6/17/2012

Conflictos


Cuando David escribió las palabras del Salmo 13, él preguntó, ¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo tendré conflictos en mi alma, con angustias en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí? Parecería como que David pensaba que Dios lo había abandonado completamente   que sufriese  y a que despertase cada mañana con una nube negra sobre su vida. Por un tiempo, David habló con desesperación: “Dios, ¿continuará este sentimiento de aislamiento para siempre? ¿Cuándo serán contestadas mis oraciones?” Muchos de nosotros, cuando los problemas nos asaltan y aunque sabemos que amamos al Señor – cuando  parece que no hay esperanza – nos hundimos bajo la presión. Ahora mismo, algunas personas que leen estas palabras están hundidas bajo la terrible presión de una situación que parece imposible de resolver.  Están al borde de una desesperación total, deseando que una calma venga aunque fuera sólo para darle un pequeño descanso de sus problemas David pregunta, “¿Hasta cuándo tendré conflictos en mi alma…?” Aquí él habla de elaborar un plan tras el otro, tratando planear maneras de salir de sus problemas – pero todos los planes, todos los preparativos fallaron. Ahora él ya no tiene más soluciones, no le quedan ideas. Él había llegado al final de todo. ¿Cómo se levantó David de este pozo de desesperación? Más yo en tu misericordia he confiado… Cantaré… Permíteme compartir contigo varias razones para continuar confiando mientras atraviesas las pruebas por las que estás pasando:  No importa cuán furiosa sea la tormenta, nuestro precioso Señor continuará alimentando a las aves del cielo, vistiendo a los lirios del campo y proveyendo de todas tus necesidades diarias  a un océano lleno de peces. “Vuestro Padre celestial las alimenta…” Ningún ave cae al suelo sin que el ojo de vuestro Padre esté sobre ella. ¿Qué clase de Padre alimentaría a todas las criaturas de la tierra pero descuidaría a sus hijos? Jesús nos exhortó a “no angustiarnos” sobre las necesidades y los problemas diarios, “porque El cuida de vosotros.” Verdaderamente el Señor te ama, y no pondrá un oído sordo a tu clamor. Agárrate de él, continúa hacia adelante, espera pacientemente. Él nunca te fallará.