10/03/2016

Sólo Debo Decirte: ¡Detente!

Pero yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio, pues por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado (Mateo 12:36-37).

A veces parece que pensamos que las palabras que pronunciamos simplemente caen al vacío y mueren, o se desvanecen en el aire, o se convierten en nada. Que son algo así como burbujas de jabón que se diluyen en el aire. Pero, ¡no! Nuestras palabras perduran - ¡ellas no mueren!

Tú puedes decir, “Pero yo solamente dije este chisme a un amigo y él prometió no mencionárselo a nadie. Con él terminó.” No, ¡eso no sucederá! Cada palabra que usted y yo pronunciamos está grabada, escrita en la eternidad, y nosotros las escucharemos todas repetirse en el día del juicio.

Un viejo predicador solía decir, a modo de broma, que cuando fuéramos a la presencia del Señor en el día postrero, (Tanto en el individual como el masivo), cada palabra ociosa que hubiera salido de nuestra boca, sería propalada por gigantescos baffles que retumbarían en todo el cielo.

Recuerdo haber experimentado una profunda convicción tras una conversación con un amigo acerca de un chisme. Lo que dije fue cierto. Se trataba de una situación moral que tuve que manejar referente a un ministro. Su nombre fue pronunciado en la conversación y yo dije, “No confíes en él. ¡Yo sé algo acerca de él!”

En el momento en que yo pronuncié eso, me sentí condenado. El Espíritu Santo me susurró al oído, “¡Detente aquí! Nadie necesita saber de esto. No digas más porque no hay ningún propósito detrás. A pesar de que es verdad, ¡no lo repitas!”

Lo que yo había dicho era ya suficientemente negativo. Pero cuando saqué todos los detalles, yo supe que ¡debí de haberme quedado callado! Me encontraba profundamente convencido por el Espíritu Santo. Así que más tarde le hablé a mi amigo y le dije, “Lo siento, fue un chisme. Estaba fuera de control. Por favor no lo repitas. Intenta no pensar al respecto.”

¿Acaso mi pecado es cubierto por la sangre de Jesús? Sí, porque yo reconozco completamente que he pecado y le he permitido al Espíritu Santo mostrarme parte del orgullo legalista que aún habita en mi. ¡Le permití que me humillara y me sanara! Hoy, cada vez que voy a decir algo en contra de alguien, obedezco al Espíritu Santo en cuanto lo escucho decirme alto y claramente, “¡Detente!”

6 comentarios:

libertad en la palabra dijo...

Ah Senor
Cuan cierto es, tambien quiero alcanzar ese desarrollp para callar cuando de hablar de alguien mas se trate. Gracias por esta palabra, ayudame Senor a tener claro este mensaje y a ponerlo por obra

libertad en la palabra dijo...
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Magaly Gonzalez dijo...
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Magaly Gonzalez dijo...

Como mujer y no me escudo por mi genero,sino q es más difícil no hacer comentarios entre nosotras o de nosotras mismas, es una mala fama que en el nombre de Jesús hay que romper. Me esta costando, pero a como tu dices, he empezado a escuchar al Espiritu Santo cuando siento el ímpetu de hablar algo contra mi Herman@, reconozco q otras o muchas veces lo hago. Le pido al Señor q me ayude y que conste que no soy considerada como chismosa. Que tal?

Magaly Gonzalez dijo...
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Magaly Gonzalez dijo...
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