10/17/2012

¡Aborrece!


El que ama su vida, la perderá, y el que aborrece su vida en este mundo,
para vida eterna la guardará (Juan 12:25).
¿Cuántas veces habré leído este texto sin entenderlo y hasta suponiendo que había un Dios de cierta crueldad por allí esperándonos con una paleta caza-moscas para desparramarnos en cuanto cometiéramos un mínimo error? Sin embargo, la llave para una vida abundante está aquí mismo en esta declaración que parece confusa e insignificante. ¡Este es el desafío de Jesús a nuestro pequeño mundo! Entendiendo lo que él quiere decir aquí es la puerta hacia una revelación que da vida. Jesús también dijo, granjeándose la antipatía de unos cuantos: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aún también su propia vida, no puede ser mi discípulo (Lucas 14:26). Ciertamente Cristo no se refiere a aborrecer en los términos clásicos de interpretación del diccionario: abominar o detestar; aversión o rechazo. La Palabra de Dios dice, Todo aquél que aborrece a su hermano es homicida… (1 Juan 3:15). Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas (Colosenses 3:19). No es la vida lo que se debe de odiar, porque la vida es un regalo de Dios. No es a las personas que debemos odiar; eso va en contra de las escrituras. Debemos aprender a odiar la manera en que estamos viviendo la vida. Debemos de odiar lo que nuestra preocupación por la familia y los seres queridos nos está haciendo. ¿Está tu vida toda empaquetada en sólo tus hijos, esposo, esposa, o padres? ¿Están todas tus alegrías y problemas limitados a este pequeño círculo? Dios nos está simplemente llamando a que ensanchemos nuestro círculo de vida. La vida debe de ser más que sólo cortinas, cuentas, el colegio de los niños, el bienestar de los padres, relaciones de familia. ¡Marta estaba adicta a una vida trivial, pero María quería crecer! María quería expandir sus horizontes – y Jesús aprobó el acercamiento de María hacia la vida. Tú no puedes crecer hasta que odies tu inmadurez actual. Tú no tienes que abandonar tus deberes y obligaciones hacia tu familia y amigos, pero tú puedes llegar a envolverte tanto con tus deberes que tu crecimiento será impedido. Un día tú debes de despertar. Un enojo santo, un aborrecimiento santo, debe de levantarse en tu alma, y tú debes clamar, “¡Oh Dios! Odio lo que he llegado a ser. Odio mis berrinches. Odio lo irritable que soy a veces. Odio mis caprichos. Odio lo pequeño en que me he convertido. ¡Lo odio! ¡Lo odio! ¡Lo odio!” Tú debes de odiar tanto tu vida presente, que tú clamas a Dios, Señor, ¡Trasládame a tu glorioso reino de poder y victoria! (Ver Colosenses 1:13). Y quedará más que claro que no le estás pidiendo que te mate, obviamente.


1 comentario:

M.E.R.Q. dijo...

...me estoy despertando!!!...hay momentos en que me asusta, otros en donde la culpa me quiere ganar la pulseada....pero Dios en SU amor me lleva cada día a congregarme y así poder ser edificada, ministrar y ser ministrada....empiezo a vislumbrar todo lo que tengo que aborrecer y me creo victoriosa en esta batalla por que EL lo hace en mi!!!..aun cuando el camino que hay que recorrer parezca largo, EL nunca me dejará y llegaré a destino...un abrazo en Cristo, paz