Un enorme predicador,
profeta del Señor que conocí y escuché con avidez y atención, allá por los años
noventa, solía bromear con un muy particular sentido del humor con la palabra
bíblica de “siempre verde”. Sin embargo, dentro de su humor y sus comparaciones
casi domésticas, no dejaba de repetir una y otra vez que, ese color, era básico
y clave para Dios y, por consecuencia, para todo su pueblo. Eso nos llevó a
muchos hambrientos a bucear en la palabra y, con precisión casi matemática,
allí hallamos confirmaciones a lo dicho y, asimismo, todo lo excedente que
siempre el Espíritu Santo pone en el corazón y el entendimiento de los que aman
a Dios. Y
se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes (Apocalipsis 9:4). ¿Por qué es tan importante el “verdor” para nuestra fe? Recuerden, se les mandó a las langostas
que no tocaran nada verde. Dicho de manera simple, no pueden herir a nadie que
esté caminando en la fe. Así que, incluso cuando los ataques del enemigo son
más feroces, aquéllos que ponen su confianza en Dios permanecerán de pie, como árboles verdes y sólidos. Permíteme preguntarte: ¿Confías plenamente en el perdón de Dios?
¿Dependes de Su Sangre para ser limpio de toda iniquidad? Si te sientes
condenado, y estás constantemente luchando para agradar a Dios, entonces no
estás verde ni saludable. El mayor deseo de Dios es que tú aceptes Su dádiva de perdón y descanses
en ella. Has aceptado el perdón de Dios, pero, ¿confías en Su Amor incondicional
para ti? Nuestro Señor no nos elimina cada vez que fracasamos. Él no está constantemente
mirándonos por encima del hombro, exigiéndonos compensar nuestro daño. Él simplemente nos pide que vengamos a Él, confesando: “Yo creo en tu Palabra, Señor. Perdóname,
lávame, tómame en tus brazos”. El deseo de Dios para nosotros es que
vivamos todos nuestros días sin miedo. Por lo tanto, no nos atrevemos a
permitir que Satanás nos acuse por un fracaso del pasado. Si nos hemos
arrepentido de ello, entonces estamos cubiertos por la preciosa sangre
limpiadora de Cristo. Acá tenemos la promesa de Dios para todos aquéllos que
ponen su confianza en Él: Estos confían en carros, y aquéllos en
caballos; más nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria. Ellos flaquean y caen, más nosotros nos levantamos, y estamos en pie (Salmos 20:7-8).

1 comentario:
"El deseo de Dios para nosotros es que vivamos todos nuestros días sin miedo."
Gracias Don Nestor...siempre verde! siempre verde...siempre...gracias Don Nestor...
Gracias Señor Dios de los cielos y de la tierra...por fijar tus intenciones en mi...
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