereza hace caer en profundo sueño, y el alma negligente padecerá hambre (Proverbios 19:15). Como resultado, tu alma tendrá hambre, incapaz de ser saciada. El amor, la misericordia y la gracia de Dios hacia nosotros son ilimitados.
 El asunto aquí no es obtener su amor, misericordia o gracia, sino tener la bendición de su gloria en nuestras vidas. Jesús declara que Él mide distintas cantidades de Su gloria en nosotros, según cómo lo medimos a Él en nuestro corazón. Nuestra labor es simplemente acercarnos siempre a Él, en nuestra adoración, obediencia y diligencia.

 

1/09/2013

Gracia


De una manera u otra, todos sentimos dolor. Toda persona en la Tierra lleva su propia carga de  dolor. Cuando alguien está profundamente dolido, ninguna persona en la Tierra puede apagarle los temores internos ni las más profundas agonías. Ni el mejor amigo puede entender la batalla que esa persona está pasando o las heridas infringidas. Me pregunto: ¿Existe algún bálsamo para un corazón quebrantado? ¿Hay sanidad para aquellas profundas heridas internas? ¿Se pueden juntar los pedazos y hacer que el corazón sea aún más fuerte? ¡Sí! ¡Absolutamente sí! Y si no se pudiera, entonces la Palabra de Dios sería una trampa y Dios mismo sería un mentiroso. ¡Eso no puede ser! Dios no te prometió a ti una forma de vida sin dolor. Él te prometió una “salida”, te prometió ayudarte a llevar tu dolor; fuerzas para ponerte otra vez de pie cuando la debilidad te hace tambalear. Nuestro Padre amoroso dijo: No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar (1 Corintios 10:13). Tu Padre celestial cuida de ti sin parpadear. Cada movimiento es monitoreado. Cada lágrima es almacenada. Él se identifica con tu mismo dolor. Él siente todo dolor. Nunca permitirá que tú te ahogues en tus lágrimas. No permitirá que tu dolor deteriore tu mente. Él promete venir, justo a tiempo, para enjugar tus lágrimas y darte gozo en lugar de luto. Tú tienes la capacidad de hacer que tu corazón se regocije y se alegre en el Señor. El ojo de Dios está sobre ti y te ordena levantarte y soltar todos esos miedos que causan duda. Sé perfectamente que hay momentos en que puedes llegar a pensar que Dios ya no te oye y que se ha olvidado de ti, pero eso no es ni tuyo exclusivamente ni nuevo: Jesús lo vivió mucho tiempo antes que tú, cuando colgado en aquella cruz en un momento dado, gritó: “¡Padre, Padre! ¿Por qué me has abandonado?” A la distancia y en la comodidad de un aula de un instituto o seminario bíblico, o en los tímidos salones de una escuelita de iglesia, tú has entendido esto y has dicho con velocidad: “No; Dios no lo había abandonado, sólo estaba esperando que pudiera vencer la carga de todo ese pecado injusto sobre sí”. Sí, es así, pero el que lo estaba padeciendo era un hombre; un hombre como tú o como yo. Un hombre en el cual Dios se había encarnado, pero que no por ello había dejado de ser hombre. Un hombre como cualquiera de nosotros, en los que Dios también procura encarnarse día a día, pero conscientes de que estar en el planeta no es precisamente caminar sobre un lecho de pétalos de rosa. Pregunto: ¿Cómo terminó la historia del ministerio de Jesús? ¡En total y absoluta victoria! Ahora aplica criterio y deducción: ¿Cómo crees que terminará el tuyo? 


 




1/07/2013

¡Resiste!


