En mi país, por estos
días, hay un activo y permanente mover político. En medio de una marcada
polarización, de un lado están los que respetan, defienden y coinciden con el gobierno
nacional y del otro los que lo critican y atacan. Los medios de comunicación
han dejado de contar la verdad y se han enrolado de uno u otro lado, y a sueldo.
Los cristianos argentinos, también. Y ambos bandos oran para que se caiga el
otro bando. Curiosamente no oran para que haya paz y Jesucristo sea el triunfador principal, oran para que se desmorone la presidenta o su oposición, según sus simpatías. Obviamente, Dios no está
respondiendo a ninguna de estas oraciones. Y esto me lleva a detenerme en ese
drama tan particular que tanto cristianos dicen sobrellevar: el silencio
divino. ¿Qué significa cuando las oraciones no son respondidas? ¿Cuándo el
dolor permanece y parece que Dios no está haciendo nada en respuesta a nuestra
fe? Muy a menudo Dios nos está amando supremamente en ese tiempo más que en cualquier
otro. La Palabra dice, “El Señor al que
ama, disciplina.” Una disciplina de amor toma precedente sobre todo acto de
fe, sobre cada oración, sobre cada promesa. Lo que yo veo como dolor, podría
ser su amor amándome. Podría ser su mano suave dándome unas palmadas por mi
terquedad y orgullo. Tenemos fe en nuestra fe. Colocamos más énfasis en el
poder de nuestras oraciones, que en conseguir que su poder esté en nosotros.
Queremos entender a Dios para poder leerlo como un libro. No queremos ser
sorprendidos o quedarnos perplejos, y cuando las cosas suceden contrarias al
concepto que tenemos de Dios, decimos,
“Ese no puede ser Dios; él no trabaja de esa manera.” Estamos tan ocupados
trabajando en Dios, que nos olvidamos de que él está tratando de trabajar en nosotros. De eso se trata esta vida: Dios trabajando en
nosotros, tratando de rehacernos en una vasija de gloria. Estamos tan ocupados orando
para cambiar las cosas, que tenemos poco tiempo para permitir que la oración
nos cambie. Dios no ha puesto la oración y la fe en nuestras manos como si
fuesen dos herramientas secretas mediante las cuales un grupo selecto de
“expertos” aprenden a arrancar algunas cosas de él. Dios ha dicho que él está
más dispuesto a dar que recibir. ¿Por qué estamos usando la oración y la fe
como “llaves” o herramientas para abrir algo que nunca estuvo cerrado? La
oración no es para beneficio de Dios, sino para el nuestro. La fe no es para
beneficio de él sino para el nuestro. Dios no es un bromista eterno y divino.
Él no se ha rodeado de acertijos para que los hombres los descubran, como si
estuviera diciendo, “el sabio se lleva el premio.” Estamos tan confundidos en
este asunto de oración y fe; tenemos la audacia de pensar que Dios es nuestro
“genio mágico” que cumple cada deseo nuestro. Pensamos que la fe es una manera
de acorralar a Dios en sus promesas. Pensamos
que Dios está complacido por nuestros esfuerzos de ponerlo en contra de la pared y gritarle, “Señor, tú no puedes fallar en tus promesas. Yo quiero lo que me pertenece. Tú estás atado a tu Palabra. Debes hacerlo o tu Palabra no es verdadera.” Esta es la razón por la que perdemos el verdadero significado de la oración y de la fe. Vemos a Dios sólo como el dador y nosotros los que recibimos. Pero la oración y la fe son las avenidas por las cuales nos convertimos en dadores a Dios. Deben de ser usadas, no como maneras de conseguir cosas de Dios, sino como maneras de darle a él aquellas cosas con las cuales podemos complacerlo. Y no ores por nimiedades. Bendice a tus gobernantes es la orden, no que te conviertas en sus laderos o detractores. En Argentina hay pasión por el fútbol. Un día jugaban por eliminatorias mundialistas Argentina y Chile. Yo tenía en mi clase bíblica a dos chilenos. Ellos dijeron, en forma de broma, claro está, que orarían para que ganara Chile; y yo respondí, en el mismo tono, que lo haría por Argentina. Un hermano peruano que se mantenía al margen fue el más sabio de todos, cuando dijo: “Entonces, lo más probable es que empaten, porque Dios no hará nada si no están juntos y unánimes”.
que Dios está complacido por nuestros esfuerzos de ponerlo en contra de la pared y gritarle, “Señor, tú no puedes fallar en tus promesas. Yo quiero lo que me pertenece. Tú estás atado a tu Palabra. Debes hacerlo o tu Palabra no es verdadera.” Esta es la razón por la que perdemos el verdadero significado de la oración y de la fe. Vemos a Dios sólo como el dador y nosotros los que recibimos. Pero la oración y la fe son las avenidas por las cuales nos convertimos en dadores a Dios. Deben de ser usadas, no como maneras de conseguir cosas de Dios, sino como maneras de darle a él aquellas cosas con las cuales podemos complacerlo. Y no ores por nimiedades. Bendice a tus gobernantes es la orden, no que te conviertas en sus laderos o detractores. En Argentina hay pasión por el fútbol. Un día jugaban por eliminatorias mundialistas Argentina y Chile. Yo tenía en mi clase bíblica a dos chilenos. Ellos dijeron, en forma de broma, claro está, que orarían para que ganara Chile; y yo respondí, en el mismo tono, que lo haría por Argentina. Un hermano peruano que se mantenía al margen fue el más sabio de todos, cuando dijo: “Entonces, lo más probable es que empaten, porque Dios no hará nada si no están juntos y unánimes”.

2 comentarios:
...esto no sucede solo en la Argentina, es como una "moda" el ser detractor, no importa parado en que " conocimiento", y no solo sucede en la política, es en todos los ámbitos.
Lo más triste es escuchar que todo lo que se dice es sin argumentos por lo cual se cae en el insulto, ya sea grosero o de muy alto nivel, insulto al fin.
Y lo mas lamentable aún es que de la boca de muchos creyentes es de donde salen los mas elaborados insultos, y también muchas palabras groseras....hoy por hoy no tenemos mas que ver en las redes sociales o en las puertas de las congregaciones como se habla y detracta a las autoridades del país, sin tener en cuenta que tenemos dos cosas muy importantes y que nunca se toman en cuenta al momento de hablar o de actuar.
Primero que como hijos de Dios, Su cuerpo, SU IGLESIA, somos los que tenemos la autoridad para gobernar, y la herramienta es la voluntad del Padre revelada en la oración, y la segunda es que tenemos un mandato, no sugerencia, de orar por los gobernantes políticos, en el área que sea.
Estamos tan entretenidos jugando a la religión que nos prendemos fácilmente en la queja y dejamos de lado todo lo que nuestro Señor nos dice, después andamos llorando...no se por que me pasa esto o aquello....queremos hacer que Dios haga lo que nosotros deseamos, sin tener en cuenta que fuimos llamados a hacer SU voluntad!!!...nos atrevemos a "prepotear" a Dios, demandando que cumpla sus promesas, cuando tendríamos que estar agradeciendo su gracia y misericordia cada día....y ni hablemos del engaño de que nosotros no le podemos dar nada a EL, la mas cómoda invención del genio evangélico!!!.
Mucho camino a recorrer y desandar, pero por sobre todo necesitamos arrepentimiento y un corazón humilde, o sea reconocer que EL ES DIOS, por lo tanto EL SABE LO QUE DICE, nosotros solo obedecer por que eso , seguro no falla....un abrazo en Cristo, paz.
Si, gracias Don Nestor...Gracias...
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