Cuando leemos respecto a las tentaciones de Jesús, normalmente sonreímos con sorna porque estimamos que lo de Satanás era medio ridículo. ¿Cómo suponía él que Jesús podía modificar su sentir y transferirle su adoración o respeto? Creo que subestimamos poderes y mal interpretamos situaciones. Fíjate: Satanás tentó a Jesús con la siguiente oferta: Todo esto te daré, si postrado me adorares (Mateo 4:9). Esto, es verdad, suena tan extraño, tan ridículo, que casi resulta irreal. ¿Cómo podría ser considerado como una tentación? Aunque tú no lo creas, ésta era una tentación sutil y poderosa. Satanás estaba desafiando a Jesús, al decirle: “Te prometo que si tan sólo te inclinas levemente a mis pies, en un sencillo acto de adoración, abandonaré la pelea. Rendiré todo mi poder sobre estos reinos. Ya no poseeré a nadie ni esclavizaré a ninguno. Sé que amas a la humanidad tanto como para ser maldecido por Dios por causa de ellos. Entonces, ¿por qué esperar? Te puedes sacrificar ahora mismo, y liberar al mundo a partir de este momento”. ¿Estás entendiendo, ahora? ¿Por qué estaba dispuesto el diablo a rendir todo su poder por esto? Estaba tratando de salvar su propio pellejo. Satanás sabía que su destino eterno estaba determinado en el Calvario. Así que, si él pudiera tan sólo impedir que Jesús fuera a la cruz, podría librarse de tal destino. Tú te estarás preguntando: “¿Y qué tiene que ver esto conmigo?” Satanás sigue tentando a los justos con una oferta similar. Satanás viene a nosotros con amenazas y acusaciones. Nos dice: “No tienes que adorarme, porque yo ya tengo acceso a tu carne. Conozco todas tus debilidades. Así que, anda nomás y testifica sobre tu libertad en Cristo. Cuando estés cantando tus alabanzas más fuertes, me impondré sobre tu mente con maldad. Traeré tu pecado a ti de una forma tan poderosa, que perderás toda esperanza de ser libre. No tienes poder”. ¿Sabes qué? Curiosamente, el gran mentiroso esta vez no está mintiendo. Efectivamente, el hombre por sí mismo no tiene poder para batallarlo; el poder radica en Jesucristo. Suyo es el poder mediante el cual vencemos. Entonces,  ¿Cómo respondemos a las acusaciones de Satanás? Resistid al diablo, y huirá de vosotros (Santiago 4:7). No importa cuántas tentaciones Satanás lance sobre ti. Tú no tienes por qué temer ningún pecado de tu pasado. Si la sangre de Cristo te ha cubierto, entonces el diablo no puede hacer nada para separarte del Padre. Hay una frase hecha que circula por todas las iglesias. Quizás ya la conozcas. Pero si por una casualidad aún no la has oído, aquí te la dejo: Cuando Satanás te recuerde tu pasado, tú recuérdale su futuro.

 

1/06/2013

Preguntas


Hay momentos en la vida en que habrás de quedar vulnerable. Y quizás sea en ese preciso momento en que el enemigo te arroje certeros dardos que algo de daño te producirán. Y también será en ese tiempo donde una serie de preguntas partirán raudas en búsqueda de respuestas. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan (Mateo 4:2-3). En el momento en que Jesús era físicamente vulnerable, el diablo trajo su primera tentación. No había pecado en tener hambre. Así que, ¿cuál era el asunto aquí? Satanás estaba desafiando a Jesús: “Si eres completamente Dios, entonces tienes el poder de Dios en ti. Y ahora mismo, estás en una situación muy dura. ¿Por qué no usas el poder que Dios te ha dado para librarte a ti mismo? ¿No te dio Él dicho poder para ver si lo usarías correctamente?”. Acá tenemos una de las tentaciones más insidiosas que enfrenta el verdadero pueblo de Dios. Como Jesús, el ejemplo, tú tienes una pasión por Dios. Has decidido rendirte a Él con todo tu corazón. Luego el Señor te lleva a experimentar el desierto y, luego, surgen preguntas. Tú comienzas a desorientarte y dudas sobre el propósito eterno de Dios en tu vida. Y mientras tratas de orar y obtener la victoria, las tentaciones de Satanás parecieran ser más feroces que nunca. El enemigo quiere que tú vivas independientemente del Padre. El diablo dice: “Tu sufrimiento no es de Dios. No tienes que pasar por esto. Tienes el poder de Dios en ti, por el Espíritu Santo. Di la palabra, libérate a ti mismo. Satisface tu propia hambre”. La primera artimaña de Satanás fue crear un fracaso del poder. Esperaba que Dios no honrase el clamor de Jesús por pan, si lo hubiera pedido. Si el poder del cielo fallara, entonces Cristo dudaría de su divinidad y se alejaría de su propósito eterno en la Tierra. Segundo, Satanás sabía que Jesús fue enviado para hacer sólo lo que el Padre le dijo. De modo que se propuso convencer a Cristo a que desobedezca por su propio bienestar. De esa forma, si Jesús usaba su poder ahora, para evitar el sufrimiento, podría hacer lo mismo luego, para evitar la cruz. Así que, ¿cómo respondió Jesús a la tentación del diablo? Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mateo 4:4). Cristo dijo, en esencia: “Mi venida a la Tierra no tiene que ver con mis necesidades, dolores, heridas o comodidad física. He venido a dar a la humanidad, no a salvarme a mí mismo”. Aun en ese nivel de sufrimiento, Jesús no perdió de vista su propósito eterno. Y si nuestro Señor aprendió dependencia y compasión a través de una experiencia en el desierto, nosotros también. Porque, en definitiva, pregunto: ¿A qué crees que has venido a esta tierra? Fíjate bien, que en tu respuesta está tu objetivo.

 

1/04/2013

¡Avanza!


No sé cómo será en tu lugar de residencia, pero aquí, en el nuestro, cuando dos cristianos se encuentran y se preguntan mutuamente cómo están, la respuesta dista mucho de ser victoriosa. ¿Hay un  ataque? ¿Hay desidia? ¿Hay incredulidad? ¿Hay falta de compromiso?
Dietrich Bonhoeffer, el teólogo alemán, esbozó al cristiano como alguien tratando de cruzar un mar con pedazos de hielo flotando. El cristiano no puede quedarse en ningún lugar mientras cruza, excepto en su fe, que Dios lo hará. No puede detenerse mucho tiempo en ningún lugar, de lo contrario se hunde. Después de dar un paso, debe estar atento del siguiente. Debajo de él está el abismo y delante de él, la incertidumbre, pero siempre más adelante, está el Señor, ¡firme y seguro! 
Él no ve la tierra aun, pero ahí está: una promesa en su corazón. ¡Así que el viajero cristiano mantiene sus ojos fijos en su meta! Prefiero pensar en la vida como un viaje por el desierto, como el de los hijos de Israel. Y la batalla del rey Josafat, junto con todos los hijos de Judá, es también nuestra batalla (ver 2 Crónicas 20). De hecho, se trata de un desierto; sí, hay serpientes, pozos secos, valles de lágrimas, ejércitos enemigos, arenas calientes, sequía, montañas intransitables. 
Pero cuando los hijos del Señor se pararon firmes para ver Su salvación, Él les puso una mesa en medio de dicho desierto, llovió maná del cielo, destruyó ejércitos enemigos con su solo poder, sacó agua de las rocas, quitó el veneno de las mordidas de serpientes, los guió con la columna y la nube, les dio leche y miel, y los trajo a la Tierra Prometida con mano fuerte y poderosa. Y Dios les mandó que le dijeran a todas las generaciones venideras: 
No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos (Zacarías 4:6). 
Cesa de buscar ayuda en la dirección incorrecta. Apártate con Jesús en un lugar secreto; cuéntale todo acerca de tu confusión. Dile que no tienes otro lugar a dónde ir. Dile que confías que Él te llevará al otro lado. Serás tentado a tomar el asunto en tus propias manos. Querrás descifrar las cosas a tu manera. Te preguntarás incluso si Dios está obrando. No hay nada que perder. Pedro lo resumió todo: 
¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna (Juan 6:68). - Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy
Dios, y no hay más (Isaías 45:22). - Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá (Miqueas 7:7).





1/02/2013

Espejos


Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está a la diestra de Dios (Hechos 7:55-56). 
Esteban representa lo que un verdadero cristiano se supone que sea: uno que es lleno del Espíritu Santo con los ojos fijos en el Hombre en la gloria. Uno que refleja esa gloria de tal manera que todos los que la vean se asombren y sean maravillados. Uno que está con la mirada continuamente fijada en Cristo, siempre admirándolo, completamente ocupado con el Salvador glorificado. 
Mira tú a la situación sin esperanza en la que se encontraba Esteban, rodeado por la locura religiosa, por la superstición, el prejuicio, y los celos. La multitud enardecida se abalanzó contra él con ojos desorbitados y sedientos de sangre, y la muerte se le avecinaba. ¡Qué circunstancias imposibles! 
Pero mirando hacia el cielo, él contempló a su Señor en la gloria, y súbitamente, el rechazo del gentío aquí en la tierra significó nada para él. Ahora él estaba por encima de todo, mirando a aquel que era invisible. Una mirada fugaz de la gloria del Señor, una visión de su preciosa santidad, y Esteban ya no podía ser herido. 
Las piedras y los insultos furiosos eran todos sin efecto por el gozo puesto delante de él. Una mirada fugaz de la gloria de Cristo te colocará a ti por encima de todas las circunstancias. Manteniendo tus ojos en Cristo, conscientemente buscándolo cada hora que estés despierto, Él te provee paz y serenidad como nada ni nadie más puede hacerlo. 
Por tanto, nosotros todos, mirando con el rostro descubierto y reflejando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18). 
Esteban capturó los rayos que emanaban del Hombre glorificado en el cielo y los reflejó a una sociedad que rechazaba a Cristo. Cuán cierto es que nosotros llegamos a ser igual a lo que contemplamos. La correcta traducción debería leerse, “¡Nosotros todos, con el rostro descubierto reflejando la gloria, somos cambiados!” 
La idea es que el cristiano refleje, como un espejo, la gloria de lo que él mira continuamente. Somos nosotros los que somos “un espejo” mirando a Cristo, el objeto de nuestro afecto y llegando a ser como él en el proceso de contemplarlo. 
Cuando el enemigo viene como un río y las circunstancias preocupantes nos abaten, necesitamos asombrar y condenar al mundo a nuestro alrededor con nuestro dulce reposo en Cristo. Ya que podemos ver en nuestra mente espiritual, esto podemos lograrlo al mantener nuestra mente permaneciendo en Cristo